Last updated May 18, 1997, 3:15 p.m.
EFESTIÓN: Venid conmigo, porque lo que importa prevenir se disponga antes de ir. APELES: En todo obedeceré vuestras órdenes. EFESTIÓN: Con ella podrá ser veáis otra dama de no menor lustre y fama, y quizá, Apeles, tan bella. APELES: Mucho me holgaré, aunque en mí nada llenará mi idea; que no es posible que sea igual a la que yo vi.
Vanse. Salen ESTATIRA, CLORI, NISE y MÚSICOS con instrumentos
ESTATIRA: Vuelve, Nise, a repetir la letra; que hacerte quiero esta lisonja, si infiero que se debió de escribir por ti. NISE: Muchas hay, señora, de mi nombre; no sería por mí, que la humildad mía no se halla merecedora deste aplauso. ESTATIRA: ¿Cúya es? NISE: De un discreto cortesano cuyo ingenio soberano goza el más alto interés del crédito y la opinión por galán, noble y discreto. ESTATIRA: Bien lo dice en su conceto el aire de la canción. NISE: A Nise adoro y, aunqué la dije mi frenesí, ni sé si me quiere, ni por qué ha de quererme sé.
Salen al paño EFESTIÓN y APELES
EFESTIÓN: Esperad, no interrumpamos esta voz que dulcemente, por la letra y quien la canta, me ha suspendido dos veces. APELES: Ya hice yo reparo en uno y otro, que son muy parientes música, poesía y pintura; y a lo que a mí me parece, si se hubiera de glosar la canción, no fácilmente se le hallaran dos sentidos. EFESTIÓN: Escuchad, que a cantar vuelven.
MÚSICOS: A Nise adoro y, aunqué la dije mi frenesí, ni sé si me quiere, ni por qué ha de quererme sé.
EFESTIÓN: Ya que han cesado, esperad, que a pedir licencia llegue. ESTATIRA: ¿Quién es quien se entra hasta aquí? EFESTIÓN: Quien con dos disculpas tiene seguro que vuestro enojo sus sagradas iras temple. La primera es la dulzura con que este canto suspende, tanto que no deja acción para que otra acción se acierte; y la segunda, venir de parte de quien merece vuestra audiencia a cualquier hora. ESTATIRA: ¿Quién en vuestro juicio tiene ese mérito? EFESTIÓN: Alejandro. ESTATIRA: (¡Si tan feliz mi amor fuese, Aparte que lograse en su memoria algún alivio mi suerte!) Pues bien, ¿qué manda Alejandro? EFESTIÓN: Que deis licencia que llegue a retratar a Campaspe; que ya sabéis cómo tiene ofrecido su retrato a las sagradas paredes de Júpiter el no igual arte del divino Apeles. ESTATIRA: Esto y lo que yo pensaba todo es uno. Decid que entre.
Entra APELES
APELES: A vuestras plantas, señora, antes de veros, alegre, feliz, contento y ufano venía, por parecerme que había de conseguir el empeño a que me atreve la obediencia de mi dueño; mas después de veros, vuelve atrás mi esperanza. ESTATIRA: ¿Cómo? APELES: Como pintarse no pueden las perfectas hermosuras, sin que el crédito se arriesgue. Cuando en un rostro hay lunar o desproporción que acuerde, cuando se mira el retrato, de su dueño las especies, es fácil el retratarle; mas cuando es tan excelente que no hay término en sus partes que desigualado deje especies a la memoria, no se imita fácilmente. Y así habréis de perdonarme cuando el retrato no acierte, si está en vuestra perfección y no en mí el inconveniente. ESTATIRA: Cortesano sois, pintor, y es preciso que me pese que vuestra cortesanía tenga más peligro que ése. APELES: ¿Por qué? ESTATIRA: Porque no soy yo la del retrato; y si viene a estar en lo más hermoso el riesgo al no parecerse, es más hermosa que yo, conque vuestro empeño tiene más que vencer. Y porque lo veáis, yo haré que en breve venga a veros más airosa y más prendida que suele, porque tenga en sus adornos yo alguna parte. (Esto es verme obligada a no mostrar la envidia que el alma siente; y para hacer la deshecha mejor, esto ha de ser.) Venme, Nise, cantando ese tono, y vosotros desde ese cenador cantad, en tanto que la pintan, porque temple la penalidad de estar suspensa el tiempo que fuere necesario. CLORI: Porque sea todo a propósito, puede ser el tono que cantemos el del retrato de Irene.
Vanse los MÚSICOS
NISE: Fuerza es que tras ella vaya.
A EFESTIÓN
--Esperad; que, si pudiere, volveré a veros. APELES: Yo en tanto voy a ver si Chichón viene con el bastidor, el lienzo, los matices y pinceles.
Vase
ESTATIRA: ¿No cantas, Nise? NISE: Pues ¿cuándo no es mi oficio obedecerte? ESTATIRA: (Oh, ¡cuán a costa del alma Aparte finge la que calla y siente!)
NISE: A Nise adoro y, aunqué la dije mi frenesí, ni sé si me quiere, ni por qué ha de quererme sé.
Éntranse ESTATIRA y NISE cantando
EFESTIÓN: Por si no volviere Nise, como me ha ofrecido, hacedme merced de decirla, Clori, cuánto el alma la agradece el que haya hecho tanto aprecio de cortesanía tan leve como aquel mote. CLORI: ¿Por qué que le cante os desvanece? EFESTIÓN: Porque es su ingenio el que adoro, y así estimo que el mío precie. CLORI: ¿Y es galantería o locura alabar, cuando eso fuese, una dama a otra? EFESTIÓN: No sé; pero si es locura, tiene disculpado frenesí. CLORI: Pues sabed que a las mujeres, sin que nos importe nada, la ajena alabanza ofende. EFESTIÓN: Groserías de rendido groserías son corteses; que no os quita a vos el ser discreta y hermosa el verme menos bien empleado en Nise que estuviera en vos.
Sale NISE
NISE: ¿No puede ser fino con una dama un hombre, sin que sea aleve con otra? EFESTIÓN: Yo ...Ni...con Clo... si...cuando... CLORI: ¿Qué te enmudece? NISE: ¿Qué te turba? EFESTIÓN: No saber, pues una y otra se ofende, de lo que quiero y no quiero, cuál me olvida o cuál me quiere. CLORI: ¿Yo, por qué había de olvidarte?
Vase
NISE: ¿Yo, por qué había de quererte?
Vase
EFESTIÓN: Oye, Nise; escucha, Clori.
Salen CHICHÓN, con todo aderezo de pintar, y APELES
CHICHÓN: Ya están aquí caballete, pinceles, lienzo, paleta, colores, piedra y aceite. APELES: Ponlo aquí, que hay buena luz; --Y avisad vos, que ya puede salir la dama. EFESTIÓN: ¡Ay de mí! APELES: ¿Qué es lo que ahora os suspende? EFESTIÓN: Dijisteis que no era fácil la glosa de aquel motete; y ya se ha facilitado con lo que aquí me sucede, después que de aquí salisteis. APELES: ¿De qué suerte? EFESTIÓN: Desta suerte.
APELES: A Nise adoro y, aunqué...
EFESTIÓN: Hablando de Nise bella con Clori, me preguntó: ¿qué inclinaba más mi estrella? a que mi amor respondió que el ingenio que hay en ella; conque no sólo mostré que adoro a Nise, sinó lo que en ella adoro, en fe de que se sepa que yo adoro a Nise; y, aunqué ...
APELES: la dije mi frenesí...
EFESTIÓN: Clori, al parecer quejosa, que no hay mujer que otra quiera que sea discreta ni hermosa, o de vana o de celosa, un loco me dijo que era. Yo el serlo la concedí, pues por Nise el juicio pierdo; mas de tal locura en mí, por lo menos, que era cuerdo la dije mi frenesí.
APELES: ni sé si me quiere, ni...
EFESTIÓN: Oyendo nuestras cuestiones, Nise llegó y yo quedé tan turbadas mis acciones que, cuanto desde allí hablé fueron troncadas razones. Ni-, dije, por verme si- conti-, a Clo- tengo quejo-; y así entre las dos parti- ni sé si me olvida Clo-, ni sé si me quiere Ni-.
APELES: por qué ha de quererme sé.
EFESTIÓN: Ambas, riéndose al ver mi turbación singular, falsas quisieron saber por qué una me ha de olvidar, por qué otra me ha de querer. Yo respondí: si amor fue fino y necio en declararme, bien de una y otra la fe, pues sé por qué ha de olvidarme, por qué ha de quererme sé.
Mas quédese aquí la tema de si puede o si no puede glosarse; y vamos a que ya hacia aquí la dama viene que habéis de retratar. APELES: ¿Cuál es? EFESTIÓN: La que miráis presente.
Sale CAMPASPE vestida de gala
APELES: (¿Qué miro? [¡ay de mí infelice!] Aparte ¿No es ésta [¡cielos, valedme!] en la pendencia y el monte la de mi vida y mi muerte?) CAMPASPE: Hasta ver lo que es retrato, el alma traigo pendiente.
A EFESTIÓN
¿Sois el pintor? EFESTIÓN: No, señora. El que miráis es Apeles. CAMPASPE: (¿El del monte y la pendencia Aparte [¡valedme, cielos!] no es éste?) APELES: Yo soy, señora (no acierto a hablar) el que a copiar viene vuestra hermosura; porque como el que una carta teme que se pierda y la duplica, yo así es forzoso que intente duplicar vuestra hermosura, con temor de que se pierde. CAMPASPE: No os entiendo, ni sé cómo, si el duplicarse es hacerse de una dos, en la pintura se pierda, porque se aumente. APELES: Fuera fácil con saber que en mi desdichada suerte quizá el hacer de una dos es porque os pierda dos veces. CAMPASPE: Vuelvo a decir que no sé por qué lo decís. APELES: No puede explicarse más el alma. CAMPASPE: Pues dejad la voz pendiente hasta otra alba, como os dije. APELES: Ya no es posible que espere esa luz. CAMPASPE: ¿Por qué? APELES: Porque tanto el orden se pervierte de todo en mí que aun el alba desde ahora me anochece. CAMPASPE: Tercera vez no os entiendo. Pero sea lo que fuere; mirad que es fuerza acudir, siquiera por los presentes, a lo que venís. APELES: Traed en que esta dama se siente. CHICHÓN: Aquí un taburete está, y es dicha ser taburete, porque quepa el guardainfante, ya que ellos son solamente los que medran, no teniendo brazos. [APELES: Sentaos aquí enfrente, para que a la mejor luz el primero rasgo empiece; ¿quién creerá que contra mí yo mi misma acción aliente?]
Siéntase ella, y él pone el bastidor, toma la paleta, y CHICHÓN muele los colores, y pinta APELES
CAMPASPE: (¿Qué hago yo aquí, para que él Aparte desde allí les represente a otros mi imagen?) APELES: No hagáis mudanza, para que llegue a coger más fijo el aire. CAMPASPE: ¿Que no haga mudanza quieres? APELES: Es fuerza que, si la hacéis, todo lo que pinte yerre. CAMPASPE: Buen arte es el que no admite mudanzas en las mujeres. CHICHÓN: Por eso otras, que se pintan de matices diferentes, no sólo se mudan, pero se enmudan con los afeites. APELES: Calla tú y muele, Chichón. CHICHÓN: ¿Cuándo callan los que muelen? CAMPASPE: Pues ¿qué hace aquél allí? CHICHÓN: Un chiste te lo dirá brevemente: a una mozuela la dije, repartiendo unos cachetes un día entre sus mejillas y sus labios y sus dientes, "mi oficio es moler colores, hija mía, no te quejes." APELES: O vete allá fuera o calla. CHICHÓN: Por más fácil tengo el "vete."
Vase
EFESTIÓN: En tanto que vos pintáis, voy a ver si hablar pudiese a Nise en esos jardines.
Vase
APELES: Pues solo he quedado, atiende que, cumpliendo de pintor y de crïado las leyes, pintaré al olio tus gracias, y mis desgracias al temple.
Dentro
MÚSICOS: Condición y retrato teman de Irene, que ha de dar muerte a todos, si la parece.
APELES: Hermosísima deidad, que árbitro absoluto eres de mi muerte y de mi vida, ¿cómo dices que no entiendes mi dolor, si mi dolor hablando tan claramente está en mis mismas acciones, cuando hay poder, que me fuerce a que le lleve tu imagen, porque en tu imagen le lleve el ídolo de su amor, en cuyas aras... ? CAMPASPE: Suspende la voz; que te entiendo menos, cuando a tu dolor parece que se explica más. ¿Qué imagen, qué ídolo, qué amor es ése?
MÚSICOS: Cuando libre el cabello no la obedece, como a un negro le trata, pues que le prende.
APELES: La imagen deste retrato, el ídolo al ofrecerle Alejandro en sacrificio a su amor, pues que pretende que viva a sus ojos vayas, con el alma que él te ofrece. CAMPASPE: ¿A mí Alejandro? APELES: ¿Eso dudas? Pues ¿qué a pintarte le mueve? CAMPASPE: Darle al templo por memoria de que la vida le diese.
MÚSICOS: Quien se abrasa y no sabe dónde hallar nieve, sepa dónde ella vive, que allí está enfrente.
APELES: ¡Ay, que no es eso! Porque ¿qué culto fuera decente el dar al templo tu imagen, si dirán cuantos la vieren (más que honrando tus acciones, disfamando tus desdenes) que, si a él le diste la vida, a mí me diste la muerte? Porque te adora (¡ay de mí!) te retrata. CAMPASPE: Pues ¿qué adquiere para un amor un retrato? APELES: Mentir las horas de ausente.
MÚSICOS: Arcos son sus dos cejas, triunfales siempre, pues celebran las ruinas de los que vence.
CAMPASPE: ¡Qué mal has hecho en decirme... APELES: ¿Qué? CAMPASPE: ... que Alejandro me quiere! APELES: ¿Por qué? CAMPASPE: Porque lo ignoraba, si tú no me lo dijeses. APELES: Antes bien, porque al dolor en algo le lisonjee ser yo quien lo diga. CAMPASPE: ¿Cómo? APELES: Como la herida más fuerte, si propia mano la cura, menos que la ajena duele.
MÚSICOS: Son sus ojos preciados tan de valientes que, al mirarlos, entre ojos traigo mi muerte.
APELES: Fuera de que ¿cómo puedo yo excusarlo, si hay quien fuerce... CAMPASPE: ¿A qué? APELES: ... a que aquesta vez hable, porque calle para siempre? CAMPASPE: Con todo, que has hecho mal otra vez digo, si atiendes que no hay mujer que no quiera ser querida; con que viene a ser ruindad de tu parte la que de mi parte puede ser vanidad. APELES: Antes bien, que el que rendido padece, cuanto más padece, goza; y así es fineza que pienses que quiero padecer yo lo que a ti te desvanece.
MÚSICOS: Un pleito a sus mejillas mayo y diciembre ponen, porque les hurta púrpura y nieve.
CAMPASPE: Bien puede ser que fineza sea; mas no lo parece interponer un respeto que declarado no deje albedrío a la esperanza. APELES: Eso será en quien la tiene. Pero ¿qué esperanza ya es posible que le quede a quien Alejandro fía su amor, y no solamente fía su amor, mas le hace instrumento de que llegue a su noticia? ¡Mal haya habilidad tan aleve que, traidoramente noble, contra su dueño se vuelve!
Arroja los pinceles, y ella se levanta
CAMPASPE: ¿Qué habilidad? APELES: ésta mía. CAMPASPE: ¿Contra ti? Pues ¿de qué suerte?
MÚSICOS: Si se enoja, y sus labios rigores vierten, allá van los jazmines con los claveles.
APELES: Siendo áspides para mí las puntas de los pinceles que, entre flores de matices, su mortal veneno vierten. ¡Mal haya, digo otra vez, habilidad que me fuerce a que estudie tus facciones para que en cada uno encuentre otra perfección que diga cuán bella, oh Campaspe, eres ya dos veces a mis ojos, porque te pierda dos veces! CAMPASPE: ¿Dos veces? APELES: Sí. CAMPASPE: ¿De qué modo? APELES: Verdadera y aparente. CAMPASPE: ¿Aparente y verdadera? ¿De qué suerte? APELES: Desta suerte. Mírate, para que veas lo que pierde el que te pierde.
MÚSICOS: Condición y retrato teman de Irene; que ha de dar muerte a todos si la parece.
CAMPASPE: ¿Qué es lo que miro? ¿Es por dicha lienzo o cristal trasparente el que me pones delante, que mi semblante me ofrece tan vivo que aun en estar mudo también me parece? Pues al mirarle la voz en el labio se suspende, tanto que aun el corazón no sabe cómo la aliente. ¿Soy yo aquélla o soy yo yo? Torpe la lengua enmudece, quizá porque el alma, en medio de las dos dudando teme dónde vive o dónde anima, no sabiendo a un tiempo, entre una y otra imagen mía, de cuál de las dos es huésped. ¿Esta habilidad tenías? ¿Segundo ser darle puedes a un cuerpo? Pues ¿cómo, cómo, si tan divino arte ejerces, tan bajamente le empleas, que para otro dueño engendres la copia de lo que dices que amas? Vete de aquí, vete; que en una parte me admiras, y en otra parte me ofendes. APELES: Esto es fuerza. CAMPASPE: No es sino bajeza. APELES: Es desdicha fuerte. CAMPASPE: No es sino culpa. APELES: Es violencia. CAMPASPE: Es ruindad. APELES: Es dura suerte. CAMPASPE: Es infamia. APELES: Es tiranía. CAMPASPE: Es poco ánimo. APELES: Es decente respeto. CAMPASPE: Es indigna acción. APELES: Es obediencia. CAMPASPE: Es aleve vasallaje. APELES: Es rendimiento. CAMPASPE: Es... APELES: Es... LOS DOS: Ira, rabia y muerte. CAMPASPE: Gente viene a nuestras voces. APELES: No entienda nada esta gente. CAMPASPE: ¿En qué quedamos? APELES: En que dueño de mi dueño eres. Para siempre adiós, Campaspe. CAMPASPE: Para siempre adiós, Apeles.
FIN DE LA SEGUNDA JORNADA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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