Last updated July 7, 1997
PATACÓN: ¿Qué máscara será ésta
que, después que a solas hablan,
mano a mano van los dos?
FABIO: ¡Hidalgo!
PATACÓN: ¿Qué es lo que manda
señor máscara, vusted?
FABIO: Que me digáis... Pero nada
quiero ya que me digáis.
Hácele señas que se vaya
PATACÓN: Estimo la confïanza
que hacéis de mí.
FABIO: (¿Quién creyera
que a Patacón encontrara
el primero? Y así es bien,
porque no conozca el habla,
no proseguir lo que iba
a preguntar.)
Hace señas
PATACÓN: Pues ¿qué causa
os obliga a enmudecer?
¿Qué me decís? ¿Que me vaya?
Pues ¿no hay voz con que decirlo?
¿No? El hombre viene de chanza.
El máscara de mi amo
como un jilguerico garla;
parlad vos como un pardillo.
¿No hay hablar una palabra?
¿Os he hecho algún beneficio,
que así me quitas el habla?
¿Que me vaya con Dios? ¿Sí?
Pues quedaos en hora mala.
Vase PATACÓN
FABIO: Siempre temí que me habían
los celos de una tirana
de poner en ocasión
que me obligase a una infamia.
Dígalo el que habiendo hallado
en la estafeta una carta
con su nombre, supe della
que su padre la avisaba
que estaba aquí, y que muy presto
la vería, a cuya causa
me ha parecido avisarle
de cómo de Milán falta,
porque vengue en Federico
los celos con que me mata.
Bien sé que es venganza indigna
de mi sangre y de mi fama;
pero ¿qué villanos celos
tomaron justa venganza?
A este fin quise saber
el cuarto en que se hospedaba;
y pues fue el primer encuentro
azar, mejor es que vaya,
pues la máscara me da
paso a esperarle en la sala
del festín, puesto que en ella
no puede faltar.
Vase FABIO. Salen LISARDA y NISE [de hombres pero con otros
vestidos que antes] y con mascarillas
NISE: ¿No basta
que de uno en otro disfraz
hoy de resuscitar tratas
la andante caballería,
que ha mil siglos que descansa
en el sepulcro del noble
don Quijote de la Mancha?
LISARDA: Si sabes que, habiendo Celia
dicho que a César buscaban,
y Federico, que era
mi padre, en desconfianza
entré de que verdad fuese,
averiguando mis ansias
nuevo amor y nuevos celos;
y con todo retirada
he estado, por no perderme
entre confusiones varias,
si era mentira, de necia,
si verdad, de temeraria;
si sabes que en el retiro
que hasta hoy nos tuvo encerradas
he sabido que era él,
y que ya del sitio falta,
porque hoy le han visto partir,
¿cómo neciamente extrañas
el que vuelva a mis locuras,
cuando no hay otra esperanza?
NISE: Sí, pero ya que volver
quieres, ¿por qué te disfrazas?
Pues ¿cómo César podrás
parecer?
LISARDA: Porque embozada
decir podré a Serafina
cómo con celos la agravia;
con que dos cosas consigo:
quedar de Celia vengada
y dejarla a ella celosa.
NISE: Qué responder no faltara,
si la música no hiciera
ya a Serafina la salva.
LISARDA: Pues mientras logro mi intento,
a aqueste lado te aparta.
Retíranse las dos. Salen CARLOS, SERAFINA, FEDERICO y
LIDORO, y las damas, FABIO, TEODORO y PATACÓN
CARLOS: Ya que de embozo, señora,
no vengo, porque me basta
a mí estar como criado,
os suplico que la almohada
toméis, y no me neguéis
el lugar que más me ensalza.
FEDERICO: Lo que en Carlos es fineza
en mí es deuda, pues es clara
cosa que debo estar como
escudero de tu casa.
NISE: (Los dos puestos han tomado
Federico y Carlos.)
LISARDA: (Nada
me sucede bien, pues no
me será posible hablarla.)
FABIO: (No veo dónde está Enrique,
para que le dé esta carta.)
Está ENRIQUE sentado detrás de una
cortina
ENRIQUE: (¿Si será César alguno
destos que el rostro recatan?)
TEODORO: (Las alegrías de todos
sólo para mí son ansias.)
PATACÓN: (Rabiando estoy por dar voces.)
Empiecen o saquen hachas.
LIDORO: ¿Quién habla aquí?
PATACÓN: Un mosquetero.
LIDORO: ¿Cómo aquí con voces altas?
PATACÓN: Como, aunque el rey aquí calle,
un mosquetero no calla.
MÚSICOS: "Los años floridos
señalen de aquélla
que reina en las vidas,
que triunfa en las almas,
el fuego con lenguas,
el aire con plumas,
el mar con arenas,
la tierra con plantas;
y viva felice
contenta y ufana
la hermosa deidad,
la beldad soberana."
PATACÓN: Buena la música ha estado.
¿En qué se detienen? ¡Salgan!
Dentro
VOZ: Por más que corran veloces,
divina Clori, tus plantas,
tengo de seguirte.
Cáesele un guante a SERAFINA
SERAFINA: Un guante
se me ha caído.
PATACÓN: ¡Mas que anda
ruido sobre el guante!
CARLOS: Yo...
FEDERICO: Yo he de levantarle.
LISARDA: Aguarda;
que el que merece gozar
la joya, alzará la caja.
Al ir a levantar FEDERICO el guante, le detiene LISARDA, y CARLOS
le toma y le da a SERAFINA
FEDERICO: Suelta, suelta; que ninguno
merecerla ni gozarla
merece más que yo.
LISARDA: ¡Mientes!
Dale LISARDA una bofetada
(Arrebatóme la rabia.)
FEDERICO: ¡Ay infelice de mí!
¡Muera [un] aleve!
Saca FEDERICO la daga
LISARDA: Repara,
Federico, que soy yo.
Descúbrese a él
FEDERICO: ¿Quién se vio en confusión tanta?
SERAFINA: ¿Aquí tanto atrevimiento?
LIDORO: ¿Aquí osadía tan rara?
ENRIQUE: (A tal lance fuerza es
que yo del retiro salga.)
Sale ENRIQUE
PATACÓN: No prosiga la comedia
mientras un alcalde traiga.
FEDERICO: (¿Quién ha visto igual empeño?
Bajeza será matarla,
pues dirán, después de muerta,
que di la muerte a una dama.
Si digo quién es, me pierdo,
pues está Enrique en la sala;
si no lo digo, es decir
que yo consiento en mi infamia.)
TODOS: A todos tu honor les toca;
A FEDERICO
muera quien tu honor agravia.
FEDERICO: Deteneos, deteneos,
y nadie saque la espada
en mi favor, cuando yo
vuelvo el acero a la vaina.
ENRIQUE: Mi enemigo es Federico,
ya, ya le importa a mi fama
que tenga honor mi enemigo.
LISARDA: (¡Mi padre! ¡El cielo me valga!)
SERAFINA: ¿Qué esperáis? ¡Dadle la muerte!
FEDERICO: Suspended todos las armas,
porque aquí no ha habido agravio;
y si os parece que falta
a su obligación mi honor,
cuando al que me ofende ampara,
sabed que es...
LISARDA: (¡Ay de mí triste!
¿Qué he de hacer, que se declara?)
FEDERICO: ...porque nunca está mejor
aquél que se desagravia
con la venganza que toma,
que dejando de tomarla;
porque no hay venganza como
no haber menester venganza;
y para que nunca quede
en opiniones mi fama,
de que un embozado pudo
poner la mano en mi cara,
sin que le quitara yo
dos mil vidas, dos mil almas,
sabed que es...
LISARDA: (¡Ay infelice!)
FEDERICO: Perdóneme, soberana
Serafina, tu respeto;
A LISARDA
(Y cúbrete tú la cara,
a la máscara añadiendo
el embozo de mi capa.)
que tiene esta blanca mano
y, siendo, como es, tan blanca,
agravio no ha sido, pues
las manos blancas no agravian.
Van FEDERICO y LISARDA
SERAFINA: Cuando no agravie su honor,
mi respeto sí. Matadla
o prendedla.
ENRIQUE: Deteneos;
que guardo yo sus espaldas.
SERAFINA: ¿Tú la amparas?
ENRIQUE: Sí, que el día
que en algún riesgo se halla,
no es generoso enemigo
el que a su enemigo falta;
y así, hasta ponerla en salvo,
he de seguir sus pisadas.
FABIO: Y yo a tu lado. Y porque
no dudes quién te acompaña,
el dueño desta fineza
dirá después esta carta.
Dale FABIO a ENRIQUE una carta
ENRIQUE: Después la veré.
SERAFINA: ¿Tú, Enrique,
en su favor te adelantas?
ENRIQUE: Y a quien pensare, señora,
con satisfacción tan clara,
que hay desdoro en su opinión,
le sustentaré en campaña
que se engaña o miente, pues
las manos blancas no agravian.
Vase ENRIQUE
PATACÓN: (¿Quién creerá que Enrique sea
quien diera el paso a Lisarda?)
Vase PATACÓN
FABIO: (Ya que la carta le di,
no sepa quién pudo darla.)
Vase FABIO
TEODORO: (No ser conocido en esta
confusión es de importancia.)
Vase TEODORO
NISE: (Hago testigos de que,
aunque un embozo la salva,
no hubo manto en la comedia,
sino mascarilla y capa.)
Vase NISE
SERAFINA: ¿Qué es esto? Pues viendo todos
tan gran desaire en mi casa,
todos me dejáis? ¿No tengo
crïados, gente ni guarda
que este desaire castigue?
CARLOS: A todos nos acobarda
ser contra una dama el duelo;
y antes le debo dar gracias,
que un competidor me quite,
pues no se queda esperanza
de volver a verte amante.
Vase CARLOS
LIDORO: Yo procuraré alcanzarla;
juntando gente, te ofrezco
de traértela a tus plantas.
Vase LIDORO
SERAFINA: Yo estimaré la fineza.
Sale CÉSAR de hombre
CÉSAR: Pues si es que tú has de estimarla,
yo la he de hacer; que no en vano
me halló ceñida la espada
el empeño; y aunque fuese
adorno para la farsa,
en más noble acción sabré
en tu servicio emplearla.
(No vi la hora en que me viese,
ya que este lance embaraza
[el] salir [en] la comedia,
en este traje.)
SERAFINA: Repara
en que ya no es digna acción
el que aquí en tal traje salgas;
que si la comedia dio
licencia para esas galas,
no es bien en público dellas
gozar.
CÉSAR: Viéndote enojada,
no me sufre el corazón
de la manera que estaba
no salir.
SERAFINA: Vente conmigo.
CÉSAR: Deja, señora, que haga
yo esta fineza.
SERAFINA: ¿Estás loca?
Mas ¡ay de mí! ¿Qué me espanta
que otra lo esté, cuando yo
veo lo que por mí pasa?
CÉSAR: Pues ¿qué tienes?
SERAFINA: No sé, Celia;
pero aunque mano tan blanca
no puede agraviar su honor,
agraviándome a mí el alma,
miente quien dijere que
las manos blancas no agravian.
Vase SERAFINA
CÉSAR: Ya que mi traje cobré,
yo buscaré nueva traza
para no perderle nunca,
pues alienta mi esperanza
que Federico la ofenda.
Con que, la suerte trocada,
pues que a mí me favorece
con los celos que a ella causa,
diré con más razón que
las manos blancas no agravian.
Vase. [Hablan dentro voces]
VOCES: Por aquí, por aquí van.
Salen LISARDA, FEDERICO y PATACÓN
PATACÓN: Por aquí, por aquí vienen
dirán mejor.
FEDERICO: ¿Dónde, ingrata,
dónde, fiera, dónde, aleve,
ya que restauré tu vida
de aquel pasado accidente,
en que tu honor y mi honor
aventuraste dos veces,
podrá la mía ampararte,
no por lo que a ti te debe,
por lo que se debe a sí,
de tantas armas y gente
como nos sigue, si ya
que tomamos por albergue
este parque, en él nos sitian,
a tiempo que en el oriente
el sol, para que nos hallen,
tinieblas y sombras vence?
LISARDA: ¡Qué poco (¡ay de mí!) qué poco
temieran mis altiveces
esa gente que, ofendida
o lisonjera, pretende,
por gusto de Serafina,
descubrirme y conocerme,
si no fuera por mi padre.
FEDERICO: Pues si no fuera por ese
inconveniente, ¿qué había
que temer inconvenientes?
A no ser por él, tirana,
¿no dijera yo quién eres,
y acabaran de una vez
tus locuras con saberse?
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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