Last updated July 24, 1997, 3:15 p.m.
Sale ESTATIRA con arco
ESTATIRA: ¿No hay quien su vida socorra? CAMPASPE: Qué es esto, Estatira bella? ESTATIRA: Que dentro de la batida cayó sitiada una fiera déstas que los griegos montes en sus entrañas engendran, salpicada a manchas, cuya ligereza nunca trae ociosas ni garras ni presas. Los sabuesos y ventores que las traíllas sujetan, porque se lograsen antes que sus lides nuestras flechas, tomaron el viento de la tigre apenas cuando a los collares rompieron las cuerdas. Entre estos, pues, dos lebreles, atados a una cadena, salieron juntos a tiempo que en un caballo atraviesa la senda Alejandro y, hollando la senda, a los pies del bruto se enlazan y enredan, de suerte que, alborotado se desboca y desatienta, sin que el freno le corrija ni le gobierne la rienda, llevándole, al choque de una y otra pega, a dar donde [el] bruto... CAMPASPE: Oye, aguarda, espera; que primero que él peligre, sabré peligrar yo, atenta a la piedad que conmigo usó. ESTATIRA: ¡Júpiter lo quiera! Que, aunque es mi enemigo, ya en más noble guerra, [de] su vida el alma es [la] prisionera. Veloz entre las dos lides de los canes y la fiera, y del caballo y los canes su agilidad interpuesta, el arpón dispara de suerte que, hecha blanco de sus plumas una mancha negra que entre el codillo y la espalda señala, bien como en muestra de que está allí el corazón, le hiere en él. ¿Quién creyera, viviendo con alas el corazón, que ella le dé al corazón alas con que muera? A cuyo tiempo acudiendo al bruto que desalienta la enredada lid, le corta entrambos pies; de manera que el que amenazado precipicio era dispone que en fácil caída se resuelva. Y tan fácil que en los brazos le recibe, porque tengan los celos siquiera un día alguien que los agradezca, o dígalo yo que agradezco verla.
Sale CAMPASPE con un cuchillo de monte en la mano, y ALEJANDRO cayendo
ALEJANDRO: ¡El cielo me valga! CAMPASPE: Descansa y alienta; que ya de entrambos peligros seguro estás. ALEJANDRO: ¿Quién pudiera, sino tu deidad, Campaspe, ser quien dos vidas me ofrezca? ¿No bastaba altiva, no bastaba tierna, sino liberal, para que no tenga retirada el albedrío?
Salen SIROÉS, NISE y CLORI, todas con arcos y flechas
TODAS: Aquí está Alejandro. SIROÉS: Sean las albricias de la vida tus pies.
Arrodíllanse todas
ALEJANDRO: Alzad de la tierra. ESTATIRA: A todas nos toca, a tus plantas puestas, darla a ella las gracias y a ti norabuenas.
Sale EFESTIÓN
EFESTIÓN: Ya que seguir del caballo no pude la ligereza, dame, gran señor, tus plantas, bien que llego con vergüenza al ver que, a vista de tantos, te socorra y favorezca una mujer. ALEJANDRO: No fue tal, sino una deidad suprema que, en oposición de otras, su divinidad ostenta, haciendo que el mal en bien se convierta. Mas ¿quién sino el sol venciera una estrella? El nudo rompí gordiano, cuya osadía violenta me dispuso a lo fatal del agüero que en sí encierra; y pues que ya la amenaza frustrada y vencida queda, ¿quién duda que es deidad quien le quita al hado las fuerzas? -- Y así, en hacimiento noble de gracias, Campaspe bella, tu retrato en ese templo colgaré, para que sea padrón a los siglos que diga a sus puertas que él sólo la tabla fue de mi tormenta. CAMPASPE: En menos costa, señor, la vanidad mía quisiera que la deuda me pagarais, si la obligación es deuda. ALEJANDRO: ¿En qué? Que palabra os doy que no haya en mi obediencia dificultad imposible. CAMPASPE: En que os vais a vuestra tienda a repararos; porque no habrá para mí fineza sino en la seguridad, señor, de la salud vuestra. ALEJANDRO: Aunque lo que pedís es tan a costa de la ausencia, esto es cumplir mi palabra. --Dios guarde a Vuestras Altezas.
Vase
EFESTIÓN: Hermosa Nise, pues ves que ir tras Alejandro es fuerza, acuérdate de mi amor. NISE: No haré tal; que será ofensa. EFESTIÓN: ¿Ofensa acordarte? NISE: Sí; pues se olvida el que se acuerda.
Vase EFESTIÓN
ESTATIRA: Bien puedes, Campaspe (¡ay cielo!) de tan noble acción como ésta estar muy desvanecida. SIROÉS: Y más si en el templo llegas a ver tu retrato. CAMPASPE: A mí nada hay que me desvanezca, sino merecer el nombre de una humilde esclava vuestra. Pero ya que de mi poca política he dado muestras, diciendo cuán ruda hija soy destos troncos y peñas, no por vanidad, sinó por noticia... ESTATIRA: Di. CAMPASPE: Quisiera saber qué cosa es retrato. SIROÉS: ¿Nunca ha visto tu rudeza el primor de la pintura? CAMPASPE: Pintura ya sé qué sea; que en el templo he visto tablas que, de colores compuestas, ya representan países, ya batallas representan, siendo una noble mentira de la gran naturaleza; pero retrato no sé qué es. ESTATIRA: Pues que es lo mismo piensa, con la circunstancia más de que la copia parezca al original de quien se saca. CAMPASPE: ¿Y de qué manera se saca? ESTATIRA: Veráslo cuando a hacer el retrato vengan. Y ahora quédate aquí, para que a la quinta puedas guiar la gente, mientras yo doy a la quinta la vuelta. -- ¡Clori! ¡Nise! CLORI Y NISE: ¿Qué nos mandas? ESTATIRA: Para templar mis tristezas, los instrumentos bajad a los jardines. SIROÉS: ¿Qué llevas? ESTATIRA: ¿Qué me andas preguntando siempre? Lo que fuere sea.
Vase
SIROÉS: ¡Qué notable condición!
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NISE: Ven, probaremos la letra, Clori, de aquel cortesano antes de cantarla. CLORI: Fuerza es, Nise, que tú la aplaudas, pues eres tú a quien celebra. NISE: La cortesanía me mueve más que la lisonja, fuera [de que] ser querida, Clori, a ninguna mujer pesa.
Vase
CLORI: Ni ninguna de ver que otra es la querida se huelga.
Vase
CAMPASPE: Ya que segunda vez, cielos, sola en mis montes me dejan, paréntesis a mis ansias lo que ha sucedido sea; y demos, discurso, segunda vez vuelta a aquella memoria que tanto me cuesta. ¿Qué aprehensión, qué fantasía, qué ilusión, sombra o idea (aquí quedé) es ésta que a cada paso me cerca, sin que el claro día ni la noche negra o la luz me alumbre o el sueño me venza? Parece (¡ay de mí!) que al dar al día y la noche quejas de lo que la una me aflige, lo que la otra me desvela, una y otra quieren hoy satisfacerlas, pues que mis sentidos turban y potencias. Permite, infelice joven, que horroroso representas siempre tu sombra a mi vista, siquiera un instante treguas a tantos horrores; que no te hago ofensa, pues son muerte y sueño una cosa mesma. Y puesto que ya la gente toda a la quinta se acerca, y yo no hago falta, oh tú, intrincado seno, alberga vivo un cadáver.
Duérmese. Sale APELES
APELES: Fortuna, ¿adónde mis pasos llevas, sin saber qué puerto elijan ni tengan tantas ansias, tantas desdichas y penas? ¿Quién creerá que haber caído tan sin sentido, en defensa de aquel prodigio, que hallarme sin saber a quién le deba la piedad adonde la humilde miseria de un cuerpo de guardia herido me tenga; que haber callado mi nombre, porque Alejandro no sepa que reñí con sus soldados; que, mal cobradas las fuerzas, salga a ver el día, siguiendo esta senda sin guía, sin rumbo, sin norte, ni estrella: nada me aflige, ni nada me turba ni desconsuela, sino sólo no saber qué mujer, cielos, fue aquélla que el verla (¡ay de mí!), pagándome en verla, hizo mi fortuna próspera y adversa? Decidme, montes, pues fuisteis testigos de mis tragedias, decidme, aves, fieras, plantas, flores, troncos, riscos, peñas, si hallaré, pues mi hado perdido no encuentra quien de mí me diga, quien me diga della?
¿Murió en faltándola yo?
Habla entre sueños CAMPASPE
CAMPASPE: No... APELES: ¿Tuvo, cuando ausente estuve,... CAMPASPE: tuve... APELES: quien venciese en su disculpa? CAMPASPE: la culpa... APELES: ¿Qué eco a mi voz respondió? CAMPASPE: yo. APELES: ¡Cielos! ¿Si es verdad o no que el aire me ha respondido? Pues ha sonado en mi oído... LOS DOS: "no tuve la culpa yo." APELES: ¿Si oí bien o mal habrá quien... CAMPASPE: Bien... APELES: me diga, y si verdad fue... CAMPASPE: que... APELES: que en mi desdicha fue dicha? CAMPASPE: la desdicha... APELES: ¿Tuvo amparo cuando anduve? CAMPASPE: tuve. APELES: Otra vez fuerza es que hube de dudar, si es que colijo que el eco otra vez me dijo... LOS DOS: "bien que la desdicha tuve."
APELES: Mas no, ilusión es ligera; que el eco no habló en lo hueco; pues no me dijera el eco lo que yo no le dijera; y así por toda esta esfera desta voz iré buscando el dueño. ¿Qué estoy mirando? ¿Cómo es posible que, siendo ella la que está durmiendo, sea yo el que estoy soñando? ¿Cómo puede ser, o bella deidad, si eres mi homicida, que yo te busque con vida y que tú te halles sin ella? Si a mí me tocó el perdella y a ti el haberla guardado, ¿cómo sin ella te he hallado? Vuelve, vuelve en tu sentido; que el haberla tú perdido no es haberla yo ganado. ¿Si la despertaré? Sí, aunque su enojo me asombre; que mujer que ha muerto un hombre, no es justo que duerma así. --¡Bella deidad!
Despiértala, y ella huye de él, al verle
CAMPASPE: ¡Ay de mí! ¿Qué miro? APELES: ¡Qué mal anduve! CAMPASPE: Sombra, ilusión... APELES: Necio estuve. CAMPASPE: No me des muerte, pues no, no tuve la culpa yo, bien que la desdicha tuve. Déjame, pues, no el empeño crezcas a mi fantasía, pasando a la luz del día las negras sombras del sueño. APELES: Hallado y perdido dueño de un alma que te ha buscado tan a costa del cuidado que a un mismo tiempo ha venido a hallar lo que había perdido y a perder lo que había hallado, no de mí huyas... CAMPASPE: ¡Ay de mí! APELES: que no soy ilusión yo.
Cóbrase un poco CAMPASPE
CAMPASPE: Luego ¿no eres sombra? APELES: No. CAMPASPE: Luego ¿estás con vida? APELES: Sí. CAMPASPE: ¿No te mataron? APELES: No fui tan dichoso. CAMPASPE: ¿Dicha fuera? APELES: Morir por ti, claro era. CAMPASPE: ¿Pues yo no te vi a mis pies muerto? APELES: Ahora también me ves aun más que la vez primera. CAMPASPE: ¿Cómo? APELES: Como allá la herida del cuerpo me dejó en calma, y aquí la herida del alma, o bellísima homicida, ha vuelto a darme la vida, para que de una manera aquí viva y allá muera, sin morir y sin vivir. CAMPASPE: ¡Quién te pudiera decir lo que en albricias te diera de las nuevas que me das! APELES: ¿De cuál dellas? ¿De que muero u de que vivo? CAMPASPE: No quiero declararme, joven, más; baste decir que jamás tuvo mi hado siempre esquivo más gozo del que recibo al oír ambas nuevas bellas. APELES: Sí, mas dime de cuál dellas: ¿de que muero u de que vivo? CAMPASPE: No sé. Pero gente allí hay; no contigo me vea. APELES: ¿Será posible lo sea el volver a verte? CAMPASPE: Sí. APELES: ¿Dónde he de buscarte? CAMPASPE: Aquí. APELES: ¿Vendrás? CAMPASPE: (Hablad, alma, vos.) Aparte APELES: ¿Qué dices? CAMPASPE: Que sí. APELES: A los dos un hombre se va acercando. CAMPASPE: Pues quédate tú. APELES: ¿Hasta cuándo? CAMPASPE: Hasta otra alba. APELES: Adiós. CAMPASPE: Adiós.
Vase. Sale CHICHÓN
CHICHÓN: Aunque de lejos te vi, las señas no me mintieron. ¿Es posible que volvieron mis ojos a verte? APELES: ¿Así, traidor, infame, villano, me recibes, después que tan poca tu lealtad fue que, dejándome... ? CHICHÓN: La mano ten; que no me pagas bien, después que herido te vi, lo que he pasado por ti. APELES: ¿Tú por mí? CHICHÓN: Yo por ti. ¿Quién, al verte en sangre teñido, como un león embistió con todos tres sino yo? ¿Quién, dejando a éste partido por medio, de un tajo tal que puso en puntos al arte, pasó a éste de parte a parte, a tiempo que en diagonal círculo aquél me embistió? ¿Quién, dando al otro un hurgón, la herida de conclusión hizo al que se le seguía? ¿Y quién, tomando a destajo que nadie le quede a vida, le dio a éste la zambullida y a aquél la de uñas abajo? APELES: ¡Oye, aguarda! ¿De qué modo son, si todos eran tres, ya seis los muertos? CHICHÓN: ¿No ves que maté sombras y todo? En fin, tropezando (¡extraña desdicha es la del tropiezo!), las garras me echó al pescuezo el barrachel de campaña; en un cepo me metió, donde he estado hasta este día, que un amigo que tenía la cuartada me probó. APELES: ¿La cuartada? ¿Cómo así, si a tantos diste? CHICHÓN: Porque fue fácil el probar, que los di sin estar allí. De no verte noche y día fue la causa mi prisión. APELES: Calla; ya sé cuáles son tu locura y cobardía.
Hablan los dos aparte. Salen EFESTIÓN y ALEJANDRO
EFESTIÓN: En fin, ¿vuelves? ALEJANDRO: ¿Qué he de hacer, si estoy fuera de mi centro donde a Campaspe no encuentro? ¿Cómo podría saber por dónde iría? EFESTIÓN: Hacia allí dos hombres, señor, están; ellos quizá lo sabrán. ALEJANDRO: Oye; ¿no es Apeles? EFESTIÓN: Sí. ALEJANDRO: Ventura es haber venido a tan buen tiempo. APELES: Crueles son tus locuras. ALEJANDRO: ¡Apeles! APELES: Las plantas, señor, te pido. ALEJANDRO: Aunque de lo que has tardado queja pudiera formar, los brazos te quiero dar, por el tiempo a que has llegado.
A CHICHÓN
APELES: (Pues él no sabe de mí más de que me tuvo ausente su licencia, nada cuente tu voz.) CHICHÓN: (No haré.) APELES: Feliz fui, ya que en la vuelta tardé, en venir en ocasión que ella me alcance el perdón de la tardanza. ALEJANDRO: No sé cómo encarecerte cuánto estimo el llegarte a ver día en que te he menester. APELES: Mucho, gran señor, me espanto, cuando ser tu esclavo trato, que me recibas así. ¿En qué te sirvo? ALEJANDRO: Por mí hoy has de hacer un retrato de tan hermoso sujeto que no hayas menester, como en el mío, poner perfil a ningún defeto. APELES: Muy poco haré en eso yo para lo mucho que escucho. ALEJANDRO: Aunque es poco, importa mucho, que todo tu estudio no perdone al arte este día la elegancia con que sueles esmerar de tus pinceles la gala y la valentía. Una mujer has de ver, y ésta me has de retratar con tal alma, que el hablar la falte, por no querer; bien que en esta parte no vendrá a ser tuya la palma; pues si la vieres con alma, es que se la he dado yo. APELES: Digo, señor, que pondré al retrato tal cuidado que, aunque en el lienzo pintado, tan fuera del lienzo esté, que llegue tu amor feliz a persuadirse, no en vano, que echarla puede la mano entre el cuadro y el matiz. CHICHÓN: Y yo, que ya soy crïado de Apeles, la moleré más que a los matices. ALEJANDRO: ¿Qué te obliga a no ser soldado? CHICHÓN: Haber dado una menguada en pensar que es peor estado el ser moza de soldado que ser moza de soldada. ALEJANDRO: Pues bien puedes prevenir pinceles, tabla y colores; aunque mejor a las flores se los pudieras pedir, pues todas los dieran fieles, mezclando a tan altos fines entre rosas y jazmines azucenas y claveles. --Y pues que ya no está aquí, ¿quién duda en la quinta está? Llévale, Efestión, allá, y de mi parte les di a Estatira y Siroés que a hacer el retrato envío del templo, aunque mi albedrío no sé lo que hará después.
A APELES
--Y tú, porque sea mejor el primor de tu pintura, píntame a mí su hermosura y píntala a ella mi amor.
Vase
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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