Sale INÉS con manto INÉS: Apriesa escribió mi ama el papel, y más apriesa yo tras ellos me he venido, y cogiéndoles las vueltas hasta la calle he llegado de la madama, y aun ésta es su casa. Allí se paran. Yo no quiero que me vean tras ellos, porque no echen de ver que los seguí. Sea otra vez de mi delito sagrado su casa mesma. HIPÓLITO: Ésta es la calle feliz... ¿pero quién dudar pudiera que había de vivir Flora en la calle de las Huertas? Este es el balcón por donde en tornasoles envuelta sale el alba a todas horas, de jazmines y azucenas coronada, pues el día en sus umbrales despierta. INÉS: Ya de que los he seguido desmentida la sospecha está. Daréle el papel como mi ama lo ordena. Vuelvo a penar en lo mudo. LUIS: Una mujer encubierta ha salido de su casa. HIPÓLITO: Y hacia nosotros se acerca. LUIS: De las dos debe de ser, pues que vuelve a hablar por señas. HIPÓLITO: Estas mujeres, sin duda, en casa el hablar se dejan cuando salen de ella, pues solo hablan dentro de ella. ¿Es a mí? ¿Sí? Pues ya estoy aquí, ¿qué quieres?. Espera, mujer. LUIS: Aquello es decir que no la sigáis. HIPÓLITO: Ligera volvió la espalda, avisando que calle y el papel lea.Lee "El mayor argumento de la nobleza fue siempre la cortesía. La vuestra me asegura la verdad de todo, y así, os he menester para fiar de vos un secreto. Tened una silla para luego en San Sebastián y una casa donde pueda hablaros. Dios os guarde. La dama muda." ¿Qué decís de este papel? Decid ahora que crea a don Pedro, y que desista de la posesión. LUIS: Empresa notable seguís. HIPÓLITO: ¿No os digo que yo tengo linda estrella con mujeres? LUIS: ¿Qué habéis de hacer? HIPÓLITO: Todo cuanto ordena, y así, entre los dos partamos ahora las diligencias, que este es oficio de amigo. Id, don Luis, por vida vuestra, pues venimos sin crïado por la silla, y esté puesta al punto en San Sebastián como dice, y cuando venga le diréis que por no dar de aquesto a un crïado cuenta os la di a vos, porque hagamos la necesidad fineza, que yo os espero en mi casa. LUIS: ¿Y si doña Clara acierta a ir allá? HIPÓLITO: Habéis reparado bien, que gran disgusto fuera que ella llegara a saberlo. ¿Qué haremos? LUIS: Pues es tan cerca la casa de este don Pedro, mejor es llevarla a ella. HIPÓLITO: Es verdad; prevenid vos la silla, por vida vuestra, mientras prevengo la casa. LUIS: Oíd, de la suya mesma otras dos salen. HIPÓLITO. Mirad si lo han tomado de veras; no malogremos la dicha. Vámonos sin que nos vean, que estando aquí podrá ser que ir a otra parte no quieran. LUIS: Voy a prevenir la silla.Vanse. Salen Doña ANA, Doña LUCÍA y PERNÍA LUCÍA: ¿Qué es, señora, lo que intentas? ¿En este traje de casa sales? ANA: A esto amor me fuerza. En la casa de don Pedro he de entrar, ya estoy resuelta, hasta saber si don Juan en ella se oculta o cierra. LUCÍA: ¿Pues dónde vas? Ésta es la casa. ANA: ¿No eres más necia? Pasa de largo, porque deslumbremos las sospechas si acaso me ha visto alguno salir de casa. ¡Ay don Juan; ay, amor, lo que me cuestas!Vanse y salen Don JUAN y Don PEDRO PEDRO: Notable sois, por cierto. JUAN: ¿No lo he de ser, don Pedro, si estoy muerto de celos y de agravios, las manos sin acción, la voz sin labios? PEDRO: Si yo de vuestros celos os traigo averiguados los recelos y deshecho el engaño ¿qué os quejáis? JUAN: Para mí no hay desengaño PEDRO: Pues yo puedo deciros que solo por serviros, ahora cauteloso y con vuestro poder, don Juan, celoso, de uno y otro crïado en casa de doña Ana me he informado si salió esta mañana al Parque, y dicen todos que doña Ana solo a misa ha salido en su coche a las once y nadie ha habido que lo contrario diga. JUAN: ¿Pues quién a don Hipólito le obliga, don Pedro, a haber mentido? PEDRO: Asegurad vos bien vuestro partido, pero no averigüéis tan neciamente, puesto que miente el otro, por qué miente. JUAN: ¿Queréis ver cuán atento estoy a mi dolor y a mi tormento? Pues con creer el daño como a daño, me ha sosegado en parte el desengaño, y así, aunque no quería ver a doña Ana, al expirar el día verla y hablarla quiero, y decir, ya que muero, por qué muero, quejándome de todo. PEDRO: Pues yo os diré, ya que así estáis, el modo que me parece que hay de prevenilla: vos habéis de escribilla un papel que ha de dalle ese crïado... mas luego lo diré, porque han llamado.Sale ARCEO ARCEO: Hasta aquí don Hipólito se entra. PEDRO: Ya veis lo que perdéis si aquí os encuentra. Yo saldré a recibille. JUAN: Eso no, porque yo tengo de oílle. PEDRO: ¿Pues no os fiáis de mí? JUAN: Yo sí me fío, mas es desconfïado el valor mío. PEDRO: Yo estoy tan satisfecho del honor de doña Ana, que sospecho que viene a retratarse, y así muy poco llega a aventurarse. Retiraos. JUAN: Piedad, cielos; escuche dichas quien escucha celos.[Se va al paño, tras una puerta]. Sale HIPÓLITO HIPÓLITO: Don Pedro, siempre vengo a vos, o con el mal o el bien que tengo: ya que de vos me fío amparadme, pues sois amigo mío. Doña Ana... PEDRO: (¿Hay semejante Aparte confusión?) No paséis más adelante; no tenéis que decirme que a vuestra pretensión constante y firme está, que yo lo creo como es justo. HIPÓLITO: Lejos dais de mi dicha y de mi gusto, que es lo contrario lo que hablaros quiero. PEDRO: (¡Cielos! ¿Qué es esto?) Aparte JUAN: Hasta escucharlo espero. PEDRO: (¿Qué he de hacer, porque temo Aparte que pase este negocio a más extremo). HIPÓLITO: Doña Ana, en fin... JUAN: ¿Quién mi desdicha ignora? PEDRO: Esperad un instante. Cierra. Hablad ahora. HIPÓLITO: ¿Por qué cerráis? PEDRO: No quiero que esa puerta, cuando fuera me voy, se quede abierta (Con eso he asegurado Aparte aquí de dos cuidados un cuidado: celos y riesgo le han buscado, cielos; estorbe el riesgo, ya que no los celos). HIPÓLITO: Doña Ana, pues, este papel me escribe. Que busque donde hablarla me apercibe, y pues mi dicha pasa tan adelante, dadme vuestra casa adonde pueda vella; tapada vendrá a ella; yo he menester a Arceo que se venga conmigo, que deseo, mientras llega, advertido, tener algún regalo prevenido. Y pues que la respuesta ha de ser ayudar dicha como esta, quedad con Dios, que con el bien que toco, loco debo de estar, si no muy loco. PEDRO: Oíd, mirad... HIPÓLITO: No me deja mi deseo, ni lo esperéis, que yo me llevo a Arceo.Vase PEDRO: ¿Qué haré de dos amigos empeñado, si uno me busca y otro está encerrado, y ambos de mí se fían? Triste llego a abrir las puertas, y en las dudas ciego.[Abre y sale DON JUAN] Don Juan, viendo que aquí, ¡confusión brava! una desdicha y otra hoy os buscaba, en deshecha fortuna, quise de dos embarazar la una, y porque no saliérades restado, ya que celoso... JUAN: Todo fue excusado, que oyendo lo que oí, aunque estuviera abierto no saliera, pues a tal desengaño, cosa es clara que esperara hasta verle cara a cara: necedad en el mundo introducida, solicitar lo que quitó la vida. PEDRO: Esa ahora es mi duda: yo no sé cómo a tanto empeño acuda. Don Hipólito, ¡ay, cielos!, este día de mí su gusto y vuestra pena fía; mi obligación en vuestras manos dejo: ¿qué hiciérades? ¡Ay Dios! Dadme consejo. JUAN: Yo no sé lo que hiciera si vos, don Pedro, fuera, en un caso tan nuevo, mas siendo yo, bien sé lo que hacer debo, que es, aunque el alma en celos se me abrasa, el respeto guardar a vuestra casa; mas fuera de ella le daré la muerte, ya que el duelo de amor es ley tan fuerte que dispone severa que ofenda la mujer y el hombre muera. PEDRO: Vos no habéis de salir de aquí. JUAN: Es en vano, que he de salir. PEDRO: Vuestro peligro es llano. JUAN: ¿Y esotro no lo es? ¿Queréis que vea hoy mis desdichas yo? Pues así sea. Que aquí me estaré, digo, y que de mi dolor seré testigo. Venga doña Ana de otro enamorada y... mucho iba a decir; no digo nada PEDRO: Eso tampoco es justo. JUAN: ¿Pues ni irme ni quedarme no os da gusto? Estoy perdido y loco: ¿qué queréis? PEDRO: No lo sé. JUAN: Ni yo tampoco. PEDRO: Solo deciros quiero que aunque como desdichas las espero, estoy tan confïado del honor de doña Ana, que he pensado que este se desvanece o que su amor algún error padece. JUAN: ¿Confïanza tan vana de qué os nace? PEDRO: De ser quien es doña Ana, que es mujer principal. JUAN: Necio anduviste, si antes que principal, mujer dijiste, y ved si engaño habrá, que ya han entrado dos mujeres. PEDRO: Yo estoy desesperado, pues consultando extremos, tratando mucho nada resolvemos y ya el lance llegó; no sé qué hacerme. Escondeos. JUAN: Yo no tengo de esconderme. PEDRO: ¿Pues queréis que aquí os vean? JUAN: ¿Habrá desdichas que mayores sean? PEDRO: Haced esto por mí hasta que sepamos la verdad, y después los dos muramos en la defensa del agravio vuestro. JUAN: Mi amistad así os muestro, pero con condición, ¡desdicha grave!, que a aquesta puerta he de quitar la llave y ha de estar siempre abierta.Vase [y queda al paño en lo que sigue]. Salen Doña ANA, Doña LUCÍA y PERNÍA LUCÍA: Oye, Pernía, quédese a la puerta ANA: Señor don Pedro Girón, muy admirado estaréis de ver hoy en vuestra casa entrarse así una mujer. Galán y discreto sois, y como todos, sabéis que extremos de amor obligan a más extremos, y pues de alguno se han de fïar ¿de quién, don Pedro, de quién mejor que de vos, que sois noble, entendido y cortés?
Mañanas de abril y mayo, part 6
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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