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LA HIJA DEL AIRE
Parte Primera


Personas que hablan en ella:


JORNADA PRIMERA


Dice MENÓN dentro los versos siguientes
MENÓN: Haced alto en esta parte, y en uno y otro escuadrón divididos, saludad con salva al Rey mi señor.
Tocan cajas, y dice LISÍAS a la otra parte
LISÍAS: Cantad aquí, mientras llega el rey a estos montes hoy; y a aquellas salvas de Marte sucedan las del Amor. MÚSICOS: "Coronado de laureles, lleno de fama y de honor, vuelva el valeroso Nino a los montes de Ascalón."
Ha de haber una puerta de una gruta al lado izquierdo, y dentro den golpes, y dice SEMÍRAMIS dentro
SEMÍRAMIS: Tiresias, abre esta puerta, o a manos de mi furor, muerte me dará el verdugo de mi desesperación.
Sale TIRESIAS, viejo, vestido de pieles largas, como sacerdote antiguo, y dice los versos siguientes con admiración
TIRESIAS: Allí trompetas y cajas, de Marte bélico horror; allí voces y instrumentos, dulces lisonjas de Amor, escucho; y cuando informado de tan desconforme unión de músicas, a admirarme en las causas de ella voy, estos golpes que a esta puerta se dan, y en mi corazón, a un tiempo me han detenido. ¡Confuso y medroso estoy!
Dentro MENÓN. Suenan cajas
MENÓN: Haced salva, que ya el Rey desde aquí se descubrió.
Dentro LISÍAS
LISÍAS: Vuelva la música a dar al aire su dulce voz.
Dentro MÚSICOS
MÚSICOS: "A tanta admiración suspenso queda en su carrera el sol."
En la gruta SEMÍRAMIS, suenan golpes
SEMÍRAMIS: Tiresias, si hoy no dispensas las leyes de esta prisión, donde sepultada vivo, la muerte me daré hoy. TIRESIAS: Del acero de mi vida ya tres los imanes son; éste llama con más fuerza, a responder a éste voy. ¿Qué das voces?
Se abre la puerta, y sale SEMÍRAMIS, vestida de pieles
SEMÍRAMIS: Dos acentos, que a un tiempo el aire veloz pronuncia, dando a mi oído ambos de equivocación, por no haberlos escuchado jamás, que jamás llegó a mi noticia el ruidoso aparato de su voz, la cárcel romper intentan donde aprisionada estoy desde que nací; ¿porqué confusamente los dos me elevan y me arrebatan? Éste que dulce sonó, con dulces halagos, hijos de su misma suspensión; éste que horrible, con fieros impulsos, tras quien me voy, sin saber dónde; que iguales me arrancan el corazón blandura y fiereza, agrado y ira, lisonja y horror; cuándo, un estruendo a esta parte, cuándo a ésta una admiración; ésta adormece al sentido, ésta despierta el valor, repitiéndome los ecos del bronce y de la canción.
Todo junto música y cajas
MÚSICOS: "A tanta admiración suspenso queda en su carrera el sol." TIRESIAS: No en vano yo me recelo que fuese despertador del letargo de tu vida ese confuso reloj de los vientos, que hoy ha hecho desacertado el rumor. Hablarte quise, porque esas novedades dos temí siempre que engendrasen en tu altiva condición nuevos deseos de ver a quien las ocasionó; y así, quiero prevenirte de lo que es, para que no te desespere tu vida, y el influjo superior, que a voluntad de los dioses te tiene en esta prisión, le facilite, sin que baste a embarazarse yo. Sabrás, pues, que Nino, Rey de Siria, ya vencedor de las bárbaras naciones del Oriente, vuelve hoy a Nínive, corte suya; por aquí pasa, y al son de sus cajas y trompetas, lenguas del sangriento dios, los rústicos moradores de los montes de Ascalón le aclaman; y pues que ya sabes toda la ocasión del militar aparato y la dulce elevación, sosiegate, y vuelve, vuelve a la estancia que te dio por cuna y sepulcro el Cielo; que me está dando temor pensar que el sol te ve, y que sabe enamorarse el sol. SEMÍRAMIS: En vano, Tíresias, quieres que ya te obedezca, que hoy la margen de tus preceptos ha de romper mi ambición; yo no he de volver a él, si tu sañudo furor me hiciese dos mil pedazos. TIRESIAS: Mira. SEMÍRAMIS: Suelta. TIRESIAS: ¿Ya olvidó tu memoria cuán infausto fue tu nacimiento? SEMÍRAMIS: No; bien lo sé de ti, que fuiste segundo padre, a quien yo debí la vida. TIRESIAS: ¿Pues cómo no me obedece tu amor? SEMÍRAMIS: Como mi obediencia ya la última línea tocó del sufrimiento, alentado del discurso y la razón. TIRESIAS: ¿Te acordarás qué, te dije? SEMÍRAMIS: Sí; que Venus te anunció, atenta al provecho mio, que había de ser horror del mundo, y que por mí habría, en cuanto ilumina el sol, tragedias, muertes, insultos, ira, llanto y confusión. TIRESIAS: ¿No te dije más? SEMÍRAMIS: Que a un rey glorioso le haría mi amor tirano, y que al fin vendría a darle la muerte yo. TIRESIAS: Pues si eso sabes de ti, y el fin que el hado antevió a tu vida, ¿porqué quieres buscarle? SEMÍRAMIS: Porque es error temerle; dudarle basta. ¿Qué importa que mi ambición digan que ha de despeñarme del lugar más superior, si para vencerla a ella tengo entendimiento yo? Y si ya me mata el verme de esta suerte, ¿no es mejor que me mate la verdad, que no la imaginación? Sí; que es dos veces cobarde el que por vivir murió; pues no pudiera hacer más el contrario más atroz, que matarle; y eso mismo hizo su mismo temor. Y así, yo no he de volver a esa lóbrega mansión; que quiero morir del rayo, y de sólo el trueno no. TIRESIAS: Pues antes que te resuelvas a tan temeraria acción como darte a conocer, sabré embarazarlo yo.
Cajas y música juntos
SEMÍRAMIS: ¿De qué suerte, si ya vuelven a alentar mi presunción esas voces? TIRESIAS: De esta suerte. ¡Guardas del monte!
Salen SOLDADOS
UNO: Señor. TIRESIAS: Pues vosotros sois a quien este prodigio fió, mi confïanza, sin que el rostro viese a los dos, esa fiera racional reducid a su prisión SEMÍRAMIS: Tened, no lleguéis, villanos; que no quiere mi valor darse a partido.
A TIRESIAS
Y así para que no quedes hoy vano de haberme vencido, tengo de vencerme yo. Mira, Tiresias, a cuánto se extiende mi presunción; pues porque nadie me fuerce, voluntariamente voy a sepultarme yo misma en esta oscura estación de mi vida, de mi muerte tumba dijera mejor.
Vase SEMÍRAMIS
TIRESIAS: Cerraré la puerta. Grande Júpiter, dame, favor para que embarace tanto asombro como antevió Venus, prevenido en este raro prodigio de amor.
Suenas las cajas y salen SOLDADOS por una puerta, NINO, rey, y MENÓN, general, e IRENE con espada y plumas; y por otra puerta MÚSICOS vestidos de villanos, LISÍAS, CHATO y SIRENE
LISÍAS: Vuelvas felicemente, de laureles ceñida la alta frente, a ver, de tan extraños horizontes, hoy, gran señor, aquestos patrios montes que ausente te han tenido edades tantas. CHATO: Y a todos su merced nos dé las plantas, pues de creer es que para tales fines todos los reyes traigan escarpines; y déselas también aquí a Sirene mi mojer, que a besárselas hoy viene, y se las besará con alegría, por besar una cosa que no es mía. SIRENE: ¿Que luego hobiese, Chato, de ver el Rey que sois un mentecato? NINO: Alzad todos del suelo. Yo, Lisías, os estimo el noble celo con que Ascalón recibe mi persona. LISÍAS: Vuestra grandeza mi humildad abona; que aunque es verdad que yo le he gobernado, este amor no se debe a mi cuidado, sino a su gran lealtad; y vos, señora, de tanto humano sol divina aurora, a todos dad la mano. CHATO: Sino a Sirene, mi mojer, que es llano que si llega en sus labios a ponella, de asco en un mes no comeréis con ella. SIRENE: Para ésta, picarote, que los huéspedes idos, haya escote. NINO: Puesto que ya mi gente las fértiles provincias del oriente discurrió numerosa, con tan grandes conquistas vitoriosa, pues a sus armas yace la Fenicia, y víctima la Siria, la Cilicia, la Propóntida, Lidia, Egipto, y Caria, donde apenas quedó nación contraria que no me obedeciese desde el Tanais al Nilo, cese, cese el militar acento de estremecer al sol, herir al viento, turbar el mar y fatigar la tierra, y hoy a la blanda paz ceda la guerra. Desde hoy vivir en ella determino, en la ciudad de mí nombre, Nino, Nínive se ha llamado, a quien yo por grandeza he edificado. Tú, Menón, que valiente los sagrados laureles de mi frente tanto has facilitado, que a ti el mirarme de ellos coronado confesaré que debo, si bien, bien a pagártelos me atrevo, hoy con la gente en Ascalón te queda, donde a tu orden disponerse pueda ese despojo todo; y en su distribución dispón el modo de suerte, que el más mísero soldado no vuelva sin que vuelva coronado con trofeos marciales, a pisar de su casa los umbrales; y porque a dar hoy enseñado vivas, quiero que antes recibas; porque no sabe cuánto es lisonjero el dar, el que primero no supo cuánto fue, Menón, penoso que liberal no fuera un poderoso; quiero que en este punto el dar y el recibir lo aprendas junto. Esa provincia bella, con cuanto en sí contiene, hinche, y es de ella, es tuya. De Ascalón eres ya dueño, aunque triunfo pequeño a tus grandes servicios. Pero éstos no son premios, son indicios de mi amor; no te ofrezcas a mis pies, ni esto poco me agradezcas. Toma la posesión, paga la gente, y todo esto sea brevemente; porque tu aviso creo que te le está notando mi deseo; que yo con la divina y soberana beldad de Irene, mi gallarda hermana, a quien, la Palas siendo de este Marte, mis aplausos debieron tanta parte, ir a Nínive quiero; en ella, pues, te espero, para partir contigo mi cetro y mi corona. El sol testigo será de una privanza a quien nunca se siga la mudanza. MENÓN: Invictísimo joven, cuya frente no sólo de los rayos del Oriente inmortal se corona, pero de zona trascendiendo en zona, de hemisferio pasando en hemisferio, hasta el ocaso extenderá su imperio, yo estoy de ti premïado sólo con ver, señor, que hayas llegado a dejarte pagar de mis deseos; que nadie es acreedor de tus trofeos, sino tu aliento sólo, Marte en la guerra y en la paz Apolo. NINO: Dame, Menón, tus brazos, y cree que aquestos lazos nudo serán tan fuerte que sólo le desate... MENÓN: ¿Quién? NINO: La muerte.
Vase NINO
IRENE: De mil contentos llena, no a dar, a recibir la enorabuena me ofrezco yo, Menón, porque a ninguna persona toca más vuestra fortuna. MENÓN: En eso no hacéis nada, que sois en ella muy interesada; pues cuanto yo valiere, no es más que un corto don que darme quiere el Cielo, porque tenga un sacrificio más que se prevenga llegar con mudo ejemplo al no piadoso umbral de vuestro templo. Dadme a besar la mano, si merezco favor tan soberano en esta despedida. IRENE: La mano no, los brazos y aun la vida os doy, Menón, en ellos. MENÓN: ¡Oh, si como adorallos, merecerlos hoy mi humildad pudiera! IRENE: Haced breve esta ausencia.
Vase IRENE
MENÓN: Feliz fuera amante que a adorar un sol se atreve, si él a la ausencia hacer pudiera breve. LISÍAS: (Aunque el ver he sentido Aparte que mi patria hoy a ser haya venido vasalla del vasallo, callaré, pues no puedo remediallo.) La merced que os ha hecho el Rey, Menón invicto, ya mi pecho por propria reconoce; largas edades vuestra edad la goce. MENÓN: No dudo yo, Lisías, tendréis por vuestras las venturas mías; mas lo que a vos y a todos juntos digo es que en mí, no señor, tendréis amigo que a todos os estime, y sólo a honraros el poder me anime. CHATO: Pues si hoy amigo y no señor tenemos, justo es que como amigos nos tratemos. ¿Cómo estáis? Y pues es cosa asentada que a un amigo no se ha de callar nada, y más cosas de pena y de cuidado, sabed que con Sirene estoy casado. Llegad acá, verá mi amigo agora con qué cara amanezco cada aurora. SIRENE: ¿Es la vuesa mejor? CHATO: No, mas la mía no es mi mujer. MENÓN: Dejad para otro día el gusto de escucharos. Lisías, hoy fïaros de mi cuidado espero la parte principal; venid, que quiero que me advirtáis en todo el estilo y el modo de alojar, mientras pago aquesta gente; y quiero juntamente que noticias me deis de aquesta tierra, y qué es lo que en sus términos encierra. LISÍAS: En todo he de serviros. MENÓN: Viento, llévale a Irene estos suspiros; y tú, diosa Fortuna, condicional imagen de la luna, estáte un punto queda; diviértela tú, Amor, para su rueda, para que sean testigos los cielos, que una vez han sido amigos.
Vanse y se quedan CHATO y SIRENE

La hija del aire, primera parte part 2

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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