This file was last updated on May 26, 1998.
JORNADA TERCERA
Salen por un lado FRISO y por otro LICAS FRISO: Bien va sucediendo todo. No hay en la corte quien haya entrado en malicia alguna de entender que Ninias falta. No en vano Naturaleza dejó una vez de ser varia para gran fin; que, en fin, es aun en los errores sabia. LICAS: Extrañóse el rey anoche conmigo, porque tirana Semíramis le avisó de no sé qué que no alcanza mi discurso, siendo Friso tercero de mi desgracia. Lo que le dijo no sé, porque aun de mí lo recata. ¿Qué será? FRISO: Oh Licas! LICAS: ¡Oh Friso! Quejoso estoy de que haya en ti para mí secreto, y más de tanta importancia. ¿Qué dijiste al rey anoche cuando entraste por la cuadra de Semíramis? Que temo que, de mí quejosa, traza descomponerme con él, según dijo su mudanza. FRISO: Los secretos de los reyes, Licas, tienen fuerza tanta, que el silencio los ignora, con ser él el que los guarda. Un secreto me fió Semíramis que llevara. Ya se me olvidó cuál era. Lo más que la confïanza puede permitir que diga, es decir que una palabra sola de ti no la dije, y esto que te digo basta. LICAS: Que se lo digas o no, poco, Friso, me acobarda, porque como yo obre bien, lo demás no importa nada. FRISO: Muchos obran bien, y son sus fortunas desdichadas. LICAS: La desgracia nunca es culpa. FRISO: Sí, pero siempre es desgracia. VOCES: ¡Plaza, plaza! Dentro LICAS: Ya el rey sale dando audiencia. VOCES: ¡Plaza, plaza! DentroSalen con memoriales un SOLDADO, CHATO, y otros, y luego SEMÍRAMIS, y detrás LISÍAS, y llegan hincando la rodilla SEMÍRAMIS: (Mil gracias te doy, oh bella Aparte deidad, protectora mía, al ver cuánto en este día has mejorado mi estrella. Una y mil veces por ella mi vida a tu culto ofrezco; que pues que por ti merezco ver que aplauso tan altivo segunda vez le recibo, segunda vez le agradezco. Los que contra mí siguieron ayer el bando, son hoy los mismos de quien estoy idolatrada. Pues fueron tales mis dichas, que vieron estos aplausos, mudar con industria singular todos los puestos espero; que si no hago lo que quiero, ¿de qué me sirve reinar? UNO: Señor, un pobre soldado... SEMÍRAMIS: El memorial. Esto basta. OTRO: Crïado fui, señor, de Nino, a quien serví edades largas. SEMÍRAMIS: Está bien. OTRO: Ante vos pido justicia de quien me agravia. SEMÍRAMIS: Yo lo haré ver. (¡Cuánto, cielos, Aparte esta vanidad me agrada! ¡Oh, qué gran gusto es mirar tantas gentes a mis plantas! ) SOLDADO: Señor, vuestra majestad me hizo merced que gozara en tributos de Ascalón un sueldo por mis hazañas; Lisías, que está presente, en el despacho repara. SEMÍRAMIS: ¿Por qué, Lisías? LISÍAS: Señor. ¿ya no te dije la causa? SEMÍRAMIS: Sí; mas no me acuerdo bien, como acudo a cosas tantas. SOLDADO: Yo, señor, la diré. El día que por Babilonia entrabas, tu nombre aclamé el primero, repitiendo en voces altas: "¡Viva Ninias, nuestro rey!," y tomé por ti las armas. Por eso merced me hiciste. LISÍAS: Y yo, que no se la hagas estorbo a hombre sedicioso, y que pudo allí ser causa de perderse toda Siria, a no haber con tal constancia tomado tan grande acuerdo, como vivir retirada Semíramis. SEMÍRAMIS: ¿Tú, en fin, fuiste el primero que me aclama? SOLDADO: Sí, señor, y yo libré de la injusta, la tirana sujeción en que tenía Semíramis nuestra patria. SEMÍRAMIS: ¿Todo esto te debo? SOLDADO: Y diera por ti la vida. SEMÍRAMIS: ¡Qué rara lealtad! ¡Hola! TODOS: ¿Señor? SOLDADO: (Hoy Aparte grandes venturas me aguardan.) SEMÍRAMIS: Ese soldado llevad, y de la almena más alta le colgad, para escarmiento de cuantos en Siria hagan sediciones y alborotos. SOLDADO: Pues ayer, ¿no me premiabas? SEMÍRAMIS: Ayer premié, y hoy castigo; que si ayer una ignorancia hice, hoy no la he de hacer, diciendo una acción tan rara, que de lo que errare hoy, sabré enmendarme mañana. Llevadle. LISÍAS: Señor, advierte que de un extremo a otro pasas. SEMÍRAMIS: ¿Cómo he de obrar si a ti el premio ni el castigo no te agrada? LISÍAS: Con el medio. SEMÍRAMIS: Nunca fue capaz de medio esta instancia. 0 obró mal o bien; si obró bien ¿por qué el premio embarazas? Y si mal, ¿por qué el castigo? Y, en fin, atiende y repara que las públicas acciones del vulgo debe premiarlas o castigarlas el Rey; que en sólo ellas no hay templanza. LISÍAS: No conozco tus discursos. SEMÍRAMIS: Neciamente los extrañas; que ya no soy el que fuí; que el reinar da nueva alma. Y así, si piensas que soy quien piensas, Lisías, te engañas; porque ya no soy quien piensas, sino otra deidad más alta. LISÍAS: En todo te desconozco. FRISO: Bien claro ha dicho la causa. CHATO: (Muy bien despachado va; Aparte no le arriendo la ganancia. A mi libranza me atengo, merecida por mis canas.) Y mis canas a barrer me da, gran señor, tus plantas, puesto que barre y no besa quien tiene escoba por barba. SEMÍRAMIS: Chato, pues ¿cómo has dejado de ser de Lidoro guarda? CHATO: ¡Bueno es eso! Si tú mismo de la cadena le sacas, ¿cómo por él me preguntas? SEMÍRAMIS: Dices bien, no me acordaba. (En todo cuanto dejé Aparte yo dispuesto, hallo mudanza.) ¿Qué quieres? CHATO: Que me confirmes y firmes esta libranza. SEMÍRAMIS: ¿Qué libranza es ésta? CHATO: ¿Todo se te olvida? SEMÍRAMIS: ¿Qué te espanta? Tengo mucho que cuidar. CHATO: Pues yo te traeré mañana un poco de anacardina. Y ahora, ésta es la que mandas que cien escudos de renta se me sitúen, a causa del tiempo que como un perro a la reina serví en tantas fortunas; pues la serví siendo monstruo en las montañas, siendo dama en Ascalón, siendo en las selvas villana, siendo en palacio señora, y reina en Nínive. ¡Ah, cuánta mala condición sufrí en todas estas andanzas! SEMÍRAMIS: ¿No es mala? CHATO: Mucho. SEMÍRAMIS: Ya sé que esto te ofrecí. CHATO: A Dios gracias. SEMÍRAMIS: Pero de aquesta manera la firmo. CHATO: ¿Por qué la rasgas? SEMÍRAMIS: Por que estas mercedes son de los soldados que hayan servido en la guerra, no de los juglares que andan en los palacios medrando, hecho caudal la ignorancia. Toma.Dale con los papeles CHATO: ¿Así, cielos, se ofende a la nieve de estas canas? Para ver estos oprobios, caduca vejez cansada, ¿duraste tanto? Llorad, ojos, regando las blancas hebras que de lienzo sirven en los ojos, de mortaja en el pecho. ¡Oh rey lampiño! Como no entiendes de barbas, no las honras. A mis días no llegarás. SEMÍRAMIS: Calla, calla, villano, y esa malicia no se irá sin castigarla. Llevadle de aquí, y atadle a él, como Lidoro estaba. CHATO: Oigan. Pues ¿qué más hiciera Semíramis, si reinara? ¿Por qué me han de atar? SEMÍRAMIS: Por loco. CHATO: Pues si tú mismo me mandas que le suelte... SEMÍRAMIS: No hice tal. CHATO: Testigos hay en la sala de que miente vuestra alteza, aunque no me dé libranza.Llévanle los soldados LISÍAS: Todo eres rigores hoy. SEMÍRAMIS: No te admires, que aún te falta mucho que ver. Friso, ¿cómo en llegar a hablarme tardas? FRISO: Como ocupado, señor, en los despachos estabas. SEMÍRAMIS: Para ti, ¿qué ocupación puede haber? FRISO: ¿Cómo te hallas?SEMÍRAMIS y FRISO hablan aparte SEMÍRAMIS: Muy bien: que en efeto estoy servida y idolatrada de los mismos que quisieron verse sin mí. Sólo falta a mis grandezas el gusto de hacerte merced. FRISO: Tus plantas beso mil veces. SEMÍRAMIS: ¿Qué quieres? Pide. FRISO: Si de ti llegara a merecer una dicha, ella sola fuera paga de mis deseos. SEMÍRAMIS: ¿Qué es? Dilo. ¿De qué te acobardas? FRISO: Astrea, hija de Lísias, es la deidad que idolatra mi pecho. SEMÍRAMIS: Ya te he entendido, y presto verás con cuántas veras trato con Lisías que el desposorio se haga, y a ella misma la diré que es mi gusto. FRISO: Edades largas vivas.LICAS y LISÍAS hablan aparte LICAS: De aquestos secretos nacen mis desconfïanzas. LISÍAS: Y las mías; que no sé qué áspid entre los dos anda. SEMÍRAMIS: ¿Hablaba Licas contigo? FRISO: Sí, señora. SEMÍRAMIS: ¿De qué hablabais? FRISO: De temores y recelos, que el ver tu ceño le causa. SEMÍRAMIS: Hace muy bien en temer; que ninguno mi venganza primero examinará, supuesto que su ignorancia jamás entenderme supo. (¡Oh injusta, oh vana, oh tirana Aparte oh tirana pasión! Todavía estás en lo secreto del alma; pero yo te venceré con silencio.) LICAS: (Entre sí habla, Aparte mirándome, el rey.) SEMÍRAMIS: (Memoria, Aparte nada me acuerdes.) LICAS: (¡Mal haya Aparte quien quiere vivir atento al semblante de otra cara, veleta del corazón, sujeta a cualquier mudanza!) FRISO: ¿Diviértente otros empeños? SEMÍRAMIS: (De cuanto hoy he visto, nada Aparte mayor cuidado me ha dado que ver que Lidoro salga de su prisión. ¿Cómo, cielos, en esto hablaré, sin que haga novedad para informarme? Mas ¿qué me turba ni espanta? Las generales preguntas ni se advierten ni reparan.) Lisías, ¿qué hay de Lidoro? LISÍAS: Que como tú, señor, mandas, está en palacio, debajo del homenaje y palabra que te dio. SEMÍRAMIS: Ya yo sé eso; lo que pregunto es ¿qué trata? LISÍAS: Ha sabido cómo Irán, su hijo, a Babilonia marcha a ponerle en libertad, y al fin para hablarte aguarda la audiencia que le ofreciste. SEMÍRAMIS: Pues al instante le llama; que quiero saber qué intenta. LISÍAS: Sí haré, mas antes que vaya, una advertencia, señor, quisiera que me escucharas; que esta licencia me dan hoy mi edad y tu crïanza. SEMÍRAMIS: Di. LICAS: (¡Que no hable el rey conmigo Aparte ni una tan sola palabra!) LISÍAS: Señor, Lidoro está preso, y en Babilonia que haya es fuerza algún confidente que avisos le lleve y traiga. No sienta flaqueza en ti, sino con valor le habla, para que entre temoroso el ejército que aguarda. SEMÍRAMIS: Yo te agradezco el aviso, y verás, Lísias, con cuánta diferencia le hablo. Ve por él. LISÍAS: Aquí fuera estaba.Vase LISÍAS SEMÍRAMIS: ¿Hay cosa como decirme de Lisías la ignorancia a mí que muestre valor, Friso? FRISO: Ignora con quién habla. LICAS: (Pues por más que el Rey esté Aparte conmigo airado, la extraña aprensión de su temor hará que las paces haga, pues necesita de mí en esta guerra que aguarda.)Salen LISÍAS y LIDORO
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu