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LICAS: Calla, calla. No pronuncies,
Friso, razón tan ajena
a tu obligación, tu sangre,
tu valor y tu nobleza.
Ninias es Rey natural
de Siria, y a su obediencia
has de estar más fino cuanto
más quejoso.
FRISO: Eso se cuenta
de muchas maneras, Licas.
LICAS: La pasión, Friso, te ciega;
y no quiero que te arrojes,
irritada la paciencia
con la oposición, a que
a decirlo otra vez vuelvas.
Tu hermano soy y tu amigo.
Alma, honor, vida y hacienda,
todo es tuyo; mientras yo
felice soy, no te tengas
por infelice, pues tú
aún más que yo en mí gobiernas.
Esto ha de entenderse en cuanto
como quien naces procedas;
que si tropiezan tus pies
donde desbarre tu lengua,
ni tu hermano ni tu amígo
seré; porque considera
que también es esta espada
rayo que nada reserva,
y podrá ser que se manche
tal vez en tu sangre mesma.
Vase LICAS
FRISO: Quien no teme a la Fortuna
sus iras, ¿quieres que tema
tus amenazas? Pues yo,
aunque ruinas me prevengas,
he de buscar ocasiones
en que toda Siria vea
que sé vengar mis agravios
y sé sentir mis ofensas.
Batria, ¿rebelada siempre
no está? Pasaréme a ella,
y como ladrón de casa
haré a Babilonia guerra,
que hoy no hay defensa,
pues hoy Semíramis no gobierna.
Por ella y por mí las armas
he de tomar, porque vea
un joven rey que vasallos
como yo no se desprecian.
La fama a voces dirá,
llena de plumas y lenguas,
cuando la pregunte el viento,
quién quitó de la cabeza
el laurel a Ninias.
FLORA se asoma en lo alto
FLORA: Friso.
FRISO: ¿Qué escucho? ¿Tan presto empieza
ya la fama a publicarle,
que aun no aguarda a que suceda?
FLORA: Friso.
FRISO: Mi nombre otra vez
escuché. ¿Si de mi idea
fue ilusión? Nadie se mira.
FLORA: Hacia aquesta parte llega.
FRISO: De aquel cuarto de las damas
una ventana entreabierta
está, y de allí me han llamado.
Oh tú, quienquiera que seas,
¿qué me mandas?
FLORA: ¿Estáis solo?
FRISO: Sí, que nadie hay que hacer
quiera compañía a un desvalido.
Échale un papel
FLORA: Pues tomad, y la respuesta sea
hacer lo que se os manda,
sin que ninguno lo entienda;
que os va el honor y la vida.
Vase FLORA
FRISO: ¿Quién vio enigma como ésta?
Una mano solamente
vi, que rompió de la reja
la clausura para darme
este papel. Cúyo sea
no sé, porque es en amor
tan desdichada mi estrella
como en las demás fortunas;
o si no, dígalo Astrea,
a quien, tan aborrecido,
he adorado. Fácil nema,
a quien dio tantos secretos
nuestra confïanza necia,
pues se fía de unas guardas
tan fáciles de romperlas,
di, ¿cúyo eres? No trae firma,
y dice de esta manera:
Lee
"Una mujer afligida,
que poco a su estrella debe,
de vos a fïar se atreve
fama, ser, honor y vida.
Y pues se fía de vos,
venid a verla; que abierta
del jardín tendréis la puerta
esta noche. Guárdeos Dios."
¿Qué he de hacer en el empeño
de una confusión tan nueva?
Mas ¿qué pregunto? La duda,
¿no es de mi valor ofensa?
¿Cómo me puedo excusar
de la obligación y deuda
en que una mujer me pone,
diciendo que a mi nobleza
ser, honor y vida fía?
Y así, esta noche iré a verla;
que, aunque no sepa quién es,
que es mujer basta que sepa,
y que se ampara de mí,
para que arriesgue por ella
también ser, honor y vida,
ya que la Naturaleza
les dio tales privilegios
sobre las acciones nuestras;
que aun primero que al amarlas,
nos obliga a obedecerlas.
Vase FRISO. Salen por una parte LIBIA y ASTREA y
por otra NINIAS, solo
ASTREA: Ya que la reina, ¡ay de mí!,
dejarse ver no ha querido
del rey, y que él despedido
vuelve a pasar por aquí,
aquí, Libia, has de quedarte,
mientras yo a su majestad
llego a hablar.
LIBIA: De mi amistad
sabes que puedes fïarte.
ASTREA: Avisa si alguien viniere;
que no quiero que me vea
nadie con él.
NINIAS: Bella Astrea.
ASTREA: Más felicidad no espere
quien ha merecido aquí
llegar tu mano a besar.
NINIAS: Libia escucha. ¿Podré hablar
delante de Libia?
ASTREA: Sí.
NINIAS: Pues antes, divina Astrea,
que yo entrase aquí, sabía
que Semíramis no había
de permitir que la vea;
pero quise con aquella
ocasión entrar aquí
por verte, mi bien, a ti,
más que por hablarla a ella.
Pero ¿qué es esto? En el día
que a ser más dichoso empieza,
¿son muestras de tu tristeza
parabién de mi alegría?
¿Tú lágrimas al mirar
mis felicidades?
ASTREA: Sí;
que haber lágrimas oí
de placer y de pesar;
y en mí lo he llegado a ver
todo, pues cuando te adoro
como rey y amante, lloro
de pesar y de placer.
De placer, señor, por verte
dueño del mayor trofeo;
de pesar, porque me veo
indigna de merecerte.
Y así, entre gustos y enojos,
doy a lisonjas y agravios
el parabién con los labios
y el pésame con los ojos.
NINIAS: ¿Pudiste nunca ignorar
que era príncipe heredero
de Siria?
ASTREA: No, y a eso quiero
que responda un ejemplar.
Ninguno ignora, señor,
que su amigo o que su hermano
es mortal: aquesto es llano;
pero ninguno el rigor
de serlo llega a sentir
tan anticipadamente,
que dé a entender que lo siente,
hasta que le ve morir;
porque, en fin, hasta aquel día
no le pierde. Así, aunque no
ignoré, gran señor, yo
que mi Rey eras, no hacía
tan anticipado acuerdo
como el que ahora haciendo estoy;
que si hoy llega el caso, hoy
es el día que te pierdo.
NINIAS: Aunque es verdad que en la calma
del morir se ve perdida
la acción de aquello que es vida,
no el ser de aquello que es alma.
Alma en mí ha sido mi amor.
Luego no la habrá mudado
el haberse hoy elevado
a esfera más superior.
Y así, pues hoy llego a verme
tan rendido, no llegó
de llorarme el día, pues no
llegó el día de perderme.
No llores, mi bien, mi cielo.
Mira qué pesar me das.
ASTREA: ¡Qué tarde, señor, podrás
mejorar mi desconsuelo,
no siendo tan necia yo,
que no conozca, ¡ay de mí!
que este día te perdí!
NINIAS: ¿Porqué, Astrea?
ASTREA: Porque no
pueden dos desigualdades
tales tener proporción.
NINIAS: Amor es dios, y no son
distintas dificultades
la de una ilustre vasalla
y de un rey enamorado.
Y cree de mi cuidado
que, si cobarde se halla
en declararse, es porque
no airada mi voluntad
novedad a novedad;
yo, mi bien, me casaré.
Déjame entablar primero
en el reino; que no ignoro
de la fe con que te adoro,
la verdad con que te quiero,
Astrea; y cuán tuyo soy,
sepa después tu amoroso
pecho, pues de ser tu esposo
mano y palabra te doy.
ASTREA: Y yo a tus plantas rendida,
por amor y por respeto,
una y mil veces la aceto
con el alma y con la vida.
Arrodillase ATREA y él la alza
NINIAS: ¿Qué haces?
ASTREA: Este lugar tienen
por centro las glorias mías.
LIBIA: Licas, señor, y Lisías
entrando a esta sala vienen.
ASTREA: Pues que yo me ausente es bien,
por desvelar su sospecha.
NINIAS: Vete, que yo la deshecha
haré con Libia también,
dando a entender que ella fue
con quien hablaba yo aquí.
Vase ASTREA
LIBIA: Pues ¿no basta que de mí
te sirvas, señor, en que
te avise, sino querer
que padezca agora yo
malicias de lo que no
he llegado a merecer?
NINIAS: Esto importa, y no te has de ir.
LIBIA Suéltame, señor, la mano.
Advierte...
NINIAS: Porfías en vano.
Salen LICAS y LISÍAS
LICAS: (¿Esto es mirar o morir?) Aparte
LISÍAS: Señor.
LICAS: (¡Qué extraños recelos!) Aparte
NINIAS: ¿Qué queréis?
LISÍAS: Licas y yo
venimos...
LICAS: (¿Quién jamás vio Aparte
tan cara a cara sus celos?)
LISÍAS: ...buscándote, porque ha habido
una grande novedad.
NINIAS: El ingenio y la beldad
de Libia aquí divertido
me tenía ahora en contarme
la tristeza con que está
Semíramis, tal que ya
aun a mí no quiere hablarme.
Decidme vos, ¿cuál ha sido
esa novedad?
LISÍAS: Señor,
Licas la dirá mejor,
que es quien la carta ha tenido.
LICAS: De Lidia un propio ha llegado,
e Irán, señor, me previene,
de Lidoro hijo, que viene
con grande ejército armado
a ponerle en libertad,
cuya multitud extraña
la más desierta campaña
vuelve poblada ciudad.
NINIAS: ¿Qué haremos para que haya
medio en tan grandes extremos?
¿No será bien que le demos
libertad, y que se vaya?
LISÍAS: En ningún tiempo, señor,
te importa tenerle preso
más que agora. A tanto exceso
la seguridad mayor
la vida suya ha de ser.
NINIAS: Dices bien, mas yo quisiera
que guerra en Siria no hubiera.
LISÍAS: Pues no lo des a entender;
que aunque el natural temor
en todos obra igualmente,
no mostrarle es ser valiente,
y esto es lo que hace el valor.
NINIAS: Venid conmigo los dos;
que los dos habéis de ser
los que habéis de disponer
el suceso. Libia, adiós.
Vanse NINIAS y LISÍAS
LICAS: Aunque el rey me espere, hablar
tengo; que celos que nacen
bastardos hijos del mar,
son tan vanos que se hacen
en cualquier parte lugar.
LIBIA Pues antes que me hables, deja
que responda a la intención
con que tu labio se queja,
porque la satisfacción
salga al camino a la queja.
LICAS: ¿Qué satisfacción, si ha sido
la queja de calidad
tal, que no la ha permitido?
Supuesto que divertido
de tu ingenio y tu beldad
el rey estaba, y yo vi
que tu hermosa mano aquí
fue tiranamente aleve,
para él áspid de nieve
y de fuego para mí.
LIBIA: La razón de tus enojos
no te la puedo negar;
mas los celos traen anteojos
de aumento con que engañar
a la ambición de los ojos.
LICAS: ¿Puede ser que engaño sea
lo que vi?
LIBIA: ¿No puede ser?
LICAS: No, ni que yo te lo crea.
LIBIA: Pues si no lo has de creer,
no te diré...
LICAS: ¿Qué?
LIBIA: ...que Astrea
es a la que el Rey amó,
que hablaba con él aquí;
que como a su padre vio
venir, se retiró, y yo
deshecha de su amor fui.
Viendo, pues, que tú venías
también, señor, con Lisías,
quise irme; pero en vano,
porque fue del rey la mano
rémora a las plantas mías.
Ésta es la verdad; si en nada
satisface mi beldad,
eso mismo te persuada...
LICAS: ¿A qué, Libia?
LIBIA: ...a que es verdad,
supuesto que es desdichada.
LICAS: Libia, ni verdad la creo,
ni desdichada la dudo;
mas sólo saber deseo
si lo que escuché, ser pudo
más cierto que lo que veo.
Aquello vi, esto escuché:
luego licencia tendré
de apelar a la experiencia.
LIBIA: Yo te doy esa licencia.
LICAS: No, no, yo la tomaré.
Lince ya de mis pasiones,
las palabras, las acciones
del Rey es bien que yo vea,
y en sabiendo que es Astrea
dueño de sus atenciones,
cesará aquesta vioencia.
A ellos es razón que acuda;
que una celosa violencia
tarde de costumbres muda,
y sufrirá la evidencia.
LIBIA: Yo me holgaré de que sea
crisol el amor de Astrea,
que examine esta verdad.
LICAS: ¡Con cuánta facilidad
hará que yo se lo crea!
LIBIA: ¿Por qué?
LICAS: Porque estriba en ella
mi vida; porque se halla
mi felicidad en vella;
y porque voy a buscalla
con ánimo de creerla.
Vanse. Salen FLORA y FRISO
FLORA: Pisa con silencio.
FRISO: Apenas
darán, entre sombras tantas,
mudas serías de mis plantas
las flores ni las arenas
de aquellos jardines; pues
bandos distantes se han hecho,
todo el valor en el pecho,
todo el temor en los pies.
FLORA: No me pierdas, ven tras mí.
FRISO: Desde que al jardín llegué,
desde que en su esfera entré,
y desde que te seguí,
grande espacio hemos andado,
y no sufre el corazón
padecer la dilación
de tan penoso cuidado
un instante más; porque
ya es un siglo cada instante.
No, pues, dos veces amante
quieras, señora, que esté.
Dime si eres quien mandó
que a verte viniese aquí,
y el papel me arrojó.
FLORA: Sí.
FRISO: ¿Y eres quién me llama?
FLORA: No.
FRISO: Pues no me dilates más
el declararme quién fue.
FLORA: Quédate aquí solo; que
presto, Friso, lo verás.
Vase FLORA
FRISO: Confusa, pálida sombra,
del pasmo, el susto, el pavor,
madre infeliz, cuyo horror
atemoriza y asombra,
dime, ¿dónde me ha traído
mi loca temeridad?
Y a tu atezada deidad,
diosa del sueño y olvido,
un templo fabricaré,
de triste ciprés compuesto
de negro jaspe funesto,
el altar, y en él pondré
de negro azabache una
imagen tuya, tan bella,
que trémulamente de ella
sea lámpara la luna,
en cuyas aras presumo
que arda, por más pompa y fausto,
sin llamas el holocausto,
por no dejar de hacer humo.
Dime, pues, dándome indicio
de que piadosa te ofreces,
y de que el voto agradeces,
mientras llega el sacrificio,
¿dónde estoy? ¿Quién me llamó?
¿Y quién esta mujer fue?
Sale Semíramis vestida de luto, con un velo
en el rostro, y trae una luz
SEMÍRAMIS: Yo, Friso, te lo diré.
FRISO: Pues decidme, ¿quién fue?
SEMÍRAMIS: Yo.
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