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NOCHE:            Disimula la inquietud 
               que esos tres nombres te han dado.
MALICIA:       ¿Cómo, si los ha nombrado
               grandeza, gracia y salud
                  de Dios, templas mis extremos?
NOCHE:         Como hay, si tu ser lo ignora,     
               más que saber; calla agora
               que después discurriremos.
PADRE:            Ya que de mi parecer
               estáis, otra vez llamad;
               veamos a quién la heredad   
               da qué obrar y merecer.
HIJO:             Para tan gloriosa acción
               yo al cántico ayudaré.
ISAÍAS:        Si tú cantas bien podré
               decir yo en otra ocasión    
                  para que del himno cuadre
               la alabanza al mundo entero,
               que cantó el hijo heredero
               a la viña de su padre.

Cantan

DÍA: Jornaleros de la vida que sujetos a hambre y sed, bebéis de lágrimas agua y pan de dolor coméis... HIJO: El gran padre de familias atento a vuestro interés llama a los que trabajáis para que no trabajéis... LOS DOS: Venid y veréis. MÚSICA: Venid y veréis. LOS DOS: Que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer. MÚSICA: Que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer.

Con esta representación se entran como salieron
MALICIA: ¿Qué más he de saber, cuando viendo está mi dolor fiero del día cantando al lucero y al de la noche llorando? NOCHE: La confusa fantasía de una representación en que introducidos son parábola, alegoría y historia; y llegando al caso si la parábola creo padre de familias veo, hijo y heredad; si paso a cuál la familia es, hallo una y otra virtud, pues gracia, alteza y salud del Señor me da en los tres la alegoría fundada en la historia; y si a ella acudo la interpretación no dudo en que puede estar fundada. Gracia de Dios dice Juan, salud de Dios Isaías y grandeza Jeremías, con que a dos luces están para tu pena y la mía, tu desgracia y mi desgracia, alteza, salud y gracia debajo de alegoría, y corriendo la memoria en los tres la paridad, debajo de realidad la parábola y la historia, con que a nuestras agonías gracia, alteza y salud dan no sé qué visos en Juan, Jeremías y Isaías. MALICIA: Aunque el concepto he entendido, para explicarle mejor ha de apurar mi rencor a quién y con qué partido lagar, viña y torre entrega, para ver cómo podrá introducirme a mí allá.
Dentro ruido
NOCHE: Pues sigámoslos, que llega por uno y otro camino ya varia gente a la voz que vuelve a entonar veloz aquel cántico divino

Canta
...Que el hijo compuso cuando dijo al pueblo de Israel...
Cantan dentro
HIJO: Venid los que trabajáis para que no trabajéis. LOS DOS y MÚSICA: Venid y veréis que el que labra en su propio provecho convierte el afán de pesar en placer.
Vanse los dos y con la misma repetición salen por una parte la GENTILIDAD y por otra el HEBRAÍSMO
HEBRAÍSMO: ¡Ah del valle! GENTILIDAD: ¡Ah de la selva! HEBRAÍSMO: Dime, oh tú, que su país penetras. GENTILIDAD: Dime, oh tú, que vagas su hermoso confín. HEBRAÍSMO: ¿Gentilidad? GENTILIDAD: ¿Hebraísmo? HEBRAÍSMO: ¿Tú en esta montaña? GENTILIDAD: Sí, que a ella idólatra el hebreo abrió la puerta al gentil. HEBRAÍSMO: ¿Y dónde vas? GENTILIDAD: Una voz que se ha sabido esparcir de todo el orbe escuchada y no entendida de mí, ha puesto en tal confusión la política civil de todo el romano imperio, que me ha obligado a venir para quietar de mis gentes el confuso discurrir a inquirir cúya será. HEBRAÍSMO: ¿Y qué has llegado a inquirir, que también a mí me lleva arrebatado tras sí? GENTILIDAD: Nada hasta aquí, porque solo he discurrido hasta aquí, ella dulce, ignoto el dueño, que algún dios --de su turquí salió, azul, desamparando el cristalino zafir-- ha descendido a la tierra y bien para presumir que es a esta parte, no en vano lo ha llegado a persuadir la amenidad de su sitio, pues mirando competir en las copas el verdor, en las flores el matiz, en los planteles los frutos y en todo el primor, a fin de ser por toda su esfera el mayo en la juvenil edad de los doce meses florido virrey de abril, no en vano --como ya dije-- me ha llegado a persuadir a que este sitio es sin duda aquel eterno pensil del Elíseo, de los dioses descanso, donde a vivir vuelven las almas de nuevo de un fin pasando a un sin fin. HEBRAÍSMO: ¡Qué como gentil hablaste! ¿No era más justo decir viendo en esta amenidad correr a un tiempo y lucir los arroyos del Cedrón, las fuentes de Rafidín, salpicando sus cristales con envidias del Ofir, entre palmas de Cadés y entre olivas de Setín, cedros del Líbano, haciendo brotar en cada raíz las márgenes de su riego ciento a ciento y mil a mil flores, en cuya vistosa mezcla de nieve y carmín la rosa es de Jericó clavel de Getsemaní, y, finalmente, no fuera mejor, viendo en cada vid toda la pompa abreviada de las viñas de Engadí, presumir que era su esfera aquel ameno jardín del terrenal paraíso, primera patria feliz de nuestros primeros padres? GENTILIDAD: Si esto te parece a ti, a mí no; y porque no entremos a disputar ni argüir sigamos la voz, que ella es la que ha de decidir nuestra cuestión. HEBRAÍSMO: ¿Quién adónde se oyó nos dirá? GENTILIDAD: Hacia aquí sola una zagala viene.
Sale la INOCENCIA con un pellico de villano
HEBRAÍSMO: ¡Ah villana! INOCENCIA: No es a mí, que yo so nobre. GENTILIDAD; ¡Ah pastora! INOCENCIA: Tampoco, que nunca fui ni para empuñar arado ni para guardar redil. HEBRAÍSMO: ¡Ah rústica! INOCENCIA: Hartas hay, no seré yo. GENTILIDAD: ¡Ah simple! INOCENCIA: Ahora sí, que inocente y simpre todo se va allá: ¿quién llama? HEBRAÍSMO: Oíd: ¿sabréisnos decir...? INOCENCIA: Y cómo que sabré, que en mi magín como nada sé presumo que lo sé todo. GENTILIDAD: Decid. ¿Qué dulce voz es la que los dos llegamos a oír tan a lo lejos que no la pudimos percibir ni cúya es? INOCENCIA: ¿Es una que va sonando por ahí? HEBRAÍSMO: La misma. INOCENCIA: ¿Y eso ignora? HEBRAÍSMO: Claro está, pues que de ti saberlo queremos. INOCENCIA: Pues sabed que es una voz... LOS DOS: Di. INOCENCIA: Tan dulcemente süave, tan brandamente sotil que con ser yo simpre, aún no sé lo que quixo decir; mas buen medio... LOS DOS: ¿Qué es? INOCENCIA: Que vos, pues a saberlo venís y de mí queréis saberlo, para saberlo de mí me lo digáis, y yo a estotro, y estotro a vos, con que así lo sabremos de vos él, yo de vos y vos de mí. GENTILIDAD: Quita, bárbara villana. HEBRAÍSMO: Aparta, rústica vil. INOCENCIA: Pensarán que han hecho algo en apartarme de sí, cosa que la hace cualquiera que me llega a ver y oír. GENTILIDAD: ¿Pues quién eres? INOCENCIA: Esa duda, sin llegarlo yo a decir os ha dicho ya quién so. HEBRAÍSMO: ¿Cómo? INOCENCIA: Como siendo así que so la Inocencia y no conociéndome decís que sin duda alguna anda la Malicia por aquí. GENTILIDAD: ¿Cómo siendo la Inocencia --dime--has venido a vivir a los despoblados? INOCENCIA: Como esa infame pasión roín me desterró de las cortes, y aun temo, viéndoos aquí, que en traje gentil y hebreo se haya venido tras mí. HEBRAÍSMO: ¿Por qué en traje de villana andas? INOCENCIA: Porque como fui sencilla vertud, conformen el hablar con el vestir. HEBRAÍSMO: Esto es perder tiempo y no, Gentilismo, conseguir nuestro intento. GENTILIDAD: ¿Qué podremos hacer? HEBRAÍSMO: En su alcance ir discurriendo por diversas partes los dos el país, con pacto de que el que antes noticias halle, acudir al otro deba con ellas. GENTILIDAD: Dices bien. Yo por aquí que está más llano el camino iré. HEBRAÍSMO: Yo, que a discurrir asperezas del desierto enseñado estoy, medir sabré el monte.
Vase la GENTILIDAD y al entrarse el HEBRAÍSMO suena en aquella parte la MÚSICA y él se detiene
GENTILIDAD: Pues adiós. HEBRAÍSMO: Adiós. INOCENCIA: Viendo dividir al gentil y hebreo por varias sendas no sé destenguir cuál lleva mejor camino de llegar antes a oír.
Cantan dentro
HIJO: Venid los que trabajáis... MÚSICA: Venid, venid. HIJO: Para que no trabajéis. MÚSICA: Venid, venid, que el que labra en su propio provecho convierte el afán de llorar en reír.

HEBRAÍSMO: Hacia allí la voz se escucha; mejor camino elegí yo que la Gentilidad. INOCENCIA: Y yo sacaré de aquí que habló primero la voz al hebreo que al gentil; y pues ya a su vista llega retírome, ¡ay infeliz!, que no estoy bien a la mira de quien no ha de usar de mí por más que hable con él quien repite una vez y mil. MÚSICA: Venid, venid. HEBRAÍSMO: Boreal enigma que el orbe suspendes a tus acentos si bien del aire explicados mal respondidos del eco ¿por qué, ya que llamas, huyes o por qué, ya que huyes, luego vuelves a llamar?

Salen todos los que salieron con el PADRE de familias
PADRE: Porque ningún mortal jornalero de la vida decir pueda, velando yo en su provecho, que no acudió a mi servicio por falta de llamamientos. HEBRAÍSMO: ¿Pues quién eres? PADRE: Soy en cuantos fértiles campos amenos ves hoy reducir a breve mapa todo el universo padre de familias: no hay en sus rebaños cordero, en sus sembrados espiga, ni racimo en sus sarmientos de que yo dueño no sea. HEBRAÍSMO: Que seas o no su dueño aquí no es del caso. Deja la glosa y vamos al texto. PADRE: Gozoso de mis haberes planté para mi recreo esa viña que en la tierra verde pedazo es de cielo. Para su seguridad vallada la cerqué a efecto de que animales nocivos nunca puedan entrar dentro, y porque de la campaña se descubran a lo lejos sus ámbitos --sin que puedan tampoco los pasajeros asaltando sus portillos robar sin ser descubiertos sus frutos-- para atalaya la puse esa torre en medio. Dentro de ella el lagar yace con todos cuantos aprestos a su labor necesita, tan a toda costa hechos, que juzgo que no podrá mellar la lima del tiempo ni de su prensa la piedra, ni de su viga el madero. En fin, tan cabal en todo me salió, sin que el deseo pueda hacer cargo a la idea ni la idea al pensamiento, que viéndola tan hermosa la elegí no sin misterio para cláusula primera de mi último testamento en el mayorazgo que fundar a los siglos pienso en cabeza de mi hijo, mi hijo en quien con tanto afecto me complací, que en mi amor es sin duda que le engendro continuamente, bien como acto de mi entendimiento. Ésta, pues, en una parte cuánto necesita viendo de quien la labre, y en otra cuánto aprovechar deseo a los que de su sudor viven al trabajo expuestos, los voy llamando, y porque no diga algún malcontento que el sueldo le desiguala --siendo así que de mi sueldo el mérito es el contraste-- para dar segundo ejemplo de mi piedad, en abono de su beneficio, intento que lo que ayer fue jornal sea hoy arrendamiento. Trabajen para sí mismos, a cuyo fin dijo el verso que vengan los que trabajan a no trabajar, supuesto que no es trabajo el trabajo tolerado en el consuelo de que lo que afanen más será en el tributo menos, pues vendrá de su tarea a ser resulta su aumento, fuera de que otra razón me mueve hoy a este convenio, y es que yo he de hacer ausencia de este valle, porque tengo que ajustar en otra parte la cuenta de unos talentos que he dejado en confïanza del que use bien o mal de ellos. Y así, pueblo de Israel, pues eres amado pueblo de Dios, y el primero que veniste a mi llamamiento --quizá porque quise yo que vinieses tú el primero-- mira si quieres entrar por ti y por todos aquellos que aprovechados te sigan en el contrato, advirtiendo que el feudo en sus mismos frutos, suave el yugo, leve el peso de la labranza hará, en que la vigilancia encomiendo, porque a mí más me enriquece la vigilancia que el feudo, mayormente si en las gentes que a su labor traigas veo que el estado de inocencia por mí le conservas, siendo ella quien más los anime a ganar para sí mesmos.

La viña del Señor part 3

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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