This file was last updated on April 22, 2000


TERCERA JORNADA


Sale CIPRIANO, solo, de una como cueva
CIPRIANO: Ingrata beldad mía, llegó el feliz, llegó el dichoso día, línea de mi esperanza, término de mi amor y tu mudanza, pues hoy será el postrero en que triunfar de tu desdén espero. Este monte, elevado en sí mismo alcázar estrellado, y aquesta cueva oscura, de dos vivos funesta sepultura, escuela ruda han sido donde la docta mágica he aprendido, en que tanto me muestro que puedo dar lición a mi maestro. Y viendo ya que hoy una vuelta entera cumple el sol de una esfera en otra esfera, a examinar de mis prisiones salgo con la luz que puedo y lo que valgo. Hermosos cielos puros, atended a mis mágicos conjuros; blandos aires veloces, parad al sabio estruendo de mis voces; gran peñasco violento, estremécete al ruido de mi acento; duros troncos vestidos, asombraos al horror de mis gemidos; floridas plantas bellas, al eco os asustad de mis querellas; dulces aves süaves, la acción temed de mis prodigios graves; bárbaras, crueles fieras, mirad las señas de mi afán primeras; porque ciegos, turbados, suspendidos, confusos, asustados, cielos, aires, peñascos, troncos, plantas, fieras y aves, estéis de ciencias tantas; que no ha de ser en vano el estudio infernal de Ciprïano.
Sale el DEMONIO
DEMONIO: Cipriano. CIPRIANO: ¡Oh sabio maestro mío!
Enojado
DEMONIO: ¿A qué, usando esta vez de tu albedrío más que de mi preceto, con qué fin, por qué causa, y a qué efeto, osado o ignorante, sales a ver del sol la faz brillante? CIPRIANO: Viendo que ya yo puedo al infierno poner asombro y miedo, pues con tanto cuidado la mágica he estudiado que aun tú mismo no puedes decir, si es que me igualas, que me excedes; viendo que ya no hay parte de ella que con fatiga, estudio y arte yo no la haya alcanzado, pues la nigromancia he penetrado, cuyas líneas oscuras me abrirán las funestas sepulturas, haciendo que su centro aborte los cadáveres que dentro tiranamente encierra la avarienta codicia de la tierra, respondiendo por puntos a mis voces los pálidos difuntos; y viendo, en fin, cumplida la edad del sol que fue plazo a mi vida, pues, corriendo veloz a su discurso con el rápido curso los cielos cada día, retrocediendo siempre a la porfía del natural, en que se juzga extraño, el término fatal cumple hoy del año: lograr mis ansias quiero, atrayendo a mi voz el bien que espero. Hoy la rara, hoy la bella, hoy la divina, hoy la hermosa Justina, en repetidos lazos, llamada de mi amor, vendrá a mis brazos; que permitir no creo de dilación un punto a mi deseo. DEMONIO: Ni yo que le permitas quiero, si es éste el fin que solicitas. Con caracteres mudos la tierra línea, pues, y con agudos conjuros hiere el viento, a tu esperanza y a tu amor atento. CIPRIANO: Pues allí me retiro, donde verás que cielo y tierra admiro.
Vase
DEMONIO: Y yo te doy licencia, porque sé de tu ciencia y de mi ciencia que el infierno inclemente, a tus invocaciones obediente, podrá por mí entregarte a la hermosa Justina en esta parte; que aunque el gran poder mío no puede hacer vasallo un albedrío, puede representalle tan extraños deleites que se halle empeñado a buscarlos, y inclinarlos podré, si no forzarlos.
Sale CLARÍN de la cueva
CLARÍN: Ingrata deidad mía, no Livia ardiente, sino Livia fría, llegó el plazo en que espero alcanzar si tu amor es verdadera; pues ya sé lo que basta para ver si eres casta o haces casta; que con tanto cuidado aquí la ciencia mágica he estudiado que por ella he de ver--¡ay de mí, triste!-- si con Moscón acaso me ofendiste. Aguados cielos--ya otro dijo "puros"-- atended a mis lóbregos conjuros: montes... DEMONIO: Clarín, ¿qué es eso? CLARÍN: ¡Oh sabio maestro! Por la concomitancia estoy tan diestro en la magia que quiero ver por ella si Livia, tan ingrata como bella, comete alguna vez superchería en la fatal estancia de mi día. DEMONIO: Deja aquesas locuras, y en lo intrincado de esas peñas duras asiste a tu señor, para que veas --si tanta admiración lograr deseas-- el fin de su cuidado; que solo quiero estar. CLARÍN: Yo, acompañado. Y si no he merecido haber las ciencias tuyas aprendido, porque, en fin, no te he hecho cédula con la sangre de mi pecho, en este lienzo ahora...
Saca un lienzo sucio y escribe en él con el dedo, habiéndose hecho sangre
--nunca le tray más limpio quién bien llora-- la haré, para que más te escandalices, dándome un mojicón en las narices; que no será embarazo salir de las narices o del brazo. Digo, el gran Clarín, que, si merezco ver a Livia crüel, que al diablo ofrezco... DEMONIO: Ya digo que me dejes, y que con tu señor de mí te alejes. CLARÍN: Yo lo haré, no te alteres. Pues que tomar mi cédula no quieres cuando darla procuro, sin duda que me tienes por seguro.
Vase CLARÍN
DEMONIO: Ea, infernal abismo, desesperado imperio de ti mismo, de tu prisión ingrata tus lascivos espíritus desata, amenazando rüina al virgen edificio de Justina. Su casto pensamiento de mil torpes fantasmas en el viento hoy se informe, su honesta fantasía se lleñe; y con dulcísima armonía todo provoque amores: los pájaros, las plantas y las flores. Nada miren sus ojos que no sean de amor dulces despojos; nada oigan sus oídos que no sean de amor tiernos gemidos; porque, sin que defensa en su fe tenga, hoy a buscar a Ciprïano venga, de su ciencia invocada y de mi ciego espíritu guiada. Empezad, que yo en tanto callaré, porque empiece vuestro canto.
Canta dentro, una VOZ
VOZ: ¿Cuál es la gloria mayor de esta vida? TODOS: Amor, amor.
Mientras esta copla se canta, se va entrando el DEMONIO por una puerta, y sale por otra JUSTINA huyendo
VOZ: No hay sujeto en quien no imprima el fuego de amor su llama, pues vive más donde ama el hombre que donde anima. Amor solamente estima cuanto tener vida sabe: el tronco, la flor y el ave. Luego es la gloria mayor de esta vida... TODOS: ...amor, amor.
Esto representa asombrada y inquieta
JUSTINA: Pesada imaginación, al parecer lisonjera, ¿cuándo te he dado ocasión para que de esta manera aflijas mi corazón? ¿Cuál es la causa, en rigor, de este fuego, de este ardor, que en mí por instantes crece? ¿Qué dolor el que padece mi sentido?
Cantan
TODOS: Amor, amor.
Cóbrase más
JUSTINA: Aquel ruiseñor amante es quien respuesta me da, enamorando constante a su consorte, que está un ramo más adelante. Calla, ruiseñor; no aquí imaginar me hagas ya, por las quejas que te oí, cómo un hombre sentirá, si siente un pájaro así. Mas no. Una vid fue lasciva, que buscando fugitiva va el tronco donde se enlace, siendo el verdor con que abrace el peso con que derriba. No así con verdes abrazos me hagas pensar en quien amas, vid; que dudaré en tus lazos, si así abrazan unas ramas, cómo enraman unos brazos. Y si no es la vid, será aquel girasol, que está viendo cara a cara al sol, tras cuyo hermoso arrebol siempre moviéndose va. No sigas, no, tus enojos, flor, con marchitos despojos; que pensarán mis congojas, si así lloran unas hojas, cómo lloran unos ojos. Cesa, amante ruiseñor; desúnete, vid frondosa; párate, inconstante flor; o decid: ¿qué venenosa fuerza usáis?
Cantan
TODOS: Amor, amor. JUSTINA: ¡Amor! ¿A quién le he tenido yo jamás? Objeto es vano; pues siempre despojo han sido de mi desdén y mi olvido Lelio, Floro y Ciprïano. ¿A Lelio no desprecié? ¿A Floro no aborrecí? Y a Ciprïano ¿no traté...
Párase en el nombre de CIPRIANO, y desde allí repsenta inquieta otra vez
...con tal rigor que, de mí aborrecido, se fue donde de él no se ha sabido? Mas--¡ay de mí!--yo ya creo que ésta debe de haber sido la ocasión con que ha podido atreverse mi deseo; pues desde que pronuncié que vive ausente por mí, no sé--¡ay infeliz!--no sé qué pena es la que sentí.
Cóbrase otra vez
Mas piedad sin duda fue de ver que por mí olvidado viva un hombre que se vio de todos tan celebrado, y que a sus olvidos yo tanta ocasión haya dado.
Con asombro, otra vez
Pero si fuera piedad, la misma piedad tuviera de Lelio y Floro, en verdad; pues en una prisión fiera por mí están sin libertad.
En sí, otra vez
................... ....................... Mas--¡ay discursos!--parad. Si basta ser piedad sola, no acompañéis la piedad; que os alargáis de manera que no sé--¡ay de mí!--no sé, si ahora a buscarle fuera, si adonde él está supiera.
Sale el DEMONIO
DEMONIO: Ven, que yo te lo diré. JUSTINA: ¿Quién eres tú, que has entrado hasta este retrete mío, estando todo cerrado? ¿Eres monstruo que ha formado mi confuso desvarío? DEMONIO: No soy sino quien, movido de ese afecto que tirano te ha postrado y te ha vencido, hoy llevarte ha prometido adonde está Ciprïano. JUSTINA: Pues no lograrán tu intento; que esta pena, esta pasión que afligió mi pensamiento, llevó la imaginación, pero no el consentimiento. DEMONIO: En haberlo imaginado hecha tienes la mitad; pues ya el pecado es pecado, no pares la voluntad, el medio camino andado. JUSTINA: Desconfïarme es en vano, aunque pensé; que aunque es llano que el pensar es empezar, no está en mi mano el pensar, y está el obrar en mi mano. Para haberte de seguir, el pie tengo de mover, y esto puedo resistir, porque una cosa es hacer y otra cosa es discurrir. DEMONIO: Si una ciencia peregrina en ti su poder esfuerza, ¿cómo has de vencer, Justina, si inclina con tanta fuerza que fuerza al paso que inclina? JUSTINA: Sabiéndome yo ayudar del libre albedrío mío. DEMONIO: Forzarále mi pesar. JUSTINA: No fuera libre albedrío si se dejara forzar.
Tira de ella, y no puede moverla
DEMONIO: Ven donde un gusto te espera. JUSTINA: Es muy costoso ese gusto. DEMONIO: Es una paz lisonjera. JUSTINA: Es un cautiverio injusto. DEMONIO: Es dicha. JUSTINA: Es desdicha fiera. DEMONIO: ¿Cómo te has de defender, si te arrastra mi poder?
Tira más
JUSTINA: Mi defensa en Dios consiste.
Suéltala
DEMONIO: Venciste, mujer, venciste con no dejarte vencer. Mas ya. que de esta manera de Dios estás defendida, mi pena, mi rabia fiera, sabrá llevarte fingida, pues no puede verdadera. Un espíritu verás, para este efecto no más, que de tu forma se informa, y en la fantástica forma disfamada vivirás. Lograr dos triunfos espero, de tu virtud ofendido: deshonrarte es el primero, y hacer de un gusto fingido un delito verdadero.
Vase el DEMONIO
JUSTINA: De esa ofensa al cielo apelo, porque desvanezca el cielo la apariencia de mi fama, bien como al aire la llama, bien como la flor al hielo. No podrás... Mas--¡ay de mí!-- ¿a quién estas voces doy? ¿No estaba ahora un hombre aquí? Sí. Mas no, yo sola estoy. No. Mas sí, pues yo le vi. ¿Por dónde se fue tan presto? ¿Si le engendró mi temor? Mi peligro es manifiesto. ¡Lisandro, padre, señor! ¡Livia!
Sale cada uno por su puerta
LISANDRO: ¿Qué es esto? LIVIA: ¿Qué es esto? JUSTINA: ¿Visteis un hombre--¡ay de mí!-- que ahora salió de aquí? (Mal mis desdichas resisto.) Aparte LISANDRO: ¡Hombre aquí! JUSTINA: ¿No le habéis visto? LIVIA: No, señora. JUSTINA: Pues yo sí. LISANDRO: ¿Cómo puede ser, si ha estado todo este cuarto cerrado? LIVIA: (Sin duda que a Moscón vio, Aparte que tengo escondido yo en mi aposento.) LISANDRO: Formado cuerpo de tu fantasía el hombre debió de ser; que tu gran melancolía le supo formar y hacer de los átomos del día.

El mágico prodigioso part 8

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu