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CLARIDIANA: A Febo. ¿Yo no lo he visto?
Que eres falsa, eres crüel,
eres mudable, eres fiera,
eres--¿dirélo?--mujer;
pues con tener hoy prestado
el traje, yo estoy en él
tan mudada en un instante
que no has de volverme a ver.
LINDABRIDIS: Bien te curas en salud
de traiciones tuyas, bien
ganas de mano a la queja,
pues, fiero y mudable, pues
ingrato y desconocido,
tratas mi amor. Ya lo sé,
que es vanidad solamente
de ese fijado cartel
lo que te obliga a engañarme,
y que eres traidor, sin fe,
sin respeto, sin decoro,
sin honor, sin Dios, sin ley;
hombre, al fin; que aqueste traje
prestado un instante es
y me enseña a ser traidor;
tanto que estoy por creer
que es verdad que soy mudable
después que me adorna él.
Pero basta que te diga
que no has de volverme a ver.
CLARIDIANA: Ni yo quiero que me veas
en tu vida; porque quien
vino a buscar a otro así
¿para qué, di , para qué
quiero yo verla ni oírla,
si ha de engañarme crüel?
LINDABRIDIS: Buena disculpa has hallado
a un término descortés.
CLARIDIANA: No es disculpa, sino queja.
LINDABRIDIS: A ti te venía yo a ver,
aunque estaba con él.
CLARIDIANA: Mira,
Lindabridis, otra vez
si a uno buscas y a otro hablas,
trueca a los dos el papel;
estáte hablando conmigo
y venle a buscar a él.
LINDABRIDIS: Y tú, otra vez que a una dama
hayas de servir y hacer
alarde de tu valor,
acude sólo al cartel
y no al engaño.
CLARIDIANA: Yo vi
esto.
LINDABRIDIS: Yo estotro escuché.
¡Ay traidor!
CLARIDIANA: ¡Ay enemiga!
LINDABRIDIS: Eres falso.
CLARIDIANA: Eres infiel.
LINDABRIDIS: Eres ingrato.
CLARIDIANA: Eres fiera.
LINDABRIDIS: Eres hombre.
CLARIDIANA: Eres mujer.
LINDABRIDIS: Yo...
CLARIDIANA: Yo...
LINDABRIDIS: No te digo más.
CLARIDIANA: Ni yo, porque no podré.
Sale FEBO
FEBO: No hallé en el monte del eco
el dueño. Pero ¿qué ven
mis ojos? ¿Tú en este traje?
¿Tú en esotro? Decid; ¿qué es?
LINDABRIDIS: De ese galán disfrazado,
Febo, lo podrás saber.
Vase
CLARIDIANA: Esa dama disfrazada,
Febo, os lo dirá más bien.
Vase
FEBO: ¡Oye, aguarda, escucha, espera!
¿Cuál de las dos seguiré?
Deten, Claridiana, el paso;
que ya voy tras ti. Detén
el curso tú, Lindabridis;
ya te sigo. ¿Qué he de hacer?
Que, por alcanzar a dos,
no sigo a ninguna; bien
como el acero entre imanes
que, si llamado se ve
de dos impulsos, se queda
en solo el aire después.
Y así yo, que entre dos soles
me siento abrasar y arder,
ni sé a quién le dé la vida,
ni a quién el alma le dé.
Oye tú, prodigio hermoso;
oye tú, asombro crüel.
Sale el FAUNO
FAUNO: ¿Asombro y prodigio dijo?
Yo soy. ¿Quién me llama?
FEBO: Quien
diligenciara su muerte
en tus brazos, a tener
licencia para morir;
mas no lo quiere el desdén
de mi fortuna; y así
a mi pesar viviré,
huyendo de ti. ¡Mal haya
tan necia e injusta ley!
¿Cuándo fue el amor cobarde,
ni temió el que quiso bien?
Vase
FAUNO: Buena disculpa es ésa,
cuando el temor a voces se confiesa.
No os habéis atrevido
nunca a salir y, lo que miedo ha sido,
lo tenéis a valor; mas no me espanto
que tanto tema quien se atreve a tanto,
cuando a mi brazo fuerte
licencia de matar pidió la muerte.
Sale CLARIDIANA
CLARIDIANA: Apenas me resuelvo
a ausentarme de aquí, cuando aquí vuelvo.
Sale LINDABRIDIS
LINDABRIDIS: ¡Cuánto, oh cielo divino,
arrastra a un desdichado su destino!
CLARIDIANA: Aquí quedó.
LINDABRIDIS: Que aquí he de hallarle creo.
FAUNO: Mujer es peregrina
la que hacia mí los pasos encamina.
Muerto de amor de una beldad me veo,
y he de curar con otra mi deseo,
aunque aplicarle una al que otra ama,
será matarle el humo, no la llama.
¡Mujer...!
CLARIDIANA: ¡Ay de mí triste!
FAUNO: ...en tu favor...
CLARIDIANA: ¿Qué miro alli?
FAUNO: ...consiste
mi vida.
LINDABRIDIS: Ya ¿qué espero?
Con esta obligación ceñí el acero.
Fiera...
FAUNO: ¿Qué es lo que veo?
Verdades dudo, si ilusiones creo.
¿Tú, hermosa sombra fuerte,
no eres aquélla a quien le di la muerte?
Y tú, deidad fingida,
¿no eres aquélla a quien le di mi vida?
Pues ¿cómo tú mudanzas del ser haces?
¿Tú mueres joven y mujer renaces?
¿Tú, dime, entre mis brazos
--nudos de Venus, y de Marte lazos--
entonces no te viste?
¿Tú en su defensa entonces no moriste?
Pues ¿cómo aquí, con una acción trocada,
ciñes tú la hermosura y tú la espada?
¿Y yo confuso ignoro
a quién la muerte doy y a quién adoro?
No sé lo que hacer debo,
ni encantos tales a apurar me atrevo,
si, trocando la suerte,
a ti te adoro, a ti te doy la muerte.
Adoraré una sombra
en ti, que viva admira, y muerta asombra;
y daré en ti la muerte a una luz pura
que mañana será nueva hermosura.
Y así, sombras fingidas,
que a trueco os dais las muertes y las vidas,
confusas ilusiones,
que os prestáis las bellezas y blasones,
huyendo os venceré, porque pretendo
el primer monstruo ser que venza huyendo.
Vivid, vivid, y máteme a desmayos
el dios de los relámpagos y rayos.
¡Qué pena, qué dolor, qué horror tan fuerte!
¡Qué vida tan cruel, qué hermosa muerte!
Éntrase, y tocan caja y clarín
CLARIDIANA: Aunque el caso pudiera
darme ocasión a que el ingenio hiciera
varios discursos, cuantos solicita
esta ocasión la brevedad me quita
del tiempo, que me llama
con voces de metal a ganar fama.
Quédate a Dios; que, aunque tu amor lo impida,
voy a ganarte a precio de mi vida.
Vase
LINDABRIDIS: Y yo a tu lado quiero
acreditar este valiente acero,
que no le ceñí en vano;
y, ganándome a mí mi propia mano,
darme yo a mi albedrío.
¡Vive Amor, que ha de ser mi imperio mío!
Vase. Tocan cajas y trompetas, y salen SIRENE,
ARMINDA, y las DAMAS
SIRENE: Pues no vuelve Lindabridis
al castillo, y excusada
está de acudir al duelo,
por decir que en esta causa
lidia su sangre y su amor,
y que fuera acción ingrata
mirar ella a quien por ella
hoy con su hermano se mata,
salgamos todas a ver
las telas y la campaña;
que es morir vivir sin ver
una mujer lo que pasa.
Sale MALANDRÍN
MALANDRÍN: ¡Oh quién tuviera boleta
para ver de una ventana
toda la fiesta! Aunque a mí
muy poco de ver me falta.
SIRENE: ¡Soldado!
MALANDRÍN: ¿Qué me mandáis,
las bellísimas madamas?
SIRENE: Que nos digáis si por dicha
se extiende a esta voz la fama,
quién son los aventureros
que han de entrar en la estacada.
MALANDRÍN: Habéis hallado con quién,
sin que falte una palabra,
os lo diga; porque he andado,
ya que no de rama en rama,
de tienda en tienda, mirando
quién son y qué empresas sacan;
porque soy relacionero,
y ésta he de imprimir mañana,
si la tinta no me miente
o si el papel no me falta.
Y, para que me creáis
cuanto os diga, breves Gracias,
va de relación; que es fuerza,
entretanto que se arman,
dar tiempo al tiempo. En efecto,
amaneció esta mañana
cubierto el sitio de tiendas
de damasco, tela y grana;
era un monte levadizo
que, para engañar al alba,
nieve y flores le vestían
las plumas sobre las armas.
Listadas de azul y oro
se vieron todas las vallas,
que presumió el sol que era
la eclíptica que él abrasa.
No la hicieron salva, no,
los músicos que la aguardan;
que otros pájaros canoros
de metal la hicieron salva.
El mantenedor valiente,
al son de trompas y cajas,
dio un paseo, y por empresa
pintó una horrible borrasca.
Y así, en medio de las olas
y combatido de cuantas
iban y venían, a todas
resistía en las espaldas
de un delfín que hasta la orilla
le aportó, bajel de escama.
La letra en su nombre dice,
como que al delfín le habla,
"Temeroso voy del-fin,"
que brevemente declara
que en tempestades de honor,
donde le combaten tantas,
resistiendo a todas él,
no sabe el fin que le aguarda.
El segundo que yo vi
era Rosicler de Tracia,
joven valiente. En su escudo
sacó una áncora pintada,
jeroglífico e insignia
que le dan a la esperanza.
Bien pareció grosería
que espere nadie que ama;
mas la letra le disculpa,
pues dice en breves palabras,
"Llevo esperanza, porqué
es fuerza que en mal tan grave
o me acabe a mí o se acaba."
Floriseo, arpón de Amor
que disparó de su aljaba,
persa ilustre, joven fuerte,
acreedor de su alabanza,
sacó por divisa un muerto;
empresa desesperada
pareció, pero fue cuerda,
pues escribió en la mortaja,
"Por no temer,
voy cual sé que he de volver."
El caballero del Febo,
aquel fénix que la fama
renace a instantes la vida,
emulación del de Arabia,
dando a entender que entre dos
pretensiones tiene un alma,
y que no sabe de cuál
ha de decir su esperanza,
un camaleón sacó
que sobre la verde grama
era verde, y sobre el mar
azul, colores contrarias,
pues nunca comieron juntos
los celos y la esperanza.
La letra lo significa
mejor, breve, aguda y clara,
"No sé cuál color es mía;
que no la tiene
quien del aire se mantiene."
Síguese un gran personaje
que quiere entrar en la danza,
a fuer de caballería,
viendo que ha de dar las armas
a Lindabridis. Éste es
el Fauno...mas, lengua, calla;
que es el Fauno tu señor,
su yerba has comido y basta.
Es la empresa como suya;
en una grosera tabla,
pintado trae un demonio
que en el infierno se abrasa,
y dice la letra luego,
que está escrita entre las llamas,
"Más penado, más perdido,
y menos arrepentido."
El príncipe Claridiano
de Sicilia--en su alabanza
quisiera gastar dos coplas,
si es que las coplas se gastan;
pero es tarde, voy al caso--
sacó un barco sobre el agua
que siempre se está moviendo
con tormenta y con bonanza;
y, significando que él
ni sosiega ni descansa,
dice la letra, mostrando
que aun no hay quietud en la calma,
"Éste ni yo no podemos
descansar,
por placer ni por pesar."
Otro aventurero hay,
a quien nadie vio la cara,
ni sabe quién es; yo solo
sé que en su talle y sus galas
excede a todos, supuesto
que, en competencia o venganza,
Adonis le dio el despejo,
y Marte le dio las armas.
Éste una víbora fiera
pintó que, cuando le cansa
su veneno, a sí se muerde
y, esto diciendo, se mata,
"¡Oh qué veneno tan fuerte!
Por vivir me doy la muerte."
Tocan dentro
Muchos pudiera contaros,
mas los clarines y cajas
dicen que ya llega al puesto
el mantenedor, y armadas
están las damas, por quien
hice relación tan larga.
Todo valiente esté alerta;
que si ellas una vez bajan
armadas, será peor
que Inglaterra y Holanda.
Tocan de nuevo
Ya vuelve otra vez el son
y, si la vista no engaña,
el rey, en su sitio ya,
preside al duelo y las armas.
Esto es hecho; yo no puedo
esperar más; que si falta
de allá mi persona, entiendo
que será la fiesta aguada,
porque yo las hago puras.
Adiós, bellísimas damas,
aunque, si queréis venir,
no nos faltará en la plaza
un sitio en que nos dé el sol,
y en que nos vacíen el agua
de cantimploras de otros,
o una tudesca alabarda,
que las costillas nos muela,
que en ninguna fiesta faltan.
Vase. Descúbrese el rey LICANOR en un
trono; sale MERIDIÁN de su tienda, y hacen la entrada por el
palenque FEBO, FLORISEO, el FAUNO, ROSICLER, CLARIDIANA y
LINDABRIDIS, todos con armas, y delante CRIADOS con los escudos,
como han dicho los versos; y, en llegando delante de LICANOR,
hacen reverencia y ocupan sus puestos
LICANOR: Tantos a tantos el duelo
se ha de hacer, y al que su fama
dejare solo en el puesto
por señor de la campaña,
a un golpe de pica sólo,
y luego a muchos de espada,
hoy será de Lindabridis
esposo y rey de Tartaria.
MERIDIÁN: ¿Qué esperáis? Ya Meridián,
aventureros, aguarda.
Repártense a un lado LINDABRIDIS, CLARIDIANA
y MERIDIÁN; a otro ROSICLER, FEBO y FLORISEO, y el FAUNO en
medio
FAUNO: La victoria está por mía.
Llega CLARIDIANA y derriba el FAUNO a sus pies
CLARIDIANA: No está, pues que ya a mis plantas
caíste.
FAUNO: ¿Quién me venciera,
si amor no me derribara?
Cae
TODOS: El príncipe Claridiano
viva, pues al Fauno mata.
LICANOR: Tuya ha de ser Lindabridis;
cese el duelo, que esto basta.
Baja LICANOR del trono
CLARIDIANA: ¡Dichoso yo, que merezco
su hermosura celebrada!
LINDABRIDIS: Ahora me descubriré,
si Claridiano me gana.
FEBO: No hace; porque Claridiano
es la hermosa Claridiana,
esposa mía, y señora
de los estados de Francia.
LINDABRIDIS: Burlóme el amor.
CLARIDIANA: Supuesto
que eres mía, tu esperanza
lograrás con Rosicler
mi hermano y fénix de Tracia,
porque, siendo yo señora
de Francia, a Febo le basta,
y quédese Meridián
por rey invicto en Tartaria.
MALANDRÍN: Porque así todos contentos
digamos que aquí se acaba
el encantado Castillo
de Lindabridis. Sus faltas
perdonad; porque el ingenio
lo ruega humilde a esas plantas.
FIN DE LA COMEDIA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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