This file last updated September 12, 2000

OTÁÑEZ:           Relamidilla, embustera,
               agradeced que ha llegado
               el coche, y que se ha apeado
               señora; que yo os hiciera
                  llevar a la Inquisición.

Sale LISARDA con manto
LISARDA: Notable priesa ha tenido mi padre, pues ha querido mudarse sin dilación, y que venga la primera yo a ver la casa y mandar cómo se ha de aderezar. OTÁÑEZ: Tal huésped en ella espera. BEATRIZ: Muy cuerdo mi señor anda en que tú vengas ahora, pues no agrada a una señora, sino sólo lo que manda; que, si yo hubiera empezado a poner algo, sospecho que, de cuanto hubiera hecho, nada te hubiera agradado. LISARDA: Buena la casa parece. OTÁÑEZ: En este cuarto ha de estar don Juan hasta efectuar las dichas que Amor ofrece. BEATRIZ: Acudid, Otáñez, vos a ver apear la ropa del carro. OTÁÑEZ: Si en esto topa, ya acuden, ¡válgame Dios!
Vase
LISARDA: No me traigan nada aquí. Pues esta pieza ha de ser tocador, no es menester colgarla. BEATRIZ: Guárdate allí

del polvo. LISARDA: ¡Oh, qué triste estoy! BEATRIZ: ¿Hoy, que pedirte quisiera albricias, de esa manera suspiras? LISARDA: Sí; porque hoy mirando mis penas voy. BEATRIZ: ¿Quién, señora, las causó? LISARDA: Oye. Don Juan...

Sale don JUAN
JUAN: Feliz yo, que a tan buen tiempo llegué que en tus labios escuché mi nombre. LISARDA: ¿Y no pudo no ser dicha, y desdicha sí, el acordarme de vos? JUAN: No; que siempre es dicha... LISARDA: (¡Ay Dios!) Aparte JUAN: ...que tú te acuerdes de mí; pues, aunque haya sido aquí en daño mío, sospecho que en el pecho satisfecho estoy; que el reloj veloz obedece con la voz al artificio del pecho. LISARDA: Sí; pero ninguno ignora que con otro tal indicio muestra una hora el artificio y da la voz otra hora. JUAN: Pues ¿por qué, prima y señora, hoy tanto rigor? LISARDA: No sé; que a vos os lo callaré por el autoridad mía. Yo a Beatriz se lo decía, y a Beatriz se lo diré-- Beatriz, mi primo don Juan sin duda alguna ha creído que el entrar a ser marido es salir de ser galán. Poco cuidado le dan finezas, poco cuidado festejos; pues, olvidado está ya de que se infiere que no quiere el que no quiere un poco desconfïado. Ayer al campo salí, y a don Juan en él no hallé; en el campo peligré, y de otro amparada fui. Y si a aquél agradecí la fineza de mi vida, a éste, que de mí se olvida, castigarle puedo, pues no es con éste cruel quien es con aquél agradecida. Vine a casa, como viste, y don Juan no pareció en toda la noche. Yo, que ya sé que esto consiste en ese festejo, triste, no celosa, estoy, por ver que don Juan, antes de ser mi esposo, verme dilata, y que desde ahora me trata ya como propia mujer. JUAN: Si supieras la razón, tú me disculparas ya. Buenos testigos quizá aquestas paredes son. Digan ellas la ocasión, digan ellas... LISARDA: ¿Para qué, si yo con Beatriz hablé, me respondéis? JUAN: Culpa es mía. Yo a Beatriz se lo decía, y a Beatriz se lo diré. Bajando anoche a buscar a mi prima, vi al que dio muerte a don Alonso, y yo, con ánimo de vengar mi pena, le fui a buscar, llevando en mi compañía a Félix, el que vivía en esta casa. Llegamos donde a César esperamos, hasta que la rabia mía me hizo embestir a otro hombre por él. Justicia llegó; conocernos pretendió, y uno quedó --no te asombre-- muerto, cuando oímos el nombre de don Félix repetido y, viéndose conocido, fuerza el ausentarse fue. Ésta es la causa; porque de honrado y de agradecido yo no le pude dejar hasta que en salvo estuviese él y su casa e hiciese diligencias de alcanzar, si de mí llegaba a hablar la justicia. Se ha sabido que yo no fui conocido; con lo cual me he asegurado; que mal pudo otro cuidado tenerme a mí divertido. BEATRIZ: Pues yo, que he sido la oidora en sala de competencia, fallo por mí la sentencia, que, pues el uno a otro adora, os deis por buenos ahora. JUAN: Yo obedezco; y si hay disculpa, cese el rigor que me culpa. LISARDA: Yo creo que así será; que para nada me está bien que vos tengáis más culpa. JUAN: Ya que estás desenojada, de la caída de ayer la sangría... LISARDA: Eso es querer volver a verme enojada.
Vase
JUAN: ...será para una criada.-- Castaño, dale a guardar aqueso a Beatriz.
Sale CASTAÑO
BEATRIZ: El dar tanto el ánimo recrea, que, aunque para mí no sea, lo tomaré, por tomar.

Y pues tan revuelta está la casa toda, en aqueste aposento que ha de ser o tocador o retrete de mi señora, poniendo ve, Castaño, sutilmente, no sé qué que a mi ama traes. CASTAÑO: Son más de mil no-sé-qué-es. Espera; irélos trayendo; que aquí unos mozos los tienen. BEATRIZ: Para ponerlos mejor, pongamos aquí un bufete.

Sacan un bufete, y desde la puerta van tomando unos azafates cubiertos
CASTAÑO: Estos son de Portugal dulces. BEATRIZ: Di dulces dos veces, pues dos veces lo serán por dulces y portugueses. CASTAÑO: Chocolate de Guajaca esto y éstos, que aquí vienen, tocados, cintas y medias, guantes, pastillas, pebetes, faldriqueras, zapatillas, y bolsos éstos. BEATRIZ: Bien huelen. CASTAÑO: Toda esta salsa, Beatriz, han menester las mujeres para que no huelan mal, y más las propias. BEATRIZ: Tú mientes. CASTAÑO: Esto es cuanto a esto; que aquí vienen joyas excelentes en este contador que hoy es contador de mercedes. BEATRIZ: Bien está; pero aquí falta una alhaja. CASTAÑO: ¿Qué es? BEATRIZ: Atiende. Un cierto vestido mío, que de estas bodas alegres de ribete se me da. CASTAÑO: Forzoso era que lo fuese; porque ya, Beatriz, di, ¿cuál vestido no es de ribete? Mas no le quise traer; que hay un grande inconveniente. BEATRIZ: Di, ¿cuál? CASTAÑO: A mí me han parlado que de un bergantón ausente, que por Colada y Tizona era Mosquito dos veces, fuiste --sin ser la violada Violante de Navarrete-- de sus botones ojal y de sus cintas ojete. Hame dado pesadumbre el caso, y no me parece que será puesto en razón que de Castaño se cuente con él te vistes y con otro te desnudas. BEATRIZ: ¡Tente! Pues ¿dasme el vestido tú? CASTAÑO: No; pero basta el traerle, que es como dar por tablilla a la bola que está enfrente. BEATRIZ: Aun siendo eso, no hay razón; que Mosquito solamente fue, en hacer faltas con él, pelota de mi trinquete. Y, si va a decir verdad, tú solamente me debes más lágrimas en un hora que Mosquito en treinta meses; que de lástima le quise, sólo por ser buen pobrete, mientras hallaba otra cosa. CASTAÑO: Tanto cuanto me enterneces. Éste es, Beatriz, el vestido hecho y derecho, y aquéste el manto. BEATRIZ: Y éste, un abrazo. CASTAÑO: En fin ¿sólo a mí me quieres? BEATRIZ: No está en uso querer solo a nadie; basta quererte. Y, pues con tu amo hoy en casa vives, advierte que, si hay dares y tomares, habrá dimes y diretes. Y adiós por ahora; que es bien que aqueste aposento cierre con llave, porque ninguno aquí no salga ni entre. CASTAÑO: Adiós.
Vase
BEATRIZ: Quédese el vestido con lo demás. ¡Quién sirviese un ama que fuera novia cada mes una o dos veces!
Vase. Salen a la puerta con CÉSAR y MOSQUITO
MOSQUITO: ¡Vive Dios, que he de salir! CÉSAR: ¿Dónde has de salir? ¡Detente! MOSQUITO: Si hemos oído cerrar la puerta de este retrete, y que han dejado en él dulces, ¿cómo podrás detenerme cuando, aunque fueran amargas, me supieran lindamente? CÉSAR: No hagas ruido.
Saca la mano y arroja el un azafate al tomar otro, y derriba el bufete
MOSQUITO: ¿Cómo no, si no me deja el bufete abrir la trampa? Ya alcanzo un azafate. ¡Oh, si fuese el de los dulces! Los guantes son. ¡El demonio los lleve! A echar vuelvo la redada. CÉSAR: ¿Qué has hecho? MOSQUITO: Ruido. CÉSAR: ¿Tú quieres destrüirme? MOSQUITO: Comer quiero, como tú. CÉSAR: Daréte muerte; que es veneno para mí todo lo que está presente. MOSQUITO: Morir de veneno o hambre, muere a lo más conveniente. CÉSAR: Harásme que todo junto lo arroje, lo rompa y queme con el fuego de mi pecho, o que lo inunde y anegue con el llanto de mis ojos. MOSQUITO: Si tanto fuego tuvieses y si tanta agua llorases, ¡que hacer pudiéramos este chocolate! ¡Oh, Jesús mío! CÉSAR: ¡Que darse quejas oyese don Juan y Lisarda, cielos, ella con dulces desdenes, él con amantes finezas, y yo escucharlo pudiese! MOSQUITO: Pues, si a eso va, yo también he escuchado claramente pisar al frisón Castaño, y al haca morcilla en este pesebre de amor; empero, digan lo que se dijeren, que de lástima me quiso, sea buen pobrete o riquete, y coma yo lo que él trae; que otro despique no tienen celos sino valer algo, porque sabe lindamente lo que otro compra. CÉSAR: En efecto, ya aquí lo más conveniente es dejar anochecer y, despechado o valiente, determinarme a salir. MOSQUITO: Si tú en la calle tuvieses prevenidos para todo tus amigos y parientes, fuera seguro el empeño. CÉSAR: Tú, Mosquito, que no eres conocido, bien pudieras --pues hoy anda tanta gente revuelta en aquesta casa-- a salir de aquí atreverte. MOSQUITO: Por salir a beber algo, no habrá cosa que no intente. CÉSAR: Tú has de salir y avisar de esto a quien yo te dijere. MOSQUITO: Yo sí hiciera, pero temo... CÉSAR: Tú, aunque te vean, ¿qué temes? MOSQUITO: Ser tan rey que en la capilla me diga misa un Bonete. Pero algo he de hacer por ti; y una cosa se me ofrece para salir encubierto, que no puedan conocerme. El vestido de Beatriz me disfrazará. A ponerle ayuda. CÉSAR: La puerta abren. MOSQUITO: Ya, por mal que nos suced[e], hay que comer y vestir. Venga ahora lo que viniere.
Éntranse los dos en la escalera. Salen a la puerta LISARDA y BEATRIZ

El escondido y la tapada, part 6

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu