This file was last updated on September 27, 2000VILLANO 1: El mismo; que la justicia lo vende todo, porqué de aquí ha de pagar las costas al escribano y al juez, y así le llevo el dinero. LUIS: Éste conocido es, seguro puedo llegar, porque sus entrañas sé.-- Antón, ¿qué hay de nuevo? VILLANO 1: ¿Luis? ¿Qué es esto? ¿Aquí os atrevéis a estar, cuando el mundo os busca? LUIS: ¿Con mi riesgo no podré? En fin, esto no es del caso. Pues sois mi amigo, atended; yo tengo necesidad, cosa infame no he de hacer; vos lleváis ahí dineros con que ayudarme podéis; ni me he de dejar morir, ni yo os tengo de ofender; y así, os podéis ir seguro; vos mirad cómo ha de ser, y de ése en esto algún corte que a todos nos esté bien. VILLANO 1: ¿Qué medio se puede dar sino que vos le toméis?
Dale los dineros (Con esto guardo mi vida; que, a negarlo, cierto es que aquéste me la quitara.) LUIS: Yo el dinero tomaré, pero advirtiendo primero que es porque vos le ofrecéis de muy buena voluntad. VILLANO 1: Que la tengo, bien se ve, de serviros. Pero a mí me ha de hacer falta también. LUIS: Eso no entiendo. ¿De suerte que vos, si pudiera ser defenderlo, no lo dierais? VILLANO 1: Está claro. LUIS: Pues volved a tomar vuestro dinero e id con Dios; porque no es bien que se diga de Luis Pérez que robó a alguno; porque decirse de mí que yo necesitado tomé de quien me dio, poco importa; pero decirse que fue con violencia, importa mucho. Tomad el dinero, pues, e idos con Dios. VILLANO 1: ¿Qué decís? LUIS: Digo, amigo, lo que veis. Id con Dios. VILLANO 1: De tus contrarios el cielo te libre, amén. Yo llevo aquí seis doblones; no lo sabe mi mujer; de ellos te puedes servir. LUIS: Ni una blanca tomaré. Idos con Dios; que ya es tarde, y ya el sol se va a poner.Vanse VILLANO 1 y VILLANO 2. Sale don ALONSO ALONSO: (No en vano, amistad, mandó Aparte la gentilidad hacer altares a tu deidad, pues eres la diosa a quien el humano pensamiento da su adoración con fe; pues llego buscando así, por ser amigo fïel, uno a quien debo la vida; que no es de la amistad ley que, porque él me deje solo, haya de dejarle a él. Gente hay aquí; cubrir quiero el rostro, por si me ven.) LUIS: Caballero, la Fortuna fuerza a dos hombres de bien a pedir de esta manera que algún socorro les dé, por no tomarlo de otra. Si es que ayudarnos podéis con algo que no haga falta, nos haréis mucha merced, y si no, ahí está el camino, y a Dios, que os lleve con bien.Se descubre don ALONSO ALONSO: Luis Pérez, de mi dolor mi llanto respuesta os dé y mis brazos. ¿Qué es aquesto? LUIS: ¿Qué es lo que mis ojos ven? ALONSO: Dadme mil veces los brazos. LUIS: Cuando en el mar os juzgué, cortesano de las ondas y vecino de un bajel, a Salvatierra venís? Decidme, señor, a qué. ALONSO: Buscándoos; porque yo apenas desde la playa miré la armada y para embarcarme en la lancha puse el pie, cuando me acordé de vos, y tan corrido me hallé de haberos dejado, Luis, venir, que determiné seguiros, por no pasar con tal cuidado. Esto es ser amigo; que un amigo no se ha de dejar perder por un agravio que haga, pues de la suerte que veis el agravio que me hicisteis tengo de satisfacer. A morir llego con vos; aquí, amigo, me tenéis. ¿Qué queréis hacer de mí? LUIS: Dadme mil veces los pies. ALONSO: Dadme vos cuenta de vos. LUIS: En este monte Manuel y yo vivimos, vendiendo las vidas al interés de más vidas. ALONSO: Ya he venido yo, y esto, Luis, ha de ser de otra suerte. Aquesa aldea, que está de ese monte al pie, es mía. Si yo entro en ella en el traje que me veis, en la casa de un vasallo, de quien fïarme podré, viviremos más seguros, hasta que determinéis el negocio a que venís y qué es lo que habéis de hacer. Esperadme en este puesto; dispondrélo, y volveré a avisaros; y, en efecto, para el mal y para el bien hemos de correr desde hoy una fortuna los tres.Vase LUIS: ¡Qué amigo! MANUEL: Por esta parte viene un confuso tropel de gente.Ruido dentro LUIS: Estos muchos son. Apelemos a los pies y a la aspereza del monte. MANUEL: Si pretendemos correr, las ramas, lenguas del bosque, dirán que anda gente en él. ¿Qué haremos? LUIS: Aquestas peñas sean rústico cancel que nuestras personas guarden; pues aquí estaremos bien, entre estas peñas echados. MANUEL: Ya será fuerza tener ése por mejor remedio, pues no hay otro que escoger, que llegan cerca. LUIS: Montañas, sepulcro de un vivo sed. Diráse de mí que voy al sepulcro por mi pie.Échanse LUIS Pérez y MANUEL en el suelo, quedando encubiertos con algunas ramas. Salen doña LEONOR, JUAN Bautista y criados JUAN: Aquí, señora, entre las varias flores, defendida de pálidos doseles que defienden al sol los resplandores, coronadas de mirtos y laureles, puedes, haciendo alfombras sus colores, de los rayos hüir iras crüeles, pues la saña del sol en este monte precipicios avisa de Faetonte. LEONOR: No puedo, aunque de esferas de diamante lleva rayos el sol, volver un paso atrás, pues la salud del almirante me llama a ser aurora de su ocaso. Con todo, esperaré este breve instante por ver si el sol, desvanecido acaso, se emboza en las cortinas de una nube, altiva garza que a los cielos sube.Sale el JUEZ Pesquisidor con ministros de la justicia JUEZ: Andando ahora en busca, oh Leonor bella, de estos hombres a quien el cielo esconde, pues un rastro, una estampa, ni una huella a mi solo deseo corresponde, supe la nueva triste que atropella vuestra inquietud, y vine luego donde ninguna ocupación, señora, impida rendir a vuestras plantas esta vida.Aparte los dos LUIS: Manuel, ¿oís? MANUEL: Más quedo hablad. LUIS: Supuesto que a castigar ese traidor villano con pública venganza estoy dispuesto, ¿qué ocasión podrá hallar jamás mi mano mejor que verle ahora en este puesto, donde alabanza, honor y gloria gano, volviendo por mi honor y el de un amigo, juntando el juez, la parte y el testigo? Yo salgo. MANUEL: Mirad bien... LUIS: Ya estoy restado; mi honor defiendo a riesgo de mi vida. MANUEL: Llegad, pues que ya estáis determinado; que yo no es bien que vuestro honor impida. Mas esperad un poco; que ha llegado mucha gente. LUIS: ¡Ay de mí! Ya veo perdida la ocasión. LEONOR: Gente viene. JUEZ: ¡Hola! ¿Qué es eso?Salen ALGUACIL 1 y ALGUACIL 2 con otros que traen a PEDRO agarrado ALGUACIL 1: Un hombre que del monte traen preso. ALGUACIL 2: Este villano, señor, fue de Luis Pérez crïado. Camino le hemos hallado de Portugal. Y en rigor sabe de él, porque aquel día que Luis Pérez se ausentó de Salvatierra faltó, volvió ayer y ahora huía. JUEZ: Muy grandes indicios son. PEDRO: Sí, señor, lo son muy grandes; porque en Alemania, en Flandes, en la China y el Japón que esté yo, ya estará él. JUEZ: Pues di, ¿ahora dónde está? PEDRO: Presto a buscarme vendrá; que es un amo tan fïel que hoy--mirad que esto os digo-- si preso me llega a ver, él se dejará prender por sólo encontrar conmigo. JUEZ: ¿Dónde está, en fin? PEDRO: No lo sé; mas me atreveré a jurar que cerca debe de estar. JUEZ: ¿De qué lo infieres? PEDRO: De que, si sabe que estoy yo aquí, es fuerza que esté también, porque me quiere muy bien y no se aparta de mí y, hablando de veras, digo que, si donde está supiera, luego al punto lo dijera, por hüir de su castigo; pues el mayor que yo espero es Luis Pérez. Si falté de esta tierra, señor, fue huyendo rigor tan fiero; fui a Portugal, y en él vi a Luis aquel mismo día; paséme a Andalucía, y también vi a Luis allí; volvíme a esta tierra, y luego Luis a esta tierra volvió, donde anoche me dejó por muerto. Libre del fuego me vi y quíseme escapar, auséntandome otra vez, y esta gente, señor juez, me alcanzó al primer lugar. Prendiéronme por crïado suyo, pero no lo soy. A vuestras plantas estoy, de ningún modo culpado. Mas digo que, si a mi amo queréis cazar, me pongáis en el campo donde estáis por señuelo y por reclamo; que yo pondré la cabeza si él a picar no viniere, y en vuestra red no cayere. JUEZ: Tu locura o tu simpleza no te han de librar de mí. dime presto dónde está o un potro decirlo hará. PEDRO: Nunca buen jinete fui y, a saberlo, cosa es clara que, huyendo dolor tan fiero, me desbocara primero que el potro se desbocara; pero no lo sé. JUEZ: Ahora bien; a esa aldea le llevad preso, y allí le encerrad, asistiéndole muy bien hasta que traza se dé de que a Salvatierra vaya; y mucho cuidado haya en guardarlo, pues se ve en su brío y su desgarro que es hombre de gran valor, supuesto que su señor se valió dél. PEDRO: ¿Tan bizarro le he parecido? Por Dios, [que para guardarme a mí,] de cuatro hombres que hay aquí sobran tres, de tres los dos, de dos uno, y aun de uno la mitad, de la mitad el ninguno; y, en verdad, que del ninguno el ninguno.Vanse ALGUACIL 1, ALGUACIL 2 y los otros ministros, llevando a PEDRO JUEZ: Vamos. LUIS: Pues que ya se fueron los que las armas tenían, y que los cielos me envían la ocasión que pretendieron mis deseos, pues mejor nunca la pudiera hallar que ver en este lugar juntos al juez, a Leonor y a Bautista, sin más guarda que sus personas, no espero mejor ocasión, y quiero lograrla. MANUEL: ¿Qué te acobarda? JUEZ: ¿Dónde esta gente estará?Salen MANUEL y LUIS MANUEL: Aquí, si ignorarlo siente. LUIS: ¡Guarde Dios la buena gente! Todos estamos acá.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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