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JORNADA TERCERA
Salen LUIS Pérez, ISABEL, doña JUANA y MANUEL LUIS: Este monte eminente, cuyo arrugado ceño, cuya frente es dórica coluna en quien descansa el orbe de la luna con majestad inmensa, nuestro muro ha de ser, nuestra defensa. Y, pues que no pudieron prendernos los cobardes que vinieron de la ocasión llamados, contra solos dos hombres tan honrados, pierdan ya la esperanza de lograr con mi muerte la venganza; pues es fuerza que ahora quien el camino que he elegido ignora en otra parte sea donde me busque. ¿Quién habrá que crea que aseguro mi vida en un monte cerrado y sin salida? Pues por aquella parte es nuestra tierra, y por esotra el arte de la naturaleza, con las ondas del río y la aspereza que sus muros defiende, foso es de plata que abrazar pretende este verde Narciso, que a su cristal desvanecerse quiso, en cuyo centro fuerte habemos de vivir de aquesta suerte. La intrincada maleza depósito ha de ser de la belleza de tu esposa y mi hermana. Aquí estarán en esta selva ufana, dando al tiempo colores, nieve al enero como al mayo flores. De noche a esta pequeña aldea, que es lunar de aquella peña, podemos retirarnos, seguros que no vengan a buscarnos; los dos nos bajaremos a los caminos, donde pediremos sustento a los villanos de estas aldeas. Pero no tiranos hemos de ser con ellos; que solamente lo que dieren ellos habemos de tomar. De esta manera hemos de estar hasta que el cielo quiera que, habiéndonos buscado, hayan perdido el tiempo y el cuidado, y seguros podamos salir de aquí y a otra provincia vamos, donde, desconocidos, de la Fortuna estemos defendidos, si será parte alguna reservada al poder de la fortuna. MANUEL: No es novedad, Luis Pérez generoso, hallar un homicida valeroso en la casa del muerto sagrado, amparo y puerto; que, como no presume ni malicia que esté allí, la justicia no le busca; de suerte que la vida le da a quien él dio muerte. Así nosotros hoy, parando en esta montaña, a los contrarios manifiesta, no han de venir, aunque noticia tengan, a buscarnos a ella; y, cuando vengan, solos los dos podremos hacernos fuertes, pues aquí tenemos las espaldas seguras, guardadas bien de aquestas peñas duras y de estas ondas suaves que se compiten en enojos graves cuando, con igual brío, río se finge el monte, monte el río, siendo en varias espumas y colores peñasco de cristal y mar de flores. ISABEL: A los dos he escuchado, corrida--¡vive Dios!--de haber mirado el desprecio villano con que los dos habéis dado por llano que estáis solos los dos en la campaña. Yo, hermano, estoy contigo, y a imitarte me obligo, siendo mi brazo fuerte escándalo del tiempo y de la muerte. JUANA: Yo vengo a ser aquí la más cobarde; llegue mi queja, pues, aunque sea tarde, que yo también me ofrezco a matar y a morir. LUIS: Yo os agradezco el aliento atrevido, aunque en las dos han sido errados pareceres; que las mujeres han de ser mujeres. Nosotros dos bastamos a defenderos. Con aquesto vamos, Manuel, hasta el camino, donde hallar el sustento determino. Las dos [nos] esperad en este puesto. ISABEL: Rogando al cielo que volváis tan presto que ignore el pensamiento si estuvisteis ausentes un momento.Vanse ISABEL y doña JUANA LUIS: Ya que en aquesta montaña aseguradas se ven hoy mi hermana y vuestra esposa, no sin causa os aparté; porque, ya que hemos quedado los dos solos, [yo,] Manuel, quiero en un negocio grave tomar vuestro parecer. Anoche, cuando leí en la casa de aquel juez mi proceso, hallé un testigo tan infame y falso en él que decía que había visto cómo don Alonso fue acompañado conmigo a la campaña, y también que traidoramente dimos muerte alevosa y crüel a don Diego de Alvarado los dos. Ved ahora, ved cómo se pueden sufrir atrevimientos de quien con la lengua ha pretendido deslucir y deshacer acciones de un desdichado que en este estado se ve, sin tener culpa mayor que ser tan hombre de bien. MANUEL: Y ¿quién es ese testigo? LUIS: Cuando lo sepáis, veréis que es mayor mi sentimiento, porque Juan Bautista es. MANUEL: Es un cobarde; y así, Luis Pérez, no os admiréis, que el cobarde siempre apela, como sin valor se ve, del tribunal de las manos a la lengua y a los pies. Vamos, y en medio del día, sin recelar ni temer la muerte, públicamente, delante del mismo juez, saquémosle de su casa o dondequiera que esté, y llevémosle a la plaza, donde diga cómo es testigo falso; que yo, de mirar que le dejé vivo la noche de marras, estoy picado también. LUIS: Esto ha de ser en efecto, amigo; pero ha de ser disponiéndolo mejor; y las pendencias, sabed que han de ser de dos maneras; este discurso atended. Pendencia que a mí me llame, como quiera que yo esté, me ha de hallar dispuesto siempre, salga mal o salga bien; mas la que yo he de buscar con mi seguro ha de ser; que del nadar y el reñir el guardar la ropa fue la gala. Gente he sentido; llegad conmigo, veréis del modo que he de vivir, tomando lo que me den, sin hacer agravio a nadie; que soy ladrón muy de bien.Sale LEONARDO LEONARDO: Saca, Mendo, esos caballos de esta montaña; porqué en su amena población un rato quiero ir a pie. LUIS: Bésoos las manos, señor. LEONARDO: Vengáis, hidalgo, con bien. LUIS: ¿Adónde bueno camina con tal sol vuesa merced? LEONARDO: A Lisboa. LUIS: Y ¿de dó bueno? LEONARDO: Hoy salí al amanecer de Salvatierra. LUIS: Dichoso soy, que deseo saber qué hay de nuevo en Salvatierra, y haréisme mucha merced en decírmelo. LEONARDO: No hay cosa digna de saber, sino sólo travesuras de un hombre que dicen que es escándalo de esta tierra con su vida, el cual, después de herir un corregidor un día, por no sé qué, y matar un criado suyo, anoche en casa del juez pesquisidor diz que entró por curiosidad a leer su proceso. LUIS: Es muy curioso. LEONARDO: Y, queriéndole prender, de entre todos se escapó con un hombre que también dicen que es facineroso y homicida como él. Anda toda la justicia buscándolos; pienso que según tienen los deseos, no se escaparán por pies. Esto hay de nuevo. LUIS: Yo ahora quisiera de vos saber, señor--que, en lo que habéis dicho hombre cuerdo parecéis--, qué es lo que hiciérades vos si llegárades a ver un amigo en un aprieto y que, echando a vuestros pies, os pidiera que amparaseis su vida? LEONARDO: Puesto con él a su lado, me restara, hasta morir o vencer. LUIS: ¿Fuérades facineroso por eso? LEONARDO: No. LUIS: Y si después os dijeran que tenía hecha información el juez, en que le probaba muertes y delitos por hacer, ¿procurárades mirar la causa y de ella saber quién era en ella testigo falso? LEONARDO: Sí. LUIS: Decidme, pues, otra cosa. Si este hombre llegase por esto a ver su persona perseguida, sin hacienda, y sin tener con que sustentar su vida, ¿no hiciera, señor, muy bien en pedirlo? LEONARDO: ¿Quién lo niega? LUIS: Y si aqueste tal a quien lo pidiese no lo diese, ¿no hiciera también muy bien en tomarlo? LEONARDO: Claro está. LUIS: Pues si está claro, sabed que soy Luis Pérez, que vivo de la manera que veis, y que os pido socorráis mi desdicha. Ahora ved en qué obligación estoy, si vos, señor, no lo hacéis. LEONARDO: Para que os socorra yo, Luis Pérez, no es menester convencerme con razones; porque soy hombre que sé lo que son necesidades. Si esta cadena no es bastante para las vuestras, palabra os doy de volver con mi hacienda a socorreros. LUIS: Noble en todo parecéis. Mas antes, señor, que tome la cadena, he de saber si me la dais por temor, ahora que solo os veis en el campo. LEONARDO: No os la doy, Luis Pérez, sino por ver vuestra desdicha; y lo mismo hiciera ahora, a tener un escuadrón de mi parte. LUIS: Con eso la tomaré; que de mí no ha de decirse que cosa ruin intenté; pues, cuando llegue a costarme la vida el rigor crüel de mi estrella y mi destino, consolado moriré con que la fama dirá, "Esta la justicia es que manda hacer la Fortuna a éste, por hombre de bien." LEONARDO: ¿Mandáis otra cosa? LUIS: No. LEONARDO: Luis Pérez, el cielo os dé la libertad que deseo. LUIS: Acompañándoos iré, hasta salir de este monte. LEONARDO: Amigo, no hay para qué.Vase MANUEL: Bueno es querer reducir a estilo noble y cortés el hurtar. LUIS: Esto es pedir, no es hurtar. MANUEL: Quien llega a ver dos hombres de esta manera pidiendo limosna, ¿es bien se la nieguen?Salen VILLANO 1 y VILLANO 2 VILLANO 1: He comprado, como os digo, todo aquel majuelo de somo el valle. VILLANO 2: ¿El que de Luis Pérez fue?
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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