This file was last updated on May 20, 1998.
SIRENE: Bien veis cuán desvergonzado,
sin Dios, sin justicia y ley,
delante del proprio rey
hoy conmigo habéis andado,
diciendo males de mí.
CHATO: No os cause aqueso inquietud,
que pensé que era virtud.
SIRENE: ¿Cómo?
CHATO: A un sacerdote oí
del dios Baco el otro día,
que sus sacerdotes son
con quien tengo devoción,
que hace mal el que decía
de sus propias cosas bien;
y como sos propria cosa
vos, puesto que sos mi esposa,
dije mal para hacer bien.
SIRENE: Pues ¿cómo dicen de mi,
cuantos de fuera me ven,
siempre muchísimo bien?
CHATO: Como os ven de fuera; oí:
sale al templo una mujer,
y como no ha de reñir
con los dioses, viéndola ir
tan devota, al parecer,
dice la gente, "Una santa
es fulana;" y es porque
dentro en su casa no ve
la condición con que espanta.
Sale luego a una visita,
y como allá no ha de dar
en casa ajena pesar,
` dicen de ella, "Una angelita
es por cierto." Mentecato,
vive con ella ocho días,
verás esas angelías
demonios a cada rato.
Venla en la reja tocada,
y dicen que es muy hermosa.
Tonto, ese jazmín y rosa
es retama detocada.
Sale a la calle prendida,
y dicen que limpia es.
Bruto, ¿no ves que no ves
la pata que está escondida?
Si la vieras descalzado,
sin medias y sin zapatos,
dedos con más garabatos
que una letra procesada,
nunca que es limpia dijeras;
pues que habiendo de asistir
al desnudar y vestir,
y más si tal vez la vieras,
por los hombros un manteo,
en chapines ir, andando
con los pies de águila, cuando
es necesario el deseo,
llegarás a conocer
que tú mirándola estás
como una mujer no más,
y yo como mi mojer.
SIRENE: Todo aqueso no es disculpa;
y bien que llegamos ya
a casa, y que sabré allá
absolveros de esa culpa
con la tranca de la puerta.
Sale FLORO
FLORO: Una, dos, tres, aquí es.
CHATO: ¿Qué es aquí una, dos, y tres?
FLORO: La casa en que se concierta
mi alojamiento.
CHATO: ¿Pues qué?
FLORO: ¿Sois vos a quien llaman Chato?
CHATO: Yo, no.
SIRENE: Sí es tal.
FLORO: Mentecato.
¿porqué lo negáis?
CHATO: Porque
me da a mí tanto pesar
soldado huésped tener,
como a mi mojer pracer;
y así quisiera negar
quién soy y la casa mía.
FLORO: Leed esta boleta.
CHATO: No
leo bien veletas yo,
mi mojer sí.
SIRENE: ¡Qué porfía!
¿Aquí hay más, señor, que vos?
¿Por huésped nos heis caído?
Pues seáis muy bien venido,
donde os sirvamos los dos.
FLORO; Cese ya vuestra porfía,
que dar yo pesar no intento
jamás con mi alojamiento.
CHATO: Pues ésta es mi alojería.
SIRENE: Sos villano malicioso.
Entrad presto a prevenir
vos adonde ha de asistir.
CHATO: Ya vo.
Vase CHATO
FLORO: Mil veces dichoso
he sido en haber venido
a conocer la piedad
vuestra y la gran voluntad
con que me habéis recibido.
SIRENE: En viendo un soldado yo,
se me quitan los enojos;
tras él se me van los ojos.
FLORO: Ya con aqueso me dio
vuestra hermosura licencia
para un abrazo que os pido.
SIRENE: A ningún recién venido
fuera el negarlo decencia;
pero esto es en cortesía.
FLORO: ¿Quién vio tan villano agrado?
Sale CHATO
CHATO: ¡Válame Dios, sor soldado!
¿Pues tanta priesa corría,
que no esperarais a entrar
en casa? Venid, por Dios,
no deis qué decir de vos
en la calle.
SIRENE: Maliciar...
CHATO: ¿Yo malicio?
FLORO: Es muy mal vicio.
En cortesía me dio
este abrazo; y así, no,
no malicies.
CHATO: ¿Yo malicio?
Ya sé yo que es muy cortés
Sirene, y esto advertí,
que está muy seguro en mí.
No os enojéis; entrad, pues,
en hora buena, señor.
FLORO: Pues que es más vuestra que mía,
venid acá en cortesía.
Llévala de la mano
CHATO: Ya estamos solos, honor.
¿Qué hemos de hacer? ¿Qué sé yo?
Si el mundo bajo me hizo
de barro tan quebradizo,
y de bronce o mármol no,
¿qué hay que esperar, si me ven
quebrar al primero tri?
¿Eso dices, honor? Sí;
juro a Dios que dices bien.
¿Qué pie o brazo me ha quebrado
su abrazo? ¿De qué me asusto?
Fuera que sentir el gusto
del primero es gran pecado;
y entre éstas y esotras, yo,
por estarme discurriendo,
aun estorbar no pretendo.
¿Quién igual venganza vio?
Salen LIBIO y ARSIDAS y detienen a CHATO
LIBIO: Ah villano, deteneos!
CHATO: Tengo un poco que estorbar,
y por ahora no hay lugar.
ARSIDAS: esponded a mis deseos.
Decidme, ¿el Rey Nino, cuándo
a esta provincia llegó?
CHATO: Hoy llegó, y hoy se ausentó.
ARSIDAS: ¿Y hacia dónde va marchando?
CHATO: Hacia Nínive.
ARSIDAS: Y decid,
¿qué tanto Nínive está
de Ascalón?
CHATO: Pienso que habrá
cien millas.
ARSIDAS: ¿Por dónde? Oíd.
CHATO: Todo eso es cosa perdida;
si es que a mi huésped buscáis,
y por agora me estáis
dando con la entretenida,
no hay para qué; entrad los dos,
y en amor, compaña, acá
habraremos.
ARSIDAS: Idos ya,
que no os quiero más; adiós.
Vase CHATO
LIBIO: Di, ¿qué pretendes hacer?
Que buscar al que venció
tu reino, y te despojó,
da que dudar y temer.
ARSIDAS: Lidoro, rey de Lidia desdichado
soy; pues sin ver jamás victoria alguna,
siempre, Libio, ojeriza fui del hado,
siempre cólera fui de la Fortuna.
Nino de Siria, el más afortunado
rey que vio el sol debajo de la luna,
de mi Estado y mi patria me destierra,
que éstos son los estragos de la guerra.
Con el último encuentro expiró el día,
y en un bruto, veloz Belerofonte,
me salí huyendo de la hueste mía
a las piedades rústicas del monte;
ni más destino ni elección tenía,
que las líneas tocar de otro horizonte,
y así dejé el caballo a su albedrío,
si el suyo era mejor que lo era el mío.
Después de haber gran rato caminado,
cuando lejos del campo estar juzgaba,
viendo el bruto del pecho fatigado...
mas ¿qué mucho si a todo me llevaba?
De una áspera montaña en lo intrincado
me apeo, y en un tronco que allí estaba
le arriendo, pues al ver su furia inmensa,
no es poco don el ocio en recompensa.
Arrójome en el suelo, y suspirando,
que es el mejor idioma de la queja,
cerca de mí, la estancia examinando,
oigo una voz que mísera se queja
por entre la espesura caminando.
Voy, por si acaso descubrirse deja,
y un bulto veo agonizando en una
maleza, a los cambiantes de la luna.
Acércome con ánimo piadoso,
casi ya en mis desdichas consolado;
que un desdichado juzgo que es dichoso
en hallando otro que es más desdichado.
Ella, con un suspiro lastimoso,
al verme, dijo, "Pues llegáis, soldado,
a socorrerme con piedad humana,
sabed que Irene soy, de Nino hermana.
En este último encuentro mi caballo
perdí, y como la noche oscura y fría
cerró, sola y herida y a pie me hallo,
sin gente, sin favor, sin compañía."
En mis hombros la puse al escuchallo,
sin acordarme de la pena mía,
y piadoso con ella, cruel conmigo,
en el cuartel me entré de mi enemigo.
A este tiempo, que ser antes no pudo,
ya su gente la había echado menos,
y con trémula voz y dolor mudo
ya se miraban de esperanza ajenos;
yo, que poblados de esplendor no dudo
de la noche los páramos amenos,
doy voces; llegan, y ella, agradecida,
con este anillo me pagó la vida.
Vila a la luz, y vi de su hermosura
el milagro mayor, y en un instante
su beldad adoré; mas ¡qué locura!
El día que fui pobre ser amante!
Pero como la vi en la noche oscura,
jurisdicción de estrellas, no te espante
que a amarla me obligase y, a querella,
pues a todo presente está mi estrella.
Lleváronla a la tienda sus soldados,
y yo, por no ser de ellos conocido,
me quedé, viendo ya de mis cuidados,
con amor, todo el número¡ cumplido;
el infeliz influjo de mis hados
a Batria me llevó, donde admitido
de Estorbato, viví en confusa llama,
que en fin descansa mal el que bien ama.
Vanse ARSIDAS y LIBIO. Salen MENÓN y LISÍAS
MENÓN: De todas cuantas grandezas
de esta provincia me has dicho,
ésta que buscando vengo
solamente es la que admiro.
Y así, mientras que llegamos
a tocar el primer friso
de aquese rústico templo,
tarde de los hombres visto,
vuelve otra vez a contarlo,
que quiero otra vez oírlo,
porque se informe mejor
mi ardimiento de tu aviso.
LISÍAS: Yace, señor, en la falda
de aquel eminente risco,
una laguna, pedazo
del Leteo oscurecido
de Aqueronte, pues sus ondas,
en siempre lóbregos giros,
infunden a quien las bebe
sueño, pereza y olvido.
En una isleta que hay
en medio de su distrito,
hay una ninfa de mármol,
sin que hasta hoy se haya sabido,
de tres lustros a esta parte,
ni quién ni por quién se hizo.
De estotra parte del lago
hay un rústico edificio,
templo donde Venus vio
hacerla sus sacrificios
bien poco ha; pero cesaron,
porque Tiresias nos dijo,
su sacerdote, que nadie
pisase en todo este sitio,
ni examinase ni viese
lo que en él está escondido;
que es cada tronco un horror,
cada peñasco un castigo,
un asombro cada piedra
y cada planta un peligro.
Con esto, y con añadirse
a esto que algunos vecinos
de estos montes, que tal vez
se hallaron en él perdidos,
han escuchado en el templo
mil veces roncos gemidos,
lamentos desesperados
y lastimosos suspiros,
ha crecido en todos tanto
el pavor, que nadie ha habido
que se atreva a examinar
la causa; y así, te pido
te vuelvas, señor, sin que
profanes los vaticinios.
MENÓN: Dar un corazón, Lisías,
a admiraciones, rendido
a los hechos de los dioses,
más tiene de sacrificio
que de irreverencia; ven
talando lo entretejido
de estas peñas y estos ramos;
no temas, pues vas conmigo.
LISÍAS: No temo yo, mas recelo,
y uno de otro es muy distinto;
y aun no recelo tampoco
los riesgos a que me animo,
tanto como a esta maleza
no saber bien el camino;
y así, de aquesos villanos,
para eso sólo venidos,
permite, señor, que llame
alguno.
MENÓN: Que llames, digo,
al más experto en el monte.
LISÍAS: Éste dicen que lo ha sido,
por haberse en él crïado.
Llega, Chato.
Sale CHATO
CHATO: ¿Qué hay, amigo?
Un soldado me envïasteis
a mi casa, el más bonito;
tan hallado en ella está,
que parece nuestro hijo.
MENÓN: Dime, ¿sabes bien el monte?
CHATO: Sabíale, mas imagino
que no le sabré después
que hay encantos y hay hechizos.
MENÓN: Guíame al templo de Venus.
CHATO: ¡Ay, señor! Un desatino
tamaño como este puño
su merced agora dijo.
¿Al templo de Venus yo,
habiendo Tijeras dicho
que allá no vamos, porque
hay potrentos y proligios?
MENÓN: Sí, villano, guía presto.
CHATO: Si ha de ser, venid conmigo,
que por aquí es.
MENÓN: Nunca vi
tan confuso laberinto
de bien marañadas ramas
y de mal compuestos riscos.
Dentro SEMÍRAMIS
SEMÍRAMIS: ¡Ay infelice de mí!
CHATO: ¡Ay de mí!
MENÓN: ¿No habéis oído
una voz?
CHATO: ¡Plubiera a Baco!
LISÍAS: ¡Qué temeroso suspiro!
MENÓN: Oigamos por si otra vez
se oye el eco más distinto.
SEMÍRAMIS: ¡Oh monstruo de la Fortuna!
¿Dónde vas sin luz ni aviso?
Si el fin es morir, ¿porqué
andas rodeando el camino?
LISÍAS: Mujer es la que lamenta
de la Fortuna.
CHATO: Un hechizo
tiene que se entra en ellalma.
MENÓN: ¿Con quién hablará?
SEMÍRAMIS: Contigo,
contigo, Fortuna, hablo.
MENÓN: Ya me equivocó el aviso.
SEMÍRAMIS: Pero no me has de vencer;
que yo, con valiente brío,
sabré quebrarte los ojos.
MENÓN: Sin luz quedaron los míos
al oírlo; rayo fue
otra voz, que mis sentidos
frías cenizas ha hecho
acá dentro de mí mismo.
¡Qué frenesí! ¡Qué locura!
¡Qué letargo! ¡Qué delirio!
LISÍAS: Vuélvete.
MENÓN: ¿Volverme yo
sin haberlo todo visto?
Entra en lo más intrincado.
CHATO: No puedo, porque me intrinco
yo también.
Sale TIRESIAS
TIRESIAS: Detén el paso,
oh ignorante peregrino,
que de este sagrado coto
osas penetrar el sitio.
CHATO: Éste es Tijeras.
MENÓN: Llamado
de mi valor he venido,
aquí, Tiresias, no a hacer
sacrílegos desperdicios
de las leyes de los dioses,
sino como su ministro
yo también, pues soy señor
de esta provincia, a cumplirlos.
Y así vengo a que me des
parte de aqueste prodigio
que guardas, para saber
si la causa que has tenido
para alterar esta tierra
es religión o delito.
TIRESIAS: En vano lo has intentado,
porque yo no he de decirlo.
MENÓN: ¿Qué mujer es la que llora
de la Fortuna castigos?
TIRESIAS: No sé de ninguna yo,
ni la he hablado ni la he visto.
Dentro SEMÍRAMIS
SEMÍRAMIS: ¡Ay infelice de mí!
MENÓN: Aquí dentro es el gemido;
negarlo todo, ya es
de tu grave culpa indicio;
abre esa puerta.
TIRESIAS: Primero
que las llaves, que conmigo
están, a hombre humano entregue,
cumpliendo los vaticinios
de mi diosa, me daré
la muerte; y así, atrevido,
ese lago a mi cadáver
dará sepulcro de vidrio.
Vase TIRESIAS
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu