Last updated July 9, 1997

FEDERICO:            Mira, ingrata, que enmendar
                 tu peligro, y no el mío, quiero.
                 Oye, escucha.

Sale ENRIQUE

ENRIQUE: ¡Caballero! FEDERICO: ¿Qué mandáis? (¡Fiero pesar!) ENRIQUE: Que me digáis, os suplico, porque me han dicho que aquí César estaba... FEDERICO: (¡Ay de mí!)

Vuelve FEDERICO la espalda

ENRIQUE: (¡Vive Dios, que es Federico! Mas ¿qué he de hacer, si es él el que la espalda volvió?) FEDERICO: (Si ya se lo han dicho, no es bien negarlo. ¡Crüel lance, si la ve.) ENRIQUE: Los cielos os guarden. FEDERICO: (Tras ella va. ¿Cómo mi desdicha hará no la alcancen sus recelos? Porque preguntar por ella con el nombre que aquí tiene es, sin duda, porque viene de todo informado. ¡Oh estrella siempre opuesta! ¿Cómo haré no llegue a verla?) ¡Ah, señor Enrique Esforcia! (Valor, sólo te acuerda de que eres mío.) ENRIQUE: ¿Qué mandáis? FEDERICO: (A riesgo de amor y vida es bien que su muerte impida.) Yo pienso que no ignoráis muchas quejas que de vos tengo, y en ellas quisiera que en secreta parte fuera, menos pública a los dos. Y así os suplico conmigo vengáis. ENRIQUE: Antes que buscar a César esto es. Guiar podéis vos, que ya os sigo. FEDERICO: Vuestra aquesa elección fue. [ENRIQUE:] Ved dónde queréis que vamos. FEDERICO: De aqueste jardín salgamos una vez, que yo diré allá dónde habemos de ir. ENRIQUE: Salgamos.

Sale SERAFINA

SERAFINA: ¿Qué es esto? FEDERICO: Nada. (¿Habrá suerte más airada?) ENRIQUE: Sí es, y de mí lo has de oír. Contigo, señora, estaba, ya lo sabes, esperando que viniera César, cuando dijo una dama quedaba en aqueste jardín. Yo, porque creí que pudiera ser que su enojo le hiciera ausentar sin verle, no quise esperarle; y así con tu licencia a buscarle salí, y pensando aquí hallarle, hallé a Federico aquí. Es Federico mi amigo, y, habiéndole yo informado de mi venida y cuidado, él, cortesano conmigo, sabiendo por dónde iría, ha querido no dejarme y, hasta verle, acompañarme. SERAFINA: No dudo que eso sería; y pues no le habéis hallado, y ya es tarde, hasta después os retirad. Idos, pues, a vuestro cuarto. ENRIQUE: Postrado os obedezco. (Porque no entienda nuestros extremos, voy.) FEDERICO: (Mañana nos veremos.) ENRIQUE: (¿Dónde?) FEDERICO: (Yo os lo avisaré.) SERAFINA: ¿Qué es lo que habláis los dos? FEDERICO: Vuelvo a darle el parabién de su venida. SERAFINA: Está bien.

A ENRIQUE [y luego a FEDERICO]

Idos vos, y quedaos vos;

Vase ENRIQUE

que he de apurar, por no verme obligada a declararme, si habéis venido a obligarme, Federico, o a ofenderme. FEDERICO: Fácil respuesta ha tenido la duda. A serviros vine. SERAFINA: Que lo contrario imagine es fuerza, pues sólo ha sido a darme enojos. FEDERICO: ¿Yo? SERAFINA: Sí; pues en el primer empeño quisisteis haceros dueño de la acción que a otro debí; y en este segundo... FEDERICO: (¡Ay Dios!) SERAFINA: mostráis (todo lo he entendido) que, por haberme servido Enrique, os ofende a vos; y así quisiera saber si es, llegándolo a apurar, esto ofender u obligar. FEDERICO: Es obligar y ofender. SERAFINA: ¿Obligar y ofender? FEDERICO: Sí. SERAFINA: ¿Ofensa y obligación no implican contradicción? FEDERICO: En todos, pero no en mí. SERAFINA: ¿Cómo? que medio no hallo. FEDERICO: Como yo ofendo y obligo a un tiempo con lo que digo, y a un tiempo con lo que callo. SERAFINA: Eso no entiendo. FEDERICO: Yo sí. SERAFINA: Declaraos más. FEDERICO: No puedo. SERAFINA: ¿Por qué? FEDERICO: Porque tengo miedo. SERAFINA: ¿De qué? FEDERICO: De que contra mí os he de hallar, aunque esté de mi parte la razón. SERAFINA: No haré tal; a vuestra acción, si la tiene, la daré. FEDERICO: ¿De manera que, si aquí tuviese disculpa yo, no seréis contra mí? SERAFINA: No. FEDERICO: ¿Seréis en mi favor? FEDERICO: Sí. FEDERICO: ¿Y si es lo que habéis de oír contra Enrique? SERAFINA: Aunque sea, hablad. FEDERICO: Pues sabed... Mas esperad. Que aun no lo puedo decir.

Al irse a entrar FEDERICO, sale CÉSAR

SERAFINA: Volved... CÉSAR: ¿Qué es esto? FEDERICO: No sé; si ya no es (¡ay Celia bella!) el fatal fin de mi estrella; y pues al paso te hallé, tras el pasado favor, de parte mía la di tenga entendido de mí que soy enigma de amor.

Vase ENRIQUE

SERAFINA: (¿Quién, en [igual confusión], habrá que discurrir pueda?) CÉSAR: (Pues sola [¡ay infeliz!] queda, yo llego a buena ocasión. ¡Ea, ingenio caprichoso, haz que quede mi cuidado, si se enoja, desdichado, si no se enoja, dichoso!)

Saca un papel y finge que le estudia

"Aquel prodigio de Tebas que lidiar supo y rendir..."

SERAFINA: ¿Qué es eso, Celia? CÉSAR: Señora, ¿aquí estabas? Estudiar mi papel. SERAFINA: A mi pesar no viene a mal tiempo ahora cualquiera divertimiento que me haga vengada dél. Dime algo de tu papel. CÉSAR: Y aun todo decirlo intento. SERAFINA: Y ¿qué la fábula ha sido? CÉSAR: Hércules enamorado, que de Yole en el estrado estaba a la rueca asido. SERAFINA: ¿Tanto pudo amor? CÉSAR: Así lo dice el razonamiento que repasaba. SERAFINA: Oírle intento. Dile. CÉSAR: ¿Con el tono? SERAFINA: Sí.

Canta [CÉSAR]

CÉSAR: "Aquel prodigio de Tebas que lidiar supo y rendir en el África al león y en Calidonia al espín, enamorado de Yole, hermosa deidad gentil, trocó la clava a la rueca y la piel al faldellín. En la mano y en el traje el uso, dos veces vil, enseñándole a llorar, le enseñaron a decir: `No desdeñes verme, dulce dueño, así; que esto en mí no es bajeza, no, no, rendimiento sí. Aunque en traje de mujer me ves, bien sabe de mí el correspondido amor que rey en el orbe fui; e interesado en el tuyo, después que tus ojos vi, huyendo vine el mandar para lograr el servir. Y pues por sólo obligarte allá lloré y padecí, antes que el interesado amor me obligase a huir, no desdeñes ver[me], dulce dueño, así...'"

SERAFINA: Aguarda; que de manera tu voz me lleva tras sí que no sé si aquesto es aun más, Celia, ver que oír. CÉSAR: ¿Qué te parece? SERAFINA: Tan bien que en toda mi vida vi tan bien explicado afecto. CÉSAR: Luego ¿proseguiré? SERAFINA: Sí.

CÉSAR: "`Contra tu pecho y mi pecho tú al despreciar, yo al sentir, de plomo y oro sus flechas armó ese fiero adalid. Dígalo en ti el verte airada y el verme rendido a mí, equivocando en los dos, ya el llorar y ya el reír. Pero aunque los dos extremos en mí ejecute y en ti, mudando de odio y amor el noble afecto en el vil, no desdeñes verme, dulce dueño, así; que esto en mí no es bajeza, no, no, rendimiento sí.'"

SERAFINA: De suerte lo significas que me das a presumir si es verdadero o fingido. CÉSAR: Y ¿qué llegas a inferir? SERAFINA: Que es fingido, claro está; que si llegara a inferir que no lo era... CÉSAR: No te enojes; que cuanto llegas a oír es de la fábula. SERAFINA: Pues si es de la fábula, di.

CÉSAR: "`Aunque he visto de tu rostro el encendido matiz, dejando mustio el clavel y ensangrentado el jazmín, no por eso me acobardo, viendo que no soy yo aquí quien ama a lograr amando, porque es su interés su fin. Todo mi bien es quererte y, pues es bien, siendo así, que el correspondido amor haga mi vida feliz, no desdeñes verme, [dulce dueño, así...]'"

SERAFINA: Calla, calla, no prosigas; que ya no puedo sufrir de la duda si es aquesto representar o sentir.

Sale al paño CARLOS

CARLOS: Veré si mi papel canta, pues la voz de Celia oí. CÉSAR: Claro es que es representar una fineza; y no aquí conmigo te enojes, puesto que yo el papel no escribí; con quien escribió el papel te enoja. CARLOS: ¡Ay de mí infeliz! "Que aquesto es representar una fineza" entendí. "Con quien escribió el papel te enoja" también oí. SERAFINA: Di, ¿quién escribió el papel? CÉSAR: (¿Que la tengo de decir?)

Sale al paño FEDERICO, al otro lado

FEDERICO: Vuelvo a ver si habla ya Celia a Serafina de mí. CÉSAR: ¿Quién quieres que sea, señora, quien le llegase a escribir, sino quien más sabe amar y quien más sabe sentir? CARLOS: Bien disculpándome va sin nombrarme, y con sutil y bien fundada razón. FEDERICO: Hoy es mi suerte feliz. Sin duda de mí la habla, pues yo se lo dije así. CÉSAR: Y así, señora, no tienes que culpar ni que inquirir, porque yo te represente lo que otro pudo sentir. FEDERICO: (¡Oh, lo que la debo a Celia!) CARLOS: (¡Oh, lo que a Celia debí!) CÉSAR: Que todos dicen su amor como le saben decir; y el representarle yo sólo ha sido repetir lo que otro dijo no más. SERAFINA: Con todo debo insistir, por quién se debe entender. CÉSAR: Si no hubieras de reñir, yo te dijera por quién. SERAFINA: Pues no lo reñiré; di. CÉSAR: ¿Qué no te enojarás? SERAFINA: No. CÉSAR: ¿Y que lo estimarás? SERAFINA: Sí. CÉSAR: (¡Ánimo, amor; que esta vez llegó de mi mal el fin!) Pues cuanto aquí represento y cuanto he dicho es...

Salen CARLOS y FEDERICO

LOS DOS: Por mí. CÉSAR: Pues ya te lo han dicho ellos, ¿qué tengo yo de decir? CARLOS: Porque llegando a saber... FEDERICO: Porque llegando a inferir... CARLOS: que tú no te has de enojar... FEDERICO: que tú no lo has de sentir... CARLOS: yo fui el que escribió el papel. FEDERICO: yo el que enigma de amor fui. SERAFINA: Pues si Celia por los dos habló, como ambos decís, decid a Celia también que ella responda por mí.

Vase SERAFINA

CÉSAR: (No haré tal, pues tan trocada la suerte entre los dos vi que, no hablando yo por ellos, ellos hablaron por mí.)

Vase CÉSAR

CARLOS: Pues por más que tu penar... FEDERICO: Pues por más que tu sentir... CARLOS: en tí ni otra no me oiga... FEDERICO: no oiga en otra, ni en tí... CARLOS: no he de dejar de querer... FEDERICO: no he de dejar de morir... CARLOS: y cuando me veas llorar... FEDERICO: y cuando me veas sentir... LOS DOS: no desdeñes verme, dulce dueño, así; que esto en mí no es flaqueza, no, no, rendimiento sí.

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

Las manos blancas no ofenden part 9

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu