Vase LUCÍA: ¿Qué miro? ANA: ¿Fuese ya? LUCÍA: Sí. ANA: Echa a esa puerta la llave; y pues ya la blanca aurora venciendo las sombras sale, no me quiero desnudar. ¡Ay, don Juan!, si esto mirases ¿quién de que era culpa mía pudiera desengañarte?Vanse y salen INÉS y doña CLARA, de corto como primero INÉS: ¿Al Parque vuelves? CLARA: Rendida, sin ley, razón ni sentido, donde la vida he perdido vuelvo, Inés, a hallar la vida. INÉS: Bastante está lo sentido, y si yo no me he engañado, toda la gloria ha parado en que has, señora, advertido de ayer el raro suceso. CLARA: ¿De qué sirviera negar con la lengua mi pesar, si con llanto lo confieso? Vana de que hallarse había don Hipólito burlado, le llamé, y su desenfado burló de la industria mía, que aunque es verdad que me dio satisfaciones que allí por mi respeto creí, Inés, por mi gusto no, pues que me pudo negar que fue donde otra mujer le llamaba, y mi placer se convirtió en mi pesar. Yo misma, ¡ay de mí!, encendí el fuego en que triste peno, yo conficioné el veneno que yo misma me bebí. Yo misma desperté, yo, la fiera que me ha deshecho, yo críé dentro del pecho el áspid que me mordió. Arda, gima, pene y muera quién sopló, conficionó, alimentó, despertó, veneno, ardor, áspid, fiera. INÉS: Bien en tantos pareceres hoy dirán cuantos te ven que solo queremos bien tratadas mal las mujeres. ¿Para qué habemos venido al Parque con tan crüel pena? CLARA: A ver si viene a él don Hipólito. INÉS: Él ha sido por cierto muy lindo ensayo. CLARA: Si hoy doy tregua a mis temores, yo os coronaré con flores, mañanas de abril y mayo.Vanse y salen don HIPÓLITO y don LUIS HIPÓLITO: En efeto, hasta su casa a doña Clara seguí como visteis, y la di del engaño que me pasa satisfaciones, diciendo ¿qué ofensa era ir a ver, llamado de una mujer, lo que mandaba? Y haciendo extremos de enamorado que supe fingir muy bien, porque ya no hay, don Luis, quien no haga el papel estudiado, la dejé desenojada, atenta a mi desengaño, y al fin con su mismo daño vino ella a ser la engañada, pues mis extremos creyó, siendo así, don Luis, verdad, que vida, alma y voluntad la doña Ana me robó, porque una vez persuadido de que me llamaba a mí, y hallarla después allí, me empeñó, y haber creído que ella fue quien me llamó. LUIS: Vos tenéis lindo despejo. HIPÓLITO: ¿Fuera más cuerdo consejo darme por vencido? LUIS: No; mas a haberme sucedido a mí lo que a vos con ellas, jamás yo volviera a vellas de turbado y de corrido. HIPÓLITO: Fuera linda necedad: puntualidades tenéis tan necias, que parecéis caballero de ciudad. Mira si aquesta fortuna a corrella te acomodas: querer por tu gusto a todas, por tu pesar a ninguna.Salen doña ANA, vestida como doña CLARA, y LUCÍA LUCÍA: Ya estás en el Parque, ya decirme, señora, puedes, con qué intento de este modo a su hermoso sitio vienes. ANA: Si has de verlo, ¿para qué que ahora te lo diga quieres?, que es retórica excusada decir las cosas dos veces, y más cuando están tan cerca de suceder, que presente está el que vengo buscando. LUCÍA: El hombre, señora, es éste de los engaños de ayer, si mis ojos no me mienten. ANA: Por él lo digo, pues solo he salido a hablarle y verle donde por la obligación que a ser caballero tiene, desengañe mi opinión, pues los que son más corteses caballeros, siempre amparan el honor de las mujeres. LUCÍA: ¿Para aquesto de tu casa al Parque, señora, vienes, donde es una culpa más si aquí acertaran a verte? ANA: Don Juan está retraído donde quiera que estuviere, y solo a este sitio, donde hay tal concurso de gente, no se atreverá a venir, y así más seguramente es donde le puedo hablar. LUCÍA: Plega a Dios que no lo yerres. ANA: Tápate, y llega a llamalle; di que una mujer pretende hablarle, que se retire del amigo con quien viene. LUCÍA: Caballero, una tapada a solas hablaros quiere, que es la que miráis. Seguidnos. HIPÓLITO: Doña Clara es, claramente lo dice el traje. Otra vez al engaño de ayer vuelve, mas hoy no lo ha de lograr.[Se acerca a doña ANA] ¡Notable, vive Dios, eres, pues que tan mal te aseguras de quien te estima y no ofende! Si buscas satisfaciones mayores de las que tienes, no es menester que me sigas pues en el alma estás siempre. ANA: Por otra me habéis tenido; en vuestras voces se infiere, y quiero desengañaros desde luego.[Descúbrese y vuelve a taparse] ¿Conocéisme? HIPÓLITO: Otra vez me preguntasteis en otra ocasión más fuerte eso mismo y respondí que sí y que no, y me parece, pues siempre es una la duda, dar una respuesta siempre. Sí os conozco, pues que os miro, no os conozco, porque suelen los bienes pasarse a males y hoy al revés me sucede. ANA: Seguidme hacia la Florida, porque hablaros me conviene donde estéis solo, y decidle a ese amigo que se quede.Vanse [las dos mujeres] HIPÓLITO: Don Luis, de nueva ventura podéis darme parabienes. Doña Ana es esta tapada; agora no puede hacerme engaño, que yo la he visto con mis ojos claramente. ¿Veis cómo fue la de ayer esta misma? ¿Veis si vuelve a buscarme? Aquí os quedad y murmurad, si os parece, el haber dicho que tengo buena estrella con mujeres.Salen doña CLARA e INÉS INÉS: Don Hipólito está aquí. CLARA: Pues no andemos más; detente. HIPÓLITO: Ya os sigo: guïad, señora doña Ana, donde quisiereis, que yendo con vos, hermosa deidad destos campos verdes, cualquiera sitio será la Florida, que le deben a vuestros ojos de fuego y a vuestras plantas de nieve, púrpura y verdor las flores, cristal y aljófar las fuentes. CLARA: (Doña Ana dijo, ¡ay de mí! Aparte Mas ¿qué nuevo engaño es éste? Mas no tarde en discurrillo quien averiguallo puede. La Florida es el lugar citado y a él me conviene llevarle). Venid. HIPÓLITO: (Fortuna, Aparte ¡oh, cuánto mi amor te debe!, pues seguro de los celos de doña Clara, me ofreces a doña Ana; triunfo hermoso de tu gran deidad es éste.)Vanse todos y sale don JUAN. [Don LUIS se queda] JUAN: Hacia esta parte bajó doña Ana, que entre la gente que venía la perdí de vista; pero no puede esconderse, y es verdad, pues cuando a mí me mintiesen tantas señas, me dijera verdad mi infelice suerte. Con don Hipólito va hablando; ya no hay qué espere. ¡Muera de cólera y rabia quien de amor y celos muere! LUIS: ¡Válgame el cielo! ¿Qué miro? Don Juan de Guzmán es este. ¡Señor don Juan de Guzmán! JUAN: ¿Quién llama? ¿Quién vio más fuerte confusión? Éste es don Luis. LUIS: Donde quiera que yo viere a quien a mi sangre agravia y a quien mi opinión ofende, primero que con la lengua, sin ceremonias corteses le saludo con la espada, voz de honor más elocuente. Sacad la vuestra, porque con más opinión me vengue. JUAN: Yo no he rehusado en mi vida con la mía responderle a quien me habla con la suya, y si matarme os conviene daos priesa, que si os tardáis os podrá quitar la suerte otra herida, y no es capaz una vida de dos muertes. LUIS: No os respondo, porque ya hablar el acero debe. JUAN: (Con doña Ana entró en la huerta Aparte don Hipólito, ¡oh, aleve pena! ¿Quién creerá que allí me agravien y aquí se venguen?)[Riñen] LUIS: Desguarnecióse la espada. JUAN: Daros pudiera la muerte, pero porque echéis de ver cómo mi valor procede y cómo debí de darla a vuestro primo igualmente, pues el que fuera una vez traidor, lo fuera dos veces, porque ser uno cobarde no es defeto que se pierde, id por espada, que aquí os espero. LUIS: (¡Trance fuerte!, Aparte pues quien me agravia me obliga, pues me halaga quien me ofende. Mas yo sé qué debo hacer). Esperad, que brevemente volveré. JUAN: Ya veis el riesgo a que estoy, si aquí me viesen, y por quitarme del paso, que ya lo veis que ya es éste, dentro estoy de la Florida. LUIS: Antes de un instante breve a ella volveré a buscaros.Vase JUAN: ¿Qué haré en penas tan crüeles, que un inconveniente es sombra de otro inconveniente? Cuando sigo un daño, otro en mi seguimiento viene; uno busco y otro hallo, y en todos no sé qué hacerme, que soy en un caso mismo persona que hace y padece. Si a don Hipólito sigo falto a don Luis neciamente; y si espero a don Luis falto a mis celos. Mas ¿qué teme mi valor? ¿No es morir todo? Máteme el que antes pudiere, don Hipólito o don Luis, pues cosa justa parece, si me busca el que yo ofendo que busque yo al que me ofende.Vase y salen doña CLARA e HIPÓLITO HIPÓLITO: En aqueste hermoso margen, en este florido albergue que la hermosa primavera a tanto estudio guarnece, podéis decirme, señora doña Ana, lo que a esto os mueve, pues ya sabéis que he de estar a vuestro servicio siempre, y no esa grosera nube tan bellos rayos afrente: amanezca vuestro sol pues ya el del cielo amanece.
Mañanas de abril y mayo, part 9
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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