This file was last updated on September 26, 2000

LUIS: Es verdad; pues si yo hallara un hombre de esa manera, darle muerte pretendiera y a quien pudiera matara. Y así digo que habéis hecho lo mismo que hiciera yo. Quien del amigo pensó que era un espejo su pecho, pensó bien; pues vos decís defectos tan claramente que nunca el tiempo desmiente. Y, si mejor lo advertís, cuando en un espejo crea la virtud que me aprovecha, lo que en mi mano es derecha izquierda en la suya vea; y así veo el crüel tiro ejecutado en los dos; pues voy a ver --¡vive Dios!-- mi honor en vos y en vos miro mi agravio; que el cristal sabio poco lisonjero es, y honor, visto del revés, por fuerza ha de ser agravio. Ahora bien, cese el furor que me previno la guerra; volvamos a Salvatierra; porque es perder el honor dejarle en peligro tal.

Sale don ALONSO
ALONSO: Luis Pérez, ¿qué hacéis aquí? LUIS: Suplícoos que, si en mí hubo alguna acción leal que mereció vuestra gracia, en mi ausencia lo mostréis con Manuel, y a él le daréis mi puesto; que una desgracia que en mi ausencia ha sucedido a Salvatierra me vuelve. ALONSO: Mirad... LUIS: A esto se resuelve un hombre que está ofendido. ALONSO: Con razones intentó hoy mi amistad disuadiros; pero cuando llego a oíros que estáis ofendido, no. Antes quiero suplicaros de mi parte, si lo estáis, que a Salvatierra volváis, Luis Pérez, para vengaros; pero advirtiendo primero una cosa. LUIS: ¿Qué es? ALONSO: De aquí no habéis de volver sin mí; porque a vuestro lado espero volver, como amigo fiel; porque no es razón que así me saquéis del riesgo a mí, y vos os quedéis en él. MANUEL: Cuando a volver se resuelva Luis Pérez, no faltará quien vuelva con él, pues ya es forzoso que yo vuelva. Su amigo soy, y no fuera, pues traje la nueva, justo meterle yo en el disgusto para quedarme yo fuera. ALONSO: Quien a Luis Pérez metió en el disgusto, yo he sido; pues, cuando llegué rendido a pedir su amparo yo, él se estaba descuidado en su quinta; luego fui causa primera; y así volver con él me ha tocado; porque, en fin, de polo en polo por grosero estilo pasa sacar a uno de su casa y dejarle volver solo. MANUEL: Yo he de ir, que os quedéis o no; porque disculpa no es el que vos seáis cortés para ser cobarde yo. LUIS: Noblemente os competís; mas ninguno de los dos ha de ir conmigo, por Dios. Entrambos a dos venís de vuestra suerte fatal huyendo, entrambos tenéis causa para que os guardéis. ¿Fuera yo amigo leal si, con tan poco interés, hoy dos amigos pusiera a riesgo, y que no tuviera a quien apelar después? ALONSO: Decís bien; mas yendo uno solo, poco aventuráis a perder, pues que guardáis el otro. MANUEL: Si ha de ir alguno, yo he de ser. ALONSO: No, sino aquél que Luis Pérez escogiere. MANUEL: Yo soy contento. Prefiere, como amigo cuerdo y fiel, el que tú fueres servido. LUIS: Determinarme a ofender al uno, eso habrá de ser, ya que yo estoy convencido. Don Alonso tiene mucho hoy que perder; y así digo que Manuel vaya conmigo. ALONSO: ¿De vos tal palabra escucho? ¿A la vida anteponéis ningún interés humano? --¡Discurso inconstante y vano!-- Mas ya que así me ofendéis, yo me he de vengar así. Para el camino llevad estas joyas y tomad esta poquedad de mí; que he de buscar a los dos, quizá en ocasión tan fuerte que libre a alguno de muerte. LUIS: Dadme los brazos, y adiós; que me importa dar castigo a una hermana y un traidor, y voy a sacar mi honor del pecho de mi enemigo. Las joyas tomo, por ser de un amigo verdadero, y de volverlas prefiero. ALONSO: Es agravio. LUIS: Esto ha de ser.
Vanse. Salen CASILDA e ISABEL
CASILDA: Oye y sabrás lo que pasa. A Salvatierra ha venido doña Leonor de Alvarado. ISABEL: ¿Con qué intento? CASILDA: Yo imagino que la sangre de su hermano, líquido imán, la ha traído en venganza de su muerte, y hoy con ella hablar he visto a Juan Bautista. ISABEL: Pues de eso, Casilda, ¿qué has inferido? CASILDA: Oye adelante. Confusa de verle así a un conocido, que es criado de Leonor, le pregunté qué había sido la causa porque Leonor le admitió? Y éste me dijo que en la información que hacía el pesquisidor que vino de la corte a averiguar las muertes y los delitos de don Alonso y tu hermano, no había más de aquel dicho que condenase a los dos. Y agradecida, le hizo tal honra; que sólo medran ya en el mundo los testigos que dicen lo que pretenden las partes. ISABEL: Mi muerte ha sido, Casilda, tu voz. No digas dichos y hechos tan indignos de que los admitan --¡cielos!-- las voces y los oídos. ¿Juan Bautista con la lengua se venga de lo ofendido? ¿Con los otros de un agravio toma la venganza él mismo que le compete? ¿Qué es esto? ¿Quién alguna vez ha visto que se vengue el ofensor y se ausente el ofendido? CASILDA: Pues supe más. ISABEL: ¿Qué? CASILDA: Que ha dado querella de aquel amigo de mi señor que mató su crïado, y ha querido que el juez conozca de todo. ISABEL: Muy bueno anda el honor mío si por culparle me culpan.
Sale PEDRO
PEDRO: (¡Qué largo ha sido el camino! Aparte Y es porque al que huye parece que el miedo le pone grillos. ¿Quién vio tomar por sagrado, por amparo y por asilo del delincuente la casa, donde cometió el delito? Ésta es mi señora.) Dame, pues que tan dichoso he sido, el enano de los pies, ése de los puntos niño, Benjamín de los juanetes, y de las hormas resquicio; y dime, por vida mía, si mi señor ha venido por acá. ISABEL: Pedro, tú vengas con bien. Seguro imagino estás aquí de él; porque él, por cosas que han sucedido en tu ausencia, vive ausente. PEDRO: Ya lo sé; mas no me fío de eso yo, porque, si ahora no está por acá, yo afirmo que esté presto. ISABEL: ¿De qué suerte? PEDRO: Porque, habiendo yo venido, no tardará mucho él; que ha tomado por oficio el andarse tras mí, hecho fantasmita de poquito, visión de capa y espada y de mi temor vestiglo.
Sale JUAN Bautista
JUAN: (Si le condenan a muerte, Aparte como merece el delito, seguro estoy que no vuelva a Salvatierra; que el dicho basta para destrüirle; y éste es el intento mío. Pero aquélla es Isabel.) Dichoso el que ha merecido llegar a tocar la esfera por donde a rayos y visos alumbran luces de oro esos orbes cristalinos, ese sol, planeta humano, noble envidia del divino. ISABEL: Basta, Juan Bautista, basta; y, si hasta aquí le has tenido por tal, ya no es sol, planeta de resplandores vestido, de rayos sí, fulminados dentro de mi pecho mismo, donde son iras las luces que el viento ilumina en giros. En vano es, necio, grosero, que loco y desvanecido al sol que dices llegaste tan engañado al altivo vuelo que hoy te da sepulcro, sin ser tálamo de vidrio, en las cenizas de un pecho que ya es cárcel del olvido. ¿Quién de los agravios hechos alevosamente hizo lisonja? ¿Torpes venganzas son méritos y servicios para conquistar mi amor? Si te hallabas ofendido de mi hermano, con la espada, cuerpo a cuerpo, en desafío fuera digno desagravio, y de más favores digno; pero con la lengua no. Mas no me espanto ni admiro que a las espaldas se venguen cobardes que no han podido cara a cara. Esta mudanza ha ocasionado aquel dicho; porque ¿a quién no desobliga un ruin trato, un mal estilo?
Vase
JUAN: ¡Escucha, Isabel! CASILDA: Con causa se queja.
Vase
JUAN: ¡Infeliz he sido! Por donde pensé ganar más a Isabel, la he perdido. ¡A cuántos, cielos, a cuántos han muerto los beneficios! PEDRO: Si es que te deja el pesar libre y en tu entero juicio, da los brazos al que ausente por tu causa ha padecido un destierro y muchos sustos. JUAN: ¿Pedro? Seas bien venido. PEDRO: A tu servicio. JUAN: Si tú vinieses a mi servicio, ¡qué dichoso fuera yo! PEDRO: Habla, y verás si te sirvo. JUAN: ¿No vives con Isabel? PEDRO: Hoy he vuelto, e imagino que habré de estarme en su casa; que en fin es mi centro antiguo. JUAN: Si tú esta noche me abrieses la puerta, por que atrevido llegase a satisfacerla de estas cosas que la han dicho de mí, quedaré obligado a darte un rico vestido.

Luis Pérez el gallego part 6

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu