This file was last updated on December 29, 2000
JORNADA TERCERA
Sale el REY, y un CRIADO, quien trae en una fuente una púrpura y un cetro REY: ¿Llamaste ya al extranjero, como mandé? CRIADO 1: Sí, señor.Sale San BARTOLOMÉ BARTOLOMÉ: Y yo, a tu voz obediente, humilde a tus pies estoy. REY: Alza del suelo, a mis brazos llega, y oye la razón que a llamarte me ha movido. BARTOLOMÉ: Para que sepas que estoy capaz de ella, ¿quieres tú que a ti te la diga yo? REY: ¿Cómo puedes tú saber mi oculta imaginación? BARTOLOMÉ: Como esos favores debo a la piedad de mi Dios. REY: Di. BARTOLOMÉ: Destruyendo las aras de tu falsa adoración, cayó en tierra hecho pedazos el ídolo de Astarot. Alborotóse tu pueblo y, con despecho y furor, como si tuvieran culpa, los sacerdotes hirió de tu templo, cuyo estrago pasara a incendio mayor, si Irene, tu hija, tomando de los ídolos la acción, no se pusiera delante, cuyo respeto y temor bastó a parar el tumulto, pero a deshacerle no. Ceusis, siguiendo de aquella parcialidad el error, en defensa de sus dioses, al lado de Irene, dio aliento a sus cobardías, al tiempo que con mejor acuerdo iba Licanoro publicando al nuevo Dios. Encontráronse los bandos. ¿Quién nunca hasta entonces vio que a la vista de su rey batalla se diese atroz, donde era fuerza que fuese con equívoca facción el vencedor el vencido, y el vencido el vencedor? Irene, en medio de todos, era el rayo, era el furor de sus iras, cuando, al tiempo que ya uno y otro escuadrón se embestían, los detuvo lo tremendo de su voz. "¡Ay infelice de mí!" dijo, y rendida cayó en la tierra, cuyo pasmo, cuyo asombro, cuyo horror suspenso dejó al amago y absorta a la ejecución; en cuya neutralidad se ha conservado hasta hoy. Retiráronla, y apenas volvió en sí, cuando volvió tan furiosa que no hay lazo, cadena, prisión que no rompa y despedace, y con despecho y furor delirios son cuantos dice, locuras cuanto hace son. Tú, viendo tu reino todo en tan mísera aflicción, tus dos sobrinos opuestos, y loca Irene, estás hoy, no sin causa, persuadido a que ya el cielo cumplió del hado las amenazas, que fueron de su opresión causa, pues por ella ha sido todo llanto y confusión, todo ruinas, todo muertes, todo asombro, todo horror. Y así me enviaste a llamar, pareciéndote que yo puedo remediar a un tiempo su desdicha y tu dolor. REY: Es verdad; de ti no más, según admirado estoy de oír los prodigios tuyos, fiar quiero de mi pasión la esperanza, y por ponerte en mayor obligación, quiero que en mi reino seas mi privanza desde hoy, y que, siendo muy amigos, con más paz, con más amor y más blandura me enseñes la doctrina de tu Dios.Salen CEUSIS y LICANORO por dos lados LICANORO: (Cielos, ¿qué es esto que oigo?) Aparte CEUSIS: (¿Qué es lo que mirando estoy?) Aparte LICANORO: (¿El rey le habla afable?) Aparte CEUSIS: (¿El rey Aparte le honra?) LICANORO: (¡Qué dicha!) Aparte CEUSIS: (¡Qué horror!) Aparte REY: Y así, en tanto que da el tiempo a esta plática ocasión, quiero que en mi corte seas y en mis reinos otro yo, y en muestra de la verdad, estas insignias que son púrpura, corona y cetro, te ofrezco. De ellas dispón a tu arbitrio y, desnudando la túnica que vistió tu humildad, aquesta real púrpura viste. BARTOLOMÉ: Eso no. Los apóstoles de Cristo, los discípulos de Dios no a medrar, no a enriquecer peregrinamos, señor; a sólo adquirir venimos almas; ellas solas son nuestro triunfo, nuestro aplauso, nuestra fama y nuestro honor. Y así, con aquesta humilde ropa más honrado estoy y más galán que estuviera con la púrpura mejor; porque sé que es toda ella majestad y ostentación, vanidad de vanidades; siendo la vida una flor que con el sol amanece y fallece con el sol. LICANORO: (¡Qué generoso desprecio!) Aparte CEUSIS: (¡Qué hipócrita pretensión!) Aparte REY: Ya que la púrpura real desprecias, por vencedor de aquesta pasada lid, ciñe el sacro laurel. LICANORO: Yo seré el primero que acuda a servirte en esta acción. CEUSIS: Yo el primero que a estorbarlo acuda también; que no es bien que un advenedizo sea capaz de tanto honor. LICANORO: Suelta, Ceusis, el laurel. CEUSIS: Suéltale tú, pues mejor estará en mis manos.Cae Pero áspides en su valor hay ocultos para mí. LICANORO: Suelta, que para mí no. BARTOLOMÉ: Es verdad; pues tú serás quien le goce de los dos. CEUSIS: Temiera tus profecías, cuando mirándome estoy a tus pies, si no creyera que encantos tus obras son.San BARTOLOMÉ alza a CEUSIS BARTOLOMÉ: Levanta ahora del suelo, sin apurar más razón de que tú andas por caer y por levantarte yo. REY: Pues ¿cómo en presencia mía os atrevéis...? LICANORO: Yo, señor, ¿en qué te ofendo, si acudo a tu misma pretensión? CEUSIS: Menos te ofendo yo, pues cuidando de tu opinión, te estorbo acción tan indigna. LICANORO: ¿Indigna llamas la acción de honrar a quien nos ha dado noticias de un solo Dios? CEUSIS: Sí; pues de los demás dioses viene a infamar el honor.
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
vwilliam@u.arizona.edu