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LISARDA: Ya que fue piedad del cielo
--¡ay Leonor!--haberme dado
compañía en tal cuidado,
y en tal desdicha consuelo,
estando juntas las dos,
en tanto que fuera están
del cuarto Octavio y don Juan,
te he de decir... Mas--¡ay Dios!--
la puerta de Ursino es
la que abren.
LEONOR: Pues a mí
no me vea.
Vase. Salen URSINO y don SANCHO
URSINO: Espera aquí;
que no es justo que le des
tan buena nueva con susto;
que también sabe matar
un gusto como un pesar,
cuando no se espera el gusto.--
Señora, ya que no tengo
digno albergue en que hospedaros,
serviros y regalaros,
una buena nueva vengo
a daros, para que así
supla el error de ofenderos.
Vuestro hermano viene a veros.
LISARDA: (¡Válgame el cielo!) Aparte
SANCHO: (¡Ay de mí! Aparte
¿No es Lisarda ésta?)
URSINO: Llegad,
ved, don Sancho, vuestra hermana.
SANCHO: Pues ¿cómo, infame, villana...
LISARDA: Señor, mi vida amparad.
URSINO: ¿Aquí entráis con ese intento?
SANCHO: ¿Delante de mí te atreves
a vivir?
LISARDA: En vano mueves
contra mí mano y aliento.
URSINO: Estando yo aquí, ¿qué es esto?
SANCHO: Es, Ursino, castigar
y la vil mancha sacar
que en esta ocasión me ha puesto.
URSINO: Mirad, don Sancho, que aquí
vuestra hermana a cuenta vive
de mi espada; y si recibe
alguna ofensa, de mí
ha de ser vengada.
SANCHO: Pues
¿palabra no me habéis dado
de ayudar siempre a mi lado
mi pretensión? Tiempo es
de mostrar tan noble empeño.
Dejad lograr...
LISARDA: ¡Ay de mí!
SANCHO: ...mi venganza.
URSINO: Idos de aquí.
Vase doña LISARDA
También me hice entonces dueño
del honor de vuestra hermana,
de libralla y defendella;
y así he de morir por ella.
SANCHO: No fue por esa inhumana,
sino por la que, señor,
yo mismo os di y os fïé.
URSINO: Pues ¿ésta misma no fue
la que me disteis?
SANCHO: ¡Qué error
tan notable!
URSINO: El yerro es vuestro;
que ésta fue la que yo vi
en el jardín, y hasta aquí
la he guardado, y ésta os muestro,
para que os informéis de ella,
no para que la ofendáis.
Y si con traición pensáis
que habéis venido a ofendella,
quejaréme yo de vos,
pues que me traéis engañado
a castigar vuestro enfado
en mi casa.
SANCHO: ¡Vive Dios,
que a verla vine y saber
lo que de ella pretendí!
Mas no es ésta la que aquí
busco.
URSINO: ¿Cómo puede ser,
si yo mismo la he traído?
SANCHO: No es ella, tras todo eso.
URSINO: Haréisme que pierda el seso.
SANCHO: Vos, que yo pierda el sentido.
Y el fin de esta confusión
es solamente pensar
que dos se pueden errar,
aunque dos tengan razón.
Y pues que no he conseguido
el haberme aquí informado,
y es vuestra casa sagrado
de quien tanto me ha ofendido,
sólo un remedio me queda.
Aqueste papel tomad,
y a quien él dice buscad;
que yo espero a la alameda
del parque. Si ése saliere
solo, solo espero allá;
mas si, por dicha, que irá
el otro amigo dijere,
id vos también; que esto os pido
por no ofenderos; que fuera
mal hecho que a otro eligiera,
habiendo con vos venido,
y llevando el papel vos.
Dad luego al punto el papel,
y en el parque espero dél
la respuesta. Adiós.
URSINO: Adiós.
Vase don SANCHO
¿Qué confusión es aquesta
tan extraña y tan crüel?
Pero quizás del papel
sabré mejor la respuesta.
¿Quién será aquesta persona
a quien tengo de buscar?
¡Cielo, añade otro pesar,
porque a don Juan de Colona
dice! ¡Vive Dios, que es
mi hijo agresor de su agravio,
y que el amigo es Octavio!
Ponderar conviene, pues,
qué he de hacer en este caso;
que perder el juicio temo
si de un extremo a otro extremo
y de una duda a otra paso.
Si doy a mi hijo el papel,
cierto su riesgo será;
si no, don Sancho dirá
que es cobarde. ¡Qué crüel
duda padezco! Mas ¿quién
abre a este cuarto la puerta
que corresponde a la huerta
del parque? Él es. Ya se ven
más dudas. Pues ¿qué querrá
en este cuarto? ¿Y qué ha sido
el haber desconocido
don Sancho a su hermana?
Que no sé de mí, confieso,
ni pensar ni discurrir;
y así mejor será ir
al atajo del suceso.
Salen don JUAN, don OCTAVIO y
CELIO
JUAN: Mi padre está aquí.
CELIO: Por Dios,
que él ha cogido la trampa.
OCTAVIO: Mucho lo siento.
CELIO: Ya escampa
la Fortunilla.
URSINO: Pues ¿vos
en este cuarto?
JUAN: Venía
a enseñar el cuarto a Octavio.
URSINO: (No hace poco el que un agravio Aparte
disimula.) No querría
le viese agora, que está,
como no se habita en él,
descompuesto. Y así dél
os salid; que tiempo habrá
de verle otro día.
JUAN: (Él aquí Aparte
por Lisarda defendió
la entrada.)
OCTAVIO: (¿Si a Leonor vio?) Aparte
JUAN: (No sé; esto ha de ser así.) Aparte
Don JUAN hace que se va
URSINO: Ven acá; que me olvidaba
de un recado que me han dado
para ti, que aquí un crïado
de un amigo te buscaba,
para darte este papel,
sobre no sé qué dinero
del juego, y dártele quiero,
sin mirar lo que hay en él,
por no obligarme a pagar
porte; que dicen, es bien
que pague los portes quien
abre la carta. Tomar
puedes el papel; y advierte
que, si es algo que has perdido
lo que en él se te ha pedido,
lo cumplas, aunque la muerte
te den, por cumplir, don Juan,
lo que prometido hubieres;
que los nobles, como eres,
cuando empeñados están,
han de salir del empeño,
aunque les cueste la vida.
Ninguna cosa te impida,
pues de mi hacienda eres dueño.
No quede yo con sospecha;
que os mataré--¡vive Dios!--
si me dijeren de vos
cosa que no sea bien hecha.
Con esto, salíos afuera;
que cerrar aquí es razón.
(Cumpla con su obligación, Aparte
y ¡mas que en el campo muera!)
Vase URSINO
OCTAVIO: Con tan preñadas razones
a discurrir nos provoca.
CELIO: Con la barriga a la boca
están todos.
JUAN: Mis pasiones
de nuevo empiezan; ¿qué haremos?
CELIO: Pues ¿aquí ya qué hay que hacer,
don Juan, sino abrir y leer
el papel? Dél lo sabremos.
Lee
JUAN: "Por no haber sabido dónde hallar Octavio,
os busco a vos, como más conocido y no menos
culpado. Decidle de mi parte que venga al
parque, donde le espero; si solo, solo, y si
con vos, con un amigo. Dios os guarde."
Pésame de haber leído
recio el papel.
CELIO: (A mí no; Aparte
que a trueco de saber yo
lo que en él se ha contenido,
lo doy por bien empleado;
que no me había de andar
todo el año a adivinar,
siendo astrólogo crïado.)
JUAN: Aquesto dice.
OCTAVIO: Ya aquí
no tenemos que pensar.
¿No sale esta puerta al mar?
JUAN: Sí.
OCTAVIO: Pues guïad por ahí
al parque, porque si agora
en las razones advierto
de vuestro padre, es muy cierto
que nada del caso ignora;
porque estar dentro del cuarto,
echarnos a los dos dél,
darte él mismo el papel,
¿qué más desengaño?
JUAN: Harto
me dijo; y así me atrevo
a hacer lo que él me mandó;
pues dice que pague yo,
vengo a pagar lo que debo.
Vanse don JUAN y don OCTAVIO
CELIO: ¿Desafïados los dos?
Supuesto que yo lo supe,
la Virgen de Guadalupe
hará las paces. Adiós.
Vase. Salen URSINO y don SANCHO
SANCHO: Presto a buscarme venís.
¿Qué hay?
URSINO: Fui de vuestra parte
al caballero, y leyó
vuestro papel sin turbarse,
ni dar muestras de disgusto
en la voz ni en el semblante.
Dice que hará lo que en él
le decís. Si solo sale,
reñiréis solo con él;
si con otro, habéis de hallarme
a vuestro lado.
SANCHO: Cumplís,
señor, en empresas tales,
con la sangre que tenéis.
URSINO: ¿Sabéis vos cuál es mi sangre?
SANCHO: Sé que sois Ursino, y basta.
URSINO: Pues no lo soy; no os engañe
el nombre, que mi apellido
es otro.
SANCHO: Bien engañarme
puedo.
URSINO: Bien se echa de ver,
supuesto que aun ignorasteis
que soy Ursino Colona,
y que soy de don Juan padre.
Pero ya estamos acá;
bien será que solo os halle,
por si acaso viene solo.
(¡Vive Dios, que, si no sale, Aparte
que yo le he de dar la muerte!)
Salen don JUAN y don OCTAVIO
OCTAVIO: ¿Don Sancho?
SANCHO: Sí.
OCTAVIO: El cielo os guarde.
SANCHO: Sólo el término le pido
que he de tardar en vengarme.
OCTAVIO: En buena ocasión estáis,
pues no lo estorbará nadie;
que el amigo con quien yo
vengo es a quien enviasteis
el papel; y por saber
que hay otro que nos aguarde,
venimos los dos.
URSINO: Es cierto;
pues sois dos los que llegasteis,
dos somos; que a venir solo,
solo estuviera.
SANCHO: A esta parte
conmigo os poned.
JUAN: Señor,
pésame de que así agravies
la sangre que tengo tuya.
Tú me la diste, y tú sabes
que supiera yo pagar,
como tú me aconsejaste,
mis deudas, y ya me ofendes,
si a darme tu ayuda sales.
URSINO: Caballero, yo no sé
lo que decís; y admirarme
debo de que me tratéis
con respeto semejante.
Yo soy un hombre que vengo
al lado de quien me trae;
no conozco otro en el mundo
de quien yo deba acordarme;
que, estando en esta ocasión,
yo nunca conozco a nadie.
Haced vos lo que debéis,
sin que os turbe ni embarace
nada; que yo me holgaré
de veros en esta parte
cumplir las obligaciones
que decís; que en semejante
caso un noble caballero
debe reñir con su padre.
JUAN: No debe, ni hay ocasión
que a eso pueda obligarle.
SANCHO: ¿Qué escucho? ¡Perdido estoy!
URSINO: ¿Qué receláis?
SANCHO: De mirarte,
sintiendo dentro de mí
que ya es forzoso dejarme.
URSINO: ¡Vive Dios, que, si no fuera
por dar fuerza al infame
escrúpulo vuestro, aquí
en ese pecho ignorante
manchara este blanco acero!
Con vos vengo, no os espante
nada.
JUAN: Perderé mil vidas
primero, Octavio, que os falte.--
Señor, pues vienes al lado
de don Sancho, y me llevaste
el papel tú mismo, y yo
llamado vengo a la parte
también al lado de Octavio,
y es fuerza en empeños tales
sacar los dos las espadas,
si ellos las sacan, pensarse
debe algún medio que excuse
entre los dos este lance.
URSINO: Cuando al lado de otro hombre
el que es caballero sale,
no ha de dar medio ninguno,
porque él para nada es parte.
Con don Sancho vengo aquí;
yo no soy mío este instante;
bien dicho estará y bien hecho
cuanto hiciere y cuanto hablare;
si él riñere, he de reñir;
haré paces si hace paces;
que yo con quien vengo vengo,
y aquí no conozco a nadie.
SANCHO: De suerte vuestro valor
pudo, señor, admirarme,
que, por no empeñaros tanto,
mi honor quisiera que hallase
un modo que el duelo excuse
más extraño y más notable
que ha visto el sol hasta hoy.
URSINO: Eso vos habéis de darle,
yo no; y si aquí permitiere
que algún partido se trate,
será porque estoy bien puesto;
vos, que sois el que llamasteis,
ved si os volvéis sin reñir,
porque no hay medio importante
para que de reñir deje,
cuando otro a reñir me saque,
llamado por un papel.
JUAN: Cuerdamente me avisaste
de la obligación que tengo,
pues soy quien tuvo esta tarde
el papel; y así me toca
a mí el reñir, por hallarme
empeñado en ser llamado.
Saca la espada, y acabe
la duda; que como yo
contra el pecho no la saque
de mi padre, no rehuso
la ocasión, pues así iguales
cumplo yo de parte mía,
y él cumplirá de su parte.
Van a reñir don JUAN con don SANCHO, y don OCTAVIO con URSINO;
pero don OCTAVIO se vuelve contra don SANCHO
OCTAVIO: Eso no me está a mí bien;
que, aunque el papel enviasteis
a don Juan, fui yo el llamado.
URSINO: Él también riñe, bien haces;
pues que te llamó conmigo,
riñe tú.
JUAN: Fuerza es que halle
disculpa, pues he de hacer
lo que con quien vengo hace.
Riñen don JUAN y URSINO. Salen doña
LEONOR y doña LISARDA, por un lado con mantos, y por el
otro CELIO, el GOBERNADOR, y gente
CELIO: Llegad presto; que los cuatro
dieron las hojas al aire.
GOBERNADOR: Pues ¿qué es esto, caballeros?
Mirad que estoy yo delante.
URSINO: Vueseñoría pudiera
solamente reportarme,
como al fin gobernador
que es de Verona.
GOBERNADOR: Admirarme
debo de ver en dos bandos
contrarios a hijo y padre.
URSINO: A aquesto obliga el honor
de quien a campaña sale
con otro; que este es precepto
de la ley del duelo.
GOBERNADOR: Baste
para ejemplo del valor
de vuestra invencible sangre;
pero a los cuatro es forzoso
dar una torre por cárcel,
en tanto que se averigua
la ocasión.
LISARDA: Todo es muy fácil
con saber que de don Juan
es Leonor, que está delante,
esposa, y de Octavio yo;
pues las dos por esta parte
desde la casa de Ursino
llegamos en este instante;
y que hagan los casamientos
hoy, señor, las amistades
entre don Sancho, mi hermano,
y Octavio, pide más grave
lugar, porque son sucesos
dignos de elogio más grande.
SANCHO: Como mi honor se remedie,
yo le perdono la parte
de mi vida, que es lo menos
de mi ofensa; como case
con Lisarda, soy su amigo
y hermano.
JUAN: Pues, señor, sabe
que el principio de su amor
fue por sólo acompañarme.
GOBERNADOR: Si tan conforme amistad
hizo entre los cuatro paces,
yo soy padrino de todos.
OCTAVIO: Para que con esto acabe
la comedia, perdonando
sus defectos, aunque grandes,
siquiera porque el autor
humilde a esas plantas yace.
FIN DE LA LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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