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SEGUNDA JORNADA
Suena dentro música, y sale MALANDRÍN MALANDRÍN: Después de la salpicada, mil instrumentos oí. Si fuera comedia, aquí acabara mi jornada. Mas, puesto que no lo es, y que prosiguiendo va, la música suplirá ausencias del entremés. Por lo menos extrañeza será de ingenio saber que hoy todo cuanto hay que ver es cortado de una pieza. Y esto aparte--¡vive Dios!-- que él se ha puesto en el caballo --ya nunca podrá parallo-- y a un mismo tiempo los dos y el sol me dejan a obscuras en un monte. ¿Ya qué espero? No fuera andante escudero, a no verme en aventuras.Salen FLORISEO y CORO FLORISEO: Pues que ya la noche fría temerosamente asombra, y baja la negra sombra pisando la falda al día, cantad. Tenga una vez salva la negra noche al bajar; que no siempre ha de envidiar a los músicos del alba. Decid al segundo sol, que da al primero desmayos, que, en ausencia de sus rayos, soy humano girasol.Salen ROSICLER y CORO por el otro lado ROSICLER: Pues Lindabridis permite, hasta el fin de tanto empleo, lo que es cortés galanteo y estas licencias admite, mientras yo digo llorando mi mal, pues yo lo sentí, quien no le siente, por mí le podrá decir cantando.Cantan CORO 1: "Bellísima Lindabridis, ¿para qué tus ojos buscan nuevos encantos, teniendo el mayor en la hermosura?" CORO 2: "¿Para qué buscas más rayos, si sale la aurora tuya compitiendo con las selvas, cuando las flores madrugan?"FLORISEO: Desotra parte del monte sonoras voces se escuchan. ROSICLER: Éste es Floriseo, que así dichas que yo pierdo busca. MALANDRÍN: Vísperas son a dos coros; no será muy mala industria, en tanto que cantan ellos la copla, hacer yo la fuga.
Vase hacia ROSICLER CORO 1: "Despojos son de tu planta bellas flores, fuentes puras, porque ambicioso el abril para tu adorno las junta." CORO 2: "Y porque el aire no esté celoso de su ventura, los pájaros en el viento forman abriles de pluma." ROSICLER: Bajeza es que un hombre noble declarados celos sufra; mas es nueva ley de amor; la obediencia me disculpa. MALANDRÍN: (Por esta parte se acerca Aparte a mí un bulto o una bulta que no sé si es hembra o macho; Y sólo sé que se junta más de lo que yo quisiera. Ánimo, todo es fortuna; quizá será otro gallina como yo, y en esta duda seamos valientes de miedo.) Caballero, a mí me injurian esas voces que al aurora destas montañas saludan; y así mandadles que callen. ROSICLER: (Este hombre viene, sin duda, Aparte a reconocerme y darme ocasión con que mi furia pierda el derecho de ser acreedor de esta aventura. Venceréle con callar, vengando mi pena injusta en que canten, pues le ofenden. De cuantos una hermosura hizo valientes, a mí me hizo cobarde, no hay duda; pues por no perderla siempre, haga lo que no hice nunca.) CORO 1: "¡Ay Lindabridis bella, hermosa y pura, milagro del amor y la hermosura!" CORO 2: "¡Ay Lindabridis pura, hermosa y bella, que eres del cielo flor, del campo estrella!"Retírase ROSICLER MALANDRÍN: (¡Vive Apolo, que se vuelve! Aparte ¿Esto es ser valiente a oscuras? No hay cosa más fácil. Otro de esta parte está; pues dura el susto, dure el remedio.) Esas voces que se escuchan a un celoso amante ofenden, caballero, y le disgustan; callen, si acaso hay remedio para que callen en bulla músicos, que cantan mal. FLORISEO: (Ésta es cautela o industria Aparte de Rosicler, que ocasiona mi valor, porque desnuda la espada, las esperanzas pierda de dicha tan suma; pues no ha de lograr su intento. Hoy amor al valor supla; que huir de amante en la ocasión, más que bajeza, es cordura.)Retírase MALANDRÍN: ¡Viven los cielos, que son gallinas, sin duda alguna! Que si esperaran un poco sin hüir--¿hay tal locura?-- huyera yo. FLORISEO: Cantad siempre.Vase ROSICLER: No dejéis de cantar nunca.Vase CORO 1: "Suspiros son de un amante cuantos el eco pronuncia; lágrimas son de un celoso cuantas las flores inundan." CORO 2: "Porque así fuentes y flores con sonora voz y muda, de su belleza engañados, por aurora la saludan." CORO 1: "¡Ay Lindabridis bella, hermosa y pura, milagro del amor y la hermosura!" CORO 2: "¡Ay Lindabridis pura, hermosa y bella, que eres del cielo flor, del campo estrella!" MALANDRÍN: ¿Dueño yo de la campaña y músicos? ¿Hay tal burla? O está todo el mundo loco, o borracha la Fortuna. Si me valiera la hazaña en esta ocasión alguna alhaja manducativa, fuera notable ventura. Ä ¡Ah del castillo! Si non yace la infanta desnuda, catadla, que a un agujero asome su fermosura. Malandrín de Trapobana soy, de allén que vengo en fucia, si ella es la vana, e yo el trapo, de facer dos almas una. Si non cuida de salir, salga cualque dama suya, e si non dama pulgare, menina su ausencia supla, ya de la cámara sea, magüer que non de la ayuda. ¿Non la hay? Pues sea mondonga; que ¿a quién mondongas no escuchan? O si no, salga una dueña; que dueñas non faltan nunca. ¿Non hay dueña? Yo dichoso, iréme por la espesura a buscar quien me socorra, fablando vegadas muchas,Canta "quien no tiene ventura aun dueñas no hallará, si dueñas busca."Vase. Ábrese el castillo y salen, como a un jardín que estará fingido dentro de él, LINDABRIDIS, SIRENE, ARMINDA, y las damas, dejando abierta la cueva del FAUNO CORO 1: "Amorosos sacrilegios esta novedad disculpan, porque en su misma belleza están la culpa y disculpa." CORO 2: "Pues, cuando deidad la adoran, y cuando beldad la juran, mirando sus ojos bellos, quedan vanos de su culpa." CORO 1: "¡Ay Lindabridis bella, hermosa y pura, milagro del amor y la hermosura!" CORO 2: "¡Ay Lindabridis pura, hermosa y bella, que eres del cielo flor, del campo estrella!" SIRENE: Bien los dos competidores cortesanamente usan de la licencia de amantes, celebrando tu hermosura en dulces versos. LINDABRIDIS: Bien dices; pero yo no supe nunca que gallardos caballeros, que andan buscando aventuras, con músicos caminasen. SIRENE: Quien de hacer obsequios gusta jamás le falta ocasión; en cualquier parte la busca; cerca está Constantinopla. Y como las leyes tuyas les dan licencia de amarte y no de verte, procuran que donde no entran sus ojos, entren sus penas ocultas y disfrazadas. LINDABRIDIS: ¡Qué bien al compás suyo murmuran las fuentes de estos jardines, que el canto a las aguas hurtan! SIRENE: Esta alfombra, que tejió de mastranzos y de juncia el abril, formando en ella un florido catre, a cuya belleza corona es el pabellón de una murta, trono será de la aurora, si tú su dosel ocupas. LINDABRIDIS: Desde aquí se oyen mejor dulces canciones, que anuncian anticipada la guerra.Siéntase, y queda como dormida SIRENE: Y ella por verte madruga. ARMINDA: Pues la princesa se queda aquí, Sirene, segura, ven donde oigas tono y letra mejor. ROSICLER: Vamos, si tú gustas.Vanse SIRENE y ARMINDA. Sale FAUNO por la cueva FAUNO: Cuando de la opuesta boca, por quien bosteza esta gruta, aborto fui, con intento de que la cobarde turba, siguiéndome, se quedara sepultada en las obscuras entrañas de aqueste monte, que los sirviese de tumba, y vuelvo a escuchar gemido, penas, lástimas y angustias, me informan voces sonoras que a la obscuridad nocturna, como si ella fuera el alba, alegremente saludan. Y aun no paran mis sentidos, contentos con una duda; pues extrañan lo que ven mucho más que lo que escuchan. ¿A la boca de mi albergue fábricas de arquitectura tan hermosa que las piedras, aun más que la luz, alumbran? ¿Aquí fuentes y jardines, espejos, cuadros, pinturas? ¿Duermo o velo, sueño o vivo? Mas ¿qué dudo que en confusas imágenes haga el sueño estas sombras y figuras? Ä Bárbaros dioses de un Fauno que a las sangrientas y duras aras vuestras consagró cuantos mortales la inculta playa de esta isla tocaron, dadme favor, dadme ayuda; que una admiración me ciega, que una deidad me deslumbra, una beldad me suspende, y todo un cielo me turba. ¿Si es la diosa que este templo habita? Sí; ¿quién lo duda? No en vano, pues, la adurmieron voces que los vientos sulcan, fuentes que las flores mojan, arroyos que el prado cruzan, copas que el aire detienen, auras que mansas murmuran, hojas que apacibles suenan, flores que sus plantas buscan; pues voces, fuentes, arroyos, copas, vientos y hojas mudas, todos dicen que ésta es la diosa de la hermosura. Mas otra duda me queda; ¿si es viva o si es escultura, adorno de estos jardines? Que para todo hay disculpa; para estar viva, en dar muerte a quien a su luz se junta; para estar muerta, en dar vida a quien sus milagros busca. Luego si da vida y mata, si da muerte y asegura, para dar vida y dar muerte estará viva y difunta.Llega a tomarle la mano a LINDABRIDIS ¿Atreveréme a tocar la blanca mano que injuria la nieve? Sí. Mas--¡ay cielos!-- que me abrasa su blancura. Mujer, deidad, o quien eres, ¿qué veneno es el que oculta este áspid de jazmín?Despierta LINDABRIDIS LINDABRIDIS: ¿Quién me llama? ¡Ay de mí! FAUNO: No huyas. LINDABRIDIS: No podré, porque el temor con prisión de hielo anuda mis pasos. Fiera u hombre silvestre, deidad inculta, ¿cómo te atreviste, cómo, a profanar la clausura de un castillo donde el sol, si entra, entra con la disculpa de que viene a traer el día, y entra en él porque le alumbra? FAUNO: Como yo soy más que el sol atrevido; y si él se excusa de tu enojo por traer la luz, yo con menos culpa, porque vengo a traer la sombra; que esa bóveda profunda es el seno de la noche, y yo quien su seno ocupa. LINDABRIDIS: ¡Arminda, Sirene, Flora!Salen ARMINDA y SIRENE SIRENE: ¿Qué das voces? ... ¡Suerte injusta! ARMINDA: ¿Qué mandas? ... ¡Horror extraño! SIRENE: ¡Grave mal! ARMINDA: ¡Desdicha suma! FAUNO: ¿Son éstas las que han de darte el favor? Porque la duda queda en pie, ¿quién ha de darles favor a ellas? Llama, junta muchos enemigos de estos, será mejor la fortuna de morir a tales manos, aunque ya lo esté a las tuyas. Todas son bellas; mas tú te avienes con su hermosura, como el clavel con las flores, como las estrellas puras con los claveles, los signos con las estrellas, la luna con los signos, y con ella el sol, que a todos sepulta. Deja, deja que a beber vuelva la sed, que me angustia este tósigo de nieve. LINDABRIDIS: Antes seré de tu furia breve despojo. ¡Dad voces! SIRENE: Yo estoy turbada. ARMINDA: Yo muda. LINDABRIDIS: ¡Caballeros, al castillo! Que a manos de la sañuda fiera de estos montes muero. ¡Dadme favor, dadme ayuda! SIRENE: ¡Al castillo, caballeros! Que vuestra gloria difunta a manos de un monstruo yace.Dentro ROSICLER y FLORISEO ROSICLER: Sirena, las voces tuyas no me engañarán, que atado al árbol de la fortuna estoy. FLORISEO: Cocodrilo aleve, que voz humana pronuncias, no me vencerá tu encanto. LINDABRIDIS: ¡Ah leyes de honor injustas! ¿Cuál es la dama que ver cobarde a su amante gusta? FLORISEO: Responded cantando siempre. ROSICLER: No dejéis de cantar nunca. ARMINDA: ¡Al castillo, caballeros! FAUNO: Escaparte no presumas. LINDABRIDIS: ¿Cómo están sordos los cielos a mi voz? FAUNO: Como en mi injuria los cielos no oyen. LINDABRIDIS: ¿Los montes cómo no se descoyuntan? FAUNO: Son los montes mis vasallos. LINDABRIDIS: ¿Las fieras? FAUNO: Temen mi furia. LINDABRIDIS: ¿Los hombres? FAUNO: No se me atreven. LINDABRIDIS: ¿Los rayos? FAUNO: Mi voz los turba; que soy rayo, muerte y fiera. LINDABRIDIS: Yo rabia, veneno y furia. ¡Caballeros, al castillo! Romped las leyes injustas. ¡Al castillo, caballeros!Éntranse LINDABRIDIS, ARMINDA y SIRENE, y síguelas FAUNO. Sale CLARIDIANA CLARIDIANA: ¿Mi valor qué dificulta, que no entra a ver qué ocasión el monte de horror ocupa? ¿Qué aventuro en esto yo? ¿Las esperanzas futuras de Lindabridis qué importan, si yo no las tuve nunca?Vase. Vuelven a salir FAUNO, LINDABRIDIS, CLARIDIANA y las damas LINDABRIDIS: ¡Que estén sordos los cielos! ¿Qué mucho, si el amor lo está y los celos? CLARIDIANA: No así al amor ofendas, ni deslucir su vanidad pretendas; que yo por él satisfacerte espero. FAUNO: (¡Qué bello joven!) Aparte CLARIDIANA: (¡Qué galán tan fiero!) Aparte LINDABRIDIS: (¡Qué desdichada suerte, Aparte si mi vida redimo con su muerte!) FAUNO: (No sé qué nuevas ansias he sentido Aparte de que éste en su favor haya venido, que de un veneno tengo el pecho lleno, y se hace más lugar otro veneno.) CLARIDIANA: Semidiós de estos montes que, llenando de horror sus horizontes, por no ser fiera y hombre en una esfera, dejaste de ser hombre y no eres fiera, esa belleza vive a cuenta de este acero. Así apercibe el nudoso bastón, que partir quiero contigo el sol. FAUNO: Pues yo llevarle entero; que si es sol la belleza de esta excelsa deidad, fuera bajeza partirle ni aun un rayo; y más contigo, que eres, puesto conmigo, átomo comparado al sol, cárdeno lirio cotejado al ciprés eminente, mendigo arroyo al rápido corriente del Nilo, sombra pálida y pequeña a la inmensa estatura de esta peña. CLARIDIANA: No, barbaro, blasones, ni de ajenos aplausos te corones; que, si eres sol, soy luna, a cuyo eclipse mengua tu fortuna; si ciprés, soy la muerte, que en fúnebre arrebol hoy le convierte; si Nilo, mar sediento que le bebe, si montaña, homenaje soy de nieve, que su eminencia inclina, cuando a rayos de hielo le fulmina. FAUNO: Acis, mancebo de esta Galatea, si soy el Polifemo vuestro, sea este bastón, ya que no aquella roca, urna mucha, pirámide no poca.Riñen, dale FAUNO con el bastón a CLARIDIANA, y cae CLARIDIANA: ¡Muerto soy! LINDABRIDIS: ¡Ay de mí! FAUNO: ¿De qué te espantas? Mira, mira a tus plantas flor, arroyo, cristal, jardín y fuente, salpicados de púrpura caliente; y, si fiero y sangriento no te obligo, cortés amante quiero ser contigo. Cuanto metal se encierra en las pardas entrañas de la tierra, y cuantas piedras cría ese luciente aparador del día, pondré a tu pie de nieve, que hidrópica esa cueva se las bebe, porque registro fue del peregrino que, hallando puerto aquí, perdió camino. Un breve instante espera y en tanto ese cadáver considera, porque admires, teniéndole delante, valiente y rico a este tu nuevo amante.Vase
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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