This file was last updated on May 24, 1998.
NINO: Semíramis, yo he querido
salvar la voluntad mía
de especie de tiranía.
A este fin he prevenido
facilitar el olvido
de Menón, por merecer,
sin ser yo tirano, ser
dueño de mi voluntad,
fïando de su amistad
aún más que de mi poder.
El lance de hoy es testigo
del estado de los dos.
Por andar fino con vos,
traidor ha andado conmigo.
No que os quiera le castigo,
que fuera culpar mi amor
dar el suyo por error;
que me ofenda, sí, y es justo;
pues quien es traidor al gusto
a todo será traidor.
¡Hola!
Sale ARSIDAS
ARSIDAS: Señor.
NINO: A esa fiera
desconocida e ingrata,
que a quien la alimenta mata,
las armas quitad, y muera
en la prisión más severa
de Nínive; su castigo,
que será escarmiento, digo,
de toda Siria, pues hallo
ser malo para vasallo
quien no es bueno para amigo.
MENÓN: Esta, señor, es mi espada;
que no puedo en trance igual,
darte mejor memorial
que ella de sangre bañada.
Mira ya a tus pies postrada
la que fue rayo de Oriente;
sólo pido que, prudente,
adviertas que rayo ha sido,
y que, así, no habrá ofendido
a Júpiter eminente.
Todo mi delito es
que Amor hiciese delito.
Tu perdón no solicito;
antes, te pido me des
una y muchas muertes; pues
tan firme me considero
en el afecto primero,
que estimo el rigor; que ya
lo que padezca será
testigo de lo que quiero.
El rey, Semíramis bella,
porque te adoro, se ofende.
¿Qué prende en mí, si no prende
también conmigo a mi estrella?
¿Ella no me influye? ¿Ella
no es astro del cielo? Sí.
Pues ¿qué importará que aquí
prisión den a mi pasión,
si también en mi prisión
sabrá mi estrella de mí?
Y ¿qué es estar preso? Muerto
tengo de estarte adorando;
que si las estrellas, cuando
luz recibieron, es cierto
crïan su influjo, hoy advierto
que, antes de llegar yo a ellas,
si quisieron las estrellas
mi amor, que en ellas está,
después y antes durará
todo lo que duren ellas.
NINO: Llevadle de aquí. Mas no;
dejadle. Cobra tu acero;
que otra experiencia hacer quiero
yo de cuanto valgo yo.
¡Semíramis!
SEMÍRAMIS: (¿Quién se vio Aparte
en tal duda?)
NINO: Aunque pudiera
conseguir de otra manera
de tu hermosura el favor,
quiero deber a mi amor
lo que a mi poder debiera.
En tu libertad estás;
que yo no he de ser tirano.
Si a Menón le das la mano,
a un infeliz se la das,
en cuyo estrago verás
las mudanzas de la luna;
que si mi suerte importuna
su amor no puede quitarle,
podrá, a lo menos, negarle
los bienes de la Fortuna.
De mi gracia despedido,
de mi Corte desterrado,
de mis imperios echado,
de mi gente aborrecido,
mísero, triste, abatido,
ha de vivir, sin honor,
sin amparo y sin favor.
Si con esto quieres ser
su mujer, sé su mujer;
que yo moriré de amor.
MENÓN: Semíramis, si es que aquí
quieres ser agradecida,
acuérdate que la vida
y el segundo ser te di.
NINO: Que tú me la diste a mí,
y que a pagarla me atrevo,
te acuerda también.
MENÓN: Yo llevo
ventaja.
NINO: Si a esto te mueves...
MENÓN: Págame lo que me debes.
NINO: Cobra lo que yo te debo.
MENÓN: ¿Qué blasón más celebrado
tendrá tu famoso nombre,
que poder hacer a un hombre
dichoso de desdichado?
NINO: Porque sea infeliz tu hado,
no te haga infeliz a ti.
IRENE: Tiempo de pensarlo aquí
la dad.
SEMÍRAMIS: No le he menester
a lo que he de responder,
NINO y MENÓN: Luego ¿ya lo sabes?
SEMÍRAMIS: Sí.
Menón, aunque agradecida
a tus finezas me siento,
ningún agradecimiento
obliga a dejar perdida
toda la edad de una vida;
que el que da al que pobre está,
y con rigor cobra, ya
no piedad, crueldad le sobra;
pues aflige cuando cobra
más que alivia cuando da.
Si ya tu suerte importuna,
si ya tu severo hado
pródigos han disfrutado
lo mejor de tu fortuna,
la mía, que hoy de la cuna
sale a ver la luz del día,
la luz quiere; que sería
error que una a otra destruya;
y si acabaste la tuya,
déjame empezar la mía.
Si de un vicio la inquietud,
de una virtud el indicio,
vuelve la virtud en vicio
antes que el vicio en virtud,
más con la solicitud
de mi vida vencer oso
tu desdicha; que es forzoso
que, una de otra acompañada,
tú me hagas desdichada
y yo no te haga dichoso.
La vida que te debí,
con tomarla la pagué;
por ti lo hiciste, pues fue
antes de saber de mí.
La que yo a Nino le di
la misma duda ha tenido;
mas si él honrarme ha querido,
¿no será, Menón, error
por seguir a un acreedor,
dejar a un agradecido?
Del rey en desgracia estás,
sin privanza y sin estado;
fugitivo y desterrado,
de su vista huyendo vas.
No puedo hacer por ti más
hoy que el no ser tu esposa;
que hermosa mujer, no hay cosa
que tanto a un hombre le sobre,
porque es sátira del pobre
el tener mujer hermosa.
Vase SEMÍRAMIS
NINO: Pues de tu esperanza estás,
Menón, tan desengañado,
para siempre desterrado
hoy de Nínive saldrás,
sin que ya esperes jamás
ver a Semíramis bella;
que pues que te deja ella
sin saberme tú obligar,
no te quiero yo dejar
ni aun el consuelo de vella.
Vanse, y queda solo MENÓN
MENÓN: ¿Vivo o muero? Cierto es que si viviera,
este dolor, sin duda, me matara;
y si muriera, es consecuencia clara
que este dolor, sin duda, no sintiera.
Luego vivo a sentir mi pena fiera
y muero a no sentirla. ¡Oh, quién se hallara
tan afecto a los dioses, que alcanzara
el querer y olvidar cuando él quisiera!
Privanza, honor, estado, rey y dama
perdí, y sólo ha llegado a consolarme
que aun ha dejado qué perder mi estrella.
¿Alma no tengo? Sí; pues hoy la fama
condenado de amor podrá llamarme,
porque aun el alma he de perder por ella.
Vase, y sale CHATO, vestido de soldado
ridículo, con espada y plumas
CHATO: ¡Señor! ¡Ah señor! ¡Señor!
Fuése, yendo paso a paso,
sin hacer de mí más caso
que de un enfermo un doctor;
que ésta es la cosa de que
menos se le da, a fe mía,
pues viéndole cada día,
parece que no le ve.
Saber quije si es así
una voz que ahora corrió
de que a Semíramis no
se le da un maravedí
de todo su amor, porque
la quiere el rey; y yo hallo
que haría mal en pescudallo,
supuesto que yo lo sé;
que claro está que una dama
más del rey lo querrá ser,
que de otro propia mujer;
porque aquello de la fama
es fama, y póstuma ya,
que ha mil días que murió;
o si no, dígalo yo,
o mi mujer lo dirá.
¿Qué importa a los que me ven
ser de ella expulso marido,
si yo ando en traje lucido,
como bien y bebo bien?
Sale SIRENE
SIRENE: (Hasta que encuentre con él, Aparte
toda Nínive he de andar,
y aun en palacio he de entrar.
Pescudarle quiero a aquél
que allí está, si le vio acaso.)
Soldado, decidme vos...
CHATO: (¡Mi mujer es, vive Dios!) Aparte
SIRENE: ...si habéis visto...
CHATO: (¡Lindo paso!) Aparte
SIRENE: ...a uno que se llama Chato.
Tras Semíramis ha un mes
que vino, por señas que es
grandísimo mentecato.
CHATO: ¡No le conozco, par Dios!
Que un chato es, que aquí ha venido,
narigón tan entendido,
que no se acuerda de vos.
SIRENE: ¡Ay Chato del alma mía!
¿Esto es lo que yo en ti tengo,
cuando sola a verte vengo?
CHATO: ¿Sola?
SIRENE: Sin más compañía
que mis lágrimas no más.
CHATO: ¡Qué amor! Esto sí es tener
un hombre honrada mujer.
SIRENE: ¡Qué bravo soldado estás!
No te había conocido.
CHATO: Por eso me habrás buscado;
que más un bravo soldado
vale, que un manso marido.
SIRENE: Ya la malicia es en balde;
que ya Floro se ausentó.
CHATO: ¿Y a falta de buenos, yo
so buscado para alcalde?
Pues por adonde venís,
Sirene, os podéis tornar,
que acá hay mucho que pensar,
y aguarda Semíramis.
SIRENE: Tras ti he de ir.
CHATO: Y yo enojado
más de una hora pienso estar;
que esto es saber castigar.
Vase CHATO
SIRENE: Pues, para ésta, menguado...
Vase SIRENE. Salen NINO y ARSIDAS
NINO: ¿Eso contiene la carta?
ARSIDAS: Esto la carta contiene.
NINO: No me da cuidado el ver
que Estorbato guerra intente
contra mí, cuanto pensar
que Lidoro con él vuelve.
Por mi general te nombro,
y así, a partirte resuelve
a toda priesa.
ARSIDAS: Tus plantas
beso humilde; que bien puedes
creer, mientras yo te sirvo,
que Lidoro no te ofende.
NINO: Después trataremos de esos
despachos, y agora vete;
que pues ya la oscura noche
las alas nocturnas tiende,
coronado de esperanzas
mi amor, hasta que desprecie
Semíramis a Menón,
hablarla a solas pretende,
porque el favor no embarace
la asistencia de más gente;
y así, mientras yo a su cuarto
voy, tú desde aquí te vuelve.
Vanse ARSIDAS y NINO. Sale MENÓN
MENÓN: Pisando las negras sombras,
imágenes de mi muerte,
con la llave que tenía
de los jardines de Irene,
a Semíramis veré;
que aun el metal muchas veces,
siendo inanimado, ignora
a qué nace; dígalo éste,
labrado para favores,
logrado para desdenes.
Hablarla pienso; porque
antes que de ella me ausente.
El tropel de mis desdichas
me aconseja que me queje
de su ingratitud; que al fin
un ofendido no tiene
ni más favor que le ampare,
ni más duelo que la vengue.
Sale NINO
NINO: Noche, aunque siempre hayas sido
tercera de hurtos aleves,
sélo esta vez de hurtos nobles
tercera también. No siempre
tu horror induzca a los males;
guía un día hacia los bienes.
MENÓN: Entraré en su cuarto, pues
informado de que es éste
estoy ya; y el corazón
lo dijera sin saberle.
NINO: Éste es su cuarto; mejor
dijera la esfera breve,
adonde en golfo de flores
el sol más hermoso duerme.
MENÓN: ¡Oh centro de mi esperanza!
NINO: ¡Oh patria de mis placeres!
MENÓN: ¡Qué triste piso tu umbral!
NINO: Tu friso toco, ¡Oh, qué alegre!
MENÓN: Pasos siento.
NINO: Un bulto miro.
MENÓN: Ya me es forzoso volverme.
NINO: Ya me es forzoso seguirle.
Aunque recatado intentes
huír, aborto de las sombras,
tengo de saber quién eres!
MENÓN: La voz es del rey. Aquí
no hay resistencia más fuerte
que el hüir. ¡Quieran los dioses
que ya con la puerta acierte!
Vanse, y vuelve NINO con la espada desnuda
NINO: Sin darme respuesta alguna,
cobarde la espalda vuelve.
Sabré quién es. ¿Quién al culto
sagrado de estas paredes,
licenciosamente osado,
a tales horas se atreve?
Vuelve a salir MENÓN
MENÓN: Perdí el tino. ¡Hojas y ramas,
pues sois de Amor delincuentes,
toda la vida abrazadas,
en vuestro centro escondedme!
NINO: No podrán; que a mucha luz
te sigue mi fuego ardiente.
MENÓN: Yo no he de sacar la espada.
Por esta puerta es bien que entre,
a ver si encuentro por dónde
me arroje, aunque me despeñe
sobre las ondas del Tigris.
NINO: Mal el hüir te defiende;
que aunque huyas como cobarde,
te sigo como valiente.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu