LISARDA: ¿Qué dices?
CÉSAR: Si yo supiera
decir a lo que he venido,
mi discurso enmudecido
¡qué buen retórico fuera!
Solamente considera,
pues que yo mismo lo ignoro,
pues no lo digo y lo lloro,
que vendré en mal tan severo
o a vivir con lo que quiero,
o a morir con lo que adoro.
Si está en esta casa el bien
que yo adoré y yo perdí...
LISARDA: César, no me hables así;
que ya no es justo ni es bien.
Cobarde la voz detén,
y dime si anoche fuiste
el que a esta casa veniste
a darme la muerte.
CÉSAR: No.
LISARDA: Pues déte dos vidas yo,
por una que tú me diste.
Vete ya de aquí; porqué,
si mi padre o si mi primo,
a quien como esposo estimo,
ya uno o ya otro te ve,
es fuerza que yo les dé
satisfacción.
CÉSAR: (¡Que esto haya! Aparte
Parad, desdichas, a raya.)
LISARDA: Vete, antes que a verte lleguen.
CÉSAR: (¿Quién creerá que ya me rueguen Aparte
que me vaya, y no me vaya?
Pues no he de dejar en tal
peligro [a] Celia.)
Sale BEATRIZ alborotada
BEATRIZ: ¡Ay señora!
¿Esto tenemos ahora?
LISARDA: ¿Qué hay, Beatriz? ¿Es otro mal?
BEATRIZ: Pendencia hay en el portal;
y en las voces y el rumor
es...
LISARDA: ¿Quién?
BEATRIZ: Don Juan, mi señor,
con un hombre que ha encontrado
en la calle.
CÉSAR: (Mi cuidado Aparte
siempre viene a ser mayor.)
LISARDA: (¡Ay de mí! Si ve salir Aparte
de aquí a don César don Juan,
a evidencias pasarán
sus sospechas; pues decir
que él se ha atrevido a venir
sin mí a estar aquí conmigo,
haciendo a mi honor testigo,
otra sospecha es cruel;
pues no se viniera él
en casa de su enemigo
a no tener ocasión
mayor que a esto le obligara.)
CÉSAR: Déjame salir.
LISARDA: Repara
que estoy en gran confusión.
Mi opinión por mi opinión
hoy aventurar intento.--
A BEATRIZ
Llévale tú a tu aposento.
CÉSAR: Más seguro aquí estaré.
Déjame aquí.
LISARDA: ¿Para qué?
Que esto es público a mi intento.
CÉSAR: (Si le descubro el secreto, Aparte
no sé después lo que hará
por librarse; y, pues está
libre Celia de este aprieto,
callarle quiero en efeto.)
BEATRIZ: Ya sube por la escalera
don Juan con otros.
LISARDA: ¿Qué espera
tu vida? Escóndete, pues,
por mi honor hasta después.
CÉSAR: Sólo por tu honor lo hiciera.
Vase con BEATRIZ don CÉSAR. Salen
OTÁÑEZ y CASTAÑO, que traen agarrado a MOSQUITO, y don
JUAN
JUAN: Traedle los dos de esa suerte
hasta que en este aposento
diga dónde está su amo.
MOSQUITO: ¡Séame testigo el cielo
de que se han hecho justicia!
Sin vara y sin mandamiento,
¿cómo me pueden prender
vuesas mercedes?
LISARDA: ¿Qué es esto?
MOSQUITO: Dos alguaciles, señora,
porfían, a lo que entiendo,
por no decir que hacen punta,
pues a estocadas me han muerto,
en traerme aquí, sin saber
por qué.
LISARDA: (¡Ay de mí! Ya sospecho Aparte
la causa. Aquéste es criado
de César. Cuando aquí dentro
entró, se quedó en la calle,
adonde le conocieron.)
JUAN: Yo te diré lo que ha sido.
Este hombre que traemos
es de don César crïado.
LISARDA: (Bien discurrí yo en lo cierto.) Aparte
JUAN: Pasaba por esta calle
mirando y reconociendo
esta casa; y es, sin duda,
que, estando aquí de secreto
César y habiendo sabido
que yo le busco resuelto,
envía a saber mi casa
para matarme; y yo quiero
que este criado me diga
dónde está su amo...
LISARDA: (¡Hoy muero, Aparte
si él lo dice!)
JUAN: ...porque yo
madrugue y mate primero.
Metíle en este portal,
donde amenazas y ruegos
no han torcido su lealtad.
Y así por fuerza pretendo
que me lo diga; pues hoy
he de matarle, si luego
no dice dónde está César.
MOSQUITO: (Yo lo dijera bien presto, Aparte
si no me hubieran traído
donde él mismo me está oyendo.)
JUAN: ¿Dónde está tu amo? Dilo.
MOSQUITO: Sí diré.
LISARDA: (¡Válgame el cielo! Aparte
Hoy acabará mi vida
si dice que está aquí dentro.)
MOSQUITO: No está muy lejos de aquí.
(Y es verdad.) Aparte
LISARDA: (¡Ay de mí!) Aparte
JUAN: ¡Ea, presto!
¡Dilo, pues!
MOSQUITO: En Portugal
entretenido le dejo
en ver unos folijones
que le dan mucho contento.
JUAN: Si yo sé que está en Madrid
y que ha venido encubierto
tres días ha, que se apeó
en una posada, y luego
sé que Celia está con él,
¿cómo solicitas, necio,
encubrirlo?
MOSQUITO: Pues ¿hay más
de que me den un tormento?
¿Quién querrá hacerse verdugo,
ya que lo demás se han hecho,
sin más títulos?
JUAN: Yo sé
lo que se ha de hacer en esto.
Palabra a Félix he dado
que en público ni en secreto
no haré diligencia alguna
sin darle cuenta primero,
como más interesado
en la venganza que emprendo;
y así me importa avisarle
de que a este criado tengo
en mi poder; y entre tanto
que aquí con don Félix vuelvo,
que en un coche será fácil,
quedará en este aposento
o retrete, que al fin es
más recogido y secreto,
pues que sólo tiene paso
a mi cuarto; y así cierro
porque, hasta hablar a mi amigo,
el lance apurar no puedo.
LISARDA: (¡Quiera el cielo que se vaya, Aparte
porque pueda en este tiempo
echar a César de casa!)
Don Juan, en todo obedezco.
JUAN: Dejadle solo los dos
y, a que nadie salga atentos,
no os quitéis de ese portal.
CASTAÑO: En él, señor, estaremos,
para que ninguno entre
ni el bergante salga.
MOSQUITO: Quedo;
que prender pueden ustedes,
mas no hablar mal, caballeros.
JUAN: Que, si la verdad no dices,
morirás. Solo te dejo
a que pienses lo mejor.
Aconséjate a ti mismo
o el secreto descubrir
o dar la vida a este acero.
Vanse todos, cerrando la puerta, menos MOSQUITO
MOSQUITO: ¿"Dar a este acero la vida
o descubrir el secreto",
y "aconséjate contigo"?
Aquéste es --¡viven los cielos!--
un lance muy apretado.
Pero ¿qué dudo ni temo,
si la cárcel donde estoy
es la misma que le dieron
a mi amo sus desdichas?
Y que él lo sabe ya es cierto,
pues esperando estará
la diligencia que dejo
hecha para aventurarse
a salir. Llamarle quiero.--
¡Ah de la escalera! Bien
puedes salir sin recelo;
que yo solo estoy aquí,
porque no es nadie mi miedo.
Sale CELIA tapada por la puerta de la
escalera
CELIA: (Fuerza es abrir, porque no Aparte
dé más golpes este necio,
y porque razón me falta.)
MOSQUITO: Señor, pues ¿qué ha sido esto?
¿Has hurtado otro vestido
para salir encubierto
como yo? Has hecho muy bien;
que vive aquí un señor viejo
que anda sacando mujeres
con grandísimo respeto.
Ni una mano me tomó.
Pero las burlas dejemos.
¿Has sabido lo que pasa?
¡Habla, vive Dios! ¿Qué es esto?
CELIA: ¡Ay de mí!
MOSQUITO: La voz también
has hurtado, a lo que entiendo,
con el vestido. ¿Has estado
acaso en muda este tiempo?
Porque yo te dejé bajo,
y tiple, señor, te encuentro.
Mas cuánto va que Lisarda,
agradecida a aquel tiempo
que la quisiste, te ha dado...
CELIA: Calla; que aqueso me ha muerto.
MOSQUITO: ¡Santo Dios, mujer es ésta!
Yo mil veces he oído un cuento
de una monja a quien salió
una escupidura, haciendo
una fuerza, y que de monja
quedó monjo en un momento;
pero de un galán hacerse
una dama no me acuerdo
haberlo visto en mi vida.
CELIA: Calla, si no quieres, necio,
que te dé muerte mi rabia.
MOSQUITO: ¿Celia?
CELIA: Sí.
MOSQUITO: Pues ¿qué es aquesto?
CELIA: Es haber venido a ver,
de mi honor y vida al riesgo,
la mayor traición de un hombre.
Harto así te lo encarezco.
César, a quien vine a dar
la vida, en pago me ha muerto;
que, sabiendo que yo estaba
en tan riguroso aprieto,
me dejó, por declararse
con Lisarda, donde --¡ay cielos!--
le oí decir que era su amor
el que le trajo a este puesto.
Salir quise, cuando oí
las gentes que te trajeron,
y disimulé, a pesar
de mi amor y de mis celos,
hasta que tú me llamaste.
MOSQUITO: ¿Y mi amo?
CELIA: Estará a este tiempo
dando quejas a Lisarda.
MOSQUITO: ¿De qué?
CELIA: De su casamiento.
Mas porque no se dilaten
los inconvenientes nuestros,
he de decir la verdad
a voces, porque con esto,
desengañado don Juan
de sus bien fundados celos
y asegurada Lisarda,
los mire César más presto.
MOSQUITO: ¿Ahora de celos te acuerdas
ni de amor, cuando tenemos
más cosas a que acudir
que agentes con muchos pleitos?
CELIA: Pues dime tú, ¿cómo fue
el venir tú aquí?
MOSQUITO: Encubierto
salí de aquí. A don Rodrigo,
de César amigo y deudo,
avisé de todo el caso,
porque viniese resuelto
a guardarle las espaldas
esta noche. Él, para hacerlo,
me dijo que le enseñase
la casa en que estaba, pero
que no pasásemos juntos
por ella los dos. Con esto
venimos por las dos ceras
y yo quedémela viendo,
porque él reparara en ella.
Pasó adelante. A este tiempo
don Juan venía a su casa.
Conocióme, y muy soberbio
en su portal me metió.
Negar quise, y en efecto
él y todos sus crïados
a esta parte me trajeron,
donde pensé que él estaba
todavía, y donde al juego
de esta escalera he jugado
"mete ruin y saca bueno".
CELIA: ¿Y qué hemos de hacer ahora
los dos aquí?
MOSQUITO: ¿Qué sé de eso?
CELIA: Antes que mi hermano venga,
llamar a esta puerta quiero
y descubrirme a Lisarda
de una vez, porque don Diego
en casa no está a estas horas;
que Lisarda, por lo menos,
es mujer noble y será
piadosa.
MOSQUITO: Y es lo más cierto.
Llama CELIA a la puerta. Dentro BEATRIZ
BEATRIZ: Mosquito, no puedo abrirte;
sabe Dios si lo deseo,
porque se llevó don Juan
la llave; mas lo que puedo
asegurarte es que César,
que ahora está en mi aposento
con mi ama hablando, no quiere
irse, dejándote dentro.
MOSQUITO: Ésta es Beatriz, la criada
de Lisarda.
CELIA: ¡Nada, cielos,
he de escuchar y he de ver
que no sea otro tormento!
MOSQUITO: Mira si puedes abrirme;
que estoy con piedra sospecho,
pues es el abrirme cura.
BEATRIZ: Ya te he dicho que no puedo.
Mucho me pesa el verte
en tan riguroso aprieto;
pero no puedo llorar.
MOSQUITO: Y yo, pícara, lo creo;
porque yo soy un pobrete,
a quien de lástima un tiempo
quisiste.
BEATRIZ: A eso respondiera;
pero no me toca hacerlo
a quien encerrado garla.
CELIA: Cerró el paso a mi remedio
llevarse don Juan la llave,
y abrióle a mi sentimiento.
BEATRIZ: Encomiéndate, Mosquito,
a Dios; que don Juan ha vuelto
con aquel amigo suyo
que le buscó anoche.
CELIA: ¡Cielos,
mi hermano es!
MOSQUITO: Aquí, señora,
lo mejor es escondernos.
Vivamos un rato más,
mientras buscan el secreto.
CELIA: Dices bien. Mas ¡ay de mí!
que tropezando y cayendo
voy.
MOSQUITO: Cerraré yo la trampa,
pues que no llegas a tiempo.
Éntrase MOSQUITO, dejando fuera a CELIA
CELIA: ¡Hombre ruin, en fin...!
Salen don JUAN y don FÉLIX
JUAN: Aquí,
como os he dicho, le tengo
encerrado.
FÉLIX: Pues cerrad
la puerta ahora por de dentro,
y quedémonos con él
solos; que ¡viven los cielos!
que ha de decir de su amo
o hemos de dejarle muerto.
JUAN: Ya veis el riesgo en que estáis,
hidalgo... Pero ¿qué es esto?
Donde un criado dejé,
¿tapada una dama encuentro?
FÉLIX: ¿No me dijisteis que estaba
cerrado en un aposento
el criado, y que no había
por donde salir?
JUAN: Y es cierto.
FÉLIX: No mucho, pues él se ha ido,
y una dama es la que vemos.
JUAN: ¡Vive el cielo, que la llave
llevé conmigo!
FÉLIX: Apuremos
de una vez el desengaño.
Don FÉLIX se queda junto a la puerta, y llega
don JUAN a hablar a CELIA
El escondido y la tapada, part 9
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu