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SEMÍRAMIS: Pasos oigo y voces. Dadme
una luz. Salir intente.
¿Quién aquí? ¿Menón, qué es esto?
MENÓN: Venir yo a buscar mi muerte;
y haberla hallado, que es harto,
siendo infelice.
NINO: ¿Tú eres,
traidor? Mas ¿quién sino tú
fuera traidor tantas veces?
MENÓN: Sí; pero traición de amor,
traición que honra más que ofende.
NINO: ¿No te mandé que salieras
de Nínive?
MENÓN: Obedecerte
quise. Salí; mas no hallé
otro refugio sino éste.
NINO: ¿Por dónde entraste?
MENÓN: No sé.
NINO: Aunque es tu honor, darte muerte
yo, traidor, muere a mis manos.
SEMÍRAMIS: No le mates, señor, tente.
MENÓN: Suspende la ira, si es que
celos del ruego no tienes.
NINO: No; que son mis celos nobles,
y rogados se suspenden;
que si el vengarme interés
es mío, cuando eso fuere,
es interés del respeto
de Semíramis el verse
obedecida; y así,
entre los dos intereses,
quiero ser rebelde al mío
por ser al suyo obediente.
La vida te doy; levanta,
pues Semíramis lo quiere.
SEMÍRAMIS: Yo lo estimo, por pagarle,
señor, y porque me deje,
viéndose ya en paz conmigo;
que si una vida le debe
mi ser, dándole otra vida,
ya ningún derecho tiene
contra mí; y así, Menón,
pues en paz estamos, vete,
y déjame que yo logre
de mi destino la suerte.
NINO: Eso no; que es una cosa
que a darle la vida llegue,
y otra que no llegue a darle
castigo; y así se medie;
que viva, pues tú lo mandas,
pero en prisión, pues me ofende.
La escuadra que está de guarda
en este cuarto de Irene,
di, Silvia, que mando yo
que hasta estos jardines entre.
SILVIA pone la luz en un lado y se
va
MENÓN: Si me prendes, no me das
vida, sino civil muerte.
SEMÍRAMIS: Tenga, señor, libertad,
siquiera por intereses
de la vida que me dio.
NINO: Ya está libre. ¿Qué más quieres?
Y aun más he de hacer por ti.
Si otra vez volviere a verte
en su vida, le perdono,
para que nunca te quede
que pedirme más por él.
Salen los SOLDADOS con hachas
SOLDADO: ¿Qué me mandas?
SEMÍRAMIS: Piadoso eres.
NINO: Ya, que saquéis a Menón
de palacio solamente,
y con vida y libertad
le dejad donde él quisiere.
Pero mirad; de vos fío...
Habla aparte el rey NINO con el
SOLDADO
MENÓN: ¡Oh fiera, lo que me debes!
SEMÍRAMIS: ¿Te ha dejado libre?
MENÓN: Sí.
SEMÍRAMIS: (¡Cuánto un acreedor ofende!) Aparte
NINO: ¿Habéisme entendido ya?
SOLDADO: Y se hará de aquesa suerte.
Vamos.
MENÓN: Mucho temo, aunque
libertad y vida lleve,
Semíramis, que en mi vida
yo no he de volver a verte.
Vanse MENÓN y los SOLDADOS
NINO: Semíramis.
SEMÍRAMIS: Gran señor.
NINO: ¿Hay más en que obedecerte?
SEMÍRAMIS: Mejor dirás en que honrarme.
NINO: Pues estás servida, llegue
agradecido mi pecho
a dar una y muchas veces
los brazos por la elección
que hoy en quedarte...
SEMÍRAMIS Detente,
señor, que si agradecida
a tus honras y mercedes
me mostré, de mi fortuna
logrados los accidentes,
que favorables conmigo
se mostraron, cuando pienses
que son favores de amor,
más que me ilustran, me ofenden.
NINO: Semíramis, un afecto
persuadido fácilmente
a una dicha, mal de aquel
concepto se desvanece.
Yo creí que eran favores
hechos a mi amor haberte
quedado en palacio, y ya
más creeré que son desdenes.
En mi poder estás hoy;
yo te adoro neciamente;
dejaré a tu rendimiento
mi ventura.
SEMÍRAMIS: No lo intentes;
que primero que de mí
triunfe Amor, me daré muerte.
NINO: Detendréte yo las manos.
SEMÍRAMIS: Soltarélas yo.
NINO: Mal puedes;
que las prisiones de amor
no se rompen fácilmente.
SEMÍRAMIS: Sí hacen, sí, cuando la lima
del honor sus hierros muerde.
NINO: Yo te adoro.
SEMÍRAMIS: Tú me agravias.
NINO: Yo te estimo.
SEMÍRAMIS: Tú me ofendes.
NINO: Venceráte mí porfía.
SEMÍRAMIS: Sabrá mi honor defenderme.
NINO: Si entre mis brazos estás,
¿de qué suerte?
Sácale la daga SEMÍRAMIS
SEMÍRAMIS: De esta suerte.
Dándome muerte tu acero.
NINO: Prodigiosa mujer, tente;
que ya en mi sangre bañado
estoy, viendo, osada y fuerte,
esgrimir contra mi vida
iras y rayos crüeles.
¡Mi mismo cadáver, cielos,
miro en el aire aparente!
Pálido horror, ¿qué me sigues?
Sombra infausta, ¿qué me quieres?
¡No me mates, no me mates!
SEMÍRAMIS: ¿Qué te acobarda? ¿Qué temes,
señor, si este acero sólo
contra mí sus filos vuelve?
Contra mi pecho le esgrimo,
no contra ti. No receles,
pues a mi lealtad noble y a él
juntos a tus pies nos tienes.
NINO: ¿Qué ilusión, qué fantasía,
formada en el aire leve,
de mi muerte imagen triste,
ya en sombras se desvanece?
Sin duda, alguna deidad,
mujer, en tu amparo tienes,
que con agüeros te guarda,
con anuncios te defiende,
No quiero favor violento
de tus brazos; vuelve, vuelve
ese acero a mi poder,
--¡con qué temor llego a verle!--
que mi palabra te doy
que tu hermosura respete.
Mas si tampoco es posible
que sin ella viva y reine,
haya un medio que se oponga
entre gozarte y perderte.
SEMÍRAMIS: ¿Qué medio, si es imposible?
Que el Cielo mi honor defiende.
NINO: El perderte como amante,
pues que los dioses lo quieren,
y gozarte como esposo.
SEMÍRAMIS: ¿Qué dices?
NINO: Lo que ha de verse.
SEMÍRAMIS: El ser tu esclava serán
mis rayos y mis laureles.
NINO: Verá el mundo en tus aplausos
cuánto a los dioses les debes.
SEMÍRAMIS: Hija soy de Venus, y ella
mis fortunas favorece.
(Yo haré, si llego a reinar, Aparte
que el mundo a mi nombre tiemble.)
Vanse, y sacan los SOLDADOS a Menón, sacados
los ojos
MENÓN ¡Ay infelice de mí!
Decidme, ¡ay, hado inclemente!
¿Dónde me lleváis, después
que tiranos y crüeles
me habéis sacado los ojos?
SOLDADO: Mandato del rey es éste.
Él nos dijo que en la parte
que tú, Menón, escogieses,
te dejáramos con vida
y libertad de esta suerte.
Tú a las puertas del palacio
dices que quedarte quieres;
en ellas estás, y en ellas
libertad y vida tienes.
El rey cumplió su palabra;
de nosotros no te quejes.
Vanse los SOLDADOS
MENÓN Su palabra, es la verdad,
cumplió el rey; mas con traición,
pero, ¡oh tirana impiedad!
¿Qué muerte hay ni qué prisión
como aquesta oscuridad?
Mortales, si ya de aquí
huyó la tiniebla fría
de ese celestial rubí,
y es para todos de día,
aun de noche es para mí.
Llorad, llorad la importuna
suerte que en mi fe contemplo;
sentid con piedad alguna;
venid a ver un ejemplo
del honor y la Fortuna.
El que envidia daba ayer,
mayor lástima os dé hoy;
muévaos a piedad el ver
que ciego y que pobre voy
pidiendo para comer.
En tragedia tan esquiva,
sólo el consuelo reciba de
lastimaros con ella.
VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro
Reina del Oriente, ¡viva!
MENÓN: ¿Qué dulces ecos despojos
son del aire repetidos?
Ya son menos mis enojos,
pues me dejó mis oídos,
ya que me quitó los ojos.
"Semíramis" entender
pude, y "reina." ¡Qué placer!
Mas, ¡ay de mí!, ¡qué pesar!
Que hasta no verla reinar
no fue pérdida el no ver.
¿Quién me dirá qué es aquello?
Sale CHATO
CHATO: (No hay cosa como ser loco, Aparte
si es que da en buen tema ello;
es fácil, que poco a poco
se va saliendo con ello.
Semíramis dio en que había
de reinar, y ya este día
la van siguiendo su humor.)
MENÓN: Oh tú que pasas, si horror
no te da la suerte mía...
CHATO: Perdone, hermano.
MENÓN: No soy
mendigo; repara en mí.
CHATO: No tengo qué dar, y voy
de priesa.
MENÓN: ¿Eres Chato?
CHATO: Sí.
¿Qué es esto que viendo estoy?
¿Tú de esta suerte, señor?
MENÓN: Sí, amigo; que esto ha podido
de mi Fortuna el rigor.
Dime, ¿qué la causa ha sido
de este festivo rumor?
CHATO: No sé si hablarte podré;
pero al fin la causa fue
que hoy el rey a la persona
de Semíramis corona
por esposa y reina.
MENÓN: ¿Qué
te daré en albricias yo?
Solamente me dejó
por acaso mi desdicha
este diamante.
CHATO: Fue dicha
grandísima; pero no
hizo bien la suerte esquiva
en que no sea esta centella
tan grande como una criba.
VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro
Reina del Oriente, ¡viva!
MENÓN: Segunda vez he escuchado
la voz.
CHATO: ¿Qué mucho, si está
en trono tan levantado,
cerca de aquí?
MENÓN: Tu cuidado,
Chato, me lleve hacia allá;
que si a verla no, si llego
a oírla, consuelo tendré.
CHATO: (Ya del diamante reniego, Aparte
pues que ya por él seré
desde hoy mozo de ciego.)
Mas ya desde aquí la altiva
fábrica del trono, y ella
y el rey se ven.
Suenan chirimías
MENÓN: ¡Suerte esquiva!
VOCES: La gran Semíramis bella, Dentro
Reina del Oriente, ¡viva!
Descúbrese un trono, y en él sentados
NINO, SEMÍRAMIS, e IRENE, ARSIDAS y gente
NINO: ¡Viva! Y de aqueste eminente
laurel ciña su arrebol,
dividido de mi frente;
y pues es reina del sol,
reina será del oriente.
IRENE: Del tiempo dulces engaños
cuente tu posteridad
con felices desengaños,
de una en otra edad,
por siglos, y no por años.
SEMÍRAMIS: El rendimiento y amor
con que tu luz reverencio,
por uno y otro favor
agradézcale el silencio,
que es el que sabe mejor.
MENÓN: (Puesto que su voz oí, Aparte
también ella me oirá a mí.
El parabién la he de dar;
todo es perder el hablar
al modo que el ver perdí.)
Gran Semíramis de Siria,
cuyos aplausos ilustres,
a par del mayor lucero,
edades eternas duren,
Menón fuí. Mi nombre digo,
porque, al ver quién es, no dudes
la que me dejó las voces,
aunque me quitó las luces.
NINO: ¡Qué atrevimiento!
SEMIRAMIS: ¡Qué espanto!
IRENE: ¿Quién sin llanto el verle sufre!
ARSIDAS: ¡Qué lástima!
SILVIA: ¡Qué desdicha!
MENÓN: Ufano de que te juren
hoy los imperios de Siria,
que a otro norte se divulguen,
llego a darte el parabién.
Que fuí el primero que tuve
parte en tus aplausos,
sea el primero que pronuncie
tus grandezas; que el querer,
gran deidad, aunque me injuries,
que triunfes, vivas y reines...
pero aquí mi voz se mude,
no a mi arbitrio, sino al nuevo
espíritu que se infunde
en mi pecho; pues me obliga
no sé quién a que articule
las forzadas voces, que
no vivas, reines ni triunfes.
Soberbiamente ambiciosa,
al que agora te constituye
reina, tú misma des muerte,
y en olvido le sepultes,
siendo aqueste infausto día
universal pesadumbre
de los vivientes; y en muestra
de que presagios le anuncien,
de cielos, astros y signos
la gran monarquía deslustren.
Dentro ruido de tempestad y
truenos
NINO: Calla, calla, que parece
que hay deidades que te escuchen;
pues obedientes se alteran,
con mortales inquietudes,
cielos, montes y elementos,
que a tus voces se confunden,
respondiéndote uno solo
en idioma de las nubes.
SEMÍRAMIS: La fábrica de los cielos
sobre nosotros se hunde,
a cuyo estallido todos
los ejes del polo crujen.
IRENE: Los montes contra los aires
volcanes de fuego escupen,
y ellos pájaros de fuego
crían, que sus golfos surquen.
El gran Tigris encrespado,
opuesto al azul volumen,
a dar asalto a los dioses,
gigante de espuma sube.
Otra vez la tempestad
ARSIDAS: ¿Qué se nos ha hecho el sol,
que de nuestra vista huye?
CHATO: La artillería del cielo
juega y pierde; pues ¡qué gruñe.
SEMÍRAMIS: De Venus y de Dïana
las competencias comunes
se vengan, pues cuanto ayuda
Venus, Dïana destruye.
NINO: Pues no podrá; porque a mí
no hay agüeros que me turben.
Semíramis, a pesar
de los portentos que influye
tu vida, tu esposo soy.
SEMÍRAMIS: Yo tu esposa, aunque procure
Dïana con estos asombros
quitar a mi fama el lustre.
CHATO: Entre todo este alboroto,
vuesas mercedes escuchen.
Ya ven que esta loca queda
hecha reina; a sus ilustres
hechos, a sus vanidades
y su muerte no se dude;
que con la segunda parte
os convida, Corte ilustre,
quien más serviros desea,
si aquestas faltas se suplen.
FIN DE LA PRIMERA PARTE DE LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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