JORNADA SEGUNDA
Salen INÉS y Doña CLARA, afligida INÉS: ¿Tú triste, tú pensativa, melancólica y suspensa, tan bien perdida y tan mal hallada contigo mesma? ¿Dónde, señora, está el brío, el buen gusto, la belleza, y el despejo? CLARA: No lo sé; y no es mucho, ¡ay Dios!, que necia, pues que no sé de mi vida, de mis acciones no sepa. ¿Quién creerá de mí, ¡ay de mí! que yo llore y que yo sienta desaires de un hombre? ¿Yo, que tan altiva y soberbia me llamé la vengadora de las mujeres, sujeta tanto a un desaire me veo? INÉS: Yo no sé qué razón tengas para tanto sentimiento, pues si bien se considera él te siguió a ti y tú fuiste la causa de la fineza. Luego si estás ofendida y obligada también, sea tu mal consuelo de otro, supuesto que representas, despreciada y pretendida, la celosa de ti mesma. Ya fue el cuidado por ti, pues por ti en la casa entra de la otra, y si se halla tan empeñado con ella, ¿cómo se puede excusar de andar galán? Considera que si has de olvidar a un hombre porque a una hable y a otra vea, no hay que querer a ninguno, que maldito de Dios sea, señora, el que hay que no diga lo mismo a cuantas encuentra. CLARA: Con todo eso, ya llegué --confieso que anduve necia-- a darme por entendida de este agravio con mis penas, y me tengo de vengar. INÉS: ¿De qué suerte? CLARA: Escucha atenta. Un papel le he de escribir disfrazándole mi letra y escribiéndomele tú, en nombre de la encubierta dama, diciéndole en él cuán obligada me deja su cortesía, y que quiero hablarle a solas, que tenga una silla prevenida y una casa donde pueda verle esta tarde. Él, muy vano, creído de su soberbia, pensará que tiene lance; y para que no le tenga iré yo, y será buen paso lo que hará cuando me vea. INÉS: ¿Y qué consigues con eso? CLARA: Dos cosas: es la primera burlarme de él; la segunda desengañarle, y que sepa que fui la tapada yo, porque no se desvanezca presumiendo que la otra le dio ocasión de que fuera tras ella, y su galanteo prosiga. INÉS: ¿Esa diligencia no pudiera hacerse en casa? CLARA: Con venganza no pudiera. INÉS: No sé si aciertas en eso. CLARA: ¿Cómo? INÉS: Yo te lo dijera, si él y aquel don Luis no entrara. CLARA: Pues disimula, no entiendan hasta este lance, que fuimos las tapadas.Salen Don HIPÓLITO y Don LUIS HIPÓLITO: Considera, don Luis, que importa sacarme presto de aquí. LUIS: Sí haré. CLARA: ¿Era, señor don Hipólito, hora de veros? ¿Tan larga ausencia? Desde ayer no me habéis visto. HIPÓLITO: Sólo pudiera esa queja hacer mi ausencia feliz, que es sutil estratagema de amor, que una pena misma hacerse lisonja sepa. Mas no vine esta mañana presumiendo que estuvieras en el Parque, como anoche dijiste. CLARA: Detén la lengua. ¿Pues si anoche me dijiste que de casa no saliera, había de salir de casa? ¡Jesús! ¡De mí no se crea tal desenvoltura, tal liviandad de mi obediencia! LUIS: Harto le encarezco yo a don Hipólito esa verdad, y cuán obligado debe estar de esa fineza, y aun él la conoce bien, pues la paga con la mesma. CLARA: ¿Luego él al Parque no fue? HIPÓLITO: ¡Jesús! ¿Pues tal de mí piensas, sabiendo que para mí no hay, Clara, holgura ni fiesta donde tú no estás? CLARA: Y yo lo creo como si lo viera, pues si tú hubieras estado hoy en el Parque, hoy hubiera estado en el Parque yo, claro está, y es cosa cierta, pues si yo en tu pecho vivo y tú en el pecho me llevas, contigo hubiera yo estado disfrazada y encubierta. HIPÓLITO: (¡Qué fácil es de engañar Aparte a la mujer más discreta!) CLARA: (¡Que sea bobo el más bellaco Aparte de los hombres!) INÉS: (Hombres y hembras Aparte así unos a otros se engañan cuando que se quieren piensan).Hácele señas LUIS LUIS: Aunque es el primer precepto de amor no estorbar, licencia me daréis para que os diga que unos amigos me esperan donde me importa llevar a don Hipólito. Esta ausencia os deba el ser yo tan vuestro crïado. CLARA: Cesa, don Luis, que no es esta sala donde hablar la parte es fuerza por procurador. Si él quiere hablar, hable, y no por señas. Id, don Hipólito, a Dios, que esta casa siempre es vuestra para iros y para estaros, pues siempre de la manera que abierta para que entréis, para que os vais está abierta. Pon esos hombres, Inés, en la calle, y luego cierra las puertas. HIPÓLITO: Escucha. CLARA: ¿Yo escucharte? LUIS: Considera que si yo tuve la culpa no ha de tener él la pena. CLARA: Yo no me enojo con él ni con vos; doy la licencia que me pedis. (Mucho hago Aparte en no declarar mis quejas, porque estoy muy enfadada en verlos hablar por señas).Vanse las dos HIPÓLITO: ¿Qué os parece, don Luis, de este amor, de esta fineza? LUIS: Que vos habéis reducido a precepto y obediencia la condición más rebelde de una mujer. ¿Quién creyera que doña Clara llegara nunca a verse tan sujeta que no saliera de casa por decir que no saliera? En fin, todo se os rinde. HIPÓLITO: Yo tengo notable estrella con mujeres. LUIS: Bien se ve, pues habéis triunfado de esta. Pero decidme ¿a qué efeto ha sido lo de la priesa de que salgamos de aquí? HIPÓLITO: ¿Tan mal mi dolor lo muestra que ha menester explicarle más que el afecto la lengua? ¿No os dije que la tapada vi en su casa descubierta, donde, porque entrara yo, os quedasteis a la puerta? ¿No os dije cómo la hablé, y que es entendida y bella, sin que subsidios de hermosa den excusados de necia? ¿No os dije cómo, informado de don Pedro, dijo que era rica y noble? LUIS: Sí. HIPÓLITO: ¿Pues cómo dudáis dónde voy? ¿No es fuerza que vaya a estarme en su calle? No digo bien; en la esfera luciente del mejor sol, a cuya dulce violencia arde abrasada la pluma y derretida la cera. LUIS: ¿No creéis al desengaño de decir don Pedro que era la pretensión imposible por su virtud y sus prendas? HIPÓLITO: Si es esa otra parte más para ser amada, esa es hoy la que más me anima, es hoy la que más me alienta. LUIS: Pues ¿y la comodidad? HIPÓLITO: ¿Pues no es comodidad esta, si es rica, noble y hermosa, de buena opinión y honesta, y puedo dentro de un mes estar casado con ella?
Mañanas de abril y mayo, part 5
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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