This file was last updated on September 26, 2000

PEDRO: ¿Qué puedo perder yo en eso? A abrir la puerta me obligo; mas ha de ser de esta suerte; llamando tú, yo advertido la abriré, sin preguntar quién es, pues con artificio tú entrarás, sin parecer que tengo yo culpa. JUAN: Has dicho bien. Y pues ya el sol se esconde, quiero irme. Prevenido está, que yo vuelvo luego.

Vase
PEDRO: A los alcahuetes digo que son de amor gariteros; vaya un discurso al garito. Pone un garitero casa, el alcahuete es lo mismo, los galanes son tahures y entran en ella infinitos. De aqueste juego el tahur que da palmadas y gritos es el celoso; que siempre celos son voces y ruido. El que pierde y el que calla es tahur a lo ministro, que entra y paga su dinero sin sentirlo, con sentirlo. El que juega sobre prenda es el amante novicio, que saca del mercader ya la joya, ya el vestido. El que hace alicantina es el amante entendido, que pierde y dice, "Esto es hecho; necio el que pierde continuo." Sobre palabra, es aquél que promete y que, cumplido el plazo, paga. El galán que sirve por lo entendido, con papeles estudiados, es el fullero del vicio, pues juega con cartas hechas. Los mirones, que han venido a enfadar, sin dar provecho, son los vecinos prolijos; que del garito de amor mirones son los vecinos. Las barajas de este juego son las damas; bien se ha visto ser todas ellas barajas. Y para el barato, digo que, cuando hay baraja nueva, tiene seguro el partido. Y al fin de cualquiera suerte, dándole al discurso mío pago el garito, jamás escarmienta, aunque le hizo denunciación la justicia; pues le ha de costar lo mismo la causa. Y así yo ahora, sin temer otro peligro, conmigo he de desquitarme de lo que perdí conmigo.

Pero Isabel es aquésta.

Sale ISABEL
ISABEL: Casilda, pues que ya el sol en el piélago español lecho de cristal apresta donde abrasado se acuesta, cierra esa puerta, y aquí tú e Inés cantad; que así en parte podré aliviar mi tristeza y mi pesar. Cantad tono triste.
Llaman
Di, Inés, ¿oíste que a la puerta llamaron? Quién es no sé a estas horas. PEDRO: (Yo pondré Aparte que es el galán que concierta que yo se la tenga abierta.) Yo responderé. ISABEL: Ve, pues; pero, sin saber quién es, no abras. PEDRO: No haré, claro está; (y es verdad, pues lo sé ya.) Aparte
Vase
ISABEL: Desde el cabello a los pies temblando estoy. ¿Qué desvelo es éste que me atormenta? Y ¿qué ilusión me fomenta, convertida en nieve y hielo, una desdicha en recelo?
Vuelve PEDRO asustado
PEDRO: ¡Señora! ISABEL: ¿Qué sucedió? PEDRO: Abrí la puerta, y se entró un hombre en casa embozado. (Bien así me he disculpado.) Aparte
Sale LUIS Pérez
ISABEL: ¿Quién aquí ha entrado? LUIS: Yo. PEDRO: (¡Qué miro!) Aparte LUIS: Yo soy, que vengo a verte. ISABEL: (¡Válgame Dios!) Aparte LUIS: Pues ¿de qué os turbáis las dos? PEDRO: (¡Oh qué lindo miedo tengo! Aparte Aquí esconderme prevengo.)
Escóndese
ISABEL: Pues ¿cómo te has atrevido a venir tan presumido aquí, sin ver el rigor de un juez pesquisidor que de la corte han traído contra ti, y en rebeldía te tiene...(¡Desdichas fieras!) Aparte LUIS: Di. ISABEL: ...condenado a que mueras? LUIS: No es la mayor pena mía esa, pues que ya venía dispuesto siempre a morir hombre que viene a sentir tus agravios. ISABEL: No te entiendo. LUIS: Yo remediarlo pretendo, no lo pretendo decir. Y, pues a aquesto he venido, fía de mí que lo haré. Y, mientras que yo no sé este juez a qué ha venido, no tendré entero sentido. Di todo lo que ha pasado, di lo que hay averiguado contra mí. ISABEL: Yo no sé más de que a pregones estás públicamente llamado; tu hacienda toda embargada, y a mí para mi sustento me dan un pobre alimento; mas del pleito no sé nada. LUIS: No hables, hermana, turbada; que, si yo he venido aquí, es solamente por ti, porque pretendo llevarte conmigo; que en esta parte no estás bien, pobre y sin mí. ISABEL: Y dices bien; que no quiero dar a algún Ícaro alas; que hay para un traidor escalas y vuela mucho el dinero. LUIS: De tus razones infiero cosas que han asegurado. [....................-ado] [........................?] [........................?] Más me aflige otro cuidado. ISABEL: ¿Y es...? LUIS: El no saber qué tiene escrito el juez contra mí; y no he de ausentarme así; que el saberlo me conviene. ISABEL: ¿De quién lo sabrás? LUIS: Previene averiguarlo el valor del original mejor; y, pues ausencia he de hacer, ¡vive Cristo, que ha de ser por algo! Y así, traidor, empiece en ti mi crueldad.
Sale PEDRO de su escondite
PEDRO: Mejor es que acabe en mí; empieza en otro. LUIS: ¿Tú aquí? PEDRO: Oye y sabrás la verdad. Viendo que necesidad tenías... LUIS: Pasa adelante. PEDRO: ...tú de venir, al instante vine, porque me debieses que la cara no me vieses... LUIS: ¿Cómo? PEDRO: ...viniendo delante. LUIS: ¡Muere, traidor!
Dale LUIS, y cae PEDRO como que está muerto
PEDRO: ¡Muerto soy! Jesús, confe-...
A ISABEL
LUIS: Ven conmigo; que yo a librarte me obligo de tantas desdichas hoy. (Y pues a su lado estoy, Aparte de la Troya de este fuego la he de librar, pues que llego, cielos, a verla abrasar. Fama al mundo ha de quedar de Luis Pérez el gallego.)
Vanse LUIS e ISABEL, y levántase PEDRO, mirando por donde van
PEDRO: ¡Oh bendita mortecina! Pues ahora me valiste, sin duda para mí fuiste invención santa y divina. ¡Qué bien su dicha imagina el que se encomienda a vos! Y, pues se fueron los dos, yo escaparé como un rayo de un milagro de soslayo, y aquello de "quiso Dios."
Vase. Salen el JUEZ pesquisidor y CRIADO 1
JUEZ: Poned en aquesta sala, que corre fresco, un bufete con recado de escribir y todos esos papeles; que quiero mirar ahora por ellos lo que conviene hacer, y de los testigos lo que dicen cerca de este caso que he de averiguar. CRIADO 1: Ya aquí prevenido tienes cuanto mandaste, señor.
Sale CRIADO 2
CRIADO 2: Un forastero pretende hablarte, y dice que al caso que has venido es conveniente que le escuches. JUEZ: Será aviso sin duda. Decidle que entre.
Salen LUIS Pérez y MANUEL al paño
LUIS: Quédate tú en esta puerta, Manuel, y a ninguno dejes, mientras que yo estoy hablando, que a ver ni escuchar se llegue. MANUEL: ¿Qué es entrar? Llega seguro y no hayas miedo que deje entrar a persona alguna, si no fuere yo. Esto advierte.
Vase. Se adelante LUIS Pérez
LUIS: Beso al señor juez las manos, a quien suplico se siente, y quede solo; que tengo que hablar cosas que convienen a la comisión que trae. JUEZ: Idos luego.
Vanse CRIADO 1 y CRIADO 2
LUIS: Por si fuere largo, me daréis licencia de tomar un taburete. JUEZ: Siéntese vuesa merced. (Sin duda, algún caso es éste Aparte de importancia.) LUIS: ¿Vuesarced cómo en Galicia se siente de salud? JUEZ: Con ella estoy para serviros. (Si fuese Aparte de importancia.) LUIS: Pues al fin vuesa merced me parece, señor juez, que aquí ha venido contra ciertos delincuentes. JUEZ: Sí, señor, un don Alonso de Tordoya y un Luis Pérez. Contra el don Alonso es sobre haber dado la muerte a un don Diego de Alvarado, noble y valerosamente en el campo cuerpo a cuerpo. LUIS: Sepamos qué caso es éste para traer de la corte un hombre docto y prudente, y sacarle del regalo que a su cómodo conviene, a averiguar una cosa que a cada paso sucede. JUEZ: No es el alma del negocio ésta; que la más urgente del caso es la resistencia de la justicia, y ponerse a herir un corregidor un bellaco, un insolente de un Luis Pérez, hombre vil, que aquí vive de hacer muertes y delitos. Pero yo ¿cómo hablo de aquesta suerte, dando parte de mi intento, sin saber quién sois? Conviene que me digáis qué queréis; porque no es cosa decente hablar sin saber con quién. LUIS: Yo lo diré fácilmente, si en eso no más estriba. JUEZ: Pues, decidlo ya. LUIS: Luis Pérez. JUEZ: ¡Hola, crïados!
Sale MANUEL
MANUEL: Señor, ¿qué es lo que mandás? ¿Qué quieres? JUEZ: ¿Quién sois vos? LUIS: Un camarada mío. MANUEL: Y soy tan obediente crïado vuestro que estoy, porque otro ninguno entre a serviros sino yo, el tiempo que aquí estuviere.
Vase
LUIS: Vuesa merced, señor juez, no se alborote, y se siente otra vez; que falta mucho que hablar. JUEZ: (Consejo es prudente Aparte no aventurar hoy mi vida con unos hombres que vienen tan restados que sin duda vendrá con ellos más gente.) Pues ¿qué queréis, en efecto? LUIS: Yo he estado, señor, ausente algunos días; hoy vine y, hallando con diferentes personas, todas me han dicho cómo vuesa merced tiene un proceso contra mí. Preguntando qué contiene, unos dicen una cosa y otros otra. Yo, impaciente, por no saber la verdad, tuve por más conveniente el venir a preguntarla a quien mejor la supiese. Y así, señor, os suplico, si ruegos obligar pueden, me digáis qué hay contra mí, porque yo no ande imprudente vacilando en qué será lo que me acusa o me absuelve. JUEZ: ¡No es mala curiosidad! LUIS: Soy curioso impertinente. Mas, si no quiere decirlo... éste el proceso parece. El lo dirá y no tendré, señor juez, que agradecerle.
Toma el proceso
JUEZ: ¿Qué hacéis? LUIS: Ojeo un proceso. JUEZ: ¡Mirad! LUIS: Vuesarced se siente otra vez; que no quisiera decírselo tantas veces. La cabeza del proceso es ésta; no pertenece a mi intención, pues ya sé, más o menos, qué contiene. Vamos a la información. El primer testigo es éste. "Y, habiendo tomado en forma juramento a Andrés Jiménez, declaró que, al tiempo y cuando vinieron los dos valientes caballeros, él cortaba leña, y que secretamente riñeron solos los dos, y que al fin de un rato breve cayó en el suelo don Diego. Y que, mirando que viene a este tiempo la justicia, el don Alonso pretende escaparse en un caballo, a quien en el suelo tienden de un arcabuzazo. Y luego, procurando velozmente escaparse, llegó a pie a la quinta de Luis Pérez --aquí entro yo--el cual le dijo con palabras muy corteses al corregidor dejase de seguir tan crüelmente a un caballero, y no quiso; y él, puesto en medio, defiende el paso y resiste osado al corregidor. No puede decir, porque él no lo sabe, dónde ni cuándo le hiriese. Esto declara, so cargo del juramento, que tiene hecho." Y dice la verdad; que es un hombre Andrés Jiménez muy de bien y muy honrado. Segundo testigo es éste. "Gil Parrado, que al ruido de la confusión y gente se salió de Salvatierra, y llegó cuando pudiese ver a Luis Pérez riñendo con todos, y pudo verle después arrojar al río, y no sabe más." ¡Qué breve y compendioso! Tercero, Juan Bautista. Veamos "este cristiano viejo" qué dice. "Que él estaba entre unos verdes árboles, cuando salieron a reñir, y que igualmente reñían, cuando salió de una emboscada Luis Pérez y al lado de don Alonso se puso, y los dos aleves dieron la muerte a don Diego cobarde y traidoramente." ¿Quiere usted, oh señor juez, saber mejor quién es este hombre? Pues es tan infame que confiesa claramente que una traición vio y se estuvo quieto. ¡Vive Dios, que miente! "Que se puso don Alonso en el caballo; y por verse Luis Pérez a pie, se opuso a la justicia, a quien hiere y mata." ¡Este es un judío!
Arranca una hoja del proceso
Dad licencia que me lleve est[a] hoja; que yo mismo la volveré, cuando fuere menester, porque he de hacer a este perro que confiese la verdad, aunque no es mucho y es verdad, que no supiese confesar este judío, porque ha poco que lo aprende. Y si es que atento a lo escrito, deben sentenciar los jueces, no han de ser falsos testigos; que también los jueces deben escuchar en el descargo. Vuesa merced considere qué delito cometí en estarme quietamente a la puerta de mi quinta. Si allí la desdicha viene a buscarme, ¿cómo puedo huirme de ella? Y si lo advierte, desdicha que no se busca la disculpa el que es prudente.
Dentro
VOZ: Toda la gente está junta. Él que está dentro es Luis Pérez. ¡Entrad, prendedle! MANUEL: ¡Está aquí un monte que le defiende! LUIS: Manuel, dejadles la puerta; que ya no importa que entren, pues sé lo que he pretendido; y veréis que los que quieren entrar por la puerta salen por las ventanas. VOCES: ¡Prendedle! JUEZ: ¡Deteneos!--
A LUIS
Yo os prometo, como hombre de bien, Luis Pérez, si os dais a prisión, de ser vuestro amigo eternamente. LUIS: No quiero amigos letrados; que no obligan a los jueces las palabras, que ellos hacen a propósito las leyes. JUEZ: Ved que, si no os dais, que puedo daros en pública muerte el castigo. LUIS: Aqueso sí; dádmela cuando pudiereis; JUEZ: Pues ¿ahora no puedo? LUIS: No; porque en mis brazos valientes estoy seguro. JUEZ: Llegad, matadlos, si se defienden.
Salen ALGUACIL 1 y ALGUACIL 2
MANUEL: ¡A ellos, Luis Pérez! LUIS: ¡A ellos, valeroso Manuel Méndez! Las luces he de matar a ver si a oscuras se atreven.
Apaga las luces
UNOS: ¡Qué asombro! JUEZ: ¡Qué confusión! LUIS: ¡Canalla, viles, aleves! ¡Nombre ha de quedar famoso hoy del gallego Luis Pérez!
Pónense LUIS y MANUEL a un lado, la justicia y los ALGUACILES a otro, y métenlos a cuchilladas

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

Luis Pérez el gallego part 7

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu