Last updated November 2, 1997
ARIAS: No penséis, bella Leonor, que el no haberos visto fue porque negar intenté las deudas que a vuestro honor tengo; y acreedor a quien tanta deuda se previene, el deudor buscando viene, no a pagar, porque no es bien que necio y loco presuma que pueda jamás llegar a satisfacer y dar cantidad que fue tan suma; pero en fin, ya que no pago, que soy el deudor confieso; no os vuelvo el rostro, y con eso la obligación satisfago. LEONOR: Señor don Arias, yo he sido la que obligada de vos, en las cuentas de los dos, más interés ha tenido. Confieso que me quitasteis un esposo a quien quería; mas quizá la suerte mía por ventura mejorasteis; pues es mejor que sin vida, sin opinión, sin honor viva, que no sin amor, de un marido aborrecida. Yo tuve la culpa, yo la pena siento, y así sólo me quejo de mí y de mi estrella. ARIAS: Esto no; quitarme, Leonor hermosa, la culpa, es querer negar a mis deseos lugar; pues si mi pena amorosa os significo, ella diga en cifra sucinta y breve que es vuestro amor quien me mueve, mi deseo quien me obliga a deciros que pues fui causa de penas tan tristes, si esposo por mí perdistes, tengáis esposo por mí. LEONOR: Señor, don Arias, estimo, como es razón, la elección; y aunque con tanta razón dentro del alma la imprimo, licencia me habéís de dar de responderos también que no puede estarme bien, no, señor, porque a ganar no llegaba yo infinito; sino porque si vos fuisteis quien a Gutierre le disteis de un mal formado delito la ocasión, y agora viera que me casaba con vos, fácilmente entre los dos de aquella sospecha hiciera evidencia; y disculpado, con demostración tan clara, con todo el mundo quedara de haberme a mí despreciado; y yo estimo de manera el quejarme con razón, que no he de darlo ocasión a la disculpa primera; porque si en un lance tal le culpa cuantos le ven, no han de pensar que hizo bien quien yo pienso que hizo mal. ARIAS: Frívola respuesta ha sido la vuestra, bella Leonor; pues cuando de antiguo amor os hubiera convencido la experiencia, ella también disculpa en la enmienda os da. ¿Cuántos peor os estará que tenga por cierto quien imaginó vuestro agravio, y no le constó después la satisfacción? LEONOR: No es amante prudente y sabio, don Arias, quien aconseja lo que en mi daño se ve; pues si agravio entonces fue, no por eso agora deja de ser agravio también; y peor cuanto haber sido de imaginado a creído; y a vos no os estará bien tampoco. ARIAS: Como yo sé la inocencia de ese pecho en la ocasión, satisfecho siempre de vos estaré. En mi vida he conocido galán necio, escrupuloso, y con extremo celoso, que en llegando a ser marido no le castiguen los cielos. Gutierre pudiera bien decirlo, Leonor; pues quien levantó tantos desvelos de un hombre en la ajena casa, extremos pudiera hacer mayores, pues llega a ver lo que en la propia le pasa. LEONOR: Señor don Arias, no quiero escuchar lo que decís; que os engañáis, o mentís, don Gutierre es caballero que en todas las ocasiones, con obrar, y con decir, sabrá, vive Dios, cumplir muy bien sus obligaciones; y es hombre cuya cuchilla o cuyo consejo sabio, sabrá no sufrir su agravio ni a un infante de Castilla. Si pensáis vos que con eso mis enojos aduláis, muy mal, don Arias, pensáis; y si la verdad confieso, mucho perdisteis conmigo; pues si fuerais noble vos, no habláredes, vive Dios, así de vuestro enemigo. Y yo, aunque ofendida estoy, y aunque la muerte le diera con mis manos, si pudiera, no le murmurara hoy en el honor, desleal; sabed, don Arias, que quien una vez le quiso bien, no se vengará en su mal.
Vase doña LEONOR
ARIAS: No supe qué responder. Muy grande ha sido mi error, pues en escuelas de honor arguyendo una mujer me convence. Iré al infante, y humilde le rogaré que de estos cuidado dé parte ya de aquí adelante a otro; y porque no lo yerre, ya que el día va a morir, me ha de matar, o no ha de ir en casa de don Gutierre.
Vase don ARIAS. Sale don GUTIERRE, como quien salta unas tapias
GUTIERRE: En el mudo silencio de la noche, que adoro y reverencio, por sombra aborrecida, como sepulcro de la humana vida, de secreto he venido hasta mi casa, sin haber querido avisar a Mencía de que ya libertad del rey tenía, para que descuidada estuviese, ¡ay de mí!, de esta jornada. Médico de mi honra me llamo, pues procuro mi deshonra curar; y así he venido a visitar mi enfermo, a hora que ha sido de ayer la misma, ¡cielos!, y a ver si el accidente de mis celos a su tiempo repite, el dolor mis intentos facilite. Las tapias de la huerta salté, porque no quise por la puerta entrar. ¡Ay Dios, qué introducido engaño es en el mundo no querer su daño examinar un hombre, sin que el recelo ni el temor le asombre! Dice mal quien lo dice; que no es posible, no, que un infelice no llore sus desvelos. Mintió quien dijo que calló con celos, o confiéseme aquí que no los siente. Mas ¡sentir y callar!. Otra vez miente. Éste es el sitio donde suele de noche estar; aun no responde el eco entre estos ramos. Vamos pasito, honor, que ya llegamos; que en estas ocasiones tienen los celos pasos de ladrones.
Descubre una cortina donde está durmiendo doña MENCÍA
¡Ay, hermosa Mencía, qué mal tratas mi amor, y la fe mía! Volverme otra vez quiero. Bueno he hallado mi honor, hacer no quiero por agora otra cura, pues la salud en él está segura. Pero ¿ni una crïada la acompaña? ¿Si acaso retirada aguarda...? ¡Oh pensamiento injusto! ¡Oh vil temor! ¡Oh infame aliento! Ya con esta sospecha no he de volverme; y pues que no aprovecha tan grave desengaño, apuremos de todo en todo el daño. Mato la luz, y llego sin luz y sin razón, dos veces ciego; pues bien encubrir puedo el metal de la voz, hablando quedo. ¡Mencia!
Despiértala
MENCÍA: ¡Ay Dios! ¿Qué es esto? GUTIERRE: No des voces. MENCÍA: ¿Quién es? GUTIERRE: Yo soy, mi bien. ¿No me conoces? MENCÍA: Sí, señor; que no fuera otro tan atrevido... GUTIERRE: (Ella me ha conocido). Aparte MENCÍA: ...que así hasta aquí viniera. ¿Quién hasta aquí llegara que no fuérades vos, que no dejara en mis manos la vida, con valor y con honra defendida? GUTIERRE: (¡Qué dulce desengaño! Aparte ¡Bien haya, Amor, el que apuró su daño!) Mencía, no te espantes de haber visto tal extremo. MENCÍA: ¡Qué mal, temor, resisto el sentimiento! GUTIERRE; Mucha razón tiene tu valor. MENCÍA: ¿Qué disculpa me previene... GUTIERRE: Ninguna. MENCÍA: ...de venir así tu alteza? GUTIERRE: (¡Tu alteza! No es conmigo, ¡ay Dios! ¿Qué escucho? Con nuevas dudas lucho. ¡Qué pesar! ¡Qué desdicha! ¡Qué tristeza!) MENCÍA: ¿Segunda vez pretende ver mi muerte? ¿Piensa que cada día... GUTIERRE: (¡Oh trance fuerte!) MENCÍA: ...puede esconderse... GUTIERRE: (¡Cielos!) MENCÍA: ...y matando la luz... GUTIERRE: (¡Matadme, celos!) MENCÍA: ...salir a riesgo mío delante de Gutierre? GUTIERRE: (Desconfío de mí, pues que dilato morir, y con mi aliento no la mato. El venir no ha extrañado el infante, ni de él se ha recatado, sino sólo ha sentido que en ocasión se ponga, ¡estoy perdido!, de que otra vez se esconda. ¡Mi venganza a mi agravio corresponda! MENCÍA: Señor, vuélvase luego. GUTIERRE; ¡Ay, Dios! Todo soy rabia, y todo fuego. MENCÍA: Tu alteza así otra vez no llegue a verse. GUTIERRE: ¿Que por eso no más ha de volverse? MENCÍA: Mirad que es hora que Gutierre venga. GUTIERRE: (¿Habrá en el mundo quien paciencia tenga? Sí, si prudente alcanza oportuna ocasión a su venganza). No vendrá; yo le dejo entretenido; y guárdame un amigo las espaldas el tiempo que conmigo estáis. Él no vendrá, yo estoy seguro.
Sale JACINTA
JACINTA: Temorosa procuro ver quién hablaba aquí. MENCÍA: Gente he sentido. GUTIERRE: ¿Qué haré? MENCÍA: ¿Qué? Retirarte, no a mi aposento, sino a otra parte.
Vase don GUTIERRE detrás del paño
¡Hola! JACINTA: ¿Señora? MENCÍA: El aire que corría entre estos ramos mientras yo dormía, la luz ha muerto; luego traed luces.
Vase JACINTA
GUTIERRE: (Encendidas en mi fuego. Aparte Si aquí estoy escondido, han de verme, y de todas conocido, podrá saber Mencía que he llegado a entender la pena mía; y porque no lo entienda, y dos veces me ofenda, una con tal intento, y otra pensando que lo sé y consiento, dilatando su muerte, he de hacer la deshecha de esta suerte).
Dice dentro
¡Hola! ¿Cómo está aquí de esta manera? MENCÍA: Éste es Gutierre; otra desdicha espera mi espíritu cobarde. GUTIERRE: ¿No han encendido luces, y es tan tarde?
Sale JACINTA con luz, y don GUTIERRE por otra puerta de donde se escondió
JACINTA: Ya la luz está aquí. GUTIERRE: ¡Bella Mencía! MENCÍA: ¡Oh mi esposo! ¡Oh mi bien! ¡Oh gloria mía! GUTIERRE: (¡Qué fingidos extremos) Aparte Mas, alma y corazón, disimulemos). MENCÍA: Señor, ¿por dónde entrasteis? GUTIERRE: Por esa huerta, con la llave que tengo, abrí la puerta. Mi esposa, mi señora, ¿en qué te entretenías? MENCÍA: Vine agora a este jardín, y entre estas fuentes puras, dejóme el aire a escuras. GUTIERRE: No me espanto, bien mío; que el aire que mató la luz, tan frío corre, que es un aliento respirado del céfiro violento, y que no sólo advierte muerte a las luces, a las vidas muerte, y pudieras dormida a sus soplos también perder la vida. MENCÍA: Entenderte pretendo, y aunque más lo procuro, no te entiendo. GUTIERRE: ¿No has visto ardiente llama perder la luz al aire que la hiere, y que a este tiempo de otra luz inflama la pavesa? Una vive y otra muere a sólo un soplo. Así, de esta manera, la lengua de los vientos lisonjera matarte la luz pudo, y darme luz a mí. MENCÍA: (El sentido dudo). Aparte Parece que celoso hablas en dos sentidos. GUTIERRE: (Riguroso Aparte es el dolor de agravios; mas con celos ningunos fueron sabios). ¿Celoso? ¿Sabes tú lo que son celos? Que yo no sé qué son, ¡viven los cielos!; porque si lo supiera, y celos... MENCÍA: ¡Ay de mí! GUTIERRE: ...llegar pudiera a tener... ¿qué son celos? átomos, ilusiones y desvelos... no más que de una esclava, una crïada, por sombra imaginada, con hechos inhumanos, a pedazos sacara con mis manos el corazón, y luego envuelto en sangre, desatado en fuego, el corazón comiera a bocados, la sangre me bebiera, el alma le sacara, y el alma, ¡vive Dios!, despedazara, si capaz de dolor el alma fuera. ¿Pero cómo hablo yo de esta manera? MENCÍA: Temor al alma ofreces. GUTIERRE: ¡Jesús, Jesús mil veces! ¡Mi bien, mi esposa, cielo, gloria mía! ¡Ah mi dueño! ¡Ah Mencia! Perdona, por tus ojos, esta descompostura, estos enojos; que tanto un fingimiento fuera de mí llevó mi pensamiento; y vete, por tu vida; que prometo que te miro con miedo y con respeto, corrido de este exceso. ¡Jesús! No estuve en mí, no tuve seso. MENCÍA: (Miedo, espanto, temor y horror tan fuerte. parasismos han sido de mi muerte). GUTIERRE: (Pues médico me llamo de mi honra, yo cubriré con tierra mi deshonra).
Vanse todos
FIN DEL ACTO SEGUNDO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham