This file was last updated on May 24, 1998.

   
SEMÍRAMIS:     Pasos oigo y voces.  Dadme 
               una luz.  Salir intente.
               ¿Quién aquí?  ¿Menón, qué es esto?
MENÓN:         Venir yo a buscar mi muerte;
               y haberla hallado, que es harto, 
               siendo infelice.
NINO:                           ¿Tú eres,
               traidor?  Mas ¿quién sino tú
               fuera traidor tantas veces?
MENÓN:         Sí; pero traición de amor, 
               traición que honra más que ofende.
NINO:          ¿No te mandé que salieras 
               de Nínive?
MENÓN:                     Obedecerte
               quise.  Salí; mas no hallé
               otro refugio sino éste.
NINO:          ¿Por dónde entraste?
MENÓN:                              No sé.
NINO:          Aunque es tu honor, darte muerte
               yo, traidor, muere a mis manos.
SEMÍRAMIS:     No le mates, señor, tente.
MENÓN:         Suspende la ira, si es que 
               celos del ruego no tienes.
NINO:          No; que son mis celos nobles, 
               y rogados se suspenden; 
               que si el vengarme interés 
               es mío, cuando eso fuere, 
               es interés del respeto 
               de Semíramis el verse 
               obedecida; y así, 
               entre los dos intereses, 
               quiero ser rebelde al mío 
               por ser al suyo obediente.
               La vida te doy; levanta, 
               pues Semíramis lo quiere.
SEMÍRAMIS:     Yo lo estimo, por pagarle,
               señor, y porque me deje, 
               viéndose ya en paz conmigo; 
               que si una vida le debe 
               mi ser, dándole otra vida, 
               ya ningún derecho tiene 
               contra mí; y así, Menón, 
               pues en paz estamos, vete, 
               y déjame que yo logre 
               de mi destino la suerte.
NINO:          Eso no; que es una cosa
               que a darle la vida llegue, 
               y otra que no llegue a darle 
               castigo; y así se medie; 
               que viva, pues tú lo mandas, 
               pero en prisión, pues me ofende.  
               La escuadra que está de guarda 
               en este cuarto de Irene, 
               di, Silvia, que mando yo 
               que hasta estos jardines entre.

SILVIA pone la luz en un lado y se va
MENÓN: Si me prendes, no me das vida, sino civil muerte. SEMÍRAMIS: Tenga, señor, libertad, siquiera por intereses de la vida que me dio. NINO: Ya está libre. ¿Qué más quieres? Y aun más he de hacer por ti. Si otra vez volviere a verte en su vida, le perdono, para que nunca te quede que pedirme más por él.
Salen los SOLDADOS con hachas
SOLDADO: ¿Qué me mandas? SEMÍRAMIS: Piadoso eres. NINO: Ya, que saquéis a Menón de palacio solamente, y con vida y libertad le dejad donde él quisiere. Pero mirad; de vos fío...
Habla aparte el rey NINO con el SOLDADO
MENÓN: ¡Oh fiera, lo que me debes! SEMÍRAMIS: ¿Te ha dejado libre? MENÓN: Sí. SEMÍRAMIS: (¡Cuánto un acreedor ofende!) Aparte NINO: ¿Habéisme entendido ya? SOLDADO: Y se hará de aquesa suerte. Vamos. MENÓN: Mucho temo, aunque libertad y vida lleve, Semíramis, que en mi vida yo no he de volver a verte.
Vanse MENÓN y los SOLDADOS
NINO: Semíramis. SEMÍRAMIS: Gran señor. NINO: ¿Hay más en que obedecerte? SEMÍRAMIS: Mejor dirás en que honrarme. NINO: Pues estás servida, llegue agradecido mi pecho a dar una y muchas veces los brazos por la elección que hoy en quedarte... SEMÍRAMIS Detente, señor, que si agradecida a tus honras y mercedes me mostré, de mi fortuna logrados los accidentes, que favorables conmigo se mostraron, cuando pienses que son favores de amor, más que me ilustran, me ofenden. NINO: Semíramis, un afecto persuadido fácilmente a una dicha, mal de aquel concepto se desvanece. Yo creí que eran favores hechos a mi amor haberte quedado en palacio, y ya más creeré que son desdenes. En mi poder estás hoy; yo te adoro neciamente; dejaré a tu rendimiento mi ventura. SEMÍRAMIS: No lo intentes; que primero que de mí triunfe Amor, me daré muerte. NINO: Detendréte yo las manos. SEMÍRAMIS: Soltarélas yo. NINO: Mal puedes; que las prisiones de amor no se rompen fácilmente. SEMÍRAMIS: Sí hacen, sí, cuando la lima del honor sus hierros muerde. NINO: Yo te adoro. SEMÍRAMIS: Tú me agravias. NINO: Yo te estimo. SEMÍRAMIS: Tú me ofendes. NINO: Venceráte mí porfía. SEMÍRAMIS: Sabrá mi honor defenderme. NINO: Si entre mis brazos estás, ¿de qué suerte?
Sácale la daga SEMÍRAMIS
SEMÍRAMIS: De esta suerte. Dándome muerte tu acero. NINO: Prodigiosa mujer, tente; que ya en mi sangre bañado estoy, viendo, osada y fuerte, esgrimir contra mi vida iras y rayos crüeles. ¡Mi mismo cadáver, cielos, miro en el aire aparente! Pálido horror, ¿qué me sigues? Sombra infausta, ¿qué me quieres? ¡No me mates, no me mates! SEMÍRAMIS: ¿Qué te acobarda? ¿Qué temes, señor, si este acero sólo contra mí sus filos vuelve? Contra mi pecho le esgrimo, no contra ti. No receles, pues a mi lealtad noble y a él juntos a tus pies nos tienes. NINO: ¿Qué ilusión, qué fantasía, formada en el aire leve, de mi muerte imagen triste, ya en sombras se desvanece? Sin duda, alguna deidad, mujer, en tu amparo tienes, que con agüeros te guarda, con anuncios te defiende, No quiero favor violento de tus brazos; vuelve, vuelve ese acero a mi poder, --¡con qué temor llego a verle!-- que mi palabra te doy que tu hermosura respete. Mas si tampoco es posible que sin ella viva y reine, haya un medio que se oponga entre gozarte y perderte. SEMÍRAMIS: ¿Qué medio, si es imposible? Que el Cielo mi honor defiende. NINO: El perderte como amante, pues que los dioses lo quieren, y gozarte como esposo. SEMÍRAMIS: ¿Qué dices? NINO: Lo que ha de verse. SEMÍRAMIS: El ser tu esclava serán mis rayos y mis laureles. NINO: Verá el mundo en tus aplausos cuánto a los dioses les debes. SEMÍRAMIS: Hija soy de Venus, y ella mis fortunas favorece. (Yo haré, si llego a reinar, Aparte que el mundo a mi nombre tiemble.)
Vanse, y sacan los SOLDADOS a Menón, sacados los ojos
MENÓN ¡Ay infelice de mí! Decidme, ¡ay, hado inclemente! ¿Dónde me lleváis, después que tiranos y crüeles me habéis sacado los ojos? SOLDADO: Mandato del rey es éste. Él nos dijo que en la parte que tú, Menón, escogieses, te dejáramos con vida y libertad de esta suerte. Tú a las puertas del palacio dices que quedarte quieres; en ellas estás, y en ellas libertad y vida tienes. El rey cumplió su palabra; de nosotros no te quejes.
Vanse los SOLDADOS
MENÓN Su palabra, es la verdad, cumplió el rey; mas con traición, pero, ¡oh tirana impiedad! ¿Qué muerte hay ni qué prisión como aquesta oscuridad? Mortales, si ya de aquí huyó la tiniebla fría de ese celestial rubí, y es para todos de día, aun de noche es para mí. Llorad, llorad la importuna suerte que en mi fe contemplo; sentid con piedad alguna; venid a ver un ejemplo del honor y la Fortuna. El que envidia daba ayer, mayor lástima os dé hoy; muévaos a piedad el ver que ciego y que pobre voy pidiendo para comer. En tragedia tan esquiva, sólo el consuelo reciba de lastimaros con ella. VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro Reina del Oriente, ¡viva! MENÓN: ¿Qué dulces ecos despojos son del aire repetidos? Ya son menos mis enojos, pues me dejó mis oídos, ya que me quitó los ojos. "Semíramis" entender pude, y "reina." ¡Qué placer! Mas, ¡ay de mí!, ¡qué pesar! Que hasta no verla reinar no fue pérdida el no ver. ¿Quién me dirá qué es aquello?
Sale CHATO
CHATO: (No hay cosa como ser loco, Aparte si es que da en buen tema ello; es fácil, que poco a poco se va saliendo con ello. Semíramis dio en que había de reinar, y ya este día la van siguiendo su humor.) MENÓN: Oh tú que pasas, si horror no te da la suerte mía... CHATO: Perdone, hermano. MENÓN: No soy mendigo; repara en mí. CHATO: No tengo qué dar, y voy de priesa. MENÓN: ¿Eres Chato? CHATO: Sí. ¿Qué es esto que viendo estoy? ¿Tú de esta suerte, señor? MENÓN: Sí, amigo; que esto ha podido de mi Fortuna el rigor. Dime, ¿qué la causa ha sido de este festivo rumor? CHATO: No sé si hablarte podré; pero al fin la causa fue que hoy el rey a la persona de Semíramis corona por esposa y reina. MENÓN: ¿Qué te daré en albricias yo? Solamente me dejó por acaso mi desdicha este diamante. CHATO: Fue dicha grandísima; pero no hizo bien la suerte esquiva en que no sea esta centella tan grande como una criba. VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro Reina del Oriente, ¡viva! MENÓN: Segunda vez he escuchado la voz. CHATO: ¿Qué mucho, si está en trono tan levantado, cerca de aquí? MENÓN: Tu cuidado, Chato, me lleve hacia allá; que si a verla no, si llego a oírla, consuelo tendré. CHATO: (Ya del diamante reniego, Aparte pues que ya por él seré desde hoy mozo de ciego.) Mas ya desde aquí la altiva fábrica del trono, y ella y el rey se ven.
Suenan chirimías
MENÓN: ¡Suerte esquiva! VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro Reina del Oriente, ¡viva!
Descúbrese un trono, y en él sentados NINO, SEMÍRAMIS, e IRENE, ARSIDAS y gente
NINO: ¡Viva! Y de aqueste eminente laurel ciña su arrebol, dividido de mi frente; y pues es reina del sol, reina será del oriente. IRENE: Del tiempo dulces engaños cuente tu posteridad con felices desengaños, de una en otra edad, por siglos, y no por años. SEMÍRAMIS: El rendimiento y amor con que tu luz reverencio, por uno y otro favor agradézcale el silencio, que es el que sabe mejor. MENÓN: (Puesto que su voz oí, Aparte también ella me oirá a mí. El parabién la he de dar; todo es perder el hablar al modo que el ver perdí.)

Gran Semíramis de Siria, cuyos aplausos ilustres, a par del mayor lucero, edades eternas duren, Menón fuí. Mi nombre digo, porque, al ver quién es, no dudes la que me dejó las voces, aunque me quitó las luces. NINO: ¡Qué atrevimiento! SEMIRAMIS: ¡Qué espanto! IRENE: ¿Quién sin llanto el verle sufre! ARSIDAS: ¡Qué lástima! SILVIA: ¡Qué desdicha! MENÓN: Ufano de que te juren hoy los imperios de Siria, que a otro norte se divulguen, llego a darte el parabién. Que fuí el primero que tuve parte en tus aplausos, sea el primero que pronuncie tus grandezas; que el querer, gran deidad, aunque me injuries, que triunfes, vivas y reines... pero aquí mi voz se mude, no a mi arbitrio, sino al nuevo espíritu que se infunde en mi pecho; pues me obliga no sé quién a que articule las forzadas voces, que no vivas, reines ni triunfes. Soberbiamente ambiciosa, al que agora te constituye reina, tú misma des muerte, y en olvido le sepultes, siendo aqueste infausto día universal pesadumbre de los vivientes; y en muestra de que presagios le anuncien, de cielos, astros y signos la gran monarquía deslustren.

Dentro ruido de tempestad y truenos
NINO: Calla, calla, que parece que hay deidades que te escuchen; pues obedientes se alteran, con mortales inquietudes, cielos, montes y elementos, que a tus voces se confunden, respondiéndote uno solo en idioma de las nubes. SEMÍRAMIS: La fábrica de los cielos sobre nosotros se hunde, a cuyo estallido todos los ejes del polo crujen. IRENE: Los montes contra los aires volcanes de fuego escupen, y ellos pájaros de fuego crían, que sus golfos surquen. El gran Tigris encrespado, opuesto al azul volumen, a dar asalto a los dioses, gigante de espuma sube.
Otra vez la tempestad
ARSIDAS: ¿Qué se nos ha hecho el sol, que de nuestra vista huye? CHATO: La artillería del cielo juega y pierde; pues ¡qué gruñe. SEMÍRAMIS: De Venus y de Dïana las competencias comunes se vengan, pues cuanto ayuda Venus, Dïana destruye. NINO: Pues no podrá; porque a mí no hay agüeros que me turben. Semíramis, a pesar de los portentos que influye tu vida, tu esposo soy. SEMÍRAMIS: Yo tu esposa, aunque procure Dïana con estos asombros quitar a mi fama el lustre. CHATO: Entre todo este alboroto, vuesas mercedes escuchen. Ya ven que esta loca queda hecha reina; a sus ilustres hechos, a sus vanidades y su muerte no se dude; que con la segunda parte os convida, Corte ilustre, quien más serviros desea, si aquestas faltas se suplen.

FIN DE LA PRIMERA PARTE DE LA COMEDIA

La hija del aire, Segunda parte

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu