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LIVIA:            Mi señor tiene razón.
JUSTINA:       No ha sido--¡ay de mí!--ilusión, 
               y mayor daño sospecho,
               porque a pedazos del pecho
               me arrancan el corazón.
                  Algún hechizo mortal
               se está haciendo contra mí, 
               y fuera el conjuro tal
               que, a no haber Dios, desde aquí
               me dejara ir tras mi mal.
                  Mas Él me ha de defender,
               y no sólo del poder 
               de esta tirana violencia;
               pero mi humilde inocencia
               no ha de dejar padecer.
                  Livia, el manto, porque, en tanto
               que padezco estos extremos, 
               tengo de ir al templo santo,
               que tan secreto tenemos
               los fieles.

Saca el manto, y pónesele; que le vea con él la gente
LIVIA: Aquí está el manto. JUSTINA: En él tengo de templar este fuego que me abrasa. LISANDRO: Yo te quiero acompañar. LIVIA: (Y yo volveré a alentar Aparte en echándolos de casa.) JUSTINA: Pues voy a ampararme así, cielos, de vuestro favor, confío. LISANDRO: Vamos de aquí. JUSTINA: Vuestra es la causa, Señor. Volved por vos y por mí.
Vanse los dos, y sale MOSCÓN, que está acechando
MOSCÓN: ¿Fuéronse ya? LIVIA: Ya se fueron MOSCÓN: ¡Con qué susto me tuvieron! LIVIA: ¿Es posible que salieras del aposento, y vinieras donde sus ojos te vieron? MOSCÓN: ¡Vive Dios que no he salido! un instante, Livia mía, de donde estaba escondido! LIVIA: Pues ¿quién el hombre sería? MOSCÓN: El mismo diablo habrá sido. ¿Qué sé yo? No muestres ya por eso, mi bien, enfado.
Suspira LIVIA
LIVIA: No es por eso. MOSCÓN: ¿Qué será? LIVIA: ¡Qué pregunta, si ha que está un día entero encerrado conmigo! ¿No echa de ver
Llora
que habrá también menester el otro, su confidente, que llore hoy tenerle ausente, pues no lloré en todo ayer? ¿Hase de pensar de mí que mujer tan fácil fui que en medio año de ausencia falté a la correspondencia que al ser quien soy ofrecí? MOSCÓN: ¿Qué es medio año? Un año entero ha ya que pudo faltar. LIVIA: Es engaño, pues infiero que yo no debo contar los días que no le quiero. Y si de un año--¡ay de mí!--
Llorando
te di la mitad a ti, fuera injuria muy crüel contárselo todo a él. MOSCÓN: Cuándo yo, ingrata, creí que fuera tu voluntad toda mía, ¡con piedad haces cuentas! LIVIA: Sí, Moscón, porque, en fin, cuenta y razón conserva toda amistad. MOSCÓN: Pues que tu constancia es tal, adiós, Livia, hasta mañana. Sólo te ruega mi mal que, pues eres su terciana, no seas su sincopal. LIVIA: ¿Ya no ves que no hay en mí malicia alguna? MOSCÓN: ¿Es así? LIVIA: En todo hoy no me has de ver; mas no sea menester enviar mañana por ti.
Vanse, y sale CIPRIANO, con asombro, y CLARÍN, acechando, tras él
CIPRIANO: Sin duda se han rebelado en los imperios cerúleos las tropas de las estrellas, pues me niegan sus influjos. Comunidades ha hecho todo el abismo profundo, pues la obediencia no rinde que me debe por tributo. Una. y mil veces el viento estremezco a mis conjuros, y una y mil veces la tierra con mis caracteres surco, sin que se ofrezca a mis ojos el humano sol que busco, el cielo humano que espero en mis brazos. CLARÍN: Eso ¿es mucho? Pues una y mil veces yo hago en la tierra dibujos, una y mil veces el viento a puras voces aturdo, y tampoco viene Lívia. CIPRIANO: Esta sola vez presumo volver a invocarla. Escucha, bella Justina.
Sale la que hace a JUSTINA, con manto, como turbada, por una puerta, y éntrase huyendo por la otra, y va tras ella CIPRIANO, turbado, y CLARÍN, turbado, dando vueltas con miedo
FIGURA: Ya escucho; que, forzada de tus voces, aquestos montes discurro. ¿Qué me quieres? ¿Qué me quieres, Ciprïano? CIPRIANO: ¡Estoy confuso! FIGURA: Y pues que ya... CIPRIANO: ¡Estoy absorto! FIGURA: ...he venido... CIPRIANO: ¿Qué me turbo? FIGURA: ...de la suerte... CIPRIANO: ¿Qué me espanto? FIGURA: ....que me halló el amor,... CIPRIANO: ¿Qué dudo? FIGURA: ...donde me llamas... CIPRIANO: ¿Qué temo? FIGURA: ...y así con la fuerza cumplo del encanto, a lo intrincado del monte tu vista huyo.
Cúbrese el rostro con el manto, y vase
CIPRIANO: Espera, aguarda, Justina. Mas ¿qué me asombro y discurro? Seguiréla, y este monte, donde mi ciencia la trujo, teatro será frondoso, ya que no tálamo rudo, del más prodigioso amor que ha visto el cielo.
Vase
CLARÍN: Abernuncio de mujer que viene a ser novia, y viene oliendo a humo. Pero debió de cogerla del encanto lo absoluto soplando alguna colada o cociendo algún menudo. Mas no. ¡En cocina y con manto! De otra suerte la disculpo. Sin duda debe de ser --ahora he dado en el punto-- que una honrada nunca huele mejor cogida de susto. Ya la ha alcanzado, y con ella, de aqueste valle en lo inculto, luchando a brazos enteros --que a brazos partidos juzgo que hiciera mal en luchar el amante más forzudo-- a este mismo sitio vuelven. Desde aquí acechar procuro; que deseo saber cómo se hace una fuerza en el mundo.
Escóndese, y sale CIPRIANO, trayendo abrazada una persona cubierta con manto y con vestido parecido al de JUSTINA, que es fácil, siendo negro este manto y vestido; y han de venir de suerte que con facilidad se quite todo y quede un esqueleto, que ha de volar o hundirse, como mejor pareciere, como se haga con velocidad; si bien será mejor desaparecer por el viento
CIPRIANO: Ya, bellísima Justina, en este sitio que, oculto, ni el sol le penetra a rayos ni a soplos el aire puro, ya es trofeo tu belleza de mis mágicos estudios; que por conseguirte, nada temo, nada dificulto. El alma, Justina bella, me cuestas; pero ya juzgo, siendo tan grande el empleo, que no ha sido el precio mucho. Corre a la deidad el velo, no entre pardos, no entre oscuros celajes se esconda el sol; sus rayos ostente rubios.
Descúbrela, y ve el cadáver
Mas--¡ay infeliz!--¿qué veo? Un yerto cadáver mudo entre sus brazos me espera! ¿Quién en un instante pudo, en facciones desmayadas de lo pálido y caduco, desvanecer los primores de lo rojo y lo purpúreo? ESQUELETO: Así, Cipriano, son todas las glorias del mundo.
Desaparece, y sale CLARÍN, huyendo, y abrázase con él CIPRIANO
CLARÍN: (Si alguien ha menester miedo, Aparte yo tengo un poco y un mucho.) CIPRIANO: Espera, fúnebre sombra. Ya con otro fin te busco. CLARÍN: Pues yo soy fúnebre cuerpo. ¿No echas de verlo en el bulto? CIPRIANO: ¿Quién eres? CLARÍN: Yo estoy de suerte que aun quien soy creo que dudo. CIPRIANO: ¿Viste en lo raro del viento o del centro en el profundo yerto un cadáver, dejando en señas de polvo y humo desvanecida la pompa que llena de adornos trujo? CLARÍN: Ahora sabes que estoy sujeto a los infortunios de acechador. CIPRIANO: ¿Qué se hizo? CLARÍN: Deshízose luego al punto. CIPRIANO: Busquémosle. CLARÍN: No busquemos. CIPRIANO: Sus desengaños procuro. CLARÍN: Yo no, señor.
Sale el DEMONIO
DEMONIO: (¡Justos cielos! Aparte Si juntas un tiempo tuvo mi ser la ciencia y la gracia cuando fui espíritu puro, la gracia sola perdí, la ciencia no. ¿Cómo, injustos, si esto es así, de mis ciencias aun no me dejáis el uso?)
Sin verle
CIPRIANO: ¡Lucero, sabio maestro! CLARÍN: No le llames; que presumo que venga en otro cadáver. DEMONIO: ¿Qué me quieres? CIPRIANO: Que del mucho horror que padezco absorto rescates hoy mi discurso. CLARÍN: (Yo, que no quiero rescates, Aparte por este lado me escurro.)
Vase CLARÍN
CIPRIANO: Apenas sobre la tierra herida acentos pronuncio cuando en la acción que allá estaba Justina, divino asunto de mi amor y mi deseo Pero ¿para qué procuro contarte lo que ya sabes? Vino, abracéla, y al punto que la descubro--¡ay de mí!-- en su belleza descubro un esqueleto, una estatua, una imagen, un trasunto de la muerte, que en distintas voces me dijo--¡oh qué susto!--, "Así, Ciprïano, son todas las glorias del mundo." Decir que en la magia tuya, por mí ejecutada, estuvo el engaño no es posible, porque yo punto por punto la obré, sin que errar pudiese de sus caracteres mudos una línea, ni una voz de sus mortales conjuros. Luego tú me has engañado cuando yo los ejecuto, pues sólo fantasmas hallo adonde hermosuras busco. DEMONIO: Ciprïano, ni hubo en ti defecto, ni en mí le hubo. En ti, supuesto que obraste el encanto con agudo ingenio; en mí, pues el mío te enseñó en él cuanto supo. El asombro que has tocado más superior causa tuvo. Mas no importará; que yo, que tu descanso procuro, te haré dueño de Justina por otros medios más justos. CIPRIANO: No es ése mi intento ya; que de tal suerte confuso este espanto me ha dejado que no quiero medios tuyos. Y así, pues que no has cumplido las condiciones que puso mi amor, sólo de ti quiero, ya que de tu vista huyo, que mí cédula me vuelvas, pues es el contrato nulo. DEMONIO: Yo te dije que te había de enseñar en este estudio ciencias que atraer pudiesen, de tus voces al impulso, a Justina; y pues el viento aquí a Justina te trujo, válido ha sido el contrato, y yo mi palabra cumplo. CIPRIANO: Tú me ofreciste que había de coger mi amor el fruto que sembraba mi esperanza por estos montes incultos. DEMONIO: Yo me obligué, Ciprïano, sólo a traerla. CIPRIANO: Eso dudo; que a dármela te obligaste. DEMONIO: Yo la vi en los brazos tuyos. CIPRIANO: Fue una sombra. DEMONIO: Fue un prodigio. CIPRIANO: ¿De quién? DEMONIO: De quien se dispuso a ampararla. CIPRIANO: ¿Y cúyo fue?
Temblando
DEMONIO: No quiero decirte cuyo. CIPRIANO: Valdréme yo de tus ciencias contra ti. Yo te conjuro que quién ha sido me digas. DEMONIO: Un Dios, que a su cargo tuvo a Justina. CIPRIANO: Pues ¿qué importa sólo un dios, puesto que hay muchos? DEMONIO: Tiene Él el poder de todos. CIPRIANO: Luego solamente es uno, pues con una voluntad obra más que todos juntos. DEMONIO: No sé nada, no sé nada. CIPRIANO: Ya todo el pacto renuncio que hice contigo; y en nombre de aquese Dios te pregunto: ¿Qué le ha obligado a ampararla?
Haciéndose fuerza para no decirlo
DEMONIO: Guardar su honor limpio y puro. CIPRIANO: Luego Ése es suma bondad, pues que no permite insultos. Mas ¿qué perdiera Justina si aquí se quedaba oculto? DEMONIO: Su honor, si lo adivinara por sus malicias el vulgo. CIPRIANO: Luego ese Dios todo es vista, pues vio los daños futuros. Pero ¿no pudiera ser ser el encanto tan sumo que no pudiera vencerle? DEMONIO: No, que su poder es mucho. CIPRIANO: Luego ese Dios todo es manos, pues que cuanto quiso pudo. Dime, ¿quién es ese Dios, en quien he topado juntos ser una suma bondad, ser un poder absoluto, todo vista y todo manos, que ha tantos años que busco? DEMONIO: No lo sé. CIPRIANO: Dime quién es. DEMONIO: ¡Con cuánto horror lo pronuncio! Es el Dios de los cristianos. CIPRIANO: ¿Qué es lo que moverle pudo contra mí? DEMONIO: Serlo Justina. CIPRIANO: ¿Pues tanto ampara a los suyos?
Con rabia
DEMONIO: Sí, mas ya es tarde, ya es tarde para hallarle tú, si juzgo que, siendo tú esclavo mío, no has de ser vasallo suyo. CIPRIANO: ¡Yo tu esclavo! DEMONIO: En mi poder tu firma está. CIPRIANO: Ya presumo cobrarla de ti, pues fue condicional, y no dudo quitártela. DEMONIO: ¿De qué suerte? CIPRIANO: De esta suerte.
Saca la espada, tírale y no le topa
DEMONIO: Aunque desnudo el acero contra mí esgrimas fiero y sañudo, no me herirás; y porqué desesperen tus discursos, quiero que sepas que ha sido el Demonio el dueño tuyo. CIPRIANO: ¿Qué dices? DEMONIO: Que yo lo soy. CIPRIANO: ¡Con cuánto asombro te escucho! DEMONIO: Para que veas, no sólo que esclavo eres, pero cúyo. CIPRIANO: ¡Esclavo yo del Demonio! ¿Yo de un dueño tan injusto? DEMONIO: Sí, que el alma me ofreciste, y es mía desde aquel punto. CIPRIANO: ¿Luego no tengo esperanza, favor, amparo o seguro que tan gran delito pueda borrar? DEMONIO: No. CIPRIANO: Pues ya ¿qué dudo? No ociosamente en mi mano esté aqueste acero agudo; pasándome el pecho, sea mi voluntario verdugo. Mas ¿qué digo? Quien de ti librar a Justina pudo ¿a mí no podrá librarme? DEMONIO: No, que es contra ti tu insulto; y Él no ampara los delitos, las virtudes sí. CIPRIANO: Si es sumo su poder, el perdonar y el premiar será en Él uno. DEMONIO: También lo será el premiar y el castigar, pues es justo. CIPRIANO: Nadie castiga al rendido: yo lo estoy, pues le procuro. DEMONIO: Eres mi esclavo, y no puedes ser de otro dueño. CIPRIANO: Eso dudo. DEMONIO: ¿Cómo, estando en mi poder la firma que con dibujos de tu sangre escrita tengo? CIPRIANO: Él que es poder absoluto y no depende de otro vencerá mis infortunios. DEMONIO: ¿De qué suerte? CIPRIANO: Todo es vista, y verá el medio oportuno. DEMONIO: Yo la tengo. CIPRIANO: Todo es manos. Él sabrá romper los nudos. DEMONIO: Dejaréte yo primero entre mis brazos difunto.
Luchan
CIPRIANO: ¡Grande Dios de los cristianos! A Ti en mis penas acudo.
Arrójale de sus brazos
DEMONIO: Ése te ha dado la vida. CIPRIANO: Más me ha de dar, pues le busco.
Vase cada uno por su puerta, y salen el GOBERNADOR y su GENTE, y FABIO haga relación sin barba

El mágico prodigioso part 9

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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