This file was last updated on April 28, 1999

NOCHE:         Yo lo pudiera decir.
               ¡Ay, Malicia! ¿Quién creyera
               que el Lucero de la noche     
               oyendo al del alba tiembla?
MALICIA:       No tan presto desconfíes
               que aún esperanza nos queda.
NOCHE:         ¿En qué?
MALICIA:                 En que si la salud
               del Señor en la primera     
               lid se perdió, y se perdió
               en la segunda la alteza
               ¿quién duda si ese Lucero
               gracia de Dios se interpreta,
               que alteza y salud perdidas,  
               la gracia perdida venga?
ZAGAL 1:       Un hombre que toscas pieles
               viste y de hacia las riberas
               del Jordán viene, es el dueño
               de la voz.
HEBRAÍSMO:                  Ya sé quién sea.    
               Cerradle la puerta, no
               entre... mas no vais, abierta
               será mejor que la halle
               porque quiero que me vea
               en la pompa, el aparato, 
               la majestad y grandeza
               de que gozan mis delicias:
               dejadle, pues, que entre.
NOCHE:                                  ¿Y de esta
               circunstancia qué dirás?
MALICIA:       ¿Qué circunstancia?
NOCHE:                             ¿Es pequeña  
               que signifique la gracia
               y que halle abierta la puerta?
SINAGOGA:      Porque, aunque entre, nuestro gozo
               no turbe, la danza vuelva.

MÚSICA: Clarines sean las aves, los céfiros trompetas, órganos los arroyos y cítaras sus perlas, diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...

Sale el Lucero del DÍA
DÍA: ¡Penitencia, mortales, penitencia!

HEBRAÍSMO: Joven, que de las orillas del Jordán dulce sirena te acreditas, pues no hay a quien tu voz no suspenda, si de parte de tu dueño vienes a cobrar sus rentas, sabe que la vida a otros esa cobranza les cuesta, y vuélvete tú, que quiero permitirte que te vuelvas porque al padre de familias le digas esta opulencia con que me sirvo en su viña coronado dueño de ella. DÍA: No a cobrar sus rentas vengo sino a acusar sus ofensas, que ya sé tus tiranías, pues me obligan a que venga a reprehender cuán injustas proceden sus inclemencias el día que no hay en ti propiedad que no sea ajena. No solamente la viña lo diga; dígalo esa que como esposa a tu lado prevaricada se asienta. El tiempo que estuvo en gracia ¿de otro esposo no lo era, por quien dijo, enamorado que del Líbano descienda a ver florecer las viñas?; ¿pues cómo la traes a ésta no a ver cómo se florecen sino cómo se ensangrientan? Vuelve en ti y vuelvan esposa y viña a su dueño, y... HEBRAÍSMO: Cesa, no prosigas, que me afligen tus voces. SINAGOGA; ¿Que esto consientas sin hacer más sentimiento de tu injuria y de mi afrenta! Quitad ese asombro, ese prodigio, de mi presencia; llevadle de aquí, llevadle a la prisión más estrecha del más pavoroso seno de la gruta más funesta que se halle en toda la viña, donde encarcelado muera. TODOS: Ven, antes que contra ti tomemos hondas o sierras. DÍA: ¡Ay, no de mí, mas de quien la gracia de Dios desprecia!

Llévanle
MALICIA: La puerta abierta ¿qué importa donde el corazón la cierra? NOCHE: Como eso, malicia humana veré yo si tú me alientas. SINAGOGA: ¿De qué la tristeza es? HEBRAÍSMO: No te enojes, no te ofendas, que mi tristeza no ha dicho de qué nace mi tristeza hasta decir que es de verte quejosa a ti; y porque veas el poco aprecio que hago de reprehensiones tan necias, mientras yo a la cena vuelvo la música al baile vuelva. MALICIA: Temo... HEBRAÍSMO: ¿Qué? MALICIA: Que repetida no te canse. HEBRAÍSMO: De manera me agrada por festín tuyo, que nunca me hará molestia; y para mostrarte cuánto me divierte y me deleita no habrá cosa que me pidas que yo no te la conceda. Por la vida de mi esposa lo juro: pide ¿qué esperas? MALICIA: Yo no tengo voluntad. Consultaré a quien la tenga. ¿Qué quieres tú que le pida? SINAGOGA: Pídele... MALICIA: ¿Qué? SINAGOGA: La cabeza de esa fiera en forma de hombre, de ese hombre en forma de fiera. HEBRAÍSMO: ¿Por qué no pides? ¿Qué aguardas? ¿No fías de mi promesa? MALICIA: Tanto fío que a pedirte me atrevo. HEBRAÍSMO: Di, ¿qué recelas? MALICIA: La cabeza de ese joven que preso está. HEBRAÍSMO: ¡Oh justa pena del que ofrece o firma antes de ver qué firme o qué ofrezca! Ya lo juré, a la prisión id y en un plato traedla. (Disimular es forzoso Aparte mi dolor.) El baile vuelva, que a mí nada me perturba como tú no te entristezcas.

MÚSICA: En la cena que hoy hace la esposa, que hermosa y discreta, sus rizos corona el mayo con flores y el sol con estrellas, en la cena que hoy hace la esposa, que ufana y contenta, celebra el plantel de la viña, que goce edades eternas, en la cena que hoy hace la esposa manjar no hay que sea más precioso que el vino, que excede al ámbar y al néctar.

Repítese la máscara el tiempo que fuere menester para la tramoya, y trayendo en una fuente una cabeza de pasta cubierta, la ponen en la mesa sobre un escotillón, en que escondiéndose la una, saldrá en otra fuente la del mismo Lucero
ZAGAL 2: Éste es el plato que mandas hoy añadir a tu cena.
Descúbrela
SINAGOGA: Come dél, pues él es solo el que faltaba a mi mesa. ¿Qué te admira? Toma y come. DÍA: ¡Penitencia, penitencia! HEBRAÍSMO: ¡Qué horror! ¡Qué asombro! ¡Qué espanto! No le mire, no le vea. ¿Dónde huiré de él y de mí?
Levántase furioso
SINAGOGA: Porque más no se enfurezca, de la música el encanto, siguiéndole, le adormezca.

MÚSICA: Clarines son las aves, los céfiros trompetas, órganos los arroyos y cítaras sus perlas. Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...

Cantando unos y representando otros se cierra la tramoya, tasando los versos de manera que vengan a acabar juntos, y con el último sale la MALICIA
MALICIA: Ya ¿qué hay que temer, Lucero, que de esta viña contenga sagrado misterio el vino, si ya no hay racimo en ella que no convierta el furor en sangre? NOCHE: ¡Ay, Malicia, que ésa es nueva ansia! MALICIA: ¿Cómo? NOCHE: Como al exprimirle la prensa en la viga del lagar, están temiendo mis ciencias que si hoy el furor convierte racimos en sangre, venga piedad que de estos racimos el vino en sangre convierta.

MÚSICA: Diciendo al fuego, al aire, al agua y tierra...

Sale la INOCENCIA
INOCENCIA: ¡Ah de la sacra soberana esfera, trono, dosel y silla del padre universal de las familias!
Salen el PADRE y el HIJO
PADRE: ¿Qué quieres, Inocencia? INOCENCIA: Ya esa pregunta dio a mi voz licencia

de hablar, pues cuando buscaba Dios a Adán, que se escondió, dónde estaba preguntó sabiendo él dónde estaba, y así pues humano modo a él imitas, bien podré decirte yo lo que sé aunque tú lo sepas todo. Mandásteme que viviera en tu viña; a ella no entré porque la Malicia fue bastante a dejarme fuera no solo vencida, pero desnuda; de cuyo ultraje resultó que con mi traje la Sinagoga y su fiero pueblo se prevaricase, haciendo que con violencia negándote la obediencia tus enviados matase, de suerte que... PADRE; No prosigas; no al dolor añadas, no, de haberlo previsto yo el de que tú me lo digas. ¡Ay viña! ¿No te planté para que me dieras fruto de verdadero tributo? ¿Para tu guarda no fue tu cerca obra singular? ¿Para tu adorno mayor y alivio de tu labor no te di torre y lagar? ¿Por ti no dijo Isaías, contigo hablando de mí, "qué más pude hacer por ti?" ¿No prosiguió Jeremías, viéndote de mí elegida, que temieses verte ajena de abrojos y espinas llena, en páramo convertida? ¿El Lucero, que de mí luz te dio con desengaños, no fue a reparar tus daños? ¿Pues cómo, cómo, ¡ay de ti!, pagaste, a los tres matando, los avisos que te dieron? Y tú, pueblo que eligieron mis piedades, ¿hasta cuándo sangriento, ingrato y crüel has de proceder conmigo? Y pues ya para el castigo mi viña es todo Israel, sus cercas derribaré, esté a las fieras desierta,

Llora el HIJO
y aun ellas árida y yerta, sin yerba la hallen, porque en lóbrego seno frío ni el sol la dé su esplendor, ni las nubes su candor, ni la aurora su rocío. Perezca, pues, al severo decreto de mis enojos. HIJO: No en abrasados despojos, padre, arda, sin que primero consideres que plantaste para mí esa viña bella, y que a dos luces en ella mi mayorazgo fundaste; antes, pues ya la elegiste sin ver las ofensas suyas, que lo que hiciste destruyas, perficiona lo que hiciste. Consérvala al esperado tiempo de otra edad futura, no perezca la figura hasta ver lo figurado. Si sientes verla en poder de tan ingrato rentero, yo iré, como tu heredero, a tomar la cuenta y ver si le puedo reducir a tu obediencia, pues sé que tu honra y tu gloria fue que te lleguen a pedir perdón, para cuyo efecto con él quedaré después a ser yo tu obrero, pues a mí me tendrán respeto, mayormente al ver que yo vestido el tosco buriel de la misma jerga que a él para su abrigo le dio la naturaleza humana, despierto--el rubio cabello argentado con el bello rocío de la mañana-- a ser, ¡oh padre!, el primero que acudiendo a la labor, ni agosto con el ardor, ni con escarchas enero, me acobarden para que al sol, al agua y al viento, lo inútil pode al sarmiento y escarde la grama al pie a costa de mi sudor. Verás que horror no me dan ni de la escoda el afán, ni de la azada el rigor, pues para que llegue a dar el grano cosecha inmensa, el hombro pondré en la prensa de la viga del lagar. Envíame a ser tu obrero en la viña de Israel. PADRE: ¡Ay, que es pueblo muy crüel! HIJO: ¿Pues qué más honor si muero por reducirle? Y no harán, que para obrar albedrío tienen. PADRE: Ve; por hijo mío, quizá te venerarán,

y yo al mundo le argüiré, si no atiende a esta piedad, que a mi hijo no perdoné por guardarle a él la heredad de la viña que planté.

Vase
HIJO: Espera, que mi clemencia redimirá su injusticia, si a desterrar su malicia va conmigo mi inocencia.

Sígueme pues. INOCENCIA: De ir desnuda a ver gentes me acobardo. HIJO: La desnudez, Inocencia, de humanas pompas y faustos es gala de la verdad con que yo llegar aguardo a la viña de mi padre a reparar sus agravios. INOCENCIA: Según la Malicia está valida por sus engaños de la Sinagoga, temo que no bien seguros vamos. HIJO: No temas, que vas conmigo. INOCENCIA: ¿Cómo no he de temer cuando, ya que no tiemble de miedo, de frío es fuerza ir temblando? HIJO: ¿Qué mucho, si escarcha y hielo ha de ser mi primer paso? ¡Qué fragoso es el camino! Apenas la planta estampo en yerba que no sea abrojo, en terrón que no sea cardo, y si para abrir la senda con la mano los aparto, al mismo instante me veo herido de pies y manos. INOCENCIA: Yo como inocencia tuya lo mismo que pasas paso; pero bien que ya a la vista, señor, de la torre estamos. HIJO: Llame desde aquí tu voz porque sepan que llegamos. INOCENCIA: Ayúdame tú, porque yendo más acompañado mi acento, le oigan mejor y más sonoro y más blando. HIJO: Sí haré, pues ya se previno que oyó la viña mi canto.

Cantan. La MÚSICA dentro
LOS DOS: ¡Ah de la florida cerca, ah de la torre y palacio de la viña de Israel! MÚSICA: ¡Ah de los desiertos campos! LOS DOS: Abrid las puertas, abrid. MÚSICA: ¿A quién, con imperio tanto? LOS DOS: A vuestro príncipe. MÚSICA: Quién nuestro príncipe es sepamos. LOS DOS: El señor de las virtudes que primero que él llegaron. MÚSICA: Ni hay príncipe ni virtud ni señor que conozcamos. LOS DOS: Abrid las puertas, levad sus fuertes rastrillos altos, entrará el rey de la gloria.

HEBRAÍSMO: Abrid ¿qué esperáis? Sepamos quién rey de la gloria es, quién príncipe soberano es de las virtudes. HIJO: Yo, yo soy. ¿De qué es el espanto? HEBRAÍSMO: Del "yo soy," a cuya voz me asusto, estremezco y pasmo. HIJO: Pues ni te pasmes, ni asustes, ni estremezcas, que envïado de mi padre a tratar más de tu enmienda y tu reparo que de tu castigo vengo. HEBRAÍSMO: No te esperaba tan manso. HIJO: Ahí verás lo que le debes y mejor lo verás cuando no para menguar tus bienes, sino antes para aumentarlos, veas que a ser jornalero tuyo vengo, sin que el ampo de la nieve, el resistero del sol me excuse al trabajo. HEBRAÍSMO: De suerte tu mansedumbre me obliga, que arrodillado a tus pies una y mil veces en ellos pondré los labios. ¡Obreros del hebraísmo venid a mi voz volando!

Salen todos y el Lucero de la NOCHE y la MALICIA
TODOS: ¿Qué nos mandas? LOS DOS: ¿Qué nos quieres? Pero ¿qué es lo que miramos? HEBRAÍSMO: Que sepáis cómo de paz, mansueto, apacible y blando, convirtiendo en generosos perdones nuestros agravios, el heredero del padre de familias a estos campos a ser compañero nuestro viene, igual en cansancio, afán, sed, hambre y fatiga, y así a honor de favor tanto como hacer virtud la queja, de olivas y palmas lauros tejed, siendo en nuestra viña su entrada fiesta de Ramos, y arrojando como yo todos a sus pies los mantos, en mil repetidas voces le saludad. Santo, santo. MÚSICA: Santo, santo.

La viña del Señor part 56/a>

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu