This file was last updated on June 29, 1997
Vase [cerrando el alacena detrás]
MANUEL: Oh, ¿a cuánto, cielos, se atreve quien se atreve a entrar en parte donde ni alcanza. ni entiende, que daños se le aperciben, que riesgos se le previenen? Venme aquí a mí en una casa que dueño tan notable tiene, ¡de excelencia por lo menos!, lleno de asombros crüeles, y tan lejos de la mía. Pero, ¿qué es esto? Parece que a esta parte alguna puerta abren. Sí, y ha entrado gente.
Sale COSME
COSME: Gracias a Dios, que esta noche entrar podré libremente en mi aposento sin miedo, aunque sin luz salga y entre. Porque el duende, mi señor, puesto que a mi amo tiene, ¿para qué me quiere a mí? Pero para algo me quiere.
Topa con don MANUEL
¿Quién va? ¿Quién es? MANUEL: Calle, digo. ¿Quién quiera que es, si no quiere que le mate a puñaladas? COSME: No hablaré más que un pariente pobre en la casa del rico. MANUEL: (Crïado sin duda es éste Aparte que a caso ha entrado hasta aquí. De él informarme conviene dónde estoy.) Di, ¿qué casa es ésta) ¿Y qué dueño tiene? COSME: Señor, el dueño y la casa son el diablo que me lleve, porque aquí vive una dama que llaman la dama duende que es un demonio en figura de mujer. MANUEL: Y tú, ¿quién eres? COSME: Soy un fámulo o crïado. Soy un súbdito, un sirviente, que sin qué ni para qué estos encantos padece. MANUEL: ¿Y quién es tu amo? COSME: Es un loco, un impertinente. un tonto, un simple, un menguado, que por tal dama se pierde. MANUEL: ¿Y es su nombre? COSME: Don Manuel Enríquez. MANUEL: ¡Jesús, mil veces! COSME: Yo, Cosme Catiboratos me llamo. MANUEL: Cosme, ¿tú eres? Pues, ¿Cómo has entrado aquí? Tu señor soy. Dime, ¿vienes siguiéndome tras la silla? ¿Entraste tras mí a esconderte también en este aposento? COSME: Lindo desenfado es ése. Dime, ¿cómo estás aquí? ¿No te fuiste muy valiente solo donde te esperaban? Pues, ¿cómo tan presto vuelves? ¿Y cómo, en fin, has entrado aquí trayendo yo siempre la llave de aqueste cuarto? MANUEL: Pues dime, ¿qué cuarto es éste? COSME: El tuyo o el del demonio. MANUEL: ¡Viven los cielos que mientes! Porque lejos de mi casa y en casa bien diferente estaba en aqueste instante. COSME: Pues cosas serán del duende sin duda, porque te he dicho la verdad pura. MANUEL: ¿Tú quieres que pierda el juicio? COSME: ¿Hay más de desengañarte. Vete por esa puerta y saldrás al portal adonde puedes desengañarte. MANUEL: Bien dices. Iré a examinarle y verle.
Vase
COSME: Señores, ¿cuándo saldremos de tanto embuste aparente?
Sale ISABEL por la alacena
ISABEL: (Volvióse a salir don Juan Aparte y porque a saber no llegue don Manuel adónde está, sacarle de aquí conviene.) ¡Ce, señor, ce! COSME: ¡Esto es peor! ¡Ceáticas son estas cees! ISABEL: Ya mi señor recogido queda. COSME: (¿Qué señor es éste?) Aparte
Sale don MANUEL
MANUEL: Éste es mi cuarto en efecto. ISABEL: ¿Eres tú? COSME: Sí, soy yo. ISABEL: Vente conmigo. MANUEL: Tú dices bien. ISABEL: No hay qué temer, nada esperes. COSME: Señor, ¡que el duende me lleva!
Llévale [a COSME] ISABEL
MANUEL: ¿No sabremos finalmente de donde nace este engaño? ¿No respondes? ¿Qué necio eres! ¿Cosme? ¿Cosme? ¡Vive el cielo que toco con las paredes! ¿Yo no hablaba aquí con él? ¿Dónde se desaparece tan presto? ¿No estaba aquí? Yo he de perder dignamente el juicio. Mas, pues es fuerza, que aquí otro cualquiera entre, he de averiguar por dónde; porque tengo de esconderme hasta averiguar quién es esta hermosa dama duende.
Vase y salen todas las mujeres, una con luces, y otra con algunas cajas, y otra con un vidrio de agua
ÁNGELA: Pues, a buscarte ha salido mi hermano, y pues Isabel a su mismo cuarto ha ido a traer a don Manuel, esté todo apercibido. Halle, cuando llegue aquí, la colación prevenida. Todas le esperad así. BEATRIZ: No he visto en toda mi vida igual cuento. ÁNGELA: ¿Viene? CRIADA: Sí, que ya siento sus pisadas.
Sale ISABEL trayendo a COSME de la mano
COSME: (Triste de mí, ¿dónde voy? Aparte Ya estas son burlas pesadas; mas no, pues mirando estoy bellezas tan extremadas. ¿Yo soy Cosme o Amadís? ¿Soy Cosmico o Belianís?) ISABEL: Ya viene aquí. ¿Mas qué veo? ¿Señor? COSME: (Ya mi engaño creo Aparte pues tengo el alma en un tris.) ÁNGELA: ¿Qué es esto, Isabel? ISABEL: Señora, donde a don Manuel dejé volviendo por él agora a su crïado encontré. BEATRIZ: Mal tu descuido se dora. ISABEL: Está sin luz. ÁNGELA: ¡Ay de mí! Todo está ya declarado. BEATRIZ: Más vale engañarle así. ¿Cosme? COSME: ¿Damiana? BEATRIZ: A este lado llegad. COSME: Bien estoy aquí. ÁNGELA: Llegad, no tengáis temor. COSME: ¿Un hombre de mi valor, temor? ÁNGELA: Pues, ¿qué es no llegar?
[COSME habla] aparte y lléguese a ellas
COSME: Ya no se puede excusar. En llegando al pundonor, respeto no puede ser sin ser espanto ni miedo, porque al mismo Lucifer temerle muy poco puedo. En hábito de mujer, alguna vez lo intentó y, para el ardid que fragua, cota enagua se vistió, que esto de cotilla enagua el demonio lo inventó, en forma de una doncella aseada, rica y bella a un pastor se apareció y él, así como la vio, se encendió en amores de ella. Gozó a la diabla, y después con su forma horrible y fea le dijo a voces, "¿No ves, mísero de ti, cuál sea desde el copete a los pies la hermosura que has amado? Desespera, pues has sido agresor de tal pecado." Y él, menos arrepentido que antes de haberla gozado, le dijo, "Si pretendiste, oh sombra fingida y vana, que desesperase un triste, vente por acá mañana en la forma que trujiste. Verásme amante y cortés, no menos que antes, después, y aguardarte en testimonio de que aún horrible no es en traje de hembra un demonio." ÁNGELA: Volved en vos y tomad una conserva y bebed; que los sustos causan sed. COSME: Yo no la tengo. BEATRIZ: Llegad, que habéis de volver, mirad, doscientas leguas de aquí. COSME: Cielos, ¿qué oigo? ÁNGELA: ¿Llaman? BEATRIZ: Sí. ISABEL: ¿Hay tormento más crüel? ÁNGELA: ¿Ay de mí triste!
[Habla] dentro [don] LUIS
LUIS: ¿Isabel? BEATRIZ: ¡Válgame el cielo! LUIS: Abre aquí. ÁNGELA: ¡Para cada susto tengo un hermano! ISABEL: ¡Trance fuerte! BEATRIZ: Yo me escondo.
Vase
COSME: Éste, sin duda, es el verdadero duende. ISABEL: Vente conmigo. COSME: Sí, haré.
Vanse. Sale don LUIS
ÁNGELA: ¿Qué es lo que en mi cuarto quieres? LUIS: Pesares míos me traen a estorbar otros placeres. Vi ya tarde en ese cuarto una silla, donde vuelve Beatriz. Y vi que mi hermano entró. ÁNGELA: Y en fin, ¿qué pretendes? LUIS: Como pisa sobre el mío, me pareció que había gente, y para desengañarme sólo he de mirarle y verle.
Alza una antepuerta y topa con BEATRIZ
¡Beatriz! ¿Aquí estás? BEATRIZ: Aquí estoy, que hube de volverme porque al disgusto volvió mi padre, enojado siempre. LUIS: Turbadas estáis las dos. ¿Qué notable estrago es éste de platos, dulces y vidrios? ÁNGELA: ¿Para qué informarte quieres de lo que en estando a solas se entretienen las mujeres?
Hacen ruido en la alacena ISABEL y COSME
LUIS: ¿Y aquel ruido, qué es? ÁNGELA: (Yo muero.) Aparte LUIS: ¡Vive Dios, que allí anda gente! Ya no puede ser mi hermano quien se guarda de esta suerte.
Aparta la alacena para entrar con luz
¡Ay de mí, cielos piadosos! Que queriendo neciamente estorbar aquí los celos que amor en mi pecho enciende, celos de honor averiguo. Luz tomaré, aunque imprudente, pues todo se halla con luz y el honor con luz se pierde.
Vase
ÁNGELA: ¡Ay, Beatriz, perdidas somos si le topa. BEATRIZ: Si le tiene en su cuarto ya, Isabel, en vano dudas y temes pues te asegura el secreto de la alacena. ÁNGELA: ¿Y si fuese tal mi desdicha que allí con la turbación no hubiese cerrado bien Isabel y él entrase allá? BEATRIZ: Ponerte en salvo será importante. ÁNGELA: De tu padre iré a valerme como él se valió de mí, porque, trocada la suerte, si a ti te trujo un pesar a mí otro pesar me lleve.
Vanse. Salen por el alacena ISABEL y COSME, y por otra parte don MANUEL
ISABEL: Entra presto.
Vase [ISABEL]
MANUEL: Ya otra vez en la cuadra siento gente.
Sale don LUIS con luz
LUIS: Yo vi un hombre, ¡vive Dios! COSME: Malo es esto. LUIS: ¿Cómo tienen desvïada esta alacena? COSME: Ya se ve luz. Un bufete que he topado aquí me valga.
Escóndese
MANUEL: Esto ha de ser de esta suerte.
Echa mano
LUIS: ¿Don Manuel? MANUEL: ¿Don Luis? ¿Qué es esto? ¿Quién vio confusión más fuerte? COSME: Oigan por donde se entró. Decirlo quise mil veces. LUIS: ¡Mal caballero, villano, traidor, fementido huésped, que al honor de quien te estima te ampara, te favorece, sin recato te aventuras y sin decoro te atreves! ¡Esgrime ese infame acero! MANUEL: Sólo para defenderme le esgrimiré, tan confuso de oírte, escucharte y verte, de oírme, verme y escucharme; que aunque a matarme te ofreces, no podrás, porque mi vida, hecha a prueba de crüeles fortunas, es inmortal. Ni podrás aunque lo intentes, darme la muerte, supuesto que el dolor no me da muerte que, aunque eres valiente tú, es el dolor más valiente. LUIS: No con razones me venzas sin con obras. MANUEL: Detente. Sólo hasta pensar si puedo, don Luis, satisfacerte. LUIS: ¿Qué satisfacciones hay si así agraviarme pretendes? Si en el cuarto de esta fiera, por ese cuarto que tienes entras, ¿hay satisfacciones a tanto agravio? MANUEL: Mil veces rompa esa espada mi pecho, don Luis, si eternamente supe de esta puerta o supe que paso a otro cuarto tiene. LUIS: Pues, ¿qué haces aquí encerrado sin luz? MANUEL: ¿Qué he de responderle? Un crïado espero. LUIS: Cuando yo te he visto esconder, ¿quieres que mientan mis ojos? MANUEL: Sí, que ellos engaños padecen más que otro sentido. LUIS: Y cuando los ojos mientan, ¿pretendes que también mienta el oído? MANUEL: También. LUIS: ¿Todos al fin mienten? ¿Tú solo dices verdad? ¡Y eres tú solo el que...! MANUEL: Tente. Porque aún antes que lo digas que lo imagines y pienses, te habré quitado la vida. Y ya arrestada la suerte primero soy yo. Perdonen de amistad honrosas leyes. Y pues ya es fuerza reñir, riñamos como se debe. Parte entre los dos la luz que nos alumbre igualmente. Cierra después esa puerta por donde entraste imprudente, mientras que yo cierro esta otra, y agora en el suelo se eche la llave para que salga el que con la vida quede. LUIS: Yo cerraré la alacena por aquí con un bufete porque no puedan abrirla por allá cuando lo intenten.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu