This file last updated September 13, 2000
LISARDA:          ¿Qué dices?
CÉSAR:                        Si yo supiera
               decir a lo que he venido,
               mi discurso enmudecido
               ¡qué buen retórico fuera!
               Solamente considera,
               pues que yo mismo lo ignoro,
               pues no lo digo y lo lloro,
               que vendré en mal tan severo
               o a vivir con lo que quiero,
               o a morir con lo que adoro.
                  Si está en esta casa el bien
               que yo adoré y yo perdí...
LISARDA:       César, no me hables así;
               que ya no es justo ni es bien.
               Cobarde la voz detén,
               y dime si anoche fuiste
               el que a esta casa veniste
               a darme la muerte.
CÉSAR:                              No.
LISARDA:       Pues déte dos vidas yo,
               por una que tú me diste.
                  Vete ya de aquí; porqué,
               si mi padre o si mi primo,
               a quien como esposo estimo,
               ya uno o ya otro te ve,
               es fuerza que yo les dé
               satisfacción.
CÉSAR:                       (¡Que esto haya!      Aparte
               Parad, desdichas, a raya.)
LISARDA:       Vete, antes que a verte lleguen.
CÉSAR:         (¿Quién creerá que ya me rueguen        Aparte
               que me vaya, y no me vaya?
                  Pues no he de dejar en tal
               peligro [a] Celia.)

Sale BEATRIZ alborotada
BEATRIZ: ¡Ay señora! ¿Esto tenemos ahora? LISARDA: ¿Qué hay, Beatriz? ¿Es otro mal? BEATRIZ: Pendencia hay en el portal; y en las voces y el rumor es... LISARDA: ¿Quién? BEATRIZ: Don Juan, mi señor, con un hombre que ha encontrado en la calle. CÉSAR: (Mi cuidado Aparte siempre viene a ser mayor.) LISARDA: (¡Ay de mí! Si ve salir Aparte de aquí a don César don Juan, a evidencias pasarán sus sospechas; pues decir que él se ha atrevido a venir sin mí a estar aquí conmigo, haciendo a mi honor testigo, otra sospecha es cruel; pues no se viniera él en casa de su enemigo a no tener ocasión mayor que a esto le obligara.) CÉSAR: Déjame salir. LISARDA: Repara que estoy en gran confusión. Mi opinión por mi opinión hoy aventurar intento.--
A BEATRIZ
Llévale tú a tu aposento. CÉSAR: Más seguro aquí estaré. Déjame aquí. LISARDA: ¿Para qué? Que esto es público a mi intento. CÉSAR: (Si le descubro el secreto, Aparte no sé después lo que hará por librarse; y, pues está libre Celia de este aprieto, callarle quiero en efeto.) BEATRIZ: Ya sube por la escalera don Juan con otros. LISARDA: ¿Qué espera tu vida? Escóndete, pues, por mi honor hasta después. CÉSAR: Sólo por tu honor lo hiciera.
Vase con BEATRIZ don CÉSAR. Salen OTÁÑEZ y CASTAÑO, que traen agarrado a MOSQUITO, y don JUAN
JUAN: Traedle los dos de esa suerte hasta que en este aposento diga dónde está su amo. MOSQUITO: ¡Séame testigo el cielo de que se han hecho justicia! Sin vara y sin mandamiento, ¿cómo me pueden prender vuesas mercedes? LISARDA: ¿Qué es esto? MOSQUITO: Dos alguaciles, señora, porfían, a lo que entiendo, por no decir que hacen punta, pues a estocadas me han muerto, en traerme aquí, sin saber por qué. LISARDA: (¡Ay de mí! Ya sospecho Aparte la causa. Aquéste es criado de César. Cuando aquí dentro entró, se quedó en la calle, adonde le conocieron.) JUAN: Yo te diré lo que ha sido. Este hombre que traemos es de don César crïado. LISARDA: (Bien discurrí yo en lo cierto.) Aparte JUAN: Pasaba por esta calle mirando y reconociendo esta casa; y es, sin duda, que, estando aquí de secreto César y habiendo sabido que yo le busco resuelto, envía a saber mi casa para matarme; y yo quiero que este criado me diga dónde está su amo... LISARDA: (¡Hoy muero, Aparte si él lo dice!) JUAN: ...porque yo madrugue y mate primero. Metíle en este portal, donde amenazas y ruegos no han torcido su lealtad. Y así por fuerza pretendo que me lo diga; pues hoy he de matarle, si luego no dice dónde está César. MOSQUITO: (Yo lo dijera bien presto, Aparte si no me hubieran traído donde él mismo me está oyendo.) JUAN: ¿Dónde está tu amo? Dilo. MOSQUITO: Sí diré. LISARDA: (¡Válgame el cielo! Aparte Hoy acabará mi vida si dice que está aquí dentro.) MOSQUITO: No está muy lejos de aquí. (Y es verdad.) Aparte LISARDA: (¡Ay de mí!) Aparte JUAN: ¡Ea, presto! ¡Dilo, pues! MOSQUITO: En Portugal entretenido le dejo en ver unos folijones que le dan mucho contento. JUAN: Si yo sé que está en Madrid y que ha venido encubierto tres días ha, que se apeó en una posada, y luego sé que Celia está con él, ¿cómo solicitas, necio, encubrirlo? MOSQUITO: Pues ¿hay más de que me den un tormento? ¿Quién querrá hacerse verdugo, ya que lo demás se han hecho, sin más títulos? JUAN: Yo sé lo que se ha de hacer en esto. Palabra a Félix he dado que en público ni en secreto no haré diligencia alguna sin darle cuenta primero, como más interesado en la venganza que emprendo; y así me importa avisarle de que a este criado tengo en mi poder; y entre tanto que aquí con don Félix vuelvo, que en un coche será fácil, quedará en este aposento o retrete, que al fin es más recogido y secreto, pues que sólo tiene paso a mi cuarto; y así cierro porque, hasta hablar a mi amigo, el lance apurar no puedo. LISARDA: (¡Quiera el cielo que se vaya, Aparte porque pueda en este tiempo echar a César de casa!) Don Juan, en todo obedezco. JUAN: Dejadle solo los dos y, a que nadie salga atentos, no os quitéis de ese portal. CASTAÑO: En él, señor, estaremos, para que ninguno entre ni el bergante salga. MOSQUITO: Quedo; que prender pueden ustedes, mas no hablar mal, caballeros. JUAN: Que, si la verdad no dices, morirás. Solo te dejo a que pienses lo mejor. Aconséjate a ti mismo o el secreto descubrir o dar la vida a este acero.
Vanse todos, cerrando la puerta, menos MOSQUITO
MOSQUITO: ¿"Dar a este acero la vida o descubrir el secreto", y "aconséjate contigo"? Aquéste es --¡viven los cielos!-- un lance muy apretado. Pero ¿qué dudo ni temo, si la cárcel donde estoy es la misma que le dieron a mi amo sus desdichas? Y que él lo sabe ya es cierto, pues esperando estará la diligencia que dejo hecha para aventurarse a salir. Llamarle quiero.-- ¡Ah de la escalera! Bien puedes salir sin recelo; que yo solo estoy aquí, porque no es nadie mi miedo.
Sale CELIA tapada por la puerta de la escalera
CELIA: (Fuerza es abrir, porque no Aparte dé más golpes este necio, y porque razón me falta.) MOSQUITO: Señor, pues ¿qué ha sido esto? ¿Has hurtado otro vestido para salir encubierto como yo? Has hecho muy bien; que vive aquí un señor viejo que anda sacando mujeres con grandísimo respeto. Ni una mano me tomó. Pero las burlas dejemos. ¿Has sabido lo que pasa? ¡Habla, vive Dios! ¿Qué es esto? CELIA: ¡Ay de mí! MOSQUITO: La voz también has hurtado, a lo que entiendo, con el vestido. ¿Has estado acaso en muda este tiempo? Porque yo te dejé bajo, y tiple, señor, te encuentro. Mas cuánto va que Lisarda, agradecida a aquel tiempo que la quisiste, te ha dado... CELIA: Calla; que aqueso me ha muerto. MOSQUITO: ¡Santo Dios, mujer es ésta! Yo mil veces he oído un cuento de una monja a quien salió una escupidura, haciendo una fuerza, y que de monja quedó monjo en un momento; pero de un galán hacerse una dama no me acuerdo haberlo visto en mi vida. CELIA: Calla, si no quieres, necio, que te dé muerte mi rabia. MOSQUITO: ¿Celia? CELIA: Sí. MOSQUITO: Pues ¿qué es aquesto? CELIA: Es haber venido a ver, de mi honor y vida al riesgo, la mayor traición de un hombre. Harto así te lo encarezco. César, a quien vine a dar la vida, en pago me ha muerto; que, sabiendo que yo estaba en tan riguroso aprieto, me dejó, por declararse con Lisarda, donde --¡ay cielos!-- le oí decir que era su amor el que le trajo a este puesto. Salir quise, cuando oí las gentes que te trajeron, y disimulé, a pesar de mi amor y de mis celos, hasta que tú me llamaste. MOSQUITO: ¿Y mi amo? CELIA: Estará a este tiempo dando quejas a Lisarda. MOSQUITO: ¿De qué? CELIA: De su casamiento. Mas porque no se dilaten los inconvenientes nuestros, he de decir la verdad a voces, porque con esto, desengañado don Juan de sus bien fundados celos y asegurada Lisarda, los mire César más presto. MOSQUITO: ¿Ahora de celos te acuerdas ni de amor, cuando tenemos más cosas a que acudir que agentes con muchos pleitos? CELIA: Pues dime tú, ¿cómo fue el venir tú aquí? MOSQUITO: Encubierto salí de aquí. A don Rodrigo, de César amigo y deudo, avisé de todo el caso, porque viniese resuelto a guardarle las espaldas esta noche. Él, para hacerlo, me dijo que le enseñase la casa en que estaba, pero que no pasásemos juntos por ella los dos. Con esto venimos por las dos ceras y yo quedémela viendo, porque él reparara en ella. Pasó adelante. A este tiempo don Juan venía a su casa. Conocióme, y muy soberbio en su portal me metió. Negar quise, y en efecto él y todos sus crïados a esta parte me trajeron, donde pensé que él estaba todavía, y donde al juego de esta escalera he jugado "mete ruin y saca bueno". CELIA: ¿Y qué hemos de hacer ahora los dos aquí? MOSQUITO: ¿Qué sé de eso? CELIA: Antes que mi hermano venga, llamar a esta puerta quiero y descubrirme a Lisarda de una vez, porque don Diego en casa no está a estas horas; que Lisarda, por lo menos, es mujer noble y será piadosa. MOSQUITO: Y es lo más cierto.
Llama CELIA a la puerta. Dentro BEATRIZ
BEATRIZ: Mosquito, no puedo abrirte; sabe Dios si lo deseo, porque se llevó don Juan la llave; mas lo que puedo asegurarte es que César, que ahora está en mi aposento con mi ama hablando, no quiere irse, dejándote dentro. MOSQUITO: Ésta es Beatriz, la criada de Lisarda. CELIA: ¡Nada, cielos, he de escuchar y he de ver que no sea otro tormento! MOSQUITO: Mira si puedes abrirme; que estoy con piedra sospecho, pues es el abrirme cura. BEATRIZ: Ya te he dicho que no puedo. Mucho me pesa el verte en tan riguroso aprieto; pero no puedo llorar. MOSQUITO: Y yo, pícara, lo creo; porque yo soy un pobrete, a quien de lástima un tiempo quisiste. BEATRIZ: A eso respondiera; pero no me toca hacerlo a quien encerrado garla. CELIA: Cerró el paso a mi remedio llevarse don Juan la llave, y abrióle a mi sentimiento. BEATRIZ: Encomiéndate, Mosquito, a Dios; que don Juan ha vuelto con aquel amigo suyo que le buscó anoche. CELIA: ¡Cielos, mi hermano es! MOSQUITO: Aquí, señora, lo mejor es escondernos. Vivamos un rato más, mientras buscan el secreto. CELIA: Dices bien. Mas ¡ay de mí! que tropezando y cayendo voy. MOSQUITO: Cerraré yo la trampa, pues que no llegas a tiempo.
Éntrase MOSQUITO, dejando fuera a CELIA
CELIA: ¡Hombre ruin, en fin...!
Salen don JUAN y don FÉLIX
JUAN: Aquí, como os he dicho, le tengo encerrado. FÉLIX: Pues cerrad la puerta ahora por de dentro, y quedémonos con él solos; que ¡viven los cielos! que ha de decir de su amo o hemos de dejarle muerto. JUAN: Ya veis el riesgo en que estáis, hidalgo... Pero ¿qué es esto? Donde un criado dejé, ¿tapada una dama encuentro? FÉLIX: ¿No me dijisteis que estaba cerrado en un aposento el criado, y que no había por donde salir? JUAN: Y es cierto. FÉLIX: No mucho, pues él se ha ido, y una dama es la que vemos. JUAN: ¡Vive el cielo, que la llave llevé conmigo! FÉLIX: Apuremos de una vez el desengaño.
Don FÉLIX se queda junto a la puerta, y llega don JUAN a hablar a CELIA

El escondido y la tapada, part 9

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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