Descúbrese PEDRO: (Ya no me queda esperanza; Aparte doña Ana, vive Dios, es.) JUAN: ¡Y querrán que calle yo! Mas puesto que así ha de ser, arded, corazón, arded, que yo no os puedo valer. ANA: Ya que con vos declarada estoy, don Pedro, sabed en lágrimas y suspiros mis desdichas de una vez. Y pues sabéis que he venido a vuestra casa, sabed --¡cuánta vergüenza me cuesta!-- ay, señor don Pedro, a qué. Un hombre vengo a buscar, porque de muy cierto sé que le puedo hallar en ella.Saliendo [don JUAN] JUAN: Adiós, don Pedro, porque darme tormento de celos y querer que calle, es nuevo rigor. Yo confieso que es mi delito querer, si eso pretendéis de mí. ANA: Don Juan, mi señor, mi bien. JUAN: Doña Ana, mi mal, mi muerte. ANA: Dadme los brazos. JUAN: Detén; no con los brazos añadas al tormento otro cordel, pues ya he dicho la verdad. PEDRO: (No sé, vive Dios, qué hacer; Aparte mas porque ni uno entre, ni otro salga, el paso cerraré).[Va a cerrar] JUAN: No cerréis, porque he de irme. ANA: No ha de irse; sí cerréis. ¿Pues cómo tan riguroso, cómo tan tirano, pues, agradeces de esa suerte haberte venido a ver? JUAN: ¿A quién? ANA: A ti, porque supe que aquí estabas. JUAN: ¡Bien, a fe! ¡Buena disculpa has hallado! ¡Ah, fiera! ¡Ah, ingrata! ¡Ah, crüel! ¡Qué prompto vive a mentir el ingenio en la mujer! ANA: Don Juan, si de las pasadas ofensas, al parecer justas, te dura el enojo y huyes de mí, ¡ay Dios!, porque estás engañado, ya te vengo a satisfacer. Aquel hombre a quien le diste la muerte... JUAN: Yo no hablo de él. Mira, mira tus engaños cuáles han llegado a ser, pues quejándome de uno a otro respondes, y pues son tantos que unos a otros se embarazan, no me des satisfación de ninguno, que mejor será tener queja de todos, que al fin está mejor puesto aquel que antes que mal satisfecho se queda quejoso bien. ANA: No te entiendo; y si es la queja que yo imagino que es la que tú sientes, señor, ¿de qué te quejas, de qué? que nunca causa te he dado. Pero si no puede ser darla yo, que nunca causa te ha dado mi estrella, ten el paso y dime qué es esto. JUAN: Traiciones tuyas, si bien no siento que sean traiciones porque te llego a perder, pues lo que llego a sentir solo, he de decirlo, es que otro merezca en un día lo que en siglos no alcancé a merecer yo, y en fin, me consuela en parte que él no te ha llegado a amar pues te llega a merecer. ANA: Si mi desdicha, don Juan, se ha sabido disponer otra evidencia aparente que yo no alcanzo ni sé, ¿cómo he de desengañarte?, ¿cómo te he de responder? ¡Vive Dios que te han mentido! JUAN: Es verdad; contigo hablé. ANA: ¿Quién te lo dijo? JUAN: El galán a quien tú vienes a ver. ANA: Yo a verte a ti, don Juan, vengo. JUAN: Es verdad, dices muy bien. ANA: Porque supe que aquí estabas. JUAN: ¿De quién pudiste, de quién? ANA: De esa crïada. JUAN: Por cuanto llegara el testigo a ser que no fuera tu crïada, que criadas y amas tenéis pacto explícito a mentir. ANA: Esta es verdad. JUAN: ¿Quién tal cree? ANA: Quien quiere bien. JUAN: Pues yo quiero muy mal por aquesta vez. ANA: Pues muera de desdichada. JUAN: Y yo de infeliz también.[Dentro ARCEO] ARCEO: Abran aquí. PEDRO: (Esto es peor. Aparte No sé, vive Dios, qué hacer, que don Hipólito viene). JUAN: ¿Quieres, ingrata, saber, si me has mentido? Pues este el galán que buscas es. ANA: Yo me huelgo de que sea, puesto que no puede ser el que busco, el que imaginas. Abra don Pedro, entre pues, y sepa don Juan que miente el que contra mi altivez bajo concepto ha formado. JUAN: Plega a Dios, y aquesta vez, o por vivir o morir, escuchando te estaré, supuesto que es ya mi vida el juego del esconder.Escóndese. Abre don PEDRO y sale ARCEO con una fuente con dulces de ladrillo ARCEO: ¿Tanto tardan en abrir a quien llama con los pies, que es señal que trae algo en las manos? ¡Vive diez que queda saqueada toda la tienda del portugués! Ya don Hipólito viene, señora... ¿Pero qué ven mis ojos? ¿Doña Lucía en mi casa? LUCÍA: Aquesta vez, por el chisme de una dueña muertes de hombres ha de haber.Sale don HIPÓLITO HIPÓLITO: ¿Si habrá don Luis llegado con la silla? Sí, pues ver puedo la dama. ¡Ay, amor; todo ha sucedido bien! Seáis, señora, bien venida a este, aunque humilde, dosel del mayo y el sol, ya esfera de verdor y rosicler. ANA: (¡Cielos, ¿qué pasa por mí? Aparte ¿Este el marido no es de la que hoy se entró en mi casa?) JUAN: ¿Quién vio lance más crüel? PEDRO: Mal se va poniendo todo. HIPÓLITO: Don Pedro, no tan penada tengáis a esta dama; ved que por vos no se descubre. PEDRO: Yo, por no estorbar, me iré. (Mas será a estar a la mira). Aparte ANA: Don Pedro, no os ausentéis, porque habéis de ser aquí de cuanto pasare juez. Caballero, a quien apenas vi, pues si os vi a penas fue, ya que por vos las padezco: ¿conocéisme? HIPÓLITO: No y sí, pues en este instante os conozco y os desconozco también. Conózcoos, pues que quién sois muy bien informado sé, y desconózcoos, señora, porque de esa suerte habléis. Si os vi en el Parque primero y en vuestra casa después, si para venir a hablaros llamado fui de un papel, y si habéis venido donde yo os traigo, ¿cómo o por qué así os extrañáis de verme donde me venís a ver? JUAN: ¡Querrán doña Ana y don Pedro que esto llegue a oír y ver y no salga! ¡Vive Dios, que infamia del amor es! ANA: ¿Yo a veros a vos? Mirad lo que decís, no busquéis desengaños que a vos solo mal el saberlos esté. Yo en mi vida al Parque fui, ni en él os vi ni os hablé; si os entrasteis en mi casa, no me preguntéis a qué, que aunque lo puedo decir vos no lo podéis saber, que habéis de ser el postrero que el desengaño toquéis. Baste decir que engañado estáis, y que me dejéis, que puede ser sea causa de todo vuestra mujer. HIPÓLITO: ¿Mi mujer? Ahora conozco de qué ha podido nacer vuestro enojo. Yo hice mal en traeros aquí; haced la deshecha norabuena, pero no me acumuléis que soy casado, que es susto de que jamás sanaré. PEDRO: (Ya ni aun a mentir no acierta Aparte doña Ana). JUAN: Ni yo a tener paciencia, pero si salgo rompo de amistad la ley, a doña Ana la destruyo y a mí me pierdo también; en efeto, pues en medio han de estar su criado y él, y es hacer ruido no más dejando la duda en pie. Pues sufrirlo es imposible, que ¿quién ha podido, quién oír requebrar a su dama? Haya un medio entre los tres, como yo solo me pierda donde... pero esto después ha de decir el suceso; ya he visto cómo ha de ser,Vase ANA: Dejadme, señor, por Dios, y porque mejor miréis que huyo de vos, y lo más a que se puede atrever una mujer como yo, a voces digo que quien en este aposento está, mi dueño y mi amante es, y es a quien vine a buscar y es a quien yo quiero bien, porque a vos no os escribí, ni os vi en mi vida, ni hablé, desmintiendo de esa suerte su peligro y mi desdén.[Vase por la puerta donde estaba escondido DON JUAN] HIPÓLITO: Cerró la puerta, ¿quién vio más tramoyera mujer? Desde el punto que la vi enredadora la hallé. PEDRO: (Bien cuerda resolución Aparte tomó doña Ana, porque con esto estorba que salga don Juan, que es lo que a temer llegué siempre). HIPÓLITO: Estoy confuso, y qué he de decir no sé.Sale DON LUIS [LUIS]: Yo llego a muy buena hora: don Hipólito, ahí está aquella señora ya en la silla. HIPÓLITO: ¿Qué señora? LUIS: La que esperáis. HIPÓLITO: ¿Qué decís? DON LUIS Que tomó en San Sebastián la silla, y que afuera están. HIPÓLITO: Engañado estáis, don Luis, porque la dama a quien yo vengo a ver, ya estaba aquí cuando vine. LUIS: ¿Cómo así, si ahora conmigo llegó en la silla la mujer que hoy en el Parque topamos, a quien seguimos y hablamos? HIPÓLITO: ¿Eso cómo puede ser si la misma, destapada, aquí la he visto y hablado y en este aposento ha entrado? LUIS: No quiero deciros nada, sino que entra ya. HIPÓLITO: ¡Por Dios, que es rigurosa mi estrella!Salen doña CLARA e INÉS LUIS: Decí ahora si es aquella. HIPÓLITO: O es ella o ellas son dos. PEDRO: ¿Veis, don Hipólito, veis cómo la dama que estaba hoy aquí a vos no os buscaba? HIPÓLITO: Quitarme el juicio queréis. Mujer dos veces tapada, que a mi deshecha fortuna, por si se me pierde una se me envía duplicada, ¿no me hablaste en el Parque hoy?, ¿no eres tú la que seguí y la que en tu casa vi? Confuso otra vez estoy.Hace señas a todas las preguntas que sí [y luego se destapa] CLARA: Yo soy, el mi caballero, ya que descubierta os hablo, aquella habladora muda por las lecciones de un manto, que viendo que era muy poca vitoria, muy poco aplauso de toda aquesta mujer un hombre no más, buscando ocasión de que alcanzara sola una parte del lauro, le quise dar de ventaja la discreción a mi garbo. Bien pensó vuesa merced, muy necio y muy confïado, que tenía muerta al vuelo la hermosura de los campos. Pues no, señor para todas, y conozca escarmentado que ha dado vuesa merced, por lo entendido o lo raro, mala cuenta de su amor, pues deja este desengaño vengada la hermosa Filis de los desdenes de Fabio; pues cuando fuera verdad que yo le amara, pues cuando fuera verdad, y celosa aquí le hubiera buscado, el verme vengada solo me hubiera el amor quitado. Yo lo estoy con que haya visto que los celos que me ha dado han sido conmigo mesma, pues nadie pudiera darlos a este talle, que no fuera su mismo desembarazo. Envaine vuesa merced todo ese grande aparato de dulces de Portugal que le han salido tan agrios, que no es la boda por hoy, pero agradezca el cuidado que en ella ha puesto el señor casamentero del diablo, que cierto que de su parte nada faltó, porque ha estado con mucha puntualidad con la tal silla esperando, y hizo muy bien el papel encareciendo el recato, porque es amigo muy fino del que es amante muy falso. Con esto, a Dios, y ninguno me siga, que si echo el manto, si vuelvo la calle, si otro embeleco desenvaino, les haré creer que soy otra dama, aunque al estrado me entre de una mesurada como esta mañana, cuando le hizo creer que era otra solo un sombrerillo blanco.Vase HIPÓLITO: Oye, aguarda, espera, escucha. LUIS: En mi vida he hallado hombre de tan buena estrella con mujeres. HIPÓLITO: Que burlando estéis cuando estoy muriendo... Detente, Inés. INÉS. Será en vano, que vamos muy enojadas.Vase HIPÓLITO: No sé qué hacer en tal caso; mas sí sé, que es apelar de todo al desembarazo, desengañando hoy la una y la otra después amando. PEDRO: (Gracias a Dios que con esto Aparte ya los celos acabaron de doña Ana y de don Juan, pues todo lo han escuchado, y mi amor, pues doña Clara viene a Hipólito buscando. Cielos, sin querer he visto mis celos averiguados). ARCEO: Y si el galán y la dama están ya desengañados, aquí acaba la comedia.[Don PEDRO abre la puerta] PEDRO: ¿Oístes ya el desengaño, don Juan? ANA: No soy tan dichosa yo. PEDRO: ¿Cómo así? ANA: Como cuando yo entré, solo vi un hombre que atrevido y temerario se echaba por la ventana que hay, señor, a esos tejados. ARCEO: Pues no acaba la comedia. PEDRO: ¡Qué riguroso, qué extraño afecto de amor y celos! El iba a salirle al paso; seguir a los dos importa, no suceda algún fracaso. ANA: Grande desdicha es la mía, pues cuando vengo buscando hoy, don Juan, finezas tuyas, solas más desdichas hallo. Cuando te siguen sospechas tú las estás esperando firme, y vuelves las espaldas si te siguen desengaños. ¿Qué mujer es esta, cielos, que hoy en mi casa se ha entrado? ¿Qué hombre es este que asegura que yo le vengo buscando? ¡Oh, nunca en el tiempo hubiera, oh, nunca hubiera en el año, si es que la culpa han tenido de enredos y enojos tantos, las mañanas floridas de abril y mayo!
Mañanas de abril y mayo, part 7
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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