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TERCERA JORNADA


Dividida la música en CORO 1 y CORO 2, cantan, saliendo a danzar caballeros y damas, como lo dicen los versos
CORO 1: "Dama divina, danza conmigo, que no vivo, no, si ajena te miro." CORO 2: "Mirad a otra parte, galán caballero, que todos verán lo mucho que os quiero."

CLARIDIANA: Si en esta amorosa calma se deja tratar el cielo, merezca tan alta palma, pues, la rodilla en el suelo, reverencia os hace el alma. LINDABRIDIS: Logre vuestro atrevimiento su deseo en la fe mía.

A FEBO
Dadme vos licencia, atento a que en mí es la cortesía reina de mi pensamiento.
Sale a danzar
FEBO: Salid, señora, a danzar. Muy poco envidio el favor, porque sé que es adorar una sombra del amor, por ídolo de su altar. MERIDIÁN: Mientras en pie la contemplo, respetaré su luz pura.
Pónense todos en pie
LICANOR: Reveréncienla a mi ejemplo, si es templo éste de hermosura, por imagen de su templo.

CORO 1: "Cuando entráredes, caballero, en mi castillo inmortal, vestido de blanco acero, bien dirán que mucho os quiero, cuantos conozcan mi mal."

Danzan CLARIDIANA y LINDABRIDIS
CORO 2: "Cuando entráredes, dama hermosa, en el templo del amor, deidad de jazmín y rosa, bien dirán que sois mi diosa, cuantos vean mi dolor." FLORISEO: (¿Qué más ocasión aguarda Aparte mi pena? ¿Qué me acobarda?) Dadme otro lugar a mí, pues yo también vine aquí por vos, princesa gallarda.
Ase de la mano a LINDABRIDIS
CORO 1: "Si quisiéredes ser mi amante, caballero, yo os querré, como cortés y galante me mostréis siempre constante dulce amor y firme fe."
SIRENE le coge de la mano a FLORISEO, y vuelven a danzar CLARIDIANA y LINDABRIDIS
SIRENE: (Ya la venganza prevengo Aparte del que necio me dejó; así mis desaires vengo.) Si fe buscáis de amor, yo la fe verdadera tengo. CORO 2: "Si os quejáredes, dama bella, que no supe agradecer, culpad a sola mi estrella, pues que solamente es ella la que me enseñó a querer." CABALLERO 1: (No introducirme es error, Aparte para dar de mi ardimiento muestras.) Perdonad, señor, que para este atrevimiento licencia ha dado el amor.
Toma de la mano a LINDABRIDIS
CORO 1: "Cuando entráredes, caballero, en mi castillo inmortal, vestido de blanco acero, bien dirán que mucho os quiero, cuantos conozcan mi mal." ARMINDA: Si amor da liencia, quiero tomarla yo en tu presencia; que esto podrá--bien lo infiero-- una dama, si hay licencia de que pueda un caballero.
Tómale la mano ARMINDA a él
CORO 2: "Cuando entráredes, dama hermosa, en el templo del amor, deidad de jazmín y rosa, bien dirán que sois mi diosa, cuantos vean mi dolor." ROSICLER: Pues si en la opinión o fama de quien más estima y ama esta ocasión toca, ya hablar cualquiera podrá en el sarao a su dama.
Pónese a una punta del tablado
FEBO: Yo desde esta parte intento, adorando esa hermosura, siempre a la ocasión atento, pues que cada cual procura decirla su pensamiento.
Pónese a la otra punta
CORO 1: "Si quisiéredes ser mi amante, caballero, yo os querré, como cortés y galante me mostréis siempre constante dulce amor y firme fe." CORO 2: "Si os quejáredes, dama bella, que no supe agradecer, culpad a sola mi estrella, pues que solamente es ella la que me enseñó a querer."
Estarán trabados los lazos, danzando en medio los más que puedan, y en las cuatro esquinas ROSICLER, FEBO, MERIDIÁN, y LICANOR en pie; y empiezan todos otra diferencia de tañido
CORO 1: "A la sombra de un monte eminente, que es pira inmortal, se desangra un arroyo por venas de plata torcida y hilado cristal." CORO 2: "Sierpecilla escamada de flores, intenta correr, cuando luego detienen sus pasos prisiones suaves de rosa y clavel." CORO 1: "Detenido en los troncos, suspende el curso veloz y, adquiriendo caudales de nieve, malogra la rosa y tronca la flor." CORO 2: "A las ondas del Nilo furioso se arroja a morir, y parece su espuma una línea que labra dibujos de plata y marfil." CORO 1: "¡Ay de las lágrimas mías, que, siendo tú arroyo y fuente, las entregué a tus cristales, y en el mar de amor se pierden." CORO 1: "Lindabridis, Lindabridis, que deidad humana eres, atiende a mis voces, ya que a mis lágrimas no atiendes." COROS 1 y 2: "Por ti, dama hermosa, por ti, bella fénix, por ti, dulce encanto, Amor vive y muere." CORO 1: "Suspiros son de un amante cuantos los aires suspenden, lágrimas son de un celoso cuantas los cristales beben." CORO 2: "Quejas son de un ofendido cuantas las flores divierten, voces son de un desdichado cuantas al eco enmudecen." COROS 1 y 2:: "Por ti, nuevo encanto, por ti, bella fénix, por ti, dama hermosa, Amor vive y muere."

LINDABRIDIS: Muera de amor el que adora, muera el que suspira y llora.

Llega hacia donde está FEBO
FEBO: ¿Queréis que yo muera? LINDABRIDIS: No. FEBO: ¡Qué dichoso fuera yo, si quisiésedes, señora!

COROS 1 y 2: "Muera de amor el que adora, muera el que suspira y llora."

LINDABRIDIS: Amor, el mejor maestro, muriendo enseña a vivir.

Llega hacia donde está ROSICLER
ROSICLER: Mi obediencia en eso muestro; pues ¿qué más dulce morir, que por el servicio vuestro? COROS 1 y 2: "Amor, el mejor maestro, muriendo enseña a vivir."

LINDABRIDIS: ¿Cómo, si de amor sentís, siempre muriendo vivís?

Llega hacia otro de los que danzan
CABALLERO 1: Quiere amor que me perdone la muerte, hasta que os corone en la plaza de París.

COROS 1 y 2: "¿Cómo, si de amor sentís, siempre muriendo vivís?"

LINDABRIDIS: Precio, laurel y trofeo de vuestra victoria soy.

Llega hacia donde está CLARIDIANA
CLARIDIANA: Para lograr mi deseo, pluguiese al Amor que hoy se celebrase el torneo.

COROS 1 y 2: "Precio, laurel y trofeo de vuestra victoria soy."

Dentro golpes y ruido, y dicen FAUNO y MALANDRÍN
FAUNO: Rompe con un pie el castillo. MALANDRÍN: No soy nada rompedor; que sólo rompen mis pies zapatos, castillo no. MERIDIÁN: ¿Qué alboroto es éste, cielos? LINDABRIDIS: ¡Qué asombro! CLARIDIANA: ¡Qué confusión! FEBO: ¡Qué atrevimiento! FLORISEO: ¡Qué furia! LICANOR: ¿Quién da aquellas voces?
Salen FAUNO y MALANDRÍN, vestido de pieles ridículo
FAUNO: Yo. Y me espanto que no haya, generoso Licanor, dicho en el eco mi acento, dicho en el aire mi voz, que es trueno, hijo de este rayo, que es rayo, hijo de este sol, pues con mi voz y mi vista trueno, llama y rayo soy. Esa divina hermosura, norte felice de amor, buscando vengo, porque es mía y su dueño soy desde que fui de su amante, a leyes de este bastón, homicida y heredero; joven, a quien trasladó, nuevo Adonis, en estrella la majestad de algun dios, porque era hecho ya otra vez lo de convertirle en flor. MALANDRÍN: Y todo cuanto dijere el salvaje, mi señor, está bien dicho; que al fin con quien vengo, vengo. ROSICLER: Horror de la gitana ribera, a cuya inmensa ambición sepulcro fue y monumento, que el cielo te destinó todo este castillo, cuando, huyendo de mi valor, urna funesta fue el centro que engendra miedo y pavor, ¿qué fiera segunda vez de sus senos te abortó? Si ya no de tus cenizas renaciste, si ya no moriste y a vivir vuelves a ruegos de mi valor, para que vuelva a matarte. FLORISEO: ¡Oh tú, inculto semidiós de las orillas del Nilo, de cuyo engaño aprendió el cocodrilo traiciones, remedo de humana voz! Si tanto sentiste, tanto que no te matase yo que me vienes a buscar, por lograr este blasón, hazte al campo; en él te espero. FEBO: Hombre o fiera o lo que sois, si morir a nobles manos fue ya vuestra pretensión, yo soy quien os ha de hacer esa lisonja, pues soy Febo, y podrá la soberbia --si de gigante intentó blasonar--decir después que fue vencida del sol. MERIDIÁN: A nadie le toca aquí hablar sino a mí, pues yo mantengo este paso y debo, como al fin mantenedor, responder a todo trance; y así en respuesta te doy la vida, hasta que te mate. Vive, siquiera por hoy. FAUNO: Si tanta ilustre soberbia, tanta noble presunción sucede al acero como a la lengua sucedió, no dudaré que en venceros adquiera yo algún blasón. Pero tampoco creeré que darme pueda temor quien con instrumentos dulces ensaya guerras de amor, cuando de cajas y trompas les está llamando el son. Si sois enemigos todos, si competidores sois de una dama, ¿cómo estáis conformes? Bien que desde hoy a cualquiera que intentare mirar sólo un arrebol de esa luz le daré muerte; que mal sufrirá el valor mío que otro esté logrando lo que esté adorando yo. Porque, aunque partir las dichas es la más ilustre acción, las dichas del amor tienen privilegio de que no se partan; y esto se prueba por una razón de dos; o porque amor es avaro, o porque dichas no son. MALANDRÍN: Y a todo cuanto dijere el salvaje, mi señor... LICANOR: Bárbaro, la mayor muestra es de constancia y valor la estimación con que debe tratarse al competidor. ¿Qué más nobleza, qué más grandeza, qué más blasón que darse muerte mañana los que se festejan hoy? A tu política ruda esta respuesta le doy; y en cuanto a la lid que aplazas, no ha lugar tu pretensión; que éste no es circo de fieras, ni aquesas campañas son anfiteatros que muestran espectáculos de horror, haciendo duelo los brutos y los hombres. FAUNO: ¿Cómo no? ¡Vive Lindabridis, viven sus ojos, que el tornasol del mayor planeta agravian, que he de ser conquistador de su hermosura! Si noble debo ser, tan noble soy que en la maga Pitonisa espíritu me engendró angelical. A ese monte a esperar a todos voy; aunque el ver que no osarán a salir es mi dolor, como ya otra vez no osaron a entrar. ¡Ay de uno que entró, pues que, rendido a mis manos, la saña y furia probó de otra fiera, aunque haya sido civil castigo de un dios!
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MALANDRÍN: Y a todo cuanto dijere el salvaje, mi señor...
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FLORISEO: Espérame, ya te sigo.
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FEBO: Aguarda, que tras ti voy.
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ROSICLER: En alas de mis deseos he de correr más veloz.
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LICANOR: Remediaré tantos daños.
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MERIDIÁN: De toda esta confusión la causa fue tu hermosura; no te lo perdone Amor.
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CLARIDIANA: (A toda esta novedad Aparte no me he declarado yo, porque no dijese el Fauno que a quien dio la muerte soy. ¿Qué he de hacer, ya conocida de Febo una vez? Mejor será mudar de consejo, dejando la pretensión de la guerra, y acudiendo a las lágrimas, que son las armas de las mujeres, pues que ya no puedo, no, conseguir el fin que traje. Vamos a otro caso, Amor. LINDABRIDIS: Aquí se quedó. Mirad esas puertas.
Vanse SIRENE, ARMINDA y las otras damas
Gracias doy a mi dicha, oh Claridiano, de haberme dado ocasión para hablarte. CLARIDIANA: ¡Ay enemiga! La primera que ofendió amando eres tú. LINDABRIDIS: ¿Qué es esto, mi bien, mi dueño y señor? CLARIDIANA: ¿Qué ha de ser? Morir de celos. ¿Qué ha de ser? Morir de amor.

El castillo de Lindabridis part 8

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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