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LINDABRIDIS: Pues sin estruendo ni ruido el castillo tomó tierra en Babilonia, Sirene, con intento de que pueda --antes que la novedad despierte las gentes de ella-- salir ese hermoso joven que la piedad y clemencia del cielo restituyó a la vida, considera si hay en este inculto monte gente alguna que le vea. SIRENE: Sólo son mudos testigos estos troncos y estas selvas de nuestra venida. LINDABRIDIS: Pues sal, Claridiano; ¿qué esperas?
Sale CLARIDIANA CLARIDIANA: La sentencia de mi muerte; que es de mi muerte sentencia notificarme, señora, tu voz, tu llanto o tu lengua que me ausente de tus ojos. ¡Oh nunca, oh nunca volviera yo a vivir, pues allí, viva el alma y la vida muerta, no daba tiempo de estar sin ti, y es feliz quien llega a morirse de una dicha sin el temor de perderla! La ausencia es muerte del alma, muerte del cuerpo es la pena; pues si allí el cuerpo moría y aquí el alma, considera que lo que hay del cuerpo al alma hay de la muerte a la ausencia. LINDABRIDIS: Si, para morir de ausente, viviste de amante, deja el necio argumento, pues también quien muere se ausenta. Y ya que, por no dejarte --después que amor a mis quejas movido, te dio la vida-- en una playa desierta solo, triste y mal curado, te traje hasta aquí, no quieras, rebelde a leyes de honor, usar mal de mis finezas. Ya estamos en Babilonia; valor tienes, armas llevas, y si dan dicha favores --¡turbada estoy y suspensa!-- favores llevas también; las campañas son aquéllas, tribunal de Amor y Marte; armadas están las tiendas, precio soy de la victoria, hazte tu fortuna mesma, lábrate tu misma dicha; y a Dios, que con bien te vuelva. El te libre y él te guarde, Claridiano, en su violencia. Adiós, adiós. Vete pues. CLARIDIANA: No--¡ay cielos!--con tanta priesa me despidas. ¿No darás siquiera al dolor licencia para saber que se parte? LINDABRIDIS: Temo... CLARIDIANA: ¿Aquí ya qué hay que temas? LINDABRIDIS: ...que te vean... CLARIDIANA: Di. LINDABRIDIS: ...salir del castillo, y que no pierdas las esperanzas... CLARIDIANA: Prosigue. LINDABRIDIS: Esto basta. CLARIDIANA: No, no quieras dejar pendiente la voz. LINDABRIDIS: No dudo yo que me entiendas. CLARIDIANA: Ni yo dudo que te entiendo. LINDABRIDIS: Pues, si me entiendes, ¿qué esperas? CLARIDIANA: Que me lo digas. LINDABRIDIS: ¿Por qué? CLARIDIANA: Porque hay una diferencia entre el saber y el oír uno las dichas que espera; que es dicha aparte el oírlas, muchos después de saberlas. LINDABRIDIS: Pues temo, si eso te agrada, que las esperanzas pierdas de ser mi dueño, por verte en el castillo. CLARIDIANA: No quieras más afecto de mi fe, sino que otra vez lo oyera. LINDABRIDIS: Dices bien; porque si Amor no tuviera preeminencia de hacer nuevas cada vez las razones, ¿qué tuviera que hablar al segundo día con su dama? Mas ¿qué esperas? Vete, vete. CLARIDIANA: ¿Acordaráste de mí, señora, en mi ausencia? LINDABRIDIS: No; que no me olvidaré. CLARIDIANA: ¿Serás mía? LINDABRIDIS: Amor lo quiera. CLARIDIANA: Porque veas de mi fe las más declaradas muestras, sólo con que no seas de otro me contento. LINDABRIDIS: Esa promesa cumpliré con darme muerte el día que tú me pierdas. CLARIDIANA: ¿Quién lo asegura? LINDABRIDIS: Mi fe. CLARIDIANA: ¿Será firme? LINDABRIDIS: Será eterna. CLARIDIANA: Pues, adiós. LINDABRIDIS: Adiós. CLARIDIANA: Conmigo vas. LINDABRIDIS: Y tú conmigo quedas. (¡Qué ardiente el rayo es de amor!) AparteÉntrase, y cierra el castillo CLARIDIANA: ¡Qué frías son las finezas que se dicen sin el alma!Sale FEBO FEBO: (¡Qué rigurosa es la fuerza Aparte de los celos, pues se hace lugar entre tantas penas! Éste es el dueño--sí, él es-- de la desbocada bestia que aquí me trajo. No en vano me dijo entonces que él era el dueño de Lindabridis; bien el efecto lo muestra; pues, ofendido y celoso, hoy vengaré dos ofensas. Mis celos me den valor y mis desdichas paciencia.) CLARIDIANA: ¡Oh Babilonia! Tus muros saludo y beso la tierra que ha de ser teatro donde la fortuna representa del poder y del amor la mayor de sus tragedias. A ti vengo.Pónese la banda FEBO: Caballero, el de la blanca cimera, que, mariposa de plumas, en el sol las alas quema, no des otro paso más; no te arrojes, no te atrevas a pisar aquesa raya, porque su línea postrera es línea que hizo la muerte, como quien dice, "Aquí tengan término y coto las vidas, que osaren pasar por ella." CLARIDIANA: (¡Válgame el cielo! Este es Febo. Aparte ¿Qué nueva fortuna es ésta?) Disfrazado aventurero, albricias darte pudiera de los riesgos que me avisas, pues me alegraré que sea ley de la muerte esta línea, y que rompida su fuerza por mí, cuantos amenaza vivan después a mi cuenta. FEBO: Pues con dejar ese escudo vivirán, porque así cesa mi rigor, y tu piedad consigue lo que desea. De ganar escudo tengo a mi honor hecha promesa al primer aventurero. CLARIDIANA: Mucho ofreces, mucho intentas, porque la tengo hecha yo de defenderle. FEBO: Pues sea ésta una lid a dos luces; que, si no mienten las señas, eres el que ya otra vez solicitaste esta empresa. CLARIDIANA: Bien dices, ingrato Febo. Pero ¿cómo se te acuerda esa ofensa, y se te olvida el beneficio y la deuda de haberte dado un caballo en que a estas campañas vengas? Pero dirás que es defecto de nuestra naturaleza dar el beneficio al agua y dar al bronce la queja. FEBO: No presumo yo ni creo que hay piedad que te agradezca en darme el caballo a mí, pues no hubiste--es cosa cierta-- menester para volar entonces su ligereza; luego, sin que ya de ingrato puedas argüirme, es fuerza ganar tu escudo. CLARIDIANA: También lo es en mí que le defienda; pero no ha de ser a vista del castillo, si te acuerdas que es ley que pierda la acción el que a desnudar se atreva su acero aquí. FEBO: Ley también es suya que la acción pierda quien entrare en el castillo, y tú, sin temerla, entras; luego tú sólo eres quien rompes la ley y la quiebras; rómpela en tu daño y no jurista del amor seas que en su daño y su provecho una ley misma interpreta. CLARIDIANA: Pues si estás desengañado... (¡Qué buena ocasión es ésta!) Aparte ...de que favores que entonces te dije son ciertos, deja la pretensión de esta dama; pues es ruindad y bajeza reñir por dama que a otro quiere, estima, adora y precia. FEBO: Hoy no riñe aquí el amor, riñe el honor, porque entiendas que el que en la ocasión se halla, aunque a la dama no quiera, debe por ella reñir, si le da la ocasión ella. CLARIDIANA: Pues yo no quiero de ti más satisfacción que ésa. FEBO: Ésta no es satisfacción, ni yo a ninguno la diera, sino decir solamente que es obligación primera la obligación del honor. Ya estoy restado a esta empresa por empeños de mi honra, ganando armas con que vuelva a vista de Licanor. Mira, advierte y considera, si ya una vez declarado que estoy sin honor... CLARIDIANA: La lengua suspende. (¡Ay de mí! ¿Qué escucho?) Aparte ¿Tu honor, Febo, en contingencia? ¿Tu opinión en opiniones? Calla, calla; no te atrevas a pronunciarlo; que el alma con cada acción me penetras, con cada acento me hieres, con cada voz me atraviesas. FEBO: Suspenso otra vez me tiene, absorto otra vez me deja ver que aumentes mis desdichas y que mis desdichas sientas. CLARIDIANA: (Ya, cielo, éste es otro caso; Aparte ya es, cielo, otra duda ésta. A Febo le va el honor en que yo ahora le pierda; en que yo no tenga vida me va el que Febo la tenga; si le doy las armas, doy armas contra mí, pues ellas le darán a Lindabridis; si las defiendo, me dejan la pena de su opinión. ¡Denme los cielos paciencia! Mas si al fin he de quererle, que le gane o que le pierda, en tan grandes confusiones su honor viva y mi amor muera.) Febo, si la obligación de tu honor es la primera, la mía también; y así ganarme el escudo intenta, que yo le arrojo en el suelo, porque le lleve el que venza.Echa el escudo en el suelo, y sacan las espadas FEBO: Por no errar en lo que diga, con la espada--que es la lengua de un caballero--respondo. CLARIDIANA: ¡Qué gran ventaja me llevas. Febo! FEBO: Di en qué. CLARIDIANA: En que, si tú aquí matarme deseas, yo deseo que me mates; y es la primera pendencia en que se ha visto reñir dos sobre una cosa mesma. FEBO: No vi más templado pulso. CLARIDIANA: No vi más notable fuerza. La banda se me ha caído del rostro.Cáesele la banda FEBO: Y a mí con ella las alas del corazón, y en su ejecución suspensa el alma, no determino si está viva o si está muerta. CLARIDIANA: Pues en tanto que lo dudas, que lo imaginas y piensas, vive honrado y muera yo. Ahí el escudo te queda que, a costa del honor mío, quiero, Febo, que le tengas.Vase FEBO: ¡Espera, espera! CLARIDIANA: Soy rayo. FEBO: ¡Oye, oye! CLARIDIANA: Soy cometa. FEBO: Seguiréte, aunque a las nubes subas.Dentro el rey LICANOR LICANOR: ¿Qué voces son éstas?Salen LICANOR, MERIDIÁN, y gente FEBO: (Guardar mis penas importa, Aparte si hay lugar adonde quepan.)Son llamar a un caballero que en buena guerra ha dejado este escudo; y pues ganado hoy por mi espada le adquiero, ya en la tela entrar podré, libre del baldón injusto. LICANOR: De vuestro valor augusto yo nunca, Febo, dudé. Dadme los brazos, y luego ved que llegan Rosicler y Floriseo a vencer --cada cual de amores ciego-- esta empresa. FEBO: Fuerza es lidiar, hermanos los dos. MERIDIÁN: Dadme ahora los brazos vos, que han de vencerme después. FEBO: Yo callo, por no ofenderte. LICANOR: Ya que tanta bizarría disfraza en la cortesía los semblantes de la muerte, y tan conformes extremos hoy en todos maravillo, vamos todos al castillo, porque juntos visitemos a Lindabridis; veamos este encanto que ha tenido todo el mundo suspendido con admiraciones. TODOS: Vamos.
Vanse. Suena música, ábrese el castillo, como primero, y salen LINDABRIDIS, SIRENE, ARMINDA, y las damas LINDABRIDIS: Pues mi hermano y Licanor aquí a visitarme vienen, hoy manifestar se tienen las pompas de mi valor. Vean todas las riquezas con que el orbe discurrí, no diga el tiempo de mí nunca menores grandezas. Haced, pues, que se prevengan músicas, saraos, festines, para que aquí con dos fines dos admiraciones tengan.Salen LICANOR, MERIDIÁN, ROSICLER, FEBO y todos LICANOR: Cómo saludarte dudo, prodigio hermoso, y no sé si--con un sabio--diré que la copia me hace mudo. Ven en felice ocasión a honrar el suelo en que estás; Yo enmudecí, lo demás te diga la admiración. LINDABRIDIS: Si una suspensión forzosa es en el que se turbó, dos habré de tener yo, de turbada y de dichosa. MERIDIÁN: Dadme vuestra mano, hermana, y seáis muy bien venida a dar muerte y a dar vida a quien os pierde u os gana. Y, pues el gusto de veros todos esperando están, y a mí licencia me dan de hablar estos caballeros, todos por vos han venido en alas de sus cuidados; muchos fueron los llamados, ¡dichoso del escogido! LINDABRIDIS: A todos responderé con el alma, que quisiera que capaz de un cielo fuera, para agradecer mi fe. Sentaos, señor, y tomad todos lugares.Vanse sentando cada uno junto a una dama [FLORISEO con SIRENE, ROSICLER con ARMINDA, y FEBO con LINDABRIDIS] FLORISEO: Aquí, Sirene, me toca a mí. SIRENE: Pidiólo mi voluntad. ROSICLER: Yo junto a vos, dama bella, me abrasaré a su arrebol. ARMINDA: Ya que no me cupo el sol, por lo menos sois su estrella. CABALLERO 1: Como a luz de aquella esfera, gozaré este resplandor. CABALLERO 2: Yo os adoro, como a flor que sois de otra primavera. FEBO: Yo, el más dichoso en efeto, por mí aqueste lugar gano. LINDABRIDIS: ¿No veis que es favor en vano? FEBO: Si queréis que del conceto me aproveche, bien sé yo quién es la que en vano quiere, pues por una sombra muere. LINDABRIDIS: Yo no os he entendido. FEBO: ¿No?Sale CLARIDIANA CLARIDIANA: (Aquí me traen mis desvelos Aparte otra vez a morir. Sí, pues mis celos miro allí, y aun no conozco mis celos.) LINDABRIDIS: (Ya Claridiano se ofrece. Aparte ¡Oh quién excusar pudiera sus celos! ¡Oh, si entendiera...!) ¡Hola! La música empiece, porque yo logre el deseo de festejar en mis reales palacios huéspedes tales. LICANOR: Maravillas dudo y creo. CLARIDIANA: (Esto ya es morir.) Si alcanza Aparte tal licencia un caballero, empezar el festín quiero, por hacer una mudanza. Tocad. (¡Oh, si a ver lograda Aparte llego la acción que emprendí!) SIRENE: ¡Atención, que desde aquí empieza la otra jornada!Puso el autor aquí este sarao, para que, dilatándose en las mudanzas lo que pareciere, sirva de sainete, en lugar del que se estila hacer entre las dos jornadas FIN DE LA JORNADA SEGUNDA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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