Last updated May 17, 1997, 3:15 p.m.

Sale EFESTIÓN con un pliego

EFESTIÓN: Dame, gran señor, tus plantas. ALEJANDRO: Esperad, después iremos; que antes es esto que todo.-- Efestión, ¿qué hay de nuevo? EFESTIÓN: Que ya Rojana, de Chipre reina, heredera de Venus tanto que igual la sucede en la hermosura y el reino, es tu esposa; en éste vienen confirmados los conciertos. ALEJANDRO: Los brazos toma en albricias; que, si la verdad confieso, desde que vi su retrato, de amor vivo y de amor muerto quedé a su vista, sin que de Marte el rigor violento borrado de mi memoria su memoria haya. Mas esto no hará novedad a quien sepa que Amor, niño tierno, en brazos creció de Marte desde la cuna, teniendo sus estragos por arrullos y sus iras por gorjeos. EFESTIÓN: Con unas armas presumo que quiere entrambos afectos Amor confrontar. ALEJANDRO: Di, ¿cómo? EFESTIÓN: Como si abrasó tu pecho con un retrato, con otro quiere en ella hacer lo mesmo, que la envíe el tuyo sólo me mandó. Y yo, previniendo no perder espacio alguno, hice sacar en pequeño a tres pintores, que en Grecia concurren, en este tiempo los más famosos, de una estatua que está en un templo de Júpiter, tres retratos; y traigo a los tres con ellos, porque tienen variedad en ideas y bosquejos, porque elijas tú el que ha de ir. ALEJANDRO: Mucho me holgaré de verlos. EFESTIÓN: Timantes, Zeuxis y Apeles son los tres.

Salen TIMANTES, ZEUXIS y APELES

CHICHÓN: (¿Qué es lo que veo? Aparte ¿Aquí Apeles? ¿Si osaré hablarle?) ALEJANDRO: Noticias tengo de la elegancia con que los tres sutiles y diestros ejercéis el mejor arte, más noble y de más ingenio. TIMANTES: Si los príncipes le honraran, señor, como vos, bien creo que se adelantaran más sus artífices. ZEUXIS: Y es cierto, pues sus estudios tuvieran vuestros honores por premio. APELES: Mayormente cuando fuera, como ahora, su heroico empleo vuestra persona; pues ella hiciera su hombre eterno. ALEJANDRO: Veamos el vuestro, Timantes. TIMANTES: Huélgome que sea el primero, porque, habiendo visto esotros, no hiciérades déste aprecio.

Dale un retrato

ALEJANDRO: Esto no es retrato mío. TIMANTES: ¿Cómo? ALEJANDRO: Como en él no veo esta mancha que borrón es de mi rostro, poniendo en disimularla todo su primor el pincel vuestro. Lisonjero habéis andado en no decírmela, siendo casi traición que en mi cara me mintáis. Infame ejemplo da ese retrato a que nadie diga a su rey sus defectos. Pues ¿cómo podrá enmendarlos si nunca llegó a saberlos? Tomad, tomad el retrato, castigado el desacierto de la lisonja, con que perezca, por lisonjero.

Rómpele

TIMANTES: Señor... ALEJANDRO: No más. --Dadme, Zeuxis, el vuestro vos. ZEUXIS: (Por lo menos Aparte yo en él no le callo nada.)

Dale un retrato

ALEJANDRO: Más parecido está el vuestro; pero no menos culpado. ZEUXIS: ¿En qué, señor? ALEJANDRO: En que viendo estoy mi defecto en él tan afectado que pienso que en decírmele no más todo el estudio habéis puesto; con que igualmente ofendido déste, que desotro, quedo; pues lo que en uno es lisonja es en otro atrevimiento. Tampoco aqueste ejemplar quede al mundo, de que necio nadie le diga en su cara a su rey sus sentimientos; que, si especie de traición el callarlos es, no es menos especie de desacato decírselos descubiertos. Y así perezcan entrambos, breves átomos del viento, el uno por mentiroso y el otro por verdadero.

Rómpele

Apeles, vuestro retrato veamos. APELES: Con temor le ofrezco.

Dale un retrato

ALEJANDRO: ¿Por qué? si al verle, me dais a entender prudente y cuerdo que sólo vos sabéis cómo se ha de hablar a su rey, puesto que a medio perfil está parecido con extremo; con que la falta ni dicha ni callada queda, haciendo que el medio rostro haga sombra al perfil del otro medio. Buen camino habéis hallado de hablar y callar discreto; pues, sin que el defecto vea, estoy mirando el defecto, cuando el dejarle debajo me avisa de que le tengo, con tal decoro que no pueda, ofendido el respeto, con lo libro del oírlo, quitar lo útil de saberlo. Este retrato ha de ir; que, aunque haya de saber luego Rojana esta imperfección, por ahora por lo menos, si viere que se la finjo, no verá que se la miento. Y para que quede al mundo este político ejemplo de que ha de buscarse modo de hablar al rey con tal tiento que ni disuene la voz ni lisonjee el silencio, nadie, sino Apeles, pueda retratarme desde hoy, siendo pintor de cámara mío. APELES: Humilde tus plantas beso.

A EFESTIÓN

ALEJANDRO: Y tú a Zeuxis y a Timantes haz que les den al momento el precio de sus retratos; que, porque yerre un ingenio tal vez, no se han de pagar los estudios con desprecios. Y para que en mi servicio entre con más lucimiento Apeles, haz que le den al punto medio talento por este retrato.

A ALEJANDRO

EFESTIÓN: ¿Sabes lo que monta? ALEJANDRO: No, por cierto. EFESTIÓN: Veinte mil escudos son. ALEJANDRO: ¿No más? Pues dale otro medio. EFESTIÓN: Mira que es precio excesivo para Apeles. ALEJANDRO: Calla, necio; que si él es Apeles, yo soy Alejandro y, midiendo la distancia desde mí, nada es excesivo precio. APELES: Otra vez beso tus plantas; y a tantas honras me atrevo a suplicarte que una añadas. ALEJANDRO: Yo te la ofrezco. ¿Qué es? APELES: Licencia de volver a mi casa el breve tiempo que tarde en traer mi familia. ALEJANDRO: Ve, mas has de volver presto. --

A CHICHÓN

Vos, soldado, mientras yo abro en mi tienda este pliego, aquí esperad; que hemos de ir a aquella visita. APELES: ¡Cielos, gran dicha ha sido la mía! TIMANTES: Corrido voy. ZEUXIS: Yo voy muerto. EFESTIÓN: Mientras a su tienda vuelve el César, id repitiendo: TODOS: ¡El gran Alejandro viva! ¡Viva el gran Príncipe nuestro!

Vanse todos menos APELES y CHICHÓN

CHICHÓN: Aunque hablarte había dudado, no me sufre el corazón no besar tus pies. APELES: ¿Chichón? Tú seas muy bien hallado. ¿Por qué no hablarme querías, viéndome hoy aquí? CHICHÓN: Porque, como tu casa dejé, pensé que de mí tendrías queja. APELES: Cuando esclavo fueras, cuanto más crïado, no tuviera esa queja yo; pues si bien lo consideras, hago a Júpiter testigo que este brazo me cortara, si este brazo imaginara que no estaba bien conmigo. CHICHÓN: No era estar contigo mal; pensar que estaría, señor, siendo soldado, mejor; bien que de discurso tal te han vengado mis sucesos; pues fueron necios errores, por no moler tus colores, venirme a moler mis huesos. Locamente me dejé llevar de la vanidad, pensando que era verdad esto de la guerra, y que a cuatro días sería por lo menos general. Hanme dicho el dado mal, tanto que la suerte mía de mochillero no pasa; y así, ya que aquí has venido, haz que aqueste pan perdido se vuelva otra vez a casa. Ya de Alejandro criado eres, y un talento tienes de hacienda, con que a ser vienes el más rico de tu estado. Fuerza es que has de recibir quien te sirva; pues ¿a quién como a mí, sabiendo bien lo mal que te he de servir? APELES: ¿Y ésa es conveniencia? CHICHÓN: Pues, ¿qué conveniencia mayor que ver desde ahora, señor, lo que has de pasar después? ¿Sería mejor que entrara a servirte un mogigato, que a dos días de beato el tercero te robara? ¿Cuánto más bien te está que yo entre, con conocimiento que te quitaré el talento, mas no te le robaré? APELES: ¿Aun todavía te estás, Chichón, de aquel mismo humor? CHICHÓN: Humores locos, señor, no convalecen jamás. Pero dime, ¿en qué quedamos? APELES: En que yo nunca podré negarte mi casa. CHICHÓN: Pie y mano te beso. APELES: Vamos a saber lo que es servir CHICHÓN: Si no lo sabes, sospecha que es religión bien estrecha.

Dentro instrumentos

APELES: ¿Cómo? Mas ¿qué es lo que a oír llego? CHICHÓN: Un templado instrumento. APELES: Y al compás suyo, parece que sonora voz ofrece nuevas cláusulas al viento desde aquella quinta. CHICHÓN: Aquí, si no miente el juicio mío, prisioneras de Darío, que están las hijas oí. Y como consigo tienen las beldades soberanas de tantas damas persianas como en su servicio vienen, querrán aliviar su pena. APELES: No es novedad en su esquivo hado cantar el cautivo con el son de la cadena. Oye; que la simpatía tras sí arrastrarme procura que tienen con la pintura la música y la poesía.

Cantan dentro en lo alto a un lado

VOZ 1: Sobre los muros de Roma, de quien es espejo el Tíber, prisionera de Aureliano, Cenobia al aire repite: TODAS: ¡Ay de aquélla que vive en campos extranjeros sola y triste!

Dentro

ESTATIRA: ¡Ay de aquella que vive en campos extranjeros sola y triste!

CHICHÓN: No conforman tono y letra mal a su estado, pues son de Cenobia a la prisión. APELES: ¿Qué sentido no penetra la música? CHICHÓN: En la batalla suele Alejandro mandar a sus músicos cantar para animarse. APELES: Oye y calla.

Al otro lado en lo alto cantan

VOZ 2: Aquella ilustre matrona que no se rindió invencible a tantas armadas huestes, a sólo un dolor se rinde. TODAS: ¡Ay de aquélla que vive en campos estranjeros sola y triste!

Dentro

SIROÉS: ¡Ay de aquélla que vive en campos estranjero sola y triste!

APELES: Sus penas dan que sentir. CHICHÓN: Por eso debe de ser Alejandro no las ver. APELES: Ni yo las quisiera oír.

VOZ 1: Y como el llanto tal vez templa lo que el mal aflige... VOZ 2: en lágrimas y suspiros al aire y al agua dice... LAS DOS: ¡Ay de aquélla que vive... TODAS: ¡Ay de aquélla que vive... LAS DOS Y TODAS: en campos extranjeros sola...

Dentro ruido de espadas, y dice dentro CAMPASPE lastimada

CAMPASPE: ¡Ay triste!

Dentro

SOLDADOS: ¡Prendedla o muera! APELES: ¡Oye, espera! ¿Qué es lo que llego a escuchar? CHICHÓN: Aquéste es otro cantar. CAMPASPE: ¡Ay de mí! SOLDADOS: ¡Prendedla o muera! APELES: De unos soldados seguida, de aquel monte, al parecer, una montaraz mujer baja, en su sangre teñida, defendiéndose valiente de todos.

Quiere ir adentro

CHICHÓN: ¿Adónde vas?

Detiénele

APELES: ¿Cómo eso dudando estás? A socorrerla... CHICHÓN: ¡Detente! APELES: desos cobardes villanos. CHICHÓN: ¿De qué sabes que lo son? APELES: De que con infame acción ponen en mujer las manos. CHICHÓN: Ya no podrás; que en un vuelo, de sus armas acosada, desde el monte despeñada da a tus pies.

Sale CAMPASPE cayendo, vestida de cazadora rústica, con la espada en la mano, ensangrentado el rostro

CAMPASPE: ¡Válgame el cielo! APELES: Hermosa deidad del monte, que con despeñado ultraje, a no desmentirlo el traje, te tuviera por Faetonte, pues te traes la luz tras ti de toda esa azul esfera, vive, porque ella no muera. CAMPASPE: ¡Ay, infelice de mí! Si acaso, joven gallardo, desdichas de mujer mueven tu pecho y piedad le deben, que me defiendas aguardo desa gente, que hoy espera prenderme o matarme. APELES: En mí tendrás quien te ampara aquí. CHICHÓN: En mí no.

Salen los Soldados que pudieren

SOLDADOS: ¡Prendedla o muera! APELES: ¿Qué es prenderla ni matarla, habiendo llegado donde mi valor, que corresponde a su obligación, guardarla sabrá, sin que de su muerte ni de su prisión logréis el intento que traéis? SOLDADOS: ¿De qué suerte? APELES: De esta suerte. --Ponte, Chichón, a mi lado.

Riñen

CHICHÓN: ¿No basta que sea Chichón, sino también coscorrón? SOLDADO 1: Muera quien libre y osado ampara una delincuente. APELES: Huye, señora; que yo te guardo el paso. CAMPASPE: Eso no; que, restándote valiente tú por mí, no he de dejarte. En este umbral te mejora.

Pónese a una puerta

CHICHÓN: Marimacha es la señora. SOLDADO 1: Ni guardarla es ni guardarte. APELES: ¡Ay de mí!

Cae

CAMPASPE: ¿Qué estoy mirando? APELES: Matar a un tiempo y morir.

Dentro

MUJERES: No salgas. ESTATIRA: He de salir.

Pásase CHICHÓN contra CAMPASPE

CHICHÓN: Pásome acá, que van dando. SOLDADO 2: ¿Ya qué defensa hay que aguardes? Date, pues que no hay más plazos, a prisión. CAMPASPE: Hecha pedazos.

Salen ESTATIRA, SIROéS, CLORI, NISE y SOLDADOS

ESTATIRA: ¿Contra una mujer, cobardes? SOLDADOS: Advierte... ESTATIRA: No digáis nada. Ese joven retirad; y si no ha muerto, cuidad de su salud, albergada en vuestra guardia. --Y ahora vosotros esta mujer dejad, pues se llega a ver en mi amparo. SOLDADOS: Ya, señora, tu respeto nos ha puesto freno. ESTATIRA: Retiraos de aquí.

CAMPASPE

CAMPASPE: ¿Qué es lo que pasa por mí?

Retírase. Salen ALEJANDRO y EFESTIÓN

EFESTIÓN: Aquí es el ruido. ALEJANDRO: ¿Qué es esto? SOLDADO 1: Esto es... ESTATIRA: No prosigáis, no, villanos; que no ha de osar nadie a hablar ni a respirar adonde estuviere yo.

A ALEJANDRO

EFESTIÓN: (Que son las infantas mira.) ALEJANDRO: (Ya hablarlas cosa es forzosa.) ¿Qué es esto, Siroés hermosa? ¿Qué es esto, bella Estatira? Que ya mi valor aplica la venganza a vuestros pies. CHICHÓN: ¿Estatira y Siroés? ¿Son infantas de botica, donde todo es jerigonza? NISE: Así una y otra se llama. CHICHÓN: Pues dadme désa una drama, que ésta ella dará una onza.

Darlo todo y no dar nada part 3

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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