This file was last updated on April 21, 2000

LIVIA:         Señor, el gobernador 
               me ha mandado que te llame,
               y a la puerta está esperando.
FLORO:         Mejor será que yo aguarde;
               (Pensaré en tanto el engaño.)       Aparte
               y ansí es bien que le despaches. 
LISANDRO:      Estimo tu cortesía.
               Aquí volveré al instante. 

Vanse LISANDRO y LIVIA
FLORO: ¿Eres tú la virtüosa que a las lisonjas süaves del templado viento llamas descomedidos ultrajes? Pues ¿cómo de tu recato y de tu casa las llaves rendiste? JUSTINA: Floro, detente: no tan descortés agravies opinión de quien el sol hizo el más costoso examen de pura y limpia. FLORO: Ya llega aquesa vanidad tarde, pues ya yo sé a quien has dado libre entrada... JUSTINA: ¡Que así hables! FLORO: ...por un balcón... JUSTINA: No pronuncies. FLORO: ...a tu honor. JUSTINA: ¡Que así me trates! FLORO: Sí, que no me merecen más hipócritas humildades. LELIO: (Floro no fue el del balcón. Aparte Sin duda que hay otro amante, puesto que ni él ni yo fuimos.) JUSTINA: Pues tienes ilustre sangre, no ofendas nobles mujeres. FLORO: ¡Que noble mujer te llames cuando a tus brazos le admites y por tus balcones sale! Rindióte el poder; que como es gobernador su padre, te llevó la vanidad de ver que a Antioquía mande... LELIO: (De mí habla.) Aparte FLORO: ...sin mirar otros defectos más grandes que la autoridad le encubre en sus costumbres y sangre. Pero no...
Sale LELIO
LELIO: Floro, detente, y no en mi ausencia me agravies; que hablar del competidor mal son despechos cobardes. Y salgo a que no prosigas, corrido de tantos lances como contigo he tenido, sin que en ninguno te mate. JUSTINA: ¿Quién, sin culpa, se vio nunca en tan peligrosos lances? FLORO: Cuanto yo de ti dijera detrás te diré delante, y es verdad no sospechosa. JUSTINA: Tente, Lelio; Floro, ¿qué haces? LELIO: Tomar la satisfacción adonde escucho el desaíre.
Empuñan las espadas
FLORO: Yo, sustentar lo que dije donde lo dije. JUSTINA: ¡Libradme, cielos, de tantas fortunas! FLORO: Y yo sabré castigarte.
Sale el GOBERNADOR, GENTE y LISANDRO
TODOS: Teneos. JUSTINA: ¡Ay infelice! GOBERNADOR: ¿Qué es esto? Mas ¿no es bastante indicio espadas desnudas, para que pueda informarme? JUSTINA: ¡Qué desdicha! LISANDRO: ¡Qué pesar! TODOS: Señor... GOBERNADOR: Baste, Lelio, baste. ¿Tú inquieto, siendo mi hijo? ¿Tú de mi favor te vales para alterar a Antíoquía? LELIO: Señor, advierte... GOBERNADOR: Llevadles; que no ha de haber excepción ni privilegios de sangre para no igualar castigos, pues son las culpas iguales. LELIO: (Celos truje, y llevo agravios.) Aparte FLORO: (Penas a penas se añaden.) Aparte
Llévanlos
GOBERNADOR: En diferentes prisiones, y con gente que los guarde, a los dos tened. Y vos, Lisandro, ¿tan nobles partes es posible que manchéis sufriendo... LISANDRO: No, no os engañen deslumbradas apariencias. porque Justina no sabe la ocasión. GOBERNADOR: ...dentro en su casa, queréis que viva ignorante, mozos ellos y ella hermosa? En delito tan culpable me templo, porque no digan que sentencio como parte, siendo apasionado juez; mas vos que esto ocasionasteis, ya perdida la vergüenza, sé que volveréis a darme ocasión, que la deseo, para que nos desengañen de vuestra virtud mentida verdaderas liviandades.
Vanse el GOBERNADOR y su GENTE
JUSTINA: Mis lágrimas os respondan. LISANDRO: Ya lloras sin fruto y tarde. ¡Oh qué mal, Justina, hice el día que a declararte llegué quién eras! ¡Oh nunca te contara que, en la margen de un arroyo, en ese monte fuiste parto de un cadáver! No me des satisfacciones. JUSTINA: Los cielos han de abonarme. LISANDRO: ¡Qué tarde será... JUSTINA: No hay plazo que en la vida llegue tarde... LISANDRO: para castigar delitos! JUSTINA: ... para acrisolar verdades. LISANDRO: Por lo que vi te condeno. JUSTINA: Yo a ti por lo que ignoraste. LISANDRO: Déjame, que voy muriendo, donde mi dolor me acabe. JUSTINA: Pierda yo a tus pies la vida; pero no me desampares.
Vanse. Salen el DEMONIO, CIPRIANO, MOSCÓN y CLARÍN
DEMONIO: Desde que en tu casa entré, te he visto sin alegría: profunda melancolía en tu semblante se ve. Tu alivio no es bien que estorbes, queriéndomelo ocultar, pues sabré destachonar la clavazón de los orbes, por sólo el menor deseo que te ofenda y te fatigue. CIPRIANO: No habrá mágica que obligue al imposible que veo: son mis ansias infelices. DEMONIO: Tu amistad me las confiese. CIPRIANO: Quiero a una mujer. DEMONIO: ¿Y es ése el imposible que dices? CIPRIANO: Si tú supieras quién es... DEMONIO: Curiosa atención te doy, mientras que burlando estoy de que tan cobarde estés.

CIPRIANO: La hermosa cuna temprana del infante sol, que enjuga lágrimas cuando madruga, vestido de nieve y grana; la verde prisión ufana de la rosa cuando avisa que ya sus jardines pisa abril, y entre mansos hielos al alba es llanto en los cielos lo que es en los campos risa; el detenido arroyuelo, que el mormurar más süave aun entre dientes no sabe, porque se los prende el hielo; el clavel, que en breve cielo es estrella de coral; el ave, que liberal vestir matices presuma, veloz cítara de pluma, al órgano de cristal; el risco que al sol engaña, si a derretirle se atreve, pues, gastándole la nieve, no le gasta la montaña; el laurel que el pie se baña con la nieve que atropella, y, verde Narciso de ella, burla sin temer desmayos en esta parte los rayos y los hielos en aquélla; al fin, cuna, grana, nieve, campo, sol, arroyo o rosa, ave que canta amorosa, risa que aljófares llueve, clavel que cristales bebe, peñasco sin deshacer, y laurel que sale a ver si hay rayos que le coronen son las partes que componen a esta divina mujer. Estoy tan ciego y perdido, porque mi pena te asombre, que, por parecerla otro hombre, me engañé con el vestido. Mis estudios di al olvido como al vulgo mi opinión, el discurso a mi pasión, a mi llanto el sentimiento, mis esperanzas al viento, y al desprecio mi razón. Dije, y haré lo que dije, que ofreciera liberal el alma a un genio infernal --de aquí mi pasión colige-- porque este amor que me aflige premiase con merecella; pero es vana mi querella, tanto que presumo que es el alma corto interés, pues no me la dan por ella.

DEMONIO: ¿Tu valor ha de seguir los pasos desesperados de amantes que se acobardan en los primeros asaltos? ¿Tan lejos ejemplos viven de bellezas que postraron su vanidad a los ruegos, su altivez a los halagos? ¿Quieres lograr tus deseos, siendo su prisión tus brazos? CIPRIANO: ¿Eso dudas? DEMONIO: Pues envía allá fuera esos crïados, y quedemos los dos solos. CIPRIANO: Idos allá fuera entrambos. MOSCÓN: Yo obedezco. CLARÍN: Y yo también. (El tal huésped es el diablo.) Aparte

Escóndese CLARÍN
CIPRIANO: Ya se fueron. DEMONIO: (Poco importa Aparte que Clarín se haya quedado.) CIPRIANO: ¿Qué quieres ahora? DEMONIO: Esa puerta cierra. CIPRIANO: Ya solos estamos. DEMONIO: ¿Por gozar a esta mujer aquí dijeron tus labios que darás el alma? CIPRIANO: Sí. DEMONIO: Pues yo te acepto el contrato. CIPRIANO: ¿Qué dices? DEMONIO: Que yo le acepto. CIPRIANO: ¿Cómo? DEMONIO: Como puedo tanto, que te enseñaré una ciencia con que podrás a tu mando traer la mujer que adoras; que yo, aunque tan docto y sabio, traerla para otro no puedo. Las escrituras hagamos ante nosotros dos mismos. CIPRIANO: ¿Quieres con nuevos agravios dilatar las penas mías? Lo que ofrecí está en mi mano, pero lo que tú me ofreces no está en la tuya, pues hallo que sobre el libre albedrío ni hay conjuros ni hay encantos. DEMONIO: Hazme la cédula tú con tal condición. CLARÍN: (¡Mal año! Aparte Según lo que agora he visto, no es muy bobo aqueste diablo. ¡Yo darle cédula! Aunque se me tuvieran mis cuartos sin alquilar veinte siglos, no la hiciera.) CIPRIANO: Los engaños. son para alegres amigos, no para desconfïados. DEMONIO: Quiero darte en testimonio de lo que yo puedo y valgo algún indicio, aunque sea de mi poder breve rasgo. ¿Qué ves de esta galería? CIPRIANO: Mucho cielo y mucho prado, un bosque, un arroyo, un monte. DEMONIO: ¿Qué es lo que más te ha agradado? CIPRIANO: El monte, porque es, en fin, de la que adoro retrato. DEMONIO: Soberbio competidor de la estación de los años, que te coronas de nubes por bruto rey de los campos, deja el monte, mide el viento: mira que soy quien te llamo. Y mira tú si a una dama traerás, si yo a un monte traigo.
Múdase un monte de una parte a otra del tablado
CIPRIANO: ¡No vi más confuso asombro! ¡No vi prodigio más raro! CLARÍN: (Con el espanto y el miedo Aparte estoy dos veces temblando.) CIPRIANO: Pájaro que al viento vuelas, siendo tus plumas tus ramos; bajel que en el viento surcas; siendo jarcias tus peñascos: vuélvete a tu centro, y deja la admiración y el espanto. DEMONIO: Si ésta no es prueba bastante, pronuncien otra mis labios. ¿Quieres ver esa mujer que adoras? CIPRIANO: Sí. DEMONIO: Pues rasgando las duras entrañas, tú, monstruo de elementos cuatro, manifiesta la hermosura que en tu oscuro centro guardo.
Ábrese un peñasco, y está JUSTINA durmiendo
¿Es aquélla la que adoras? CIPRIANO: Aquélla es la que idolatro. DEMONIO: Mira si dártela puedo, pues donde quiero la traigo. CIPRIANO: Divino imposible mío, hoy serán centro tus brazos de mi amor, bebiendo al sol luz a luz y rayo a rayo.
Ciérrase el monte
DEMONIO: Detente, que hasta que firmes la palabra que me has dado, no puedes tocarla. CIPRIANO: Espera, parda nube del más claro sol que amaneció a mis dichas... Mas con el viento me abrazo. Ya creo tus ciencias, ya confieso que soy tu esclavo. ¿Qué quieres que haga por ti? ¿Qué me pides? DEMONIO: Por resguardo una cédula firmada con tu sangre y de tu mano. CLARÍN: (El alma le diera yo Aparte por no haberme aquí quedado.) CIPRIANO: Pluma será este puñal, papel este lienzo blanco, y tinta para escribirlo la sangre es ya de mis brazos.
Escribe con la daga en un lienzo, habiéndose sacado sangre de un brazo
(¡Qué hielo! ¡Qué horror! ¡Qué asombro!) Aparte Digo yo, el gran Ciprïano, que daré el alma inmortal... (¡Qué frenesí! ¡Qué letargo!) Aparte ...a quien me enseñare ciencias... (¡Qué confusiones! ¡Qué espantos!) Aparte ...con que pueda atraer a mí a Justina, dueño ingrato; y lo firmé de mi nombre DEMONIO: (Ya se rindió a mis engaños Aparte el homenaje valiente, donde estaban tremolando el discurso y la razón.) ¿Has escrito? CIPRIANO: Sí, y firmado. DEMONIO: Pues tuyo es el sol que adoras. CIPRIANO: Tuya por eternos años es el alma que te ofrezco. DEMONIO: Alma con alma te pago, pues por tuya te doy la de Justina. CIPRIANO: ¿Qué tanto término para enseñarme la magia tomas? DEMONIO: Un año, con condición... CIPRIANO: Nada temas. DEMONIO: ...que en una cueva encerrados, sin estudiar otra cosa, hemos de vivir entrambos, sirviéndonos solamente a los dos este crïado,
Saca a CLARÍN
que curioso se quedó, pues, con nosotros llevando su persona, este secreto de esta suerte, aseguramos. CLARÍN: (¡Oh nunca yo me quedara! Aparte ¡Que habiendo vecinos tantos que acechen, no haya un demonio que venga al punto a llevarlos!) CIPRIANO: Está bien. Dos dichas juntas ingenio y amor lograron, pues Justina será mía, y yo vendré a ser espanto del mundo con nuevas ciencias. DEMONIO: No salió mi intento en vano. CLARÍN: El mío sí. DEMONIO: Ven con nosotros (Ya vencí el mayor contrario.) Aparte CIPRIANO: Dichosos seréis, deseos, si tal posesión alcanzo. DEMONIO: (No ha de sosegar mi envidia Aparte hasta que los gane a entrambos.) Vamos, y de aqueste monte en lo oculto y lo intrincado oirás la primer lición hoy de la mágica. CIPRIANO: Vamos. que, con tal maestro mí ingenio, mi amor con dueño tan alto, eterno será en el mundo el mágico Ciprïano.

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

El mágico prodigioso part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu