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NOCHE: Yo lo pudiera decir.
¡Ay, Malicia! ¿Quién creyera
que el Lucero de la noche
oyendo al del alba tiembla?
MALICIA: No tan presto desconfíes
que aún esperanza nos queda.
NOCHE: ¿En qué?
MALICIA: En que si la salud
del Señor en la primera
lid se perdió, y se perdió
en la segunda la alteza
¿quién duda si ese Lucero
gracia de Dios se interpreta,
que alteza y salud perdidas,
la gracia perdida venga?
ZAGAL 1: Un hombre que toscas pieles
viste y de hacia las riberas
del Jordán viene, es el dueño
de la voz.
HEBRAÍSMO: Ya sé quién sea.
Cerradle la puerta, no
entre... mas no vais, abierta
será mejor que la halle
porque quiero que me vea
en la pompa, el aparato,
la majestad y grandeza
de que gozan mis delicias:
dejadle, pues, que entre.
NOCHE: ¿Y de esta
circunstancia qué dirás?
MALICIA: ¿Qué circunstancia?
NOCHE: ¿Es pequeña
que signifique la gracia
y que halle abierta la puerta?
SINAGOGA: Porque, aunque entre, nuestro gozo
no turbe, la danza vuelva.
MÚSICA: Clarines sean las aves,
los céfiros trompetas,
órganos los arroyos
y cítaras sus perlas,
diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Sale el Lucero del DÍA
DÍA: ¡Penitencia, mortales, penitencia!
HEBRAÍSMO: Joven, que de las orillas
del Jordán dulce sirena
te acreditas, pues no hay
a quien tu voz no suspenda,
si de parte de tu dueño
vienes a cobrar sus rentas,
sabe que la vida a otros
esa cobranza les cuesta,
y vuélvete tú, que quiero
permitirte que te vuelvas
porque al padre de familias
le digas esta opulencia
con que me sirvo en su viña
coronado dueño de ella.
DÍA: No a cobrar sus rentas vengo
sino a acusar sus ofensas,
que ya sé tus tiranías,
pues me obligan a que venga
a reprehender cuán injustas
proceden sus inclemencias
el día que no hay en ti
propiedad que no sea ajena.
No solamente la viña
lo diga; dígalo esa
que como esposa a tu lado
prevaricada se asienta.
El tiempo que estuvo en gracia
¿de otro esposo no lo era,
por quien dijo, enamorado
que del Líbano descienda
a ver florecer las viñas?;
¿pues cómo la traes a ésta
no a ver cómo se florecen
sino cómo se ensangrientan?
Vuelve en ti y vuelvan esposa
y viña a su dueño, y...
HEBRAÍSMO: Cesa,
no prosigas, que me afligen
tus voces.
SINAGOGA; ¿Que esto consientas
sin hacer más sentimiento
de tu injuria y de mi afrenta!
Quitad ese asombro, ese
prodigio, de mi presencia;
llevadle de aquí, llevadle
a la prisión más estrecha
del más pavoroso seno
de la gruta más funesta
que se halle en toda la viña,
donde encarcelado muera.
TODOS: Ven, antes que contra ti
tomemos hondas o sierras.
DÍA: ¡Ay, no de mí, mas de quien
la gracia de Dios desprecia!
Llévanle
MALICIA: La puerta abierta ¿qué importa
donde el corazón la cierra?
NOCHE: Como eso, malicia humana
veré yo si tú me alientas.
SINAGOGA: ¿De qué la tristeza es?
HEBRAÍSMO: No te enojes, no te ofendas,
que mi tristeza no ha dicho
de qué nace mi tristeza
hasta decir que es de verte
quejosa a ti; y porque veas
el poco aprecio que hago
de reprehensiones tan necias,
mientras yo a la cena vuelvo
la música al baile vuelva.
MALICIA: Temo...
HEBRAÍSMO: ¿Qué?
MALICIA: Que repetida
no te canse.
HEBRAÍSMO: De manera
me agrada por festín tuyo,
que nunca me hará molestia;
y para mostrarte cuánto
me divierte y me deleita
no habrá cosa que me pidas
que yo no te la conceda.
Por la vida de mi esposa
lo juro: pide ¿qué esperas?
MALICIA: Yo no tengo voluntad.
Consultaré a quien la tenga.
¿Qué quieres tú que le pida?
SINAGOGA: Pídele...
MALICIA: ¿Qué?
SINAGOGA: La cabeza
de esa fiera en forma de hombre,
de ese hombre en forma de fiera.
HEBRAÍSMO: ¿Por qué no pides? ¿Qué aguardas?
¿No fías de mi promesa?
MALICIA: Tanto fío que a pedirte
me atrevo.
HEBRAÍSMO: Di, ¿qué recelas?
MALICIA: La cabeza de ese joven
que preso está.
HEBRAÍSMO: ¡Oh justa pena
del que ofrece o firma antes
de ver qué firme o qué ofrezca!
Ya lo juré, a la prisión
id y en un plato traedla.
(Disimular es forzoso Aparte
mi dolor.) El baile vuelva,
que a mí nada me perturba
como tú no te entristezcas.
MÚSICA: En la cena que hoy hace la esposa,
que hermosa y discreta,
sus rizos corona el mayo con flores
y el sol con estrellas,
en la cena que hoy hace la esposa,
que ufana y contenta,
celebra el plantel de la viña, que goce
edades eternas,
en la cena que hoy hace la esposa
manjar no hay que sea
más precioso que el vino, que excede
al ámbar y al néctar.
Repítese la máscara el tiempo que fuere menester
para la tramoya, y trayendo en una fuente una cabeza de pasta
cubierta, la ponen en la mesa sobre un escotillón, en que
escondiéndose la una, saldrá en otra fuente la del
mismo Lucero
ZAGAL 2: Éste es el plato que mandas
hoy añadir a tu cena.
Descúbrela
SINAGOGA: Come dél, pues él es solo
el que faltaba a mi mesa.
¿Qué te admira? Toma y come.
DÍA: ¡Penitencia, penitencia!
HEBRAÍSMO: ¡Qué horror! ¡Qué asombro! ¡Qué espanto!
No le mire, no le vea.
¿Dónde huiré de él y de mí?
Levántase furioso
SINAGOGA: Porque más no se enfurezca,
de la música el encanto,
siguiéndole, le adormezca.
MÚSICA: Clarines son las aves,
los céfiros trompetas,
órganos los arroyos
y cítaras sus perlas.
Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Cantando unos y representando otros se cierra la tramoya, tasando
los versos de manera que vengan a acabar juntos, y con el
último sale la MALICIA
MALICIA: Ya ¿qué hay que temer, Lucero,
que de esta viña contenga
sagrado misterio el vino,
si ya no hay racimo en ella
que no convierta el furor
en sangre?
NOCHE: ¡Ay, Malicia, que ésa
es nueva ansia!
MALICIA: ¿Cómo?
NOCHE: Como
al exprimirle la prensa
en la viga del lagar,
están temiendo mis ciencias
que si hoy el furor convierte
racimos en sangre, venga
piedad que de estos racimos
el vino en sangre convierta.
MÚSICA: Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...
Sale la INOCENCIA
INOCENCIA: ¡Ah de la sacra soberana esfera,
trono, dosel y silla
del padre universal de las familias!
Salen el PADRE y el HIJO
PADRE: ¿Qué quieres, Inocencia?
INOCENCIA: Ya esa pregunta dio a mi voz licencia
de hablar, pues cuando buscaba
Dios a Adán, que se escondió,
dónde estaba preguntó
sabiendo él dónde estaba,
y así pues humano modo
a él imitas, bien podré
decirte yo lo que sé
aunque tú lo sepas todo.
Mandásteme que viviera
en tu viña; a ella no entré
porque la Malicia fue
bastante a dejarme fuera
no solo vencida, pero
desnuda; de cuyo ultraje
resultó que con mi traje
la Sinagoga y su fiero
pueblo se prevaricase,
haciendo que con violencia
negándote la obediencia
tus enviados matase,
de suerte que...
PADRE; No prosigas;
no al dolor añadas, no,
de haberlo previsto yo
el de que tú me lo digas.
¡Ay viña! ¿No te planté
para que me dieras fruto
de verdadero tributo?
¿Para tu guarda no fue
tu cerca obra singular?
¿Para tu adorno mayor
y alivio de tu labor
no te di torre y lagar?
¿Por ti no dijo Isaías,
contigo hablando de mí,
"qué más pude hacer por ti?"
¿No prosiguió Jeremías,
viéndote de mí elegida,
que temieses verte ajena
de abrojos y espinas llena,
en páramo convertida?
¿El Lucero, que de mí
luz te dio con desengaños,
no fue a reparar tus daños?
¿Pues cómo, cómo, ¡ay de ti!,
pagaste, a los tres matando,
los avisos que te dieron?
Y tú, pueblo que eligieron
mis piedades, ¿hasta cuándo
sangriento, ingrato y crüel
has de proceder conmigo?
Y pues ya para el castigo
mi viña es todo Israel,
sus cercas derribaré,
esté a las fieras desierta,
Llora el HIJO
y aun ellas árida y yerta,
sin yerba la hallen, porque
en lóbrego seno frío
ni el sol la dé su esplendor,
ni las nubes su candor,
ni la aurora su rocío.
Perezca, pues, al severo
decreto de mis enojos.
HIJO: No en abrasados despojos,
padre, arda, sin que primero
consideres que plantaste
para mí esa viña bella,
y que a dos luces en ella
mi mayorazgo fundaste;
antes, pues ya la elegiste
sin ver las ofensas suyas,
que lo que hiciste destruyas,
perficiona lo que hiciste.
Consérvala al esperado
tiempo de otra edad futura,
no perezca la figura
hasta ver lo figurado.
Si sientes verla en poder
de tan ingrato rentero,
yo iré, como tu heredero,
a tomar la cuenta y ver
si le puedo reducir
a tu obediencia, pues sé
que tu honra y tu gloria fue
que te lleguen a pedir
perdón, para cuyo efecto
con él quedaré después
a ser yo tu obrero, pues
a mí me tendrán respeto,
mayormente al ver que yo
vestido el tosco buriel
de la misma jerga que a él
para su abrigo le dio
la naturaleza humana,
despierto--el rubio cabello
argentado con el bello
rocío de la mañana--
a ser, ¡oh padre!, el primero
que acudiendo a la labor,
ni agosto con el ardor,
ni con escarchas enero,
me acobarden para que
al sol, al agua y al viento,
lo inútil pode al sarmiento
y escarde la grama al pie
a costa de mi sudor.
Verás que horror no me dan
ni de la escoda el afán,
ni de la azada el rigor,
pues para que llegue a dar
el grano cosecha inmensa,
el hombro pondré en la prensa
de la viga del lagar.
Envíame a ser tu obrero
en la viña de Israel.
PADRE: ¡Ay, que es pueblo muy crüel!
HIJO: ¿Pues qué más honor si muero
por reducirle? Y no harán,
que para obrar albedrío
tienen.
PADRE: Ve; por hijo mío,
quizá te venerarán,
y yo al mundo le argüiré,
si no atiende a esta piedad,
que a mi hijo no perdoné
por guardarle a él la heredad
de la viña que planté.
Vase
HIJO: Espera, que mi clemencia
redimirá su injusticia,
si a desterrar su malicia
va conmigo mi inocencia.
Sígueme pues.
INOCENCIA: De ir desnuda
a ver gentes me acobardo.
HIJO: La desnudez, Inocencia,
de humanas pompas y faustos
es gala de la verdad
con que yo llegar aguardo
a la viña de mi padre
a reparar sus agravios.
INOCENCIA: Según la Malicia está
valida por sus engaños
de la Sinagoga, temo
que no bien seguros vamos.
HIJO: No temas, que vas conmigo.
INOCENCIA: ¿Cómo no he de temer cuando,
ya que no tiemble de miedo,
de frío es fuerza ir temblando?
HIJO: ¿Qué mucho, si escarcha y hielo
ha de ser mi primer paso?
¡Qué fragoso es el camino!
Apenas la planta estampo
en yerba que no sea abrojo,
en terrón que no sea cardo,
y si para abrir la senda
con la mano los aparto,
al mismo instante me veo
herido de pies y manos.
INOCENCIA: Yo como inocencia tuya
lo mismo que pasas paso;
pero bien que ya a la vista,
señor, de la torre estamos.
HIJO: Llame desde aquí tu voz
porque sepan que llegamos.
INOCENCIA: Ayúdame tú, porque
yendo más acompañado
mi acento, le oigan mejor
y más sonoro y más blando.
HIJO: Sí haré, pues ya se previno
que oyó la viña mi canto.
Cantan. La MÚSICA dentro
LOS DOS: ¡Ah de la florida cerca,
ah de la torre y palacio
de la viña de Israel!
MÚSICA: ¡Ah de los desiertos campos!
LOS DOS: Abrid las puertas, abrid.
MÚSICA: ¿A quién, con imperio tanto?
LOS DOS: A vuestro príncipe.
MÚSICA: Quién
nuestro príncipe es sepamos.
LOS DOS: El señor de las virtudes
que primero que él llegaron.
MÚSICA: Ni hay príncipe ni virtud
ni señor que conozcamos.
LOS DOS: Abrid las puertas, levad
sus fuertes rastrillos altos,
entrará el rey de la gloria.
HEBRAÍSMO: Abrid ¿qué esperáis? Sepamos
quién rey de la gloria es,
quién príncipe soberano
es de las virtudes.
HIJO: Yo,
yo soy. ¿De qué es el espanto?
HEBRAÍSMO: Del "yo soy," a cuya voz
me asusto, estremezco y pasmo.
HIJO: Pues ni te pasmes, ni asustes,
ni estremezcas, que envïado
de mi padre a tratar más
de tu enmienda y tu reparo
que de tu castigo vengo.
HEBRAÍSMO: No te esperaba tan manso.
HIJO: Ahí verás lo que le debes
y mejor lo verás cuando
no para menguar tus bienes,
sino antes para aumentarlos,
veas que a ser jornalero
tuyo vengo, sin que el ampo
de la nieve, el resistero
del sol me excuse al trabajo.
HEBRAÍSMO: De suerte tu mansedumbre
me obliga, que arrodillado
a tus pies una y mil veces
en ellos pondré los labios.
¡Obreros del hebraísmo
venid a mi voz volando!
Salen todos y el Lucero de la NOCHE y la MALICIA
TODOS: ¿Qué nos mandas?
LOS DOS: ¿Qué nos quieres?
Pero ¿qué es lo que miramos?
HEBRAÍSMO: Que sepáis cómo de paz,
mansueto, apacible y blando,
convirtiendo en generosos
perdones nuestros agravios,
el heredero del padre
de familias a estos campos
a ser compañero nuestro
viene, igual en cansancio,
afán, sed, hambre y fatiga,
y así a honor de favor tanto
como hacer virtud la queja,
de olivas y palmas lauros
tejed, siendo en nuestra viña
su entrada fiesta de Ramos,
y arrojando como yo
todos a sus pies los mantos,
en mil repetidas voces
le saludad. Santo, santo.
MÚSICA: Santo, santo.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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