JORNADA SEGUNDA
Salen por una de las dos puertas don CÉSAR y MOSQUITO MOSQUITO: Ésta es la casa, sin duda, que aquel famoso estremeño Carrizales fabricó a medida de sus celos; pues no hay puerta ni ventana, guarda, patio ni agujero por donde salga un Mosquito. Dígalo yo. CÉSAR: Si el ingenio quisiera inventar un caso extraño, ¿pudiera hacerlo con mayores requisitos fingidos que verdaderos están presentes? ¿Habrá quien crea que es verdad esto? Venir llamado de Celia; tener aviso a este tiempo de que su hermano venía; hacer con tanto secreto este tabique; llegar Félix a Madrid primero que yo; esconderme por fuerza; y, en estando una vez dentro, mudarse toda la casa; dejarme aquí; y en efecto no haber por donde salir; cosas son, ¡viven los cielos!, que han menester más paciencia que la mía. MOSQUITO: Pues no es eso lo peor. CÉSAR: Pues ¿qué será, si esto no es? MOSQUITO: Que no tenemos que comer; porque el gigote que se olvidó en un puchero a la lumbre, el medio pan de la alacena, ya dieron fin. Y así es fuerza rendirnos por hambre; porque no hay dentro del sitio para dos horas munición ni bastimiento. CÉSAR: ¡Que tuviese yo una llave maestra de casa, al tiempo que, ausente su hermano, entraba a hablar a Celia, y que luego se la volviese el día que de aquí me ausenté! Mas esto ¿quién lo pudo prevenir con humano entendimiento? MOSQUITO: Ya mal distinta la luz en los distintos reflejos se va declarando. En fin, ¿qué piensas hacer? CÉSAR: Un medio solamente se me ofrece. MOSQUITO: ¿Y es, señor...? CÉSAR: Escucha atento. En este cuarto de abajo a Celia oí que un extranjero, hombre de negocios, vive. A éste declararme pienso; que menos importará que sepa uno más aquesto que dejarme matar; pues no dudo que es el intento éste de haberse mudado don Félix. MOSQUITO: Y ¿cómo haremos para llamarle? CÉSAR: Dar golpes por la escalera. MOSQUITO: Yo apuesto que piensan que andan ladrones al primer golpe que demos, y que nos matan a palos antes de oírnos. CÉSAR: No creo que hay otra cosa que hacer. Voy a llamar. Mas ¿qué es esto?Al ir a llamar él, llaman de dentro MOSQUITO: El extranjero de abajo, que llama antes que llamemos nosotros. Mas ¿cuánto va que nos mudaron a un tiempo y, estando él también cerrado, ha pensado allá lo mesmo?Llaman otra vez CÉSAR: Esto es llamar a la puerta. MOSQUITO: ¿Quién es? CÉSAR: ¡Tente! ¿Qué haces, necio? MOSQUITO: Responder a quien nos llama; que la llave no tenemos; que vaya por ella. CÉSAR: Espera; que responder no es acierto. MOSQUITO: Déjame sólo llegar a ver por el agujero de la llave quién es. CÉSAR: Mira. MOSQUITO: ¡Buena hacienda habemos hecho! ¡Ay, señores! CÉSAR: ¿Qué hay, Mosquito? MOSQUITO: La justicia por lo menos es quien llama. CÉSAR: ¿La justicia? MOSQUITO: Sí, señor. CÉSAR: ¡Por Dios, que es cierto! ¿Quién presumiera que así se vengara un caballero? MOSQUITO: Celia, señor, te ha vendido.Golpe de martillo CÉSAR: ¡Vive Dios, que aun no lo creo de Celia! MOSQUITO: Yo sí; ya escampa. CÉSAR: ¿No es descerrajar aquello? MOSQUITO: Sí. Yo conozco los golpes; que estos son los golpes mesmos que, al empezar las comedias, se dan en los aposentos. CÉSAR: ¿Qué hemos de hacer? MOSQUITO: Confesarnos es el más útil remedio. CÉSAR: Por si acaso es otra cosa, lo mejor es escondernos; y no sea lo de anoche, oír el ruido y no el suceso.Abren la puerta, y salen OCTAVIO, dos ALGUACILES, un ESCRIBANO y gente OCTAVIO: ¿Para qué es romper la puerta? Que, pues yo las llaves tengo, yo abriré. Y ya que lo está, díganme, sobre qué es esto, vuesas mercedes; que yo, a los golpes que he oído, vengo desde ese cuarto, en que vivo. ALGUACIL 1: Buscamos un caballero, don Félix de Acuña es su nombre, por haber muerto anoche un hombre en mi calle. OCTAVIO: (Aquí importa el fingimiento.) Aparte ¿Dón Félix de Acuña? ALGUACIL 1: Sí. OCTAVIO: Pues ya ha más de mes y medio que no vive en esta casa, y que yo las llaves tengo del cuarto para alquilarle, con poderes de su dueño. Bien lo muestra el verle así. ALGUACIL 2: Tarde venimos. ESCRIBANO: ¿Qué haremos? ALGUACIL 2: Poner esta diligencia por escrito.Sale OTÁÑEZ OTÁÑEZ: Aquí don Diego, mi señor, viene a saber qué hay de aquel despacho. OCTAVIO: Necio, ¿que estoy ahora no veis con estos señores? Luego bajaré; que en mi escritorio me espere.Vase OTÁÑEZ ALGUACIL 1: Aquí no tenemos que hacer. Vuesasted se quede con Dios. ESCRIBANO: Si hubiéramos hecho anoche la diligencia, quizás no se hubiera puesto en salvo. ALGUACIL 2: Nadie nos dijo, aunque se anduvo inquiriendo anoche, dónde vivía.Vanse los ALGUACILES y el ESCRIBANO. Salen don DIEGO y OTÁÑEZ DIEGO: Señor Octavio, viniendo tan de mañana a saber si había venido en el pliego, que anoche llegó de Italia, la dispensación que espero para casar a mi hija con su primo, que deseo salir ya de este cuidado; y esperando, por saberlo, allá abajo, vi bajar justicia; y así me atrevo a subir acá por ver si en algo serviros puedo. OCTAVIO: En cuanto a vuestros despachos, muy bien las albricias puedo pediros; que ya han venido. DIEGO: Mil años os guarde el cielo. OCTAVIO: En esto de la justicia, es que un noble caballero aseguró su persona y su hacienda; que él, atento a su honor, dejar no quiso sola a su hermana; y, diciendo estaba que no vivían ya aquí. DIEGO: ¡Ay de mí, lo que siento el traer a la memoria, a vista de este suceso, mis penas! Siempre son muchas, cada instante que me acuerdo de la muerte de mi hijo, y que el que le mató huyendo también se libró de mí; que yo le hiciera... OCTAVIO: En efecto, ¿nunca de él habéis sabido? DIEGO: Hásele tragado el centro de la tierra. Mas dejadme, y no hablemos más en esto. OCTAVIO: Yo hablo porque hablabais vos. Vamos. Mas ¿qué tan atento miráis en aqueste cuarto? DIEGO: En que he venido a hacer, pienso, de un camino, como dicen, dos mandados; porque, habiendo la dispensación venido, he de traer desde luego a mi sobrino a mi casa; y la que yo ahora tengo no es capaz; demás que ha un mes que ando buscándola, y creo que este cuarto, por el barrio y vecindad, será bueno. OCTAVIO: Yo me holgaré que os agrade, por lo mucho que intereso. DIEGO: ¿Qué más vivienda que aquésta tiene? OCTAVIO: No sé; que os prometo que, aunque días ha que vivo en él, es hoy el primero que en él he entrado.Entran por una puerta y salen por otra DIEGO: En verdad que me agrada, sí por cierto; mayormente por tener estos dos cuartos diversos, pues en éste, hasta casarse, estará don Juan, y luego yo estaré, dejando esotro, que es el mayor, para ellos. ¿Qué gana este cuarto? OCTAVIO: Gana dos mil reales. OTAÑEZ: Es gran precio; que están baratas las casas. DIEGO: Decidme quién es el dueño, porque lo vaya con él a concertar. OCTAVIO: Para eso haced cuenta que yo soy; Pues de un amigo es, que a un pleito está a Granada, y poder para sus negocios tengo; y así conmigo no más se ha de tratar. DIEGO: Según eso, ya queda el cuarto por mío, porque yo con vos no tengo de regatear; y así haced, porque vengan al momento a colgarle, que las llaves se den. OCTAVIO: Si ha de ser tan presto mejor es que os las llevéis, porque hoy una holgura tengo en el campo, y en mi casa no queda nadie. Bajemos donde la dispensación os dé y las llaves. DIEGO: Contento voy del cuarto. OCTAVIO: No creeréis cuánto en que lo estéis me huelgo. DIEGO: Tendréis un criado en mí, y en Lisarda un ángel bello por vuestra, que es muy hermosa.Vanse cerrando. Salen don CÉSAR y MOSQUITO CÉSAR: ¿Haslo entendido? MOSQUITO: Algo de ello. CÉSAR: ¿Habrá más y más acasos? ¿Habrá más y más sucesos que eslabonen mis desdichas, que logren mis sentimientos? Un hombre mató don Félix; el mudarse nació de esto; y, buscando los despachos para hacer el casamiento de Lisarda y de su primo, su padre --¡muero de celos!-- a Octavio subió a buscar a este cuarto; y al momento se contentó de él, y de él llevó las llaves él mesmo; y por remate de todo, porque aun sólo este remedio de llamar abajo falte, todos se van fuera. ¡Cielos! ¿Hasta dónde echada está la línea a mi sufrimiento? MOSQUITO: Alquilar un hombre un cuarto con ropa y servicio vemos en la corte cada día; pero el alquiler más nuevo es alquilar uno un cuarto con amo y crïado dentro. Mas bien que en estos acasos de pesar hay de consuelo otros. CÉSAR: ¿Cuáles son? MOSQUITO: No haber Octavio visto antes de esto esta escalera, y estar de esta casa ausente el dueño; pues si él viniera a alquilarla, su escalera echara menos, y fuera fuerza el hallarnos escalerados don Diego. CÉSAR: En fin, para haber de ser un tan extraño suceso, no hay inconveniente alguno, según todo se ha dispuesto; pero no se ha de rendir hoy el valor de mi pecho a fáciles imposibles.Saca la daga para abrir la puerta MOSQUITO: ¿Qué haces? CÉSAR: Declavar pretendo con esta daga la puerta, y salir de aquí primero que mi enemigo me cierre hoy el paso, aunque sea al riesgo de que en la primera calle me prendan; que ya no quiero vida, casada Lisarda con don Juan; ni quiero --¡ay cielos!-- esperar a ser testigo ya del daño que me ha muerto. MOSQUITO: Dices bien, señor. Salgamos de aquí, aunque descerrajemos la puerta. CÉSAR: No he de esperar más desdichas. Mas ¿qué veo? Por la parte de allá fuera abren. MOSQUITO: Pues, al retraimiento. CÉSAR: Por si es don Diego, es forzoso. MOSQUITO: ¡Mucho nos quiere don Diego, pues que nos guarda con llave! CÉSAR: ¡Que viniese a tan mal tiempo! MOSQUITO: Según todo se hace apriesa, que sea el adrede pienso.Escóndense los dos. Salen BEATRIZ y OTÁÑEZ BEATRIZ: ¿Aquésta es la casa? OTÁÑEZ: Sí. BEATRIZ: Santíguome, y entro a vella con el pie derecho en ella. Malo es abrirse hacia aquí la puerta, y los escalones toman la vuelta al revés, bien o mal: una, dos, tres; y las vigas no son nones. Otáñez, vuelva a señor y diga que, si no ha dado el dinero adelantado de esta casa, será error, si al dueño no se le obliga a mudar la puerta, es llano, la escalera hacia esta mano y añadir aquí una viga. OTÁÑEZ: ¡Mala mano te dé Dios, y mala viga también! Mas ¿esto del mal y el bien, esto de la una y las dos, el pie derecho por guía, mirar puertas y escalones, son, por tu vida, lecciones de la dueña de tu tía? BEATRIZ: Claro está. ¿Qué pensáis vos? Como eso, cuando acá estaba, cada día me enseñaba, porque era un alma de Dios. OTÁÑEZ: Y se le echa bien de ver en la cristiana doctrina que enseñaba a la sobrina. Mas, Beatriz, lo que has de hacer es solamente tratar de barrer la casa, y no contar sus vigas; que yo tengo un chozno familiar que da de mí testimonio. BEATRIZ: Si él es familiar y está con vos... OTÁÑEZ: Dilo. BEATRIZ: No será familiar sino demonio. OTÁÑEZ: ¡Picudita, bachillera, que desde vuestra niñez tenéis para la vejez hecho el gasto de hechicera, hablad como habéis de hablar! BEATRIZ: Arrendajo de don Bueso, anatomía de hueso, almanac particular; vos, que sois en el abismo de esa calcilla neutral de vos mismo el orinal, y el músico de vos mismo, flaca cecina de yegua, baúl de tabla y pellejo, me recorderis de viejo, parce mihi de la legua, puerto seco de la tos, quiroteca de Caifás, y trescientas cosas más, ¿cómo se ha de hablar con vos?
El escondido y la tapada, part 5
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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