This file was last updated on July 24, 1998.
Personas que hablan en ella:
Salen doña LISARDA y doña LEONOR asidas de un papel LEONOR: No le has de ver. LISARDA: Es en vano defenderle ya. LEONOR: Resuelta estoy antes a hacer... LISARDA: Suelta. LEONOR: ...un exceso en él villano. LISARDA: Ya el papel está en mi mano. ¿Cómo has de excusarte agora de que le vea? LEONOR: Señora, hermana, Lisarda, advierte... LISARDA: Esto ha de ser de esta suerte. LEONOR: ¿Quién mis desdichas ignora?Lee LISARDA: "Amor, señor don Juan, que de amor no pasa a atrevimiento, indignamente adquiere el nombre. Dígalo el mío; pues me atreve a tanto que, sin mirar el riesgo de mi vida, el temor de mi hermano ni el recelo de Lisarda, os suplico, vengáis esta noche por el jardín, donde entraréis a hablarme; y venga con vos el criado, porque, cuando yo aventuro mi vida, trato de asegurar la vuestra." (¡Notable resolución! Aparte Más mal hay del que pensé; pues donde sólo busqué una sombra, una ilusión, hallo un engaño, una acción tan grave. No sé qué intente; mas ya importa cuerdamente disimular el agravio; que parecer muda el sabio, consejo toma el prudente.) LEONOR: ¿Estás ya contenta, di, de haberlo sabido? LISARDA: No; porque de estas cosas yo no he de estarlo, triste sí. LEONOR: ¿Mil veces no te advertí que no llegases a ver el papel, que había de ser de disgusto y de pesar? Pues quien no lo ha de estorbar ¿por qué lo quiere saber? Mira lo que has conseguido, que, andando yo con secreto, con recato y con respeto huyendo de ti, has querido perder el que te he tenido. Pues cuando tú no entendiste mi amor, respetada fuiste, y ya que lo sabes, no; porque no he de olvidar yo, porque tú mi amor supiste. LISARDA: Sin prudencia y sin consejo, dudosa, Leonor, estoy; y cuando a un discurso voy, más del discurso me alejo. Dos veces de ti me quejo, de parte de nuestro honor una, y otra de mi amor; que amar y callar te ofreces, para ofenderme dos veces con una culpa, Leonor. Cuando tú te aconsejaras conmigo, para querer, la primera había de ser que dijera que no amaras. Mas si a decirme llegaras que amaste una vez, yo fuera la primera y la tercera que echara el manto al amor; que si aquello fuera honor, estotro cordura fuera. LEONOR: Has nacido sin empeño en palabras y en acciones, tan dueño de tus pasiones, de tus discursos tan dueño que no vi en ti el más pequeño afecto a mi pena igual, para que en desdicha tal te descubriese la mía; y hace mal quien su mal fía a quien no sabe del mal. ¿Quién en libertad se vio que se duela del cautivo? ¿Quién, estando sano y vivo, se acuerda del que murió? ¿Quién en la orilla rogó por el que en el mar fallece? ¿Quién del dolor se entristece que a otro aflige y desalienta? Nadie; que nadie hay que sienta las penas que otro padece. Yo así, esclava, no te hablé, porque en libertad te vi; muerta, no me llegué a ti, porque con vida te hallé; desde el mar no te llamé, porque en la orilla vivías; doliente en las ansias mías, no te pedí que sintieras, porque sé que no supieras sentir lo que no sentías. Pero ya que yo no he sido quien te ha dicho mi cuidado, y que la ocasión me ha dado el lance que se ha ofrecido, sabe que amor he tenido y sabe que fue don Juan Colona a quien lugar dan mis favores en secreto, por ilustre y por discreto, por valiente y por galán. Dos años ha que festeja mi calle; dos años ha que asido hasta el alba está a los hierros de mi reja. Al ruego, al llanto, a la queja roca, monte y fiera fui. Pero ¿quién pudo--¡ay de mí!-- resistirse tiempo tanto a la queja, al ruego, al llanto de un hombre que llorar vi? Vida, hacienda y honra gano con tal dueño; esto previno mi esperanza, cuando vino de la guerra nuestro hermano. Y viendo que ya es en vano hablar por la reja, quiero que entre al jardín. No el primero será mi amoroso error que le enmiende otro mayor; en él esta noche espero. Mas pues te ha dicho el papel a lo que mi amor llegó, no es bien que te diga yo lo que ya te ha dicho él. Ésta es la causa crüel de mi gran melancolía, éste el fin de mi alegría; y pues que tu hermana soy, y humilde a tus pies estoy, no estorbes la suerte mía. LISARDA: Aunque es verdad que pudiera ofenderme de tu amor, estás resuelta, y error notable el reñirte fuera, pues sé que con eso hiciera mayor tu amor y tu fe de lo que al principio fue; que aunque de amor no he sabido, que crece más resistido amor, como es fuego, sé. Cuentan que se hallan dos fuentes cuyos templados cristales, naciendo juntos e iguales, son varios y diferentes; pues contrarias las corrientes, iris de oro, nieve y plata, que una montaña desata, contienen tanto rigor que la una mata de ardor y la otra de hielo mata. Yo, que aborrezco el amor, yo, que ni estimo ni quiero, soy la de hielo; pues muero a manos de mi rigor. Tú, que adoras su sabor, y tu mismo daño adquieres, eres la opuesta; pues mueres llena de ardor y de fuego. Juntémonos, porque luego, si soy hielo y fuego eres, templaremos de manera nuestra condición nociva, que el cargo del amor viva, y el de la opinión no muera. Dime, pues, ¿quién es tercera de tu amor? LEONOR: Nise avisada está de abrirle a la entrada. LISARDA: ¡Oh, qué infeliz a ser vienes, Leonor, supuesto que tienes que te calle una crïada! Mas oye lo que he pensado para asegurarme a mí y no embarazarte a ti la esperanza de tu estado. En traje disimulado yo tu crïada he de ser de noche, porque he de ver si es tan honesto el empleo de tu amor y tu deseo como me das a entender. Seis cosas así consigo; ser con nuestro honor leal, ser contigo liberal, y ser honrada conmigo; dar a tu amor un testigo que temas enamorada, suspender después la espada de don Sancho cuando venga y excusar el fin que tenga que callar una crïada. Envía, pues, el papel, y empiece el engaño hoy. LEONOR: Esperando un criado estoy que aquí ha de venir por él agora, y aun es aquél. LISARDA: Aunque de don Juan oí la fama, nunca le vi, ni a él conozco ni al crïado. Dale el papel, con cuidado de que te guardas de mí.Salen NISE y CELIO CELIO: No faltará una cautela; que a los audaces, sin duda, dicen que Fortuna ayuda, y a los tímidos repela. NISE: Ya te vio. CELIO: ¡Triste de mí! ¡Y qué ojos! LISARDA: ¡Gentilhombre! CELIO: Ése, señora, es mi nombre. LISARDA: ¿Cómo os atrevéis así a entraros aquí? CELIO: No sé qué respuesta daros pueda; término se me conceda el de la ley, para qué en tan estupendo exceso halle de disculpa indicio; y así digo que al oficio de la querella el proceso se lleve, porque mejor fulminado el caso esté, y que yo responderé allá por procurador. LISARDA: No de burlas respondáis, cuando de veras os hablo. CELIO: (¡Esta mujer es el diablo!) Aparte LISARDA: Decid presto ¿a quién buscáis?, o haré que por atrevido mil palos, villano, os den dos esclavos. CELIO: No harán bien en darme lo que no pido. Mi conciencia acomodada corre, porque de esto gusta, siempre abierta y nunca justa, por no verse empalizada. Y tanto se sutiliza el temor que de mi casa no salgo el día que pasa por ella Mons de Paliza. Y así, porque revoquéis, diosa Palas, la paluna sentencia, ved que ninguna causa contra mí tenéis. Buscando vengo al cajero de don Nicolás Ursino, este genovés vecino, para que me dé el dinero que de una libranza resta. Dijéronme que vivía pared en medio, y creía que fuese la casa ésta. Y así por ella me he entrado, como quien viene a pedir; mas con volverme a salir se enmienda todo lo errado.Quiere irse CELIO LISARDA: Llámale y dale el papel, Leonor, sin que yo lo vea. LEONOR: Oíd, soldado. Quien desea castigar hoy tan crüel vuestra osadía ha mandado que os diga que aquí, advertid, no volváis más.Dale el papel CELIO: Pues decid que yo lo pondré en cuidado y, cumplida mi esperanza, no vendré más donde estoy, pues, Dios bendito, me voy sin palos y con libranza.Al irse CELIO, sale don SANCHO y le detiene SANCHO: ¿Qué libranza? CELIO: (Esto es peor Aparte lance; no me voy sin palos.) SANCHO: ¿Qué buscáis? CELIO: (Indicios malos.) Aparte No busco nada, señor. SANCHO: ¿De quién sois crïado vos? CELIO: De Dios. SANCHO: ¡Lindo desenfado! CELIO: Si Dios todo lo ha crïado, ¿quién no es crïado de Dios? Y si argumentos tan buenos no os dejan asegurado, pruebo que soy su crïado en que es a quien sirvo menos. Y al cabo, por yerro entré aquí, y ya me he disculpado del yerro y de haber entrado. No te lo digo, porqué es contra el arte decir alguna cosa dos veces. Mas si a saberlo te ofreces, mejor lo podrás oír de esas damas, a quien yo lo he dicho ya, y mi capricho se atiene a "lo dicho, dicho".Vase CELIO LISARDA: Déjale; que aquí se entró preguntando si sabía de un vecino a quien él viene buscando; y tal humor tiene que estuviera todo el día oyéndole, según es de entendido y sazonado. SANCHO: Con todo eso, no me agrado yo de estas cosas. Después, oh Lisarda, que dejé la guerra, y vine a vivir en la paz, para asistir más a vuestro lado, hallé en la calle alguna vez a este hombre, y no quisiera que ocasión mi honor me diera para que, haciendo jüez al mundo de mi valor, algún loco pensamiento fuera trágico escarmiento de las fortunas de amor.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu