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LINDABRIDIS: ¿Qué tienes?
CLARIDIANA: ¿Qué he de tener?
¿No es bastante ver--¡ay Dios!--
a Febo contigo?
LINDABRIDIS: Dime,
¿pudiera pensarlo yo?
CLARIDIANA: Sí pudieras.
LINDABRIDIS: ¿Cómo?
CLARIDIANA: ¿Cómo?
No haciendo a Febo favor.
LINDABRIDIS: Yo, Claridiano, por vida...
--tuya, iba a decir, mas no
me atrevo--que no hice tal;
porque él fue el que pretendió
aquel lugar junto a mí.
CLARIDIANA: ¿Él mismo?
LINDABRIDIS: Él mismo.
CLARIDIANA: (¡Ay traidor!) Aparte
¿Y, habiéndome conocido?
LINDABRIDIS: Él fue el que solicitó
hablarme.
CLARIDIANA: Calla.
LINDABRIDIS: ¿Por qué?
¿No es satisfacerte?
CLARIDIANA: No,
no es sino darme la muerte.
LINDABRIDIS: ¿Qué dices?
CLARIDIANA: No sé.
LINDABRIDIS: Ni yo
sé de cuál tienes los celos,
de él o de mí.
CLARIDIANA: De los dos;
porque, aunque un bárbaro dijo
que él tuviera por error
"sufrir que otro esté mirando
lo que esté queriendo yo",
no siento tanto el que te ame
como el perderte mi amor.
LINDABRIDIS: Sí; pero sientes que él dé
la causa.
CLARIDIANA: Oye la razón.
Si tú me dieras la causa,
dejara de amarte yo;
porque amor sobre un agravio
es desaire del valor;
pues yo sufriera un desdén,
un enojo y un rigor,
mas no un agravio; que agravios
tocan a la estimación.
Y así, si él te busca a ti,
no es causa bastante, no,
para olvidarte, y lo es
para sentir mi pasión;
luego si, amándote él,
tengo de sentirlo yo,
y no tengo de dejarte,
es la desdicha mayor
que tú no me des los celos
y él sí, pues entre los dos,
nunca quitada la causa,
siempre durará el dolor.
Y así quédate...
LINDABRIDIS: Detente.
CLARIDIANA: ...donde él te sirva...
LINDABRIDIS: Es rigor.
CLARIDIANA: ...solicitando...
LINDABRIDIS: Es agravio.
CLARIDIANA: ...de hablarte y verte ocasión.
LINDABRIDIS: Plegue a Dios , si no aborrezco
su vista, porque es feroz
a mis ojos su presencia.
CLARIDIANA: Tampoco no quiero, no,
que digas mal de él.
LINDABRIDIS: Por qué?
CLARIDIANA: Porque es mi competidor.
Suelta.
LINDABRIDIS: No has de irte.
CLARIDIANA: Es en vano.
Ásele de la banda LINDABRIDIS
LINDABRIDIS: Preso estás.
CLARIDIANA: Limaré yo
la cadena.
Quédase con la banda LINDABRIDIS
LINDABRIDIS: Al fin me dejas
prenda.
CLARIDIANA: Es violento. (¡Ay rigor! Aparte
Vamos a probar fortuna
en otra trasformación.
¿Qué ha de ser? ¿Morir de celos?
¿Qué ha de ser? ¿Morir de amor?)
Vase
LINDABRIDIS: El primer amante ha sido
que huye la satisfacción,
pues muchos agradecieran,
aunque supieran que son
mentirosas, escucharlas.
Corrida y confusa estoy.
No en vano, pues, me dijiste
la primera vez que yo
te vi que eras un enigma,
pues mil sentidos te doy,
y no pueden descifrarte
oído, vista ni voz.
Mas no ha de quedarse así;
despéñeme mi pasión,
porque amor sin desatinos
es muy descortés amor.
Iréme tras él.
Sale SIRENE
SIRENE: Señora,
advierte...
LINDABRIDIS: Es, Sirene, error
aconsejar a quien corre
tras la desesperación.
SIRENE: ¿Y es razón...?
LINDABRIDIS: No; pero ¿cuándo
hay pena puesta en razón?
Yo le tengo de seguir.
SIRENE: Piensa otro medio mejor.
LINDABRIDIS: ¿Qué medio?
SIRENE: Pues que tenemos
para todo prevención,
con algún disfraz, señora,
encubriendo rostro y voz,
para salir del castillo,
el medio busca mejor,
pues estando la campaña
de diversas gentes hoy
cubierta, no hay qué temer.
LINDABRIDIS: Dices bien; y en mi favor
llevaré esta banda, siendo
metamorfosis de amor.
Ven a vestirme, Sirene.
SIRENE: ¿Qué es esto en tu presunción?
LINDABRIDIS: ¿Qué ha de ser? Morir de celos.
¿Qué ha de ser? Morir de amor.
Vanse. Salen por un lado FAUNO y MALANDRÍN, y síguenlos FEBO,
MERIDIÁN, ROSICLER y FLORISEO, CABALLERO y el rey LICANOR
deteniéndolos
FAUNO: Yo no entiendo, yo no sé
las políticas del duelo;
sólo sé manchar el suelo
de humana sangre, porqué
sedienta no haya una flor.
Sígame el que verlo quiere.
Vase
MALANDRÍN: Y en todo cuanto dijere
el salvaje, mi señor,...
LICANOR: Ninguno pase de aquí
ni siga ese monstruo ya.
MERIDIÁN: Tened a éste.
MALANDRÍN: ¿Cuánto va
que esto llueve sobre mí?
CABALLERO 1: Llegad.
LICANOR: ¿Quién sois?
MALANDRÍN: Haga tregua
tu enojo, y muda consejo;
que soy un Fauno de viejo,
un semidiós de la legua,
una fiera del castillo,
un sátiro remendón,
un bruto de bodegón
y un monstruo del baratillo;
que viendo, señor, un día
la madre que me parió
que era tan salvaje yo
que aun el serlo no sabía,
como el que aprende a fullero,
que dice "Bueno es saber",
así la buena mujer
me dijo, "Ponerte quiero
de un salvaje al pupilaje,
porque, si en decir y hacer
al fin salvaje has de ser,
aprendas a ser salvaje."
FEBO: (¿No es Malandrín éste? Sí. Aparte
¿Qué discurro ni imagino?
El con Claridiana vino.)
LICANOR: Llevadle luego de aquí
y ahórquenle a un árbol, porqué
a ese bruto horrible y fuerte
le dé escándalo su muerte.
MALANDRÍN: No, señor, no hay para qué;
vivo se le daré yo,
y ahorraré de ahorcarme aquí
la costa.
FEBO: Señor, a mí
de escudero me sirvió
este hombre, y es un loco;
suplícote le perdones.
LICANOR: Basta, Febo, que le abones.
FEBO: Libre estás.
MALANDRÍN: Mil veces toco
la tierra que pisas. Ya
siempre he de andar a tu lado
de salvaje reformado.
LICANOR: Pues, cubierto el campo está
hoy de tanto aventurero
que a esta empresa concurrió,
ya no hay más que esperar, yo
asistir al duelo quiero
luego; no la bizarría
de tanto joven valiente
con nuevos riesgos aumente
ocasiones cada día.
Idos a prevenir, pues,
porque luego el campo sea.
Vase
MALANDRÍN: Yo haré allá que el mundo vea
quién mayor salvaje es.
MERIDIÁN: Ya, príncipes, la ocasión
que pide nuestra esperanza
se cumple hoy, pues hoy alcanza
el premio tanta opinión.
Valiente, bizarro y sabio
el vencedor ha de ser;
de tres tiempos ha de hacer
muestra sin pasión ni agravio;
sabio en la empresa que escriba;
galán en la luz que aumente
rayos al sol; y valiente
cuando a tantos riesgos viva.
Hoy, en efeto, es el día
de mostrar vuestro valor;
la fortuna y el amor
a campaña os desafía.
Generosa es la aventura,
sus esperanzas pregona
el precio de una corona
y el laurel de una hermosura.
Con esto así animar quiero
el valor que he de vencer;
que bien lo habréis menester,
pues yo soy el que os espero.
Vase
FLORISEO: Muy poco podrá vivir
con aplauso ni opinión
esa altiva presunción,
si soy yo el que ha de salir.
Vase
ROSICLER: Ya que a este trance la suerte,
oh Febo, nos ha traído,
sola una cosa te pido,
antes que me des la muerte.
FEBO: ¿Y es?
ROSICLER: Que enemigos seamos
y hermanos.
FEBO: ¿Cómo?
ROSICLER: Los dos
al mundo, al cielo y a Dios
jura y homenaje hagamos,
que el que perdiere la empresa,
desistido de ella ya,
luego al otro ayudará
con sus armas.
FEBO: Siendo ésa
tan justa acción, este día
así lo prometo y juro.
ROSICLER: Pues si de ti estoy seguro,
Lindabridis será mía.
Vase
FEBO: Malandrín, ya que he quedado
contigo en esta ocasión,
rescata mi confusión
de las manos de un cuidado.
¿Qué fortuna os ha traído
aquí, Malandrín? ¿Qué es esto?
¿Quién en tal lance os ha puesto?
MALANDRÍN: De tu razón he inferido
que sabes ya que está aquí
Claridiana.
FEBO: Sí lo sé,
y, en una ocasión que fue
bien apretada, la vi;
pero quedé tan turbado
de verla que no llegó
el desengaño. Allí yo
la siguiera despechado,
si al paso no me saliera
gente. En efecto, no fue
posible, y disimulé,
porque ella entonces no fuera
conocida. En el festín
otra vez me ocasionó
a descubrirla, si yo
no me reportara allí.
Desde entonces no he podido
hablarla, aunque lo deseo.
Llévame a verla; que creo
he de perder el sentido,
hasta saber qué es su intento.
MALANDRÍN: Eso yo te lo diré;
competirte aquí, porqué,
dándola su atrevimiento
a Lindabridis, no sea
tuya; y en cuanto a que yo
te lleve a verla, eso no
podré, aunque amor lo desea;
porque no sé dónde esté;
que yo no vine con ella
aquí, ni aquí pude vella,
porque tan tirana fue
conmigo que me dejó
aprendiz de monstruo fiero,
y en el castillo ligero
de Lindabridis voló.
FEBO: ¿Qué haremos para buscarla?
MALANDRÍN: Ir el campo discurriendo.
FEBO: Ven, que por aquí pretendo,
aunque se disfrace, hallarla.
Sale LINDABRIDIS en traje de hombre, con la banda
de CLARIDIANA
LINDABRIDIS: (De esta suerte me he atrevido Aparte
de mi castillo a salir
disfrazada, para ir,
sin ley, razón ni sentido,
a buscar a Claridiano
y a darle satisfacción
de que vanos celos son
los que le afligen en vano.
Gente hay aquí. No parece
que me mira nadie hoy
que ya no sepa quién soy.
Sombras que el temor ofrece.)
FEBO: Malandrín, di, ¿será aquélla
Claridiana o son mis ojos
cómplices de estos antojos?
MALANDRÍN: No, señor, sino que es ella;
porque la bordada banda
yo la conozco muy bien
y fuera de eso, también
el cuidado con que anda
lo dice; que, aunque haya estado
tan disimulada, ha sido
porque--a buena fe--no ha habido
quien la mire con cuidado
las paticas. ¿No la ves?
Llega a hablarla, mas no esperes;
que demonios y mujeres
se conocen por los pies.
FEBO: Caballero rebozado,
quitar la banda podéis
al rostro; porque, si es ciego
Amor, no la ha menester.
Ya estáis conocido, ya
por demás el disfraz es,
que embozado el sol descubre
los rayos del rosicler.
LINDABRIDIS: (¡Yo estoy muerta! Conocióme Aparte
Febo. Pero callaré
a todo, porque la voz
no lo confirme.
FEBO: No estéis
tan falso conmigo ya,
caballero, pues sabéis
que os conozco; y si gustáis
de que más señas os dé,
sois una enigma de amor
que una cosa parecéis
y sois otra, dos sentidos
entre el favor y el desdén.
Disfraz de celos--si celos
pueden disfrazarse--es
el traje; a un dueño buscáis
que, porque amado se ve,
trata tan mal el favor.
Mas ¿quién en el mundo, quién
no trata sus dichas mal,
si las ve logradas bien?
LINDABRIDIS: (¿Ya qué hay que dudar? Las señas Aparte
bien claro dan a entender
quién soy; mas con todo intento
fingir callando, porqué
lo que hay de callar a hablar
hay de dudar a creer.)
FEBO: No os vais; porque si no bastan
tantas señas como veis
para mayor desengaño,
las del amante os diré.
LINDABRIDIS: (Claridiano ya sin duda Aparte
se ha declarado con él;
sí, pues dice mis amores.)
FEBO: De su misma boca sé
que el amar a Lindabridis
bizarría y valor es...
LINDABRIDIS: (¿Qué escucho?) Aparte
FEBO: ...pero no amor;
porque fuera injusta ley
de su ardimiento faltar
su firma de este cartel;
y que otro en el mundo fuera
dueño de tanto interés
y le ganase por armas,
viviendo en el mundo él.
Esto me ha dicho, que ha sido
causa de venir a ver
y servir a Lindabridis,
pero no el quererla bien.
LINDABRIDIS: (¿Desprecios de mí le ha dicho? Aparte
¡Ah, Claridiano crüel!
¿Bizarría fue tu amor
y bizarría tu fe?
Sale CLARIDIANA en traje de dama
CLARIDIANA: (Con nuevo disfraz de amor, Aparte
ya que posible no fue
llevar el intento mío
tan al fin como pensé,
a Febo vengo buscando;
que, conocida una vez,
no es justo, no, que me vea
en traje indecente, a quien
como a su dueño le mira,
como a su esposo le ve.
No me ha de quedar fineza
alguna. Mas ¿no es aquél?
Sí. Hablando está con un hombre;
que esté solo esperaré.
FEBO: ¿Para qué, señora, andamos
por rodeos? ¿Para qué?
Hablemos claro, mi dueño,
mi cielo, mi gloria y bien;
de estas finezas deudor,
humilde estoy a tus pies.
Sabe el cielo que te adoro;
cese ya, cese el desdén.
LINDABRIDIS: (Él se declara conmigo Aparte
ya, porque sola me ve,
de Claridiano ofendida.
¡Válgame Dios! ¿Qué he de hacer?)
CLARIDIANA: (¿Ya qué esperan mis desdichas? Aparte
¡Vive el cielo, que es mujer!
Y, si en la banda reparo,
Lindabridis--¡ay Dios!--es.)
FEBO: Yo te adoro, tú eres sola
dueño mío; siempre fiel
pagaré tan gran fineza.
Y, si me has venido a ver
en este traje hasta aquí,
¿por qué me tratas, por qué,
de esta suerte?
LINDABRIDIS: (Peor es esto; Aparte
juzga que vine por él.)
CLARIDIANA: (Buenas andamos las dos; Aparte
una se empieza a poner
el traje que la otra deja.
Saldré furiosa, saldré,
y entre mis brazos... Mas no;
que no hace una mujer bien
que se pone a pedir celos
delante de otra mujer.
Su conversación--¡ay triste!--
con industria estorbaré,
y a cada uno de por sí
sabré matarle después.)
Vase
FEBO: Si no es posible negar
ya quién eres, si te ves
declarada, ¿por qué dura
tu rigor? Cese el desdén,
quítate la banda, y deba
una palabra a tu fe.
Dentro CLARIDIANA
CLARIDIANA: ¡Febo, Febo!
FEBO: ¿Quién me llama?
CLARIDIANA: ¡Que me dan la muerte! Ven
a socorrerme.
MALANDRÍN: ¿Qué es esto?
FEBO: Aquella voz ¿cúya es,
Malandrín?
MALANDRÍN: Pues ¿qué sé yo?
FEBO: ¡Vive Dios, que juraré
que es la misma que está aquí!
MALANDRÍN: Pues si a eso va, yo también.
Dentro
CLARIDIANA: ¡Mira que me dan la muerte,
Febo, por quererte bien!
FEBO: ¿Qué es esto, cielos? ¿Aquí
el cuerpo hermoso se ve
y allí la lengua pronuncia?
¿Aquí la forma fïel
calla y allí habla la voz?
¿Que la vida aquí se esté
y que allí el alma se escuche?
¿Qué es esto?
MALANDRÍN: Pues yo ¿qué sé?
CLARIDIANA: ¡Acude a darme la vida!
FEBO: Alma sin cuerpo, sí haré.
Perdona, cuerpo sin alma,
porque en dos riesgos es bien
acudir a quien me llama;
y esto no es ser descortés,
pues te dejo a ti por ti.
Vase
MALANDRÍN: Pues también yo acudiré
a mí por mí en este caso,
huyendo de aquí, porque
alguno de estos encantos
a mí por mí no me dé.
Vase
LINDABRIDIS: ¿Qué confusiones son éstas?
Pero ¿qué pregunto, qué,
si estamos en Babilonia,
que patria de todas fue?
Sale CLARIDIANA
CLARIDIANA: Mejor dijeras, "si estamos
donde una fácil mujer,
aunque no está en Babilonia,
tiene en el alma un Babel."
LINDABRIDIS: ¿Claridiano?
CLARIDIANA: ¿Lindabridis?
LINDABRIDIS: ¿Qué traje, qué disfraz es
ése?
CLARIDIANA: ¿Qué disfraz, qué traje
es esotro?
LINDABRIDIS: Ya lo sé.
CLARIDIANA: Como uno que dicta a dos,
con sola una voz que dé,
escriben dos un concepto,
así hizo el amor también;
mas con una diferencia,
a mí para entrarte a ver
y a ti--¡ay Dios!--para salir
a ver a Febo.
LINDABRIDIS: Di; ¿a quién?
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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