Last updated May 16, 1997, 3:15 p.m.
DARLO TODO Y NO DAR NADA
PERSONAS:
UNOS: El grande Alejandro viva... Dentro MÚSICA: Viva el gran Príncipe nuestro... UNOS: cuyos lauros... MÚSICA: cuyos triunfos... UNOS: siempre invictos... MÚSICA: siempre excelsos... UNOS: a voces van diciendo... MÚSICA: que a su imperio le viene el mundo estrecho. TODOS: s todo el mundo es línea de su imperio.ALEJANDRO: Haga el ejército alto Dentro en estos campos amenos, a vista de Atenas, griega patria de ciencias e ingenios. UNO: Haga repetida salva Dentro la música, confundiendo en instrumentos sonoros militares instrumentos.
Toca la caja
UNOS: Alto, y pase la palabra. OTROS: Alto, y prosigan los versos. TODOS: El grande Alejandro viva, viva el gran Príncipe nuestro. DIÓGENES: ¡Qué contrarias armonías, en no contrarios acentos, aquí de estruendos marciales, aquí de dulces estruendos, la esfera del aire ocupan, hasta penetrar el centro deste pobre albergue, donde yo, reino y rey de mí mesmo, habito sólo conmigo, conmigo solo contento! Mas ¿quién me mete en dudarlo, sea lo que fuere, puesto que no me puede añadir ni gusto ni sentimiento el saber con qué razón su media razón del eco suena en su cóncavo espacio una y otra vez diciendo:
Cantan DIÓGENES y TODOS
TODOS: que a su imperio le viene el mundo estrecho, pues todo el mundo es línea de su imperio.
Sale CHICHÓN
CHICHÓN: Por esta parte me dicen que una fuente hay, y aunque tengo trabada lid con el agua por haber mi casa hecho alïanza con el vino, la he de buscar con todo eso; que el cansancio con que entramos en Grecia marchando, muertos de sed y calor, bien puede honestar la tregua, siendo en Grecia agua mi socorro mientras no hallo vino greco. ¿Por dónde irá la bellaca? Pero aquí hay gente. -- Buen viejo, decidme hacia dónde corre una fuente, que deseo, por más que corra, alcanzarla, bien que dudando y temiendo, cuando la busco rabiando, el que la he de hallar riendo. DIÓGENES: Venid conmigo, que yo allá voy, a cuyo efecto me halláis, ya lo veis, cargado deste rústico instrumento. CHICHÓN: "Moza de cántaro" ya dijo no sé qué proverbio; viejo de cántaro, no lo dijo hasta hoy; pues ¿qué es esto? ¿No hay quien venga en vuestra casa por agua sino vos? DIÓGENES: Necio debéis de ser. CHICHÓN: ¿Y de qué lo inferís? DIÓGENES: De que, si puedo servirme yo a mí, culpéis que otro no me sirva, puesto que sólo está bien servido el que se sirve a sí mesmo. CHICHÓN: ¿Mal fardado y sentencioso, pobretón y circunspecto? ¿Sois filósofo? DIÓGENES: No sé más de que quisiera serlo. CHICHÓN: Pues, en tanto que llegamos, decid, ansí os guarde el cielo, ¿cómo, cuando estas campañas están con tantos diversos aplausos de paz y guerra cubiertas, vos, acudiendo a tan civil ejercicio, vais penetrando lo espeso destos montes, apartado de tanto heroico comercio, sin que la curiosidad os lleve siquiera a verlo? DIÓGENES: Pues ¿qué hay que ver? CHICHÓN: ¿Qué hay que ver? Cuando no fuera el inmenso aparato, con que vuelve, coronado de trofeos, un ejército triunfante de toda Persia, trayendo prisioneras a las hijas de Darío, su supremo rey, que, puesto en fuga, él solo escapó su vida huyendo; cuando no fuera el aplauso con que le recibe el pueblo en estas montañas, donde ha de alojarse este invierno; ¿el ver no más a Alejandro no bastaba, a cuyo esfuerzo, como estas canciones dicen, viene todo el mundo estrecho,
Cantan CHICHÓN y la MÚSICA
pues todo el mundo es línea de su imperio?
DIÓGENES: Necio te llamé una vez, y ahora a llamártelo vuelvo. ¿Alejandro es más que un hombre, tan vanamente soberbio, que llora que hay sólo un mundo para verle a sus pies puesto? Pues ¿por qué me he de mover a verle, cuando mi afecto más fuera, si fuera un hombre tan sabio, prudente y cuerdo que llorara que no había otros muchos mundos nuevos, sólo para despreciarlos, más que para poseerlos? Pero esta filosofía no es para ti, a lo que infiero de tu traje y tus razones. CHICHÓN: ¿Por qué? DIÓGENES: Porque al culto atento de ese humano dios aplaudes su ambición, no conociendo que con cuanto puede, no puede enmendar un defecto con que, para desengaño de lo poco que es su imperio, le dio la naturaleza en los ojos. CHICHÓN: Yo confieso que, atravesados, es grande la fealdad que tiene en ellos, mayormente encarnizado y lagrimoso el izquierdo, sobre cuyo hombro derriba la cabeza quizá el peso del laurel; pero ¿qué importa ser horroroso su aspecto, si no le pasan al alma imperfecciones del cuerpo? DIÓGENES: Sí; mas debiera sin ellas pasar al conocimiento de que es todo su poder caduco y perecedero; pues con cuanto puede, no puede enmendarse a sí mesmo. Y dejando para otra ocasión el argumento (que no acaso este principio quizá a mejor fin asiento), aquésta es la fuente; toma, este vaso es cuanto puedo ofrecerte. CHICHÓN: ¿Para qué? DIÓGENES: Para que bebas, cogiendo el agua con más descanso. CHICHÓN: Mano con que beber tengo.
Llega a un lado del tablado, donde habrá una fuente, y bebe con la mano
Mi señora doña Clara, cuyo corriente despejo entre esotras flores vierte, buscando la flor del berro, en forma de besamanos, como suelen desde lejos los que afectan cortesías, a usted saludo y protesto la nulidad de la fuerza que la sed me hace, advirtiendo que no sirva de ejemplar para otra vez. DIÓGENES: ¿Qué es aquello? Con la mano al labio sirve el cristal. Al fin, es cierto que no hay loco de quien algo no pueda aprender el cuerdo; pues si la naturaleza me dio más noble instrumento que el deste barro, de quien servirme pueda, no quiero ofenderla más, pues basta el agravio que la he hecho en no saberlo hasta ahora.
Quiebra el barro
CHICHÓN: Yo he bebido. Mas ¿qué es eso? DIÓGENES: Romper ese inútil barro. CHICHÓN: Pues ¿por qué? DIÓGENES: Porque no tengo de tener nada que sea para la vida superfluo. Si puedo vivir sin él, ya que de tu sed lo aprendo, ¿para qué le quiero yo? CHICHÓN: ¿De suerte que de provecho no es lo que no es tan forzoso que no se viva sin ello? DIÓGENES: Claro está; pues para sola una vida que tenemos cuanto en ella está de más está en el juicio de menos; y ya que de ti enseñado hoy en una parte quedo, vélo tú en otra de mí, considerando, advirtiendo qué caso hará de Alejandro, ni de todos sus anhelos, sus aplausos, sus victorias, sus conquistas y trofeos, quien se embaraza con sólo un tosco vaso grosero, el día que llega a ver que no tenerle es lo mesmo que tenerle. Y porque más se esmere el conocimiento desta verdad, di a Alejandro que Dïógenes, un viejo mísero y pobre que en estas soledades vive atento más a saber que a adquirir, no sólo va a verle, pero por no verle, al tiempo que con tanto heroico festejo, según esas voces dicen, viene atravesando al templo de Júpiter (donde yace el hadado nudo ciego de Gordio), huyendo su vista, va penetrando lo espeso destas rústicas montañas. Y añade que, si él es dueño del mundo, lo soy yo más; pues, en contrarios extremos, él lo es porque le estima y yo, porque le desprecio; por más que esas voces digan una y otra vez al viento . . .
Cantan DIÓGENES y TODOS
TODOS: que a su imperio le viene el mundo estrecho, pues todo el mundo es línea de su imperio.
Vase DIÓGENES
CHICHÓN: Extrañas borracherías son las de todos aquestos filósofos; pues por sólo haber dicho muy severo cuanto en la vida es más está en el juicio de menos, se andará toda la vida por aquesos vericuetos con su filosofía a cuestas, padre conscripto del yermo.
Ruido dentro
Pero ¿qué ruido es aquél que hacen al umbral del templo Alejandro y un anciano sacerdote, a lo que veo, de un yugo asidos los dos?
Salen ALEJANDRO y un SACERDOTE, asidos de un yugo, enredadas las coyundas, y Gente
SACERDOTE: Advierte... ALEJANDRO: Yo nada advierto. SACERDOTE: El agüero teme. ALEJANDRO: Aparta; que para mí no hay agüero. SACERDORTE: Pues óyeme, y haz después tu gusto. ALEJANDRO: Di; ya te atiendo. SACERDOTE: Grecia, esta parte del Asia, sin rey se vio mucho tiempo, sujeta a las sediciones, parcialidades y encuentros de tiranos que querían, alegando los derechos de las armas, serlo a costa de robos, muertes e incendios; en cuyo común desorden, necesitado el consejo, más que corregido, vino a este inhabitado templo de Júpiter a pedirle en tantas ruinas remedio. él, o agradecido al voto o compadecido al ruego, en voz de su estatua dijo que entregasen el gobierno de Asia al que en un monte hallasen labrando el inculto seno de sus bárbaras entrañas, dos blancos novillos puestos en el yugo de su arado; por señas que en medio dellos un águila abatiría su más remontado vuelo. ¡Tan antiguo es en el mundo el dar el águila imperios! Sucedió así; pero apenas los que le buscaban, viendo el oráculo cumplido en Gordio, un galán mancebo, a sus plantas se arrojaron, las señas obedeciendo, cuando los novillos, que antes el yugo arrastraban tiernos, embravecidos lidiaron por arrojarle violentos de sus cervices; que un bruto aun se desdeña de serlo el día que llega a ver con majestad a su dueño; si ya no fue que al jurarle rey, el yugo sacudieron, como quien dice: "Más le has menester para otros cuellos, pues ya los de un vulgo debes domar, antes que los nuestros." Rompidas, pues, las coyundas, dellas este nudo hicieron, tan sin principio en sus lazos, tan sin fin en sus extremos, que no fue posible que se les desatase. Y siendo así, que a sacrificarlos entraron con él al templo, segundo oráculo en él dio el gran simulacro inmenso; pues en segunda voz dijo que el que deshiciese el ciego nudo, no sólo del Asia tendría el dilatado imperio, pero de la ignota parte, que impide el peloponeso monte descubrir, sería monarca también, rompiendo lo impenetrable de tanto altivo, tanto soberbio escollo armado de hiedra, como se le pone en medio. Con esta noble codicia muchos, de ser los primeros que abriesen el arduo paso para esotro mundo nuevo, el ciego nudo intentaron deshacer osados; pero no sólo de su ambición consiguieron el efecto, mas de su ambición quedaron castigados; pues es cierto que nadie lo intentó que, a pesar de su despecho, no quedase desde allí a mil desdichas expuesto, como en venganza de tanto sacrílego atrevimiento. Tradición es que ninguno vivió feliz, y que muertos con violencia fueron todos, ya a la ira del acero, ya a la ruina del acaso, o a la traición del veneno. Y así a tus plantas postrado, humildemente te ruego adviertas que... ALEJANDRO: ¡Calla, calla! Que de escucharte me ofendo. Por el mismo caso que es tan repetido el riesgo, le he de despreciar.
Hace fuerza a desatar el nudo
En vano, en vano (¡ay de mí!) lo intento, si ya no es que haga la industria lo que la fuerza no ha hecho. -- ¿Dijo el oráculo más que el que deshaga este ciego nudo será vencedor de ignotas gentes? SACERDOTE: Es cierto. ALEJANDRO: Pues yo lo seré, pues yo dejaré el nudo deshecho.
Saca la daga y rompe la coyunda
SACERDOTE: ¿Qué haces? ALEJANDRO: Cortarle, pues tanto monta, para deshacerlo, cortar, como desatar. CHICHÓN: Yo también me hiciera eso. ¡Miren qué dificultad, que la hace cada día un maestro de niños, cuando el muchacho se da nudos! SACERDOTE: ¡Oh, el inmenso Júpiter quiera que sea desde hoy verdad el proverbio del "tanto monta"! ALEJANDRO: Sí hará; y para que llegue a verlo el mundo, apenas descanso cobrará, cobrará aliento mi ejército en Grecia, cuando romperé a ese corpulento gigante de piedra, que con su frente abolla el cielo, con su peso hunde la tierra, con su bulto estrecha al viento, el paso, hasta desmentir estos fatales agüeros que amenazaron a tantos; porque ¿para quién el cielo guarda un mundo, sino para Alejandro? CHICHÓN: Bueno es eso para un recado que yo te traigo. ALEJANDRO: ¿De quién? CHICHÓN: De un viejo, dialéctico a todo trance, filósofo a todo ruedo, que por no verte, señor, como había, de ti huyendo, de echar por aquesos trigos, echó por aquesos cerros, diciendo a voces que es más monarca del mundo entero que tú. ALEJANDRO: ¿Cómo? CHICHÓN: Como él hace del mundo desprecio, cuando tú ganas el mundo. ALEJANDRO: No dice mal, si eso es cierto. Pero dime, ¿por no verme fue por otra parte huyendo de mi vista? CHICHÓN: Sí, señor. ALEJANDRO: Pues no ha de lograr su intento; que si él, por altivo, no quiere verme a mí, yo quiero verle a él, por desengañado. ¿Adónde es su albergue? CHICHÓN: Pienso que a la falda dese monte. ALEJANDRO: Llévame allá; que deseo ver quién es dueño del mundo, él dejando o yo adquiriendo. CHICHÓN: Yo te guiaré, aunque otra vez encuentre con quien me ha muerto. ALEJANDRO: Pues ¿quién te ha muerto? CHICHÓN: Una fuente que al paso a todos saliendo no sólo mata la sed, pero la sed y el sediento.
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