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LUIS: Tan ofendido he quedado de escuchar los cumplimientos con que me habláis, Manuel Méndez, que estoy por no responderos. Para decirme, "Luis Pérez, un hidalgo dejo muerto, conmigo traigo una dama y a vuestra casa me vengo," ¿era menester andar por frases y por rodeos? Mas quiero enseñaros yo, dejando encarecimientos, del modo que habéis de hablar. Escuchad, Manuel, atento. Vengáis a esta vuestra casa por muchos años y buenos, adonde seréis servido. Y así volved al momento donde esa dama dejáis, y traedla donde creo que esté segura y gustosa; que yo en la quinta me quedo y no salgo a recibirla porque no sé cumplimientos; y quiero quedarme aquí a prevenir todo aquello que a su servicio convenga. MANUEL: Dejad que otra vez el pecho agradecido os conozca por amigo verdadero. LUIS: Andad, señor; que estará, viéndose en extraño suelo, con cuidado esa señora; y no es justo deteneros.
Vase MANUEL ¡Isabel!Sale ISABEL ISABEL: ¿Qué es lo que quieres? LUIS: Decirte que, si algún tiempo te ha merecido mi amor algún agradecimiento, en esta ocasión lo muestres. Deja el enojo y no demos que decir a los extraños; que para todo habrá tiempo; porque has de saber que en casa unos huéspedes tenemos, a quien debo obligaciones, y pagárselas pretendo. Manuel Méndez viene aquí con su mujer. ISABEL: En aquesto y en todo te serviré.Dentro ruido de espadas Mas ¡valgame Dios! ¿Qué es esto? LUIS: Notable ruido de armas y voces.Dentro ** ALGUACIL 1: O preso o muerto le hemos de llevar. ALGUACIL 2: En vano le seguimos. ISABEL: Allí veo un hombre que en un caballo viene de muchos huyendo. ALGUACIL 1: Tiradle.Disparan dentro ISABEL: ¡Válgate Dios! LUIS: ¿Qué fue? ISABEL: Dejáronle muerto de un arcabuzazo. LUIS: Antes fue más felice el suceso, porque las ardientes balas a solo el caballo hirieron. Sangriento queda en la arena y, en pie el caballero puesto, defendiéndose la vida, rayos esgrime de acero. ISABEL: Ya, de todos acosado, llega a nuestra quinta.Sale don ALONSO con la espada desnuda ALONSO: ¡Cielos, amparad a un desdichado que ya, rendido el aliento, desfallece! LUIS: Pues ,señor don Alonso, ¿qué es aquesto? ALONSO: No me puedo detener a contarlo; sólo os ruego, Luis Pérez, que me amparéis; que por lo que dejo hecho, me importa entrar esta tarde en Portugal. LUIS: Pues buen pecho, que para estas ocasiones es el generoso esfuerzo. Cerca está la puente ya de ese río, donde vemos que se dividen Castilla y Portugal. Si entráis dentro, seguro estaréis de cuantos os siguen; que yo me quedo en lo estrecho de este monte y esta quinta a detenerlos. No os seguirán sin que a mí me dejen pedazos hecho. ALONSO: En el valor desos brazos bastante muralla dejo que me defienda la vida. ¡La vuestra guarden los cielos!Vase. Salen el CORREGIDOR, ALGUACIL 1, ALGUACIL 2, y los que pudieren ALGUACIL 1: Por aquesta parte fue. LUIS: Pues, señores, ¿qué es aquesto? ¿A quién buscáis? CORREGIDOR: ¿Don Alonso de Tordoya no fue huyendo por aquí? LUIS: Ya estará cerca de la puente, porque el viento pienso que le dio sus alas. CORREGIDOR: Vamos tras él. LUIS: Deteneos. CORREGIDOR: ¿Qué es detenerme? LUIS: Señor corregidor, ya habéis hecho la diligencia que os toca. No sigáis a un caballero tanto; porque la justicia no ha de extender el derecho que tiene todas las veces. CORREGIDOR: Quedárame a responderos, si no pensara alcanzarle. LUIS: Escuchad, señor. CORREGIDOR: Sospecho que pretendéis detenerme. LUIS: Si conveniencias y ruegos no bastan a hacer con vos que no sigáis este intento, cuando por fuerza lo hagáis, no tendré que agradeceros. CORREGIDOR: ¿De qué suerte? LUIS: A cuchilladas. Porque ya una vez dispuesto a defender este paso, he de cumplirlo resuelto. ¡Vive Dios, que ningún hombre de cuantos presentes veo ha de pasar de esta raya!Hace una raya CORREGIDOR: ¡Matadle! LUIS: ¡Quedo, teneos! CORREGIDOR: ¡Matadle! ALGUACIL 1: ¡Muera Luis Pérez! LUIS: ¡Gallinas, villanos, perros, canalla, así muero yo!Mételos a cuchilladas ALGUACIL 1: ¡Herido estoy! ALGUACIL 2: ¡Yo estoy muerto!Vanse. Salen doña JUANA y MANUEL JUANA: Nunca me ha parecido, Manuel, que a tus finezas he debido otra mayor que ahora, en venir tan apriesa. MANUEL: Mi señora, Amor, que solicita mis glorias, imposibles facilita. No llegué a Salvatierra, que en las entrañas de esta oculta sierra hallé lo que buscaba. En una casa de placer estaba Luis Pérez, un amigo, cuyo valor ofendo si le digo. Aquí vive contento y parece que a nuestro pensamiento el consejo ha pedido, pues aquí nuestro amor más escondido, no entrando en Salvatierra, vivirá más seguro en esta tierra. JUANA: Manuel, quien ha dejado patria, padre y honor, y en este estado aun vive agradecida de que le queda que perder la vida por ti, nada desea sino que sola esta montaña sea templo de la fineza, venciendo a su firmeza mi firmeza.Sale don ALONSO ALONSO: ¿Adónde mi destino me lleva, sin consejo y sin camino, por aquesta alameda, sin que el cielo un alivio me conceda? Aun el aliento mío ya falta, y ya rendido desconfío de que pueda librarme. Cansado en este suelo he de arrojarme. ¡Muerto soy! ¡Ay de mí! ¡Válgame el cielo! JUANA: Gente siento. MANUEL: Es verdad; allí en el suelo rendido un caballero está, en la mano el desmayado acero. Lo que es sabré. --Señor, ¿estáis herido? ALONSO: Guárdeos el cielo, hidalgo; que no ha sido sino cansancio solo; ya me aliento. Quien presumió parejas con el viento hoy desmayado yace, y él es en mí quien tal extremo hace. MANUEL: El ánimo es valiente, no desmaye.Dentro VOCES: Tomad, tomad la puente, porque escapar no pueda. ALONSO: Mayor desdicha es la que me queda. ¿Qué he de hacer? Que esta gente es la que me siguió; que, aunque valiente un amigo me guarda las espaldas, ya el verlos me acobarda, porque tengo por cierto, pues siguiéndome vienen, que le han muerto.Sale LUIS Pérez LUIS: La puente me han tomado y el paso, y aun el cielo se ha cerrado para mí. Esta espesura será de mi cadáver sepultura. MANUEL: Luis Pérez, pues, ¿qué es esto? LUIS: Una desdicha en que el valor me ha puesto, por librar a un amigo de la muerte. MANUEL: Conmigo ya, Luis Pérez, estáis; muramos juntos; pues de amistad y amor somos trasuntos. ALONSO: Quien culpa tiene, y de la causa es dueño, también sabrá morir. LUIS: (En grande empeño Aparte estoy; mas esto es siempre lo primero.) Manuel, oíd; lo que rogaros quiero es que en defensa mía la espada no saquéis aqueste día; que, aunque me va la vida en verla de ese brazo defendida, me va el honor en veros en mi ausencia en mi casa. Mirad la diferencia de la vida al honor. MANUEL: Yo no os entiendo. Si os vienen a buscar, morir pretendo. ¡Bueno fuera que os viera reñir, y que la espada me tuviera en la cinta envainada! JUANA: ¿Adónde habrá mujer más desdichada?Dentro ** ALGUACIL 1: Por aquí van. MANUEL: Ya llegan donde estamos. Aquí los tres en vano procuramos de tantos defendernos, porque habrán de matarnos o prendernos. ALONSO: ¿Qué haremos? LUIS: ¿Tendréis brío para arrojaros y pasar el río a nado? ALONSO: Sí, tuviera valor, Luis Pérez, si nadar supiera. LUIS: Pues no temáis asombros; que el río he de pasaros en mis hombros. Manuel, determinado en esto, honor y vida habré guardado; la vida, con ponerme en Portugal, pues no podrán prenderme; y el honor, con dejaros en mi casa. No tengo que explicaros más de que dejo en ella todo mi honor en una hermana bella. Harto os he dicho. Adiós. MANUEL: Yo también digo harto en decir que soy un fiel amigo. En vuestra casa quedo... LUIS: Decid. MANUEL: ...y bien aseguraros puedo que no haréis falta vos.Coge LUIS Pérez a don ALONSO y éntrase con él, como arrojándose al río. Hablan dentro LUIS: ¡Válgame el cielo! JUANA: Delfín humano es ya del ancho hielo. LUIS: Manuel, mi honor os fío. MANUEL: Ya lucha a brazo con el centro frío. LUIS: Mirad por él. MANUEL: En tu lugar me dejas; no des al viento repetidas quejas. LUIS: ¡Adiós! MANUEL: ¿Quién hay que mi desdicha crea? JUANA: ¿Dónde iré yo que lástimas no vea?Vanse. Salen el ALMIRANTE de Portugal y doña LEONOR, de caza
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