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JORNADA TERCERA


Salen don JUAN, doña LISARDA y don OCTAVIO
JUAN: Éste es mi cuarto, señora; y aunque en él quedáis a obscuras, importa, mientras que voy a preveniros alguna parte donde retirada estéis, con los dos, segura de la justicia, que hoy tiene la vara de la Fortuna. LISARDA: En vuestras manos, don Juan, estoy; vos tenéis la culpa de estos sucesos, supuesto que vuestro amor--suerte injusta!-- me puso en esta ocasión; y así os toca--oh pena dura!-- sacarme de ella y mirar que mi riesgo no se excusa. JUAN: Octavio, vente conmigo. OCTAVIO: ¿Dónde vas? JUAN: ¿Eso preguntas? A prevenir donde estemos de suerte que, si nos buscan, no nos hallen, y de suerte que, si falta quien presuma contra nosotros, no pueda hacernos daño la fuga. Pues con estos dos intentos, Octavio, tengo, entre muchas partes que se me ofrecieron, hecha elección de la una, que es un cuarto de esta casa que ni se vive ni ocupa; y con estarnos allí los dos y Leonor oculta, no nos salimos de casa ni la ven; y si procuran buscarnos, él tiene puerta al mar, que bate su espuma unos jardines adonde corresponde su hermosura; y con hacer que esté siempre puesta a tiempo una faluca, podemos, libres las vidas, echar al mar. OCTAVIO: Pues ¿qué dudas, si dentro de casa tienes comodidad tan segura? JUAN: Si Leonor está conmigo, vengan desdichas.
Vanse don JUAN y don OCTAVIO
LISARDA: Fortuna, ¿quién en una noche sola vio tantas desdichas juntas? ¿Qué es lo que pasa por mí? ¿Yo, que fui la que de industria negué la deidad a amor, sin darle obediencia nunca, fui la que más examina sus violencias, sus injurias? ¿Fuera de mi casa yo? ¿Yo en casa de un hombre--¡injusta suerte!--galán de mi hermana, que como tal me asegura y me libra, por haber conocido--¿quién lo duda?-- que fui de su amor tercera, y primera de mi culpa? Parecerá impropiedad que, cuando en tantas angustias, tantas penas, tantos llantos, quiera el cielo que discurra, me acuerde de otra pasión; sin mirar el que esto culpa que las desdichas y penas se eslabonan y se juntan de suerte que salen todas, en tirándose de una. ¿Qué es esto, cielos, qué es esto que el alma y sentidos burla? Después que vi este don Juan, galán de mi hermana, en cuya casa estoy --¡pluguiera al cielo que yo no le viera nunca!-- ¿tan bien me pareció, cuando volvió, volcán de sus furias, desde la tapia? ¿Tan bien, cuando dijo, por disculpa de su amor, que le traía allí otra venganza justa? ¿Qué es esto? ¿El amo y crïado hoy contra mí se conjuran, el uno cuando se ve y el otro cuando se escucha? Tanto que, igual el afecto, uno en veras, otro en burlas, con ser dos personas, pienso que son en el alma una.
Sale CELIO con luz
CELIO: (¿Habrá lacayo de bien Aparte que no se aflija y se pudra, viendo que su amo anda con máquinas, con industrias? ¿Irse sin mí a sus amores, donde con mi nombre hurta otro la ocasión que yo merecí por mi ventura? ¿Venirse a casa después y, aposentándose a obscuras, probar llaves de otro cuarto, sin saber lo que procura? ¿A mí hay caso reservado? No quedaré, por ninguna cosa del mundo, con él, porque--¡aquí de Dios!-- ¿quién gusta, aunque se muera de hambre, de servir, si no murmura? Mas no moriré; que al fin tengo quien me contribuya; porque ¿para qué enamora un pobre hombre a una hermosura tan rica como Lisarda sino para que--no hay duda-- le traiga como un Narciso?) LISARDA: Ya no es posible me encubra. CELIO: ¿Quién está aquí? LISARDA: Yo soy, Celio. CELIO: ¡Jesús! LISARDA: Pues ¿de qué te turbas? CELIO: Pues ¿no tengo de turbarme, viendo tan grande aventura? LISARDA: No; que el que, como tú, tiene buen entendimiento, nunca se ha de turbar de sucesos que por sí no dificulta el entendimiento; y puesto que no es la primer fortuna esta del amor, no es bien te turbes; y más si apuras que, como es rayo, se lleva tras sí más de lo que busca. CELIO: Pues ¿cómo has venido aquí? LISARDA: El error tuvo la culpa de un hombre en traje de Celio. CELIO: (Ella conoció la industria Aparte con que, trocándose el nombre Octavio, su amor procura; y viendo que no era yo, a tales horas me busca. Siempre mi abuela me dijo que era de buena ventura.) Señora, aunque es bien que dé las gracias a mi fortuna de esta dicha, mejor fuera dar las quejas, pues son justas, de que no me haya hecho un hombre poderoso; pero suplan afectos de voluntad de mi bajeza las culpas. Una ración mal pagada, una cama no muy dura no puede faltar; y en fin, logrando dicha tan suma, seré alfombra de tus plantas y seré como se usan, pues yo soy tan mal cristiano que seré tu alfombra turca.
Sale don OCTAVIO
OCTAVIO: (Quiere don Juan que a Leonor Aparte lleve yo al cuarto en que oculta ha de estar, mientras él queda haciendo espaldas seguras a su padre; y temeroso llego a mirar su hermosura, porque entre tantas desdichas se hizo mayor lugar una en el alma. ¿Cómo, lengua, traidoramente pronuncias razones tan mal formadas que el mismo aliento las duda? ¿Por qué se atrevió a decirlas, sin tener licencia suya, el alma, siendo mi pecho del silencio sepultura?)

¡Celio! CELIO: ¡Señor! ¿Que aquí estés? LISARDA: (Éste es don Juan. ¡Qué desdicha!) Aparte OCTAVIO: Salte; que importa a mi dicha. CELIO: No quiero, ni es justo, pues esta dama que aquí ves huyendo viene de ti, señor, a buscarme a mí, supuesto que no te quiere, y que yo soy por quien muere. OCTAVIO: Loco estás; vete de aquí.

Vase CELIO
(¿Cómo--¡ay de mí!-- llegaré Aparte a hablarla, sin que los ojos den paso a tantos enojos como padezco?) LISARDA: (¿Qué haré Aparte para que el alma no dé lugar en tanto rigor a otra desdicha mayor?) OCTAVIO: (Diré al amor...) Aparte LISARDA: (Yo a mi fama...) Aparte OCTAVIO: (...que es Leonor de don Juan dama.) Aparte LISARDA: (...que es amante de Leonor.) Aparte OCTAVIO: Señora, ya prevenido sobre el mar un cuarto queda que ser el ocaso pueda dese sol recién nacido. Fortuna y amor han sido los que hospedaje os han dado, porque ya que habéis llegado a esta breve esfera, es bien que en el mar se hospede quien sacó del mar su traslado. Ocasión sólo se espera para que podáis pasar, sin que os vean, a lograr las perlas de su ribera; pues no habrá ruda venera en las márgenes de Flora, si sobre sus conchas llora las auroras que en vos nacen, porque las perlas se hacen de lágrimas de la aurora. No os aflijáis, no lloréis; que en casa, señora, estáis donde servida seáis, si no como merecéis, como vos misma veréis en el gusto y el cuidado de quien constante os ha dado la libertad que perdió. LISARDA: (En toda mi vida yo Aparte vi tan amante cuñado, mas, del silencio vencido, muera en mi pecho mi agravio.) OCTAVIO: (Antes que salga del labio, Aparte muera mi amor a mi olvido.) LISARDA: (Un rayo la voz ha sido.) Aparte OCTAVIO: (Sus ojos son un volcán.) Aparte LISARDA: (A más mis desdichas van.) Aparte OCTAVIO: (¡Oh, qué furia!) Aparte LISARDA: (¡Oh, qué rigor! Aparte Mas es galán de Leonor.) OCTAVIO: (Mas es dama de don Juan.) Aparte
Sale don JUAN
JUAN: Segura la casa está; bien podéis pasar agora a esotro cuarto, señora, que os está esperando allá. (Mas ¿qué es esto?) Aparte OCTAVIO: Pues ¿qué os da, que así os turbáis? LISARDA: (Éste ha sido Aparte el amigo que ha venido a don Juan.) JUAN: (¡Válgame el cielo!) Aparte OCTAVIO: ¿Qué tenéis? JUAN: Todo soy hielo. OCTAVIO: Pues ¿de qué? JUAN: (Pierdo el sentido.) Aparte ¿Cómo vos, señora...yo ...aquí...? (¡Estoy muerto y turbado!) Aparte OCTAVIO: Pues ¿qué tenéis? ¿Qué os ha dado? LISARDA: (De mirarme se turbó Aparte el amigo que llegó.) OCTAVIO: Decidme ya, ¿qué tenéis? Mas luego me lo diréis. Ahora a esotro cuarto vamos, y la ocasión no perdamos de pasar. JUAN: (Ojos, ¿qué veis?) Aparte
Vanse hacia la puerta. Sale CELIO
CELIO: Mi señor viene, señor. OCTAVIO: El paso cogió. LISARDA: ¡Ay de mí! JUAN: Si él la ve pasar de aquí, será otro nuevo rigor. OCTAVIO: Mata la luz. LISARDA: ¡Qué temor! OCTAVIO: Y así, sin que vista quede, ir entre nosotros puede.
Matan la luz, y va doña LISARDA entre los dos
CELIO: No es la tramoya muy mala. ¿Qué pena a mi pena iguala? ¿Qué mal a mi mal excede?
Salen URSINO y doña LEONOR tras él
URSINO: Mucho me huelgo que esté sin luz el portal agora. Mas segura estás, señora; así entrar podrás, porqué nadie te ha de ver. LEONOR: No sé por dónde voy. URSINO: ¿Quién va allá? JUAN: Yo soy, señor.
Encuéntranse URSINO y don JUAN, y cada uno hace como que no quiere que el otro encuentre con la dama que lleva, y apártanse, hasta igualarse las damas; y ellos volviendo a guiarlas, por tomar la suya, agarran la del otro, de manera que se truecan
URSINO: (Como está Aparte la casa sin luz, no veo. Y está como yo deseo.) LEONOR: (Nueva maravilla ya Aparte admiro. De don Juan fue aquella voz.) URSINO: (Yo sintiera Aparte mucho que don Juan me viera con esta mujer. ¿Qué haré? Pero yo la ocultaré.) No sois vos, señora? LISARDA: Sí, yo soy. URSINO: Pues venid tras mí. LISARDA: Turbada, señor, os sigo. URSINO: Don Juan, ¿quién está contigo? JUAN: Octavio sólo está aquí. URSINO: Pues ¿cómo sin luz estáis en este portal? JUAN: (Agora Aparte entramos los dos.) OCTAVIO: Señora, venid; que segura vais. LEONOR: Sí haré; pues vos me guiáis. URSINO: (Lindamente ha sucedido; Aparte que vengo solo ha creído.) OCTAVIO: ¡Celio! CELIO: ¿Señor? OCTAVIO: Pues aquí tu señor no te oyó a ti, ni te ha visto ni sentido, al cuarto que sabes lleva esa dama; que yo quiero quedarme... CELIO: (¡Qué dicha espero!) Aparte OCTAVIO: ...por la deshecha. JUAN: (¡Oh, qué nueva Aparte confusión mi vida lleva!) URSINO: (Lindamente la he escapado, Aparte y hasta mi cuarto guïado.)
Vase URSINO con doña LISARDA
OCTAVIO: (Lindamente se libró, Aparte pues ni la vio ni sintió; logróse nuestro cuidado.) JUAN: ¡Octavio! OCTAVIO: ¿Don Juan? JUAN: ¿Sois vos? OCTAVIO: Ya vuestro padre se ha ido. Dicha fue no haber pedido luz, que viera con los dos a Leonor. JUAN: ¡Pluguiera a Dios que luz, Octavio, pidiera! Yo me holgara, como viera a Leonor. OCTAVIO: ¿No la veréis en el cuarto, si queréis? JUAN: Menor mi desdicha fuera, si eso fuera así. OCTAVIO: Quiero irme, pues Leonor en él aguarda. JUAN: No, Octavio, sino Lisarda, más soberbia y menos firme. OCTAVIO: ¿Qué decís? JUAN: Que he de morirme en pena tan inhumana. OCTAVIO: ¿Quién es Lisarda? JUAN: Es la hermana de Leonor. OCTAVIO: No puede ser. JUAN: Si yo lo acabo de ver, ¿puede mi esperanza vana engañarme? ¡Vive Dios, que a Lisarda hemos sacado del riesgo, y que hemos dejado a Leonor! OCTAVIO: ¿Estáis en vos? JUAN: Volvamos allá los dos. OCTAVIO: ¡Vive el cielo, que estoy loco! Esperad, don Juan, un poco. JUAN: ¿Qué tengo ya que esperar, si en las orillas del mar mayores peligros toco?

Con quien vengo vengo part 8

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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