This file was last updated on April 18, 2000

 
JUSTINA:       ¡Cuánto siento que a estorbarte 
               en aquesta ocasión llegue, 
               que estaba a tu relación  
               vida, alma y razón pendientes!
               Mas vete ahora, señor. 
               la justicia no te encuentre.
LISANDRO:      ¡Ay de mí! ¡Qué de desaires
               la necesidad padece! 

Vase LISANDRO
JUSTINA: Sin duda entran hasta aquí, porque siento ahí fuera gente. LIVIA: No son ellos; Ciprïano es. JUSTINA: Pues ¿qué es lo que pretende Ciprïano aquí?
Salen CIPRIANO, CLARÍN y MOSCÓN
CIPRIANO: Serviros, oh señora, solamente. Viendo salir la justicia de vuestra casa, se atreve a entrar aquí mi amistad, por la que a Lisandro debe, a sólo saber...(¡Turbado Aparte estoy!)... si acaso... (Qué fuerte Aparte hielo discurre mis venas!) en algo serviros puede mi deseo. (¡Qué mal dije! Aparte Que no es hielo, fuego es éste.) JUSTINA: Guárdeos el cielo mil años; que en mayores intereses habéis de honrar a mi padre con vuestros favores. CIPRIANO: Siempre estaré para serviros. (¿Qué me turba y enmudece?) Aparte JUSTINA: Él ahora no está en casa. CIPRIANO: Luego bien, señora, puede mi voz decir la ocasión que aquí me trae claramente; que no es la que habéis oído sola la que a entrar me mueve a veros. JUSTINA: Pues ¿qué mandáis? CIPRIANO: Que me oigáis. Yo seré breve.

Hermosísima Justina, en quien hoy ostenta ufana la naturaleza humana tantas señas de divina: vuestra quietud determina hallar mi deseo este día; pero ved que es tiranía, como el efeto lo muestra, que os dé yo la quietud vuestra, y vos me quitéis la mía. Lelio, de su amor movido... (¡No vi amor más disculpado!) Aparte ...Floro, de su amor llevado... (¡No vi error más permitido!) Aparte ...el uno y otro han querido por vos matarse los dos; por vos lo he estorbado--¡ay Dios!-- pero ved que es error fuerte que yo quite a otros la muerte para que me la deis vos. Por excusar el que hubiera escándalo en el lugar, de su parte os vengo a hablar, (¡oh nunca a hablaros viniera!) Aparte porque vuestra elección fuera árbitro de sus recelos y jüez de sus desvelos; pero ved que es gran rigor que yo componga su amor y vos dispongáis mis celos. Hablaros, pues, ofrecí, señora, para que vos escogierais de los dos cuál queréis...(¡infeliz fui!) Aparte que a vuestro padre...(¡ay de mí!) Aparte os pida. Aquesto pretendo; pero ved... (¡yo estoy muriendo!) Aparte que es injusto...(¡estoy temblando!) Aparte ...que esté por ellos hablando y que esté por mí sintiendo. JUSTINA: De tal manera he extrañado vuestra vil proposición que el discurso y la razón en un punto me han faltado. Ni a Floro ocasión he dado, ni a Lelio, para que así vos os atreváis aquí: y bien pudiérades vos escarmentar en los dos del rigor que vive en mí. CIPRIANO: Si yo, por haber querido vos a alguno, pretendiera vuestro favor, mi amor fuera necio, infame y mal nacido. Antes por haber vos sido firme roca a tantos mares, os quiero, y en los pesares no escarmiento de los dos; que yo no quiero que vos me queráis por ejemplares. ¿Qué diré a Lelio? JUSTINA: Que crea los costosos desengaños de un amor de tantos años. CIPRIANO: ¿Y a Floro? JUSTINA: Que no me vea. CIPRIANO: ¿Y a mí? JUSTINA: Que osado no sea vuestro amor. CIPRIANO: ¿Cómo, si es dios? JUSTINA: ¿Será más dios para vos que para los dos lo ha sido? CIPRIANO: Sí. JUSTINA: Pues ya yo he respondido a Lelio, a Floro y a vos.

Vanse CIPRIANO y JUSTINA, cada uno por su puerta
CLARÍN: Señora Livia. MOSCÓN: Señora Livia. CLARÍN: Aquí estamos los dos. LIVIA: Pues ¿qué queréis vos? Y vos ¿qué queréis? CLARÍN: Que usted ahora, por si por dicha lo ignora, sepa que bien la queremos. Para matarnos nos vemos; pero atentos a no dar escándalo en el lugar, que uno escoja pretendemos. LIVIA: Es tan grande el sentimiento de que así me hayáis hablado que mi dolor me ha dejado sin razón ni entendimiento. ¡Qué uno escoja! ¿Hay sufrimiento en lance tan importuno? ¡Uno yo! ¿Pues oportuno no es para tener--¡ay Dios!-- este ingenio a un tiempo dos? ¿Qué queréis que escoja uno? CLARÍN: ¿Dos a un tiempo, cómo quieres? ¿No te embarazarán dos? LIVIA: No, que de dos en dos los digerimos las mujeres. MOSCÓN: ¿De qué suerte te prefieres a eso? LIVIA: ¡Qué necia porfía! Queriéndós la lealtad mía MOSCÓN: ¿Cómo? LIVIA: Alternative. CLARÍN: Pues ¿qué es alternative? LIVIA: Es querer a cada uno un día.
Vase LIVIA
MOSCÓN: Pues yo escojo este primero. CLARÍN: Mayor será el de mañana; yo le doy de buena gana. MOSCÓN: Livia, en fin, por quien yo muero, hoy me quiere y hoy la quiero. Bien es que tal dicha goce. CLARÍN: Oye usted, ya me conoce. MOSCÓN: ¿Por qué lo dice? Concluya. CLARÍN: Porque sepa que no es suya, en dando que den las doce.
Vanse MOSCÓN y CLARÍN. Salen FLORO: y LELIO, de noche, cada uno por su puerta
LELIO: (Apenas la escura noche Aparte extendió su manto negro cuando yo a adorar la esfera de aquestos umbrales vengo; que aunque hoy por Ciprïano tengo suspenso el acero, no el afecto; que no pueden suspenderse los afectos.) FLORO: (Aquí me ha de hallar el alba; Aparte que en otra parte violento estoy, porque, en fin, en otra estoy fuera de mi centro. ¡Quiera Amor que llegue el día y la respuesta que espero con Ciprïano, tocando o la ventura o el riesgo!) LELIO: (Ruido en aquella ventana Aparte he sentido.) FLORO: (Ruido han hecho Aparte en aquel balcón.)
Sale el DEMONIO al balcón
LELIO: (Un bulto Aparte sale de ella, a lo que puedo distinguir.) FLORO: (Gente se asoma Aparte a él, que entre sombras veo.) DEMONIO: (Para las persecuciones Aparte que hacer en Justina intento a disfamar su virtud de esta manera me atrevo.)
Baja el DEMONIO por una escala
LELIO: (Mas ¡ay infeliz! ¡Qué miro!) Aparte FLORO: (Pero ¡ay infeliz! ¡Qué veo!) Aparte LELIO: (El negro bulto se arroja Aparte ya desde el balcón al suelo.) FLORO: (Un hombre es, que de su casa Aparte sale. No me matéis, celos, hasta que sepa quién es.) LELIO: (Reconocerle pretendo, Aparte y averiguar de una vez quién logra el bien que yo pierdo.)
Llegan el uno al otro con las espadas desnudas, y al llegar se hunde el DEMONIO, y quedan los dos afirmados
DEMONIO (No sólo he de conseguir Aparte hoy de Justina el desprecio, sino rencores y muertes. Ya llegan: ábrase el centro, dejando esta confusión a sus ojos.)
Húndese ahora
LELIO: Caballero, quienquiera que seáis, a mí me ha importado conoceros; y a todo trance restado con esta demanda vengo. Decid quién sois. FLORO: Si os obliga a tan valiente despecho saber en quién ha caido vuestro amoroso secreto, más que el conocerme a vos me importa a mí el conoceros; que en vos es curiosidad, y en mí es más, porque son celos. ¡Vive Dios, que he de saber quién es de la casa dueño, y quién a estas horas gana, por ese balcón saliendo, lo que yo pierdo llorando a estas rejas! LELIO: ¡Bueno es eso, querer deslumbrar ahora la luz de mis sentimientos, atribuyéndome a mí delito que sólo es vuestro! Quién sois tengo de saber, y dar muerte a quien me ha muerto de celos, saliendo ahora por ese balcón. FLORO: ¡Qué necio recato, encubrirse cuando está el amor descubierto! LELIO: En vano la lengua apura lo que mejor el acero hará. FLORO: Con él os respondo. LELIO: Quién ha sido, saber tengo, hoy el admitido amante de Justina. FLORO: Ése es mi intento. Moriré, o sabré quién sois.
Salen CIPRIANO, MOSCÓN y CLARÍN
CIPRIANO: Caballeros, deteneos, si a aquesto puede obligaros haber llegado a este tiempo. FLORO: Nada me puede obligar a que deje el fin que intento. CIPRIANO: ¿Floro? FLORO: Sí, que con la espada en la mano, nunca niego mi nombre. CIPRIANO: A tu lado estoy; muera quien te ofende. LELIO: Menos que temer me daréis todos que él me daba solo. CIPRIANO: ¿Lelio? LELIO: Sí.
A FLORO
CIPRIANO: Ya no estoy a tu lado, porque es fuerza estar en medio. ¿Qué es esto? ¡En un día dos veces he de hallarme a componeros! LELIO: Ésta la última será, porque ya estamos compuestos; que con haber conocido quién es de Justina dueño, no le queda a mi esperanza ni aun el menor pensamiento. Si no has hablado a Justina, que no la hables te ruego de parte de mis agravios y mis desdichas, habiendo visto que Floro merece sus favores en secreto. De ese balcón ha bajado de gozar el bien que pierdo; y no es mi amor tan infame que haya de querer, atento a celos averiguados, con desengaños tan ciertos.
Vase LELIO
FLORO: Espera. CIPRIANO: No has de seguirle... (De haberle oído estoy muerto) Aparte que si es él el que ha perdido ...lo que has ganado, y dispuesto a olvidar está, no es bien apurar su sufrimiento. FLORO: Tú y él apuráis el mío con estas cosas a un tiempo; y así a Justina no hables por mí; que aunque yo pretendo a costa de mis agravios vengarme de sus desprecios, ya la esperanza de ser suyo cesó, porque creo que no es noble el que porfía sobre averiguados celos.
Vase FLORO
CIPRIANO: (¿Qué es esto, cielos? ¿Qué escucho? ¿El uno del otro a un tiempo unos mismos celos tienen, y yo de uno y otro los tengo? Los dos sin duda padecen algún engaño, y yo tengo que agradecerle, pues ya los dos desisten en esto de su pretensión. Desdichas, aunque haya sido consuelo este discurso, buscado de mis ansias, le agradezco.) Moscón, prevenme mañana galas; Clarín, tráeme luego espada y plumas; que amor se regala en el objeto airoso y lucido; y ya ni libros ni estudios quiero, porque digan que es amor homicida del ingenio.
Vanse todos

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

El mágico prodigioso part 4

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu