OTÁÑEZ: Relamidilla, embustera,
agradeced que ha llegado
el coche, y que se ha apeado
señora; que yo os hiciera
llevar a la Inquisición.
Sale LISARDA con manto
LISARDA: Notable priesa ha tenido
mi padre, pues ha querido
mudarse sin dilación,
y que venga la primera
yo a ver la casa y mandar
cómo se ha de aderezar.
OTÁÑEZ: Tal huésped en ella espera.
BEATRIZ: Muy cuerdo mi señor anda
en que tú vengas ahora,
pues no agrada a una señora,
sino sólo lo que manda;
que, si yo hubiera empezado
a poner algo, sospecho
que, de cuanto hubiera hecho,
nada te hubiera agradado.
LISARDA: Buena la casa parece.
OTÁÑEZ: En este cuarto ha de estar
don Juan hasta efectuar
las dichas que Amor ofrece.
BEATRIZ: Acudid, Otáñez, vos
a ver apear la ropa
del carro.
OTÁÑEZ: Si en esto topa,
ya acuden, ¡válgame Dios!
Vase
LISARDA: No me traigan nada aquí.
Pues esta pieza ha de ser
tocador, no es menester
colgarla.
BEATRIZ: Guárdate allí
del polvo.
LISARDA: ¡Oh, qué triste estoy!
BEATRIZ: ¿Hoy, que pedirte quisiera
albricias, de esa manera
suspiras?
LISARDA: Sí; porque hoy
mirando mis penas voy.
BEATRIZ: ¿Quién, señora, las causó?
LISARDA: Oye. Don Juan...
Sale don JUAN
JUAN: Feliz yo,
que a tan buen tiempo llegué
que en tus labios escuché
mi nombre.
LISARDA: ¿Y no pudo no
ser dicha, y desdicha sí,
el acordarme de vos?
JUAN: No; que siempre es dicha...
LISARDA: (¡Ay Dios!) Aparte
JUAN: ...que tú te acuerdes de mí;
pues, aunque haya sido aquí
en daño mío, sospecho
que en el pecho satisfecho
estoy; que el reloj veloz
obedece con la voz
al artificio del pecho.
LISARDA: Sí; pero ninguno ignora
que con otro tal indicio
muestra una hora el artificio
y da la voz otra hora.
JUAN: Pues ¿por qué, prima y señora,
hoy tanto rigor?
LISARDA: No sé;
que a vos os lo callaré
por el autoridad mía.
Yo a Beatriz se lo decía,
y a Beatriz se lo diré--
Beatriz, mi primo don Juan
sin duda alguna ha creído
que el entrar a ser marido
es salir de ser galán.
Poco cuidado le dan
finezas, poco cuidado
festejos; pues, olvidado
está ya de que se infiere
que no quiere el que no quiere
un poco desconfïado.
Ayer al campo salí,
y a don Juan en él no hallé;
en el campo peligré,
y de otro amparada fui.
Y si a aquél agradecí
la fineza de mi vida,
a éste, que de mí se olvida,
castigarle puedo, pues
no es con éste cruel quien es
con aquél agradecida.
Vine a casa, como viste,
y don Juan no pareció
en toda la noche. Yo,
que ya sé que esto consiste
en ese festejo, triste,
no celosa, estoy, por ver
que don Juan, antes de ser
mi esposo, verme dilata,
y que desde ahora me trata
ya como propia mujer.
JUAN: Si supieras la razón,
tú me disculparas ya.
Buenos testigos quizá
aquestas paredes son.
Digan ellas la ocasión,
digan ellas...
LISARDA: ¿Para qué,
si yo con Beatriz hablé,
me respondéis?
JUAN: Culpa es mía.
Yo a Beatriz se lo decía,
y a Beatriz se lo diré.
Bajando anoche a buscar
a mi prima, vi al que dio
muerte a don Alonso, y yo,
con ánimo de vengar
mi pena, le fui a buscar,
llevando en mi compañía
a Félix, el que vivía
en esta casa. Llegamos
donde a César esperamos,
hasta que la rabia mía
me hizo embestir a otro hombre
por él. Justicia llegó;
conocernos pretendió,
y uno quedó --no te asombre--
muerto, cuando oímos el nombre
de don Félix repetido
y, viéndose conocido,
fuerza el ausentarse fue.
Ésta es la causa; porque
de honrado y de agradecido
yo no le pude dejar
hasta que en salvo estuviese
él y su casa e hiciese
diligencias de alcanzar,
si de mí llegaba a hablar
la justicia. Se ha sabido
que yo no fui conocido;
con lo cual me he asegurado;
que mal pudo otro cuidado
tenerme a mí divertido.
BEATRIZ: Pues yo, que he sido la oidora
en sala de competencia,
fallo por mí la sentencia,
que, pues el uno a otro adora,
os deis por buenos ahora.
JUAN: Yo obedezco; y si hay disculpa,
cese el rigor que me culpa.
LISARDA: Yo creo que así será;
que para nada me está
bien que vos tengáis más culpa.
JUAN: Ya que estás desenojada,
de la caída de ayer
la sangría...
LISARDA: Eso es querer
volver a verme enojada.
Vase
JUAN: ...será para una criada.--
Castaño, dale a guardar
aqueso a Beatriz.
Sale CASTAÑO
BEATRIZ: El dar
tanto el ánimo recrea,
que, aunque para mí no sea,
lo tomaré, por tomar.
Y pues tan revuelta está
la casa toda, en aqueste
aposento que ha de ser
o tocador o retrete
de mi señora, poniendo
ve, Castaño, sutilmente,
no sé qué que a mi ama traes.
CASTAÑO: Son más de mil no-sé-qué-es.
Espera; irélos trayendo;
que aquí unos mozos los tienen.
BEATRIZ: Para ponerlos mejor,
pongamos aquí un bufete.
Sacan un bufete, y desde la puerta van tomando unos
azafates cubiertos
CASTAÑO: Estos son de Portugal
dulces.
BEATRIZ: Di dulces dos veces,
pues dos veces lo serán
por dulces y portugueses.
CASTAÑO: Chocolate de Guajaca
esto y éstos, que aquí vienen,
tocados, cintas y medias,
guantes, pastillas, pebetes,
faldriqueras, zapatillas,
y bolsos éstos.
BEATRIZ: Bien huelen.
CASTAÑO: Toda esta salsa, Beatriz,
han menester las mujeres
para que no huelan mal,
y más las propias.
BEATRIZ: Tú mientes.
CASTAÑO: Esto es cuanto a esto; que aquí
vienen joyas excelentes
en este contador que hoy
es contador de mercedes.
BEATRIZ: Bien está; pero aquí falta
una alhaja.
CASTAÑO: ¿Qué es?
BEATRIZ: Atiende.
Un cierto vestido mío,
que de estas bodas alegres
de ribete se me da.
CASTAÑO: Forzoso era que lo fuese;
porque ya, Beatriz, di, ¿cuál
vestido no es de ribete?
Mas no le quise traer;
que hay un grande inconveniente.
BEATRIZ: Di, ¿cuál?
CASTAÑO: A mí me han parlado
que de un bergantón ausente,
que por Colada y Tizona
era Mosquito dos veces,
fuiste --sin ser la violada
Violante de Navarrete--
de sus botones ojal
y de sus cintas ojete.
Hame dado pesadumbre
el caso, y no me parece
que será puesto en razón
que de Castaño se cuente
con él te vistes y con
otro te desnudas.
BEATRIZ: ¡Tente!
Pues ¿dasme el vestido tú?
CASTAÑO: No; pero basta el traerle,
que es como dar por tablilla
a la bola que está enfrente.
BEATRIZ: Aun siendo eso, no hay razón;
que Mosquito solamente
fue, en hacer faltas con él,
pelota de mi trinquete.
Y, si va a decir verdad,
tú solamente me debes
más lágrimas en un hora
que Mosquito en treinta meses;
que de lástima le quise,
sólo por ser buen pobrete,
mientras hallaba otra cosa.
CASTAÑO: Tanto cuanto me enterneces.
Éste es, Beatriz, el vestido
hecho y derecho, y aquéste
el manto.
BEATRIZ: Y éste, un abrazo.
CASTAÑO: En fin ¿sólo a mí me quieres?
BEATRIZ: No está en uso querer solo
a nadie; basta quererte.
Y, pues con tu amo hoy
en casa vives, advierte
que, si hay dares y tomares,
habrá dimes y diretes.
Y adiós por ahora; que es bien
que aqueste aposento cierre
con llave, porque ninguno
aquí no salga ni entre.
CASTAÑO: Adiós.
Vase
BEATRIZ: Quédese el vestido
con lo demás. ¡Quién sirviese
un ama que fuera novia
cada mes una o dos veces!
Vase. Salen a la puerta con CÉSAR y
MOSQUITO
MOSQUITO: ¡Vive Dios, que he de salir!
CÉSAR: ¿Dónde has de salir? ¡Detente!
MOSQUITO: Si hemos oído cerrar
la puerta de este retrete,
y que han dejado en él dulces,
¿cómo podrás detenerme
cuando, aunque fueran amargas,
me supieran lindamente?
CÉSAR: No hagas ruido.
Saca la mano y arroja el un azafate al tomar otro, y
derriba el bufete
MOSQUITO: ¿Cómo no,
si no me deja el bufete
abrir la trampa? Ya alcanzo
un azafate. ¡Oh, si fuese
el de los dulces! Los guantes
son. ¡El demonio los lleve!
A echar vuelvo la redada.
CÉSAR: ¿Qué has hecho?
MOSQUITO: Ruido.
CÉSAR: ¿Tú quieres
destrüirme?
MOSQUITO: Comer quiero,
como tú.
CÉSAR: Daréte muerte;
que es veneno para mí
todo lo que está presente.
MOSQUITO: Morir de veneno o hambre,
muere a lo más conveniente.
CÉSAR: Harásme que todo junto
lo arroje, lo rompa y queme
con el fuego de mi pecho,
o que lo inunde y anegue
con el llanto de mis ojos.
MOSQUITO: Si tanto fuego tuvieses
y si tanta agua llorases,
¡que hacer pudiéramos este
chocolate! ¡Oh, Jesús mío!
CÉSAR: ¡Que darse quejas oyese
don Juan y Lisarda, cielos,
ella con dulces desdenes,
él con amantes finezas,
y yo escucharlo pudiese!
MOSQUITO: Pues, si a eso va, yo también
he escuchado claramente
pisar al frisón Castaño,
y al haca morcilla en este
pesebre de amor; empero,
digan lo que se dijeren,
que de lástima me quiso,
sea buen pobrete o riquete,
y coma yo lo que él trae;
que otro despique no tienen
celos sino valer algo,
porque sabe lindamente
lo que otro compra.
CÉSAR: En efecto,
ya aquí lo más conveniente
es dejar anochecer
y, despechado o valiente,
determinarme a salir.
MOSQUITO: Si tú en la calle tuvieses
prevenidos para todo
tus amigos y parientes,
fuera seguro el empeño.
CÉSAR: Tú, Mosquito, que no eres
conocido, bien pudieras
--pues hoy anda tanta gente
revuelta en aquesta casa--
a salir de aquí atreverte.
MOSQUITO: Por salir a beber algo,
no habrá cosa que no intente.
CÉSAR: Tú has de salir y avisar
de esto a quien yo te dijere.
MOSQUITO: Yo sí hiciera, pero temo...
CÉSAR: Tú, aunque te vean, ¿qué temes?
MOSQUITO: Ser tan rey que en la capilla
me diga misa un Bonete.
Pero algo he de hacer por ti;
y una cosa se me ofrece
para salir encubierto,
que no puedan conocerme.
El vestido de Beatriz
me disfrazará. A ponerle
ayuda.
CÉSAR: La puerta abren.
MOSQUITO: Ya, por mal que nos suced[e],
hay que comer y vestir.
Venga ahora lo que viniere.
Éntranse los dos en la escalera. Salen a la
puerta LISARDA y BEATRIZ
El escondido y la tapada, part 6
Electronic text by Vern G. Williamsen
and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu