This file was last updated on May 24, 1998.
Personas que hablan en ella:
JORNADA PRIMERA
Salen MÚSICOS y SOLDADOS. Suenan cajas y trompetas y salen ASTREA con un espejo, LIBIA con una fuente, y en ella una espada; FLORA con otra y en ella un sombrero; todos los músicos descubiertos; detrás de todos, SEMÍRAMIS, vestida de luto, suelto el cabello, como vis- tiéndose, y todas las mujeres sirviéndola SEMÍRAMIS: En tanto que Lidoro, Rey de Lidia, áspid humano de mortal envidia, viendo que yo, por muerte de Nino, el reino rijo, osado y fuerte, opuesto a mis hazañas, de Babilonia infesta las campañas; Babilonia eminente, ciudad que en las cervices del Oriente yo fundé, a competencia de Nínive imperial, cuya eminencia tanto a los cielos sube, que fábrica empezando, acaba nube; en tanto, pues, que ufano, altivo y loco mi valor y sus muros tiene en poco, porque vea su ejército supremo que su venida bárbara no temo, cantad vosotros, y a las roncas voces de cajas y trompetas que veloces embarazan los vientos, repetidos respondan los acentos; que aquéllos quellorosamente graves, y lísonjeramente éstos süaves, que me hablen es justo; aquéllos al valor, y éstos al gusto. Las almohadas llegad, idme quitando estas trenzas, irélas yo peinando.Siéntase a tocar, sirviéndola todas con la mayor ostentación que se pueda MÚSICOS: "La gran Semíramis bella, que es, por valiente y hermosa, el prodigio de los tiempos y el monstruo de las historias. en tanto que el Rey de Lidia sitio pone a Babilonia, a sus trompetas y cajas quiere que voces respondan; y confusas las unas y las otras, éstas suaves, cuando aquéllas roncas, varias cláusulas hacen la cítara de amor, clarín de Marte."Toca un clarín y sale Friso por una parte y por otra LICAS LICAS: Esta trompeta que animada suena, en golfos de aire militar sirena... FRISO: Este clarín que canta lisonjero, en jardines de pluma acude acero... LICAS: De paz haciendo salva, solicita que hoy a un embajador se le permita de Lidoro llegar a tu presencia. FRISO: Y para prevenir esta licencia, cubierto el rostro, viene. No sé el embozo qué misterio tiene. SEMÍRAMIS: Decid que entre al instante; que aunque me esté tocando, mi arrogante condición no da espera a que me aguarde quien hablarme quiera; y más siendo enemigo. Paréntesis haced vosotras, digo, la acción un breve rato; que no es ceremonioso mi recato.Entra LIDORO con banda en el rostro, y quítasela al hacer reverencia LIDORO: Hasta llegar a verte, cubierto tuve el rostro de esta suerte, por no desmerecer en tanto abismo, oh gran reina de Siria, por mí mismo, lo que a merecer llego como mi embajador. SEMÍRAMIS: Y no lo niego; pues si supiera que eras tú de ti embajador, de mí no fueras dentro de mis palacios admitido; pero ya que has venido, tratarte en todo intento como a tu embajador. Dadle un asiento en taburete raso y apartado, sin que toque en la alfombra de mi estrado. Di agora lo que intenta, embajador, el rey. LIDORO: Escucha atenta.Ya te acuerdas, reina invicta del Oriente, a cuyos hechos, para haberlos de escribir, coronista tuyo el tiempo, da pocas plumas la fama, poca tinta los sangrientos raudales de tus victorias, y poco papel el viento, ya te acuerdas de que yo, disfrazado y encubierto, por la hermosura de Irene, beldad que hoy muerta venero, deidad que ausente idolatro, y uno y otro reverencio, serví a Nino, esposo tuyo, que hoy, de la prisión del cuerpo su espíritu desatado, reina en más ilustre imperio. Y ya te acuerdas, en fin, de que a esta ocasión vinieron nuevas del reino de Lidia, mi feliz patria, diciendo que Estorbato, rey de Batria, tomando por mí el pretexto de la guerra, pretendía restituirme a mi reino y que yo le acompañaba; porque para dar por cierto el vulgo lo que imagina, basta pensarlo, sin verlo. Nino, embarazado entonces en otros divertimientos, hallándose bien servido de mí en la paz, y queriendo servirse de mí en la guerra, de general me dio el puesto, para el socorro de Lidia. ¿Quién creerá que a un mismo tiempo Arsidas contra Lidoro se viese nombrado, y siendo Lidoro y Arsidas yo, en dos contrarios opuestos, allí rey y aquí vasallo, marchase contra mí mesmo? A otro día, pues, que Nino reina te juró --no quiero acordarte de aquel día los admirables portentos, pues el cielo que los hizo sólo sabrá inferir de ellos si fueron de tu reinado o vaticinios o agüeros; y aun Menón también pudiera decirlo, siendo el primero que examinó tus rigores; pues vivió abatido y ciego, hasta que desesperado, o con rabia o con despecho, al Eufrates le pidió su rápido monumento. A otro día, pues, que Nino reina te juró --aquí vuelvo--, salí de Nínive yo, marchando a los palmirenos campos, que, cuna del sol, me alojaron en su centro. Aquí, cuando los de Lidia tremolar al aire vieron de Nino los estandartes, cobraron ánimo nuevo, como temor los de Batria; pero después que supieron que era yo quien los regía, se trocaron los afectos, creyendo todos que fuera, la parcialidad siguiendo, traidor a la confïanza que Nino de mi había hecho. Yo, pues, más que a mi interés, a mi obligación atento, de lo neutral de la duda me desempeñé bien presto; porque llegando Estorbato a verse conmigo en medio de los dos campos, así le dije, "De parte vengo de Nino; esta gente es suya; la confïanza que ha hecho de mí, engañado de mí, satisfacérsela tengo; que yo soy antes que yo, y no monta estado y reino más que mi honor." Quiso entonces convencerme con pretextos de que cobrar yo mi patria no era traición; y, en efecto, desavenidos los dos, él osado y yo resuelto, la batalla prevenimos, en cuyos duros encuentros llevé lo mejor; que como jugaba entonces mi aliento por otro, gané; que, en fin, tahur desdichado, es cierto que los restos gana cuando no gana en los restos. Volvióse a Batria Estorbato, desbaratado y deshecho, y yo, en el nombre de Nino, a Lidia aseguré, haciendo que solamente se oyese, "¡Viva Nino, que es rey nuestro!" Llegaron entrambas nuevas a sus oídos, y viendo de confïanza y valor en mí dos vivos ejemplos, admirado y obligado de mi lealtad y mi afecto, uno y otro me pagó con Irene, conociendo que tantas nobles finezas no se premiaran con menos. Dióme con Irene a Lidia, mi misma patria, advirtiendo que había de reconocerle feudatario de su imperio. En esta tranquilidad gozoso viví y contento, hasta que se subió a ser astro añadido del cielo, dejando en prendas de humana a Irán, hijo suyo bello, retrato de Amor, con quien sus soledades divierto. En este intermedio quiso el gran Júpiter supremo que súbitamente Nino también muriese. No puedo excusar aquí el seguir --perdóname si te ofendo-- la voz común, que en su muerte cómplice te hace, diciendo que al verte con sucesión que asegurase el derecho de sus estados, pues Ninias joven, hijo del rey muerto, afianzaba la corona en tus sienes, tu soberbio espíritu levantó máquinas sobre los vientos, hasta verte reina sola; fácil es de ti el creerlo. Esta opinión asegura el ver que hiciste, primero que él muriese, que te diese por seis días el gobierno de sus reinos, en los cuales, a los alcaides que fueron de Nino hechuras, quitaste las plazas fuertes, poniendo hechuras tuyas; y así en todos los demás puestos. Siguióse a esto hallar a Nino una mañana en su lecho, sin que antes le precediese crítico accidente, muerto. Y aun no falta alguien que diga que, en lo cárdeno del pecho lo hinchado del corazón, son indicios verdaderos de que del difunto rey fuese homicida un veneno, tan traidoramente osado, tan osadamente fiero, que, imagen ya de la muerte, hizo dos veces al sueño. También de tu tiranía es no menor argumento el ver que, teniendo un hijo de esta corona heredero, y tan digno por sus partes de ser amado --que el cielo le dio lo mejor de ti, pues te parece en extremo, sin nada de lo que es alma, en todo de lo que es cuerpo; pues, según dicen, la docta Naturaleza un bosquejo hizo tuyo, en rostro, en voz, talle y acciones--, y siendo hijo tuyo y tu retrato, le crías con tal despego, que de Nínive en la fuerza, sin el decoro y respeto debido a quien es, le tienes, donde de corona y cetro tiranamente le usurpas la majestad y el gobierno. De todos aquestos cargos, como hermano del rey muerto, pues fui de su hermana esposo, de quien hoy sucesión tengo, que a aquesta corona aspire, a residenciarse vengo; porque si es así que tú diste muerte, y yo lo pruebo, a Nino, tú, ni tu sangre, habéis de heredarle, y entro, como pariente mayor yo, en el perdido derecho de los dos; y como, en fin, de los reyes en los pleitos es tribunal la campaña, jurisconsulto el acero y la fortuna el jüez, con armas, hüestes vengo de ejércitos numerosos, que, inundando los amenos campos hoy de Babilonia, pongan a sus muros cerco. Porque no ignores la causa que para esta guerra tengo, como mi embajador quise hacerte este manifiesto; y así, en tanto que estos cargos se te articulan y de ellos no te absuelves, te has de dar a prisión, o yo cumpliendo, con haberlos intimado, podré, sin calumnia o riesgo de tirano, publicar el asalto a sangre y fuego, para que el cielo y la tierra vean cuánto soy tu opuesto; pues tú, como fiera ingrata, quitas la vida a tu dueño; y yo, como can leal, le sirvo después de muerto.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu