This file was last updated on May 26, 1998.
LIDORO: Dame, gran señor, tu mano.
SEMÍRAMIS: Alza del suelo, levanta.
LIDORO: Ayer, señor, me dijiste
que te dijese la causa
que me obligó a hacer la guerra;
y aunque ésta sola bastaba
para venir hoy a hablarte,
otra novedad extraña,
que ahora he sabido, me trae
con más afecto a tus plantas.
Que por tu padre y por ti
aquella acción intentaba
contra Semíramis, dije,
y fue porque su tirana
condición a un mismo tiempo
a ti y tu padre quitaba
el imperio.
SEMÍRAMIS: Espera, espera.
No digas más, calla, calla;
que ya sé lo que me quieres
decir, y es mucha arrogancia,
muy sobrado atrevimiento
el decirme cara a cara
indignas malicias que
el vulgo a su honor levanta.
Semíramis es mi reina,
mi señora y madre, y cuantas
sospechas de ella se fingen,
lo mismo a mí que a ella agravian;
porque soy tan hijo yo
de su deidad soberana,
que somos los dos un mismo
compuesto de cuerpo y alma.
Tu ambición te hizo buscar
proposiciones tan falsas.
¡Loco, bárbaro, atrevido,
ahora sí que te trataba
dignamente como a bruto,
y aun era poca venganza!
LIDORO: Señor, yo, si tú...
SEMÍRAMIS: No más.
A esotro discurso pasa,
y éste a perpetuo silencio
se condene. Di, y repara...
LIDORO: ¿Qué?
SEMÍRAMIS: ...que habla mal de mí quien
mal de Semíramis habla.
Di.
LIDORO: Deja que cobre aliento;
que airado, señor, espantas,
más que aficionas afable.
LISÍAS: (Bien el fingimiento entabla Aparte
del valor que le advertí.)
FRISO habla aparte a LICAS
FRISO: ¡Qué prudencia!
LICAS: ¡Y qué mudanza!
LIDORO: Yo he sabido que mi hijo
hacia Babilonia marcha.
Si me das, señor, licencia
de que al camino le salga,
sus ejércitos haré
que no toquen en la playa
de Siria; que de volver
a tu prisión la palabra
doy, porque sólo pretendo
pagarte la confïanza
que has hecho de mi valor.
SEMÍRAMIS: Con eso otra vez me agravias.
¡Bueno fuera que dijera,
después, de Ninias la fama
que se valió de tus medios
para que no le llegara
un rapaz a poner sito,
o presentar la batalla!
No sólo quiero valerme
de conveniencias y trazas,
pero porque no se diga
que esta libertad que alcanzas
es, por temor, complacerte,
a otra prisión más extraña
te he de reducir; y luego
en esas almenas altas
he de poner tu cabeza,
porque vea la arrogancia
de tu gente que la irrito
y no respeto. Y el alba
mañana apenas saldrá
por troneras de oro y nácar,
cuando en busca suya marche
yo, y cuando tu hijo traiga
animados los peñascos
de Lidia, y en las campañas
errantes ciudades sean
sus tropas y sus escuadras,
verás asustarse todos
a un crujido de mis armas.
LISÍAS: (¡Qué bien fingido valor!) Aparte
LICAS: (¡Cielos! ¿Quién en Ninias habla?) Aparte
FRISO: (¡Qué confusos están todos!) Aparte
LIDORO: (¿Cobarde a este joven llaman? Aparte
Temblando de verle estoy.)
SEMÍRAMIS: ¿Lisías?
LISÍAS: Señor, ¿qué mandas?
SEMÍRAMIS: Que a Lidoro llevéis preso
a la más escura estancia
de esa torre de palacio.
LIDORO: Mira, señor, cuánto agravias
tu valor, pues no hay acción
tan indigna, torpe y baja
como dar para quitar.
Libertad me diste.
SEMÍRAMIS: En causas
que sobrevienen de nuevo
no hay contrato.
LIDORO: Pues repara
que si tú prisión me pones,
del homenaje y palabra
libre estoy, pues ya no estoy
preso sobre confïanza.
SEMÍRAMIS: Es verdad, pero ¿qué importa
si te aseguran las guardas?
Llévanle a LIDORO
LISÍAS: Dame mil veces los brazos,
que con la vida y el alma
te agradezco los esfuerzos
con que aquí a Lidoro hablas.
SEMÍRAMIS: ¿He disimulado bien
el temor que me acompaña?
LISÍAS: Así no fuera fingido.
SEMÍRAMIS: No te afliga esa ignorancia;
que tan verdadero es
como lo dirán mañana
los militares estruendos
de trompetas y de cajas.
Ve tú a ver de su prisión
la torre, y a asegurarla;
Vase LISÍAS
y tú, Friso, a enarbolar
a las puertas del alcázar
mi real estandarte, como
general ya de mis armas.
FRISO: Tu mano beso mil veces;
¿mas mi hermano?
SEMÍRAMIS: ¿Qué reparas,
si por complacerle a él,
soy yo, Friso, a quien agravias?
FRISO: Yo acepto el cargo; mas es
mientras tus enojos pasan.
SEMÍRAMIS: Pues ve a publicar el bando
al punto.
FRISO habla aparte a LICAS
FRISO: No sientas nada
estar de pérdida, Licas,
pues estoy yo de ganancia.
Vase FRISO
LICAS: Hasta aquí, señor, callé,
sin saber por qué me tratan
tan severos tus rigores;
mas oyendo lo que mandas,
puesta la boca en tu mano,
puesto el bastón a tus plantas,
acosado el sufrimiento,
es fuerza que al labio salga.
¿En qué, señor, te ofendí?
El laurel de tu corona,
¿debe a ninguna persona
más tu majestad que a mí?
¿El primer noble no fuí,
señor, que hasta coronarte
se declaró de tu parte,
ayudando la razón?
Luego, en tu coronación,
¿no levanté el estandarte?
¿Yo tu nombre no aclamé,
no siguiendo ni ayudando
de Semíramis el bando,
cuya lealtad quizá fue
retiro suyo, al ver que
yo su parte no seguía?
¿No me honraste? Pues un día
¿qué desengaños te da?
SEMÍRAMIS: De esos servicios quizá
nace la indignación mía.
LICAS: Enigmas son cuanto habláis.
SEMÍRAMIS: Pues no discurráis en ellas,
que es tarde para entendellas;
sino idos; que me dais
enojo cuanto aquí estáis.
LICAS: Ya yo os obedezco; y pues
tanta mi desdicha es,
que os enoja mi presencia,
en albricias de mi ausencia,
me dejad besar los pies.
De soldado os serviré
en la guerra que esperáis
sin que mi rostro veáis;
y si vivo --que sí haré,
que soy infeliz--, me iré
donde no os dé más recelos.
Sólo os suplicaré...(¡Cielos!, Aparte
apure mi confusión
si aquestas enigmas son
por tener de Libia celos),
...que ya que me enviáis quejoso,
me enviéis siquiera honrado.
Quédese lo desdichado
con algo de lo dichoso.
Libia ha sido el dueño hermoso
que he idolatrado rendido;
Libia el rayo que ha podido,
arpón de fuego, abrasarme;
y así, para desposarme
con ella, licencia os pido.
SEMÍRAMIS: (¡Quién vio más nuevo rigor! Aparte
¿Qué es esto que escucho, cielos?
No avives, cierzo de celos,
cenizas de un muerto amor.)
LICAS: (Sentido lo ha; mi temor. Aparte
no fue en vano.)
SEMÍRAMIS: (Ira crüel.
¿Tengo de ver que fïel
a otra ame el que mereció
un afecto mío, aunque no
mereciese saber de él?)
LICAS: Sólo este alivio prevengo
el influjo de mi estrella.
SEMÍRAMIS: (Equivocaré con ella
los celos hoy que de él tengo,
pues de esta manera vengo
mis sentimientos.)
LICAS: Señor,
¿qué me respondes?
SEMÍRAMIS: Que error
es que ese premio esperéis;
que soy yo a quien ofendéis
en tener a Libia amor.
Decir que era vuestra culpa,
Licas, no haberme entendido,
amor fue, y celos han sido
después de oída la disculpa;
y pues uno y otro os culpa,,
no tratéis de darme enojos,
si no queréis ser despojos
de mis iras, mis recelos;
que hijo soy de quien, por celos,
le sacó a Menón los ojos.
LICAS: (¿Qué es esto, piadosos celos?
No en vano, ¡ay de mí!, no en vano
discurrí, al oir que no eran
de Semíramis engaños
los que con el rey pudieron
facilitar mis agravios,
que celos de Libia eran.
Mas era argumento claro,
que, pues son envidia, fuesen
de la Fortuna contrarios.
Vase. Sale FRISO, y quédase al paño,
a tiempo que salen por otra parte ASTREA y LIBIA
FRISO: Ya que el bando publiqué,
vuelvo: pero Amor, oygamos,
pues la reyna con Astrea
habla, hasta donde mis hados
llegan.
SEMÍRAMIS: Friso me ha pedido,
bella Astrea, que tu mano
le conceda, premio digno
con que sus meritos pago.
ASTREA: ¿Cómo tan presto te olvidas,
gran señor, de que te he dado
mi voluntad, alma, y vida?
Pero de nada me espanto,
que no hay cosa mas mudable
que amor con el nuevo estado.
SEMÍRAMIS: (Sin duda, el Principe á Astrea, Aparte
como juntos se crïaron,
la festeja.) Ya advertido
estoy de cuan resignado
tu pecho está á mi obediencia:
y así, con razon aguardo,
que en esto me darás gusto.
ASTREA: Otra vez, señor, extraño
este precepto; y así,
no porque te aya mudado
de la corona el ascenso,
de la majestad el fausto,
quieras que viva muriendo,
que es preciso, si me caso
con Friso, un hombre á quien yo
siempre he aborrecido tanto.
SEMÍRAMIS: Sabiendo que éste es mi gusto,
como podrás escusarlo?
Mas, ¿qué es esto?
Tocan cajas. Sale LISÍAS
LISÍAS: Ya, señor,
se descubren de los altos
homenajes de esas torres
los ejércitos formados
de Lidia, que numerosos
vienen compitiendo a rayos
con las estrellas del cielo
y con las flores del campo.
Abrázale
SEMÍRAMIS: Toma, en albricias, Lisías,
por el gusto que me has dado
con esa nueva, que está
el corazón anhelando,
hidrópico de victorias.
A recebirlos salgamos;
y si Semíramis hizo
paréntesis el tocado
de una victoria, hoy lo sea
la plática que tratando
estamos. Astrea y Libia,
en vendiendo vuelvo a hablaros.
Toca el arma, gima el bronce,
suene el parche, los peñascos
se estremezcan, el sol tiemble
luz a luz y rayo a rayo.
Vase SEMÍRAMIS
LISÍAS: ¿Qué nuevo espíritu ha sido
del que Ninias se ha informado?
Vase LISÍAS, quedan ASTREA y LIBIA, y por
distintos lados salen FRISO y LICAS
LICAS: En decir que el Rey te quiere, A LIBIA
di agora que yo te engaño.
FRISO: Cuanto has respondido al rey A ASTREA
escuché, dueño tirano.
LIBIA: Pues, señor, mi bien, mi dueño,
¿qué culpa tienen mis hados?
ASTREA: Yo lo estimo. Así, otra vez
me escusas de confesarlo.
LICAS: ¿Luego con esta disculpa
bien de tus ojos me aparto?
FRISO: Tú verás la estimación
que hago de ese desengaño.
LIBIA: Yo sabré morir sintiendo.
LICAS: Vivir sabré yo olvidando.
FRISO: Yo aborreciendo vivir.
ASTREA: Y yo padecer amando.
FRISO: ¿Licas?
LICAS: ¿Friso?
FRISO: ¿Amor es esto?
A matar muriendo vamos.
ASTREA: ¿Libia?
LIBIA: ¿Astrea?
ASTREA: ¿Esto es amor?
Vamos a morir llorando.
Vanse todos. Tocan a marchar, y salen toda la
gente que pudiere; después IRÁN, niño, con
bastón de general, y ANTEO, viejo, con bastón
IRÁN: Babilonia, república eminente,
que al orbe empinas de zafir la frente,
siendo iónica y dórica coluna
del cóncavo palacio de la luna,
adonde colocados tus pensiles,
al cielo se han llevado los abriles,
y con sus flores bellas
a rayos equivocan las estrellas,
que venga a ser tu invicto rey no dudo;
y así, haciéndote salva, te saludo
como ya corte mía.
¡Salve, pues, oh confusa monarquía,
herencia justa de mi muerta madre,
y injusta cárcel de mi vivo padre!
Que hoy, prevenido a bélicos combates,
sobre el rápido curso del Eufrates,
libertad le he de dar, y desengaños
de que hay mucho valor en pocos años.
ANTEO: Señor, esa admirable
ciudad que ves, de gente innumerable
capaz ha sido, o ya propria o ya extraña,
y si dejas cubrirse la campaña
de la gran hueste suya,
es fuerza que tu ejército destruya.
Si por asalto quieres
intentarla, es razón que consideres
cuánto estarán seguros
en la grande eminencia de sus muros;
y así, el mejor acuerdo, el mejor medio,
sitiándola, es tomarla por asedio.
Pues una vez cercados,
el número de gentes y soldados
más presto facilita sus castigos,
pues ellos mismos son sus enemigos,
cuando con tales modos,
sin pelear ninguno, comen todos.
IRÁN: En todo, ilustre Anteo,
tu voto he de seguir. Pero ¿qué veo?
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu