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REY:              No permitáis que ensalzado
               en nuestras aras se vea
               dios que ignoramos quién sea.
LIRÓN:         Yo me tengo harto cuidado.
REY:              ¿No hablas, Licanoro?
LICANORO:                               No
               quisiera, por excusar
               lo que le he de preguntar.--
               Cristo ¿quién es?
LIRÓN:                           ¿Qué sé yo?
SACERDOTE:        ¿Dónde está, gran señor, di,
               que mis ojos no lo ven,
               el extranjero con quien
               arguir nos mandas?

Sale San BARTOLOMÉ
BARTOLOMÉ: Aquí; que quien lidia voluntario por su Dios no ha de hüir, hasta vencer o morir, la cara de su contrario. REY: Mira qué poco sirvió aquella prisión de fuego, pues habló la estatua luego. LIRÓN: (Gracias a por quien habró; Aparte que a fe que se las debéis. ¿Qué va que vienen los palos primero que los regalos?) REY: Ea, ya empezar podéis.

SACERDOTE: Manda, señor, que la opinión asiente, porque con fundamento se argumente. BARTOLOMÉ: Yo defiendo que un Dios...

Sale CEUSIS
CEUSIS: Antes que empiece la cuestión, si mi celo lo merece, y das licencia, gran señor, te pido que me escuches. REY: ¿Qué traes? ¿Qué ha sucedido? CEUSIS: En busca de esta fiera que escandalosa toda el Asia altera, penetraba los montes que dividen al sol en horizontes, cuando en lo más oculto de las entrañas de un peñasco inculto que, entreabierta la boca, haciendo labios de una y otra roca, parece, con pereza, que el monte melancólico bosteza, vi una mujer, si pudo del traje lo vestido o lo desnudo darme de serlo señas; porque más parecía entre las peñas bulto que inanimado el acaso sin arte había formado; cuya duda creyera, si con humana voz no me dijera, que aun ahora me aflige...
Sale el DEMONIO en traje de mujer
DEMONIO: Aguarda; yo diré lo que te dije. "Gallardo joven, engañado vienes a buscar lo que ya en tu corte tienes; pues ese monstruo humano que de su nuevo dios intenta en vano introducir el nombre, predicándole Cristo, Dios y hombre, ya de estos montes, que traidores fueron, pues tres días oculto le tuvieron, falta. Yo lo he sabido, porque no hay para mí centro escondido, siendo yo Selenisa, del gran dios de Astarot la pitonisa. Estos páramos vivo, donde observo mejor, mejor percibo los humanos desvelos en el rápido curso de los cielos. Por mis observaciones he alcanzado que a un duelo va aplazado donde, si bien infiero que el gran dios de Astarot parezca, quiero entre sus sabios verme, por ver así si a mí puede vencerme. Esta la causa ha sido de haber," dije, "a la luz del sol salido." Mas él, que de mi acción mi ser colige, me dijo... CEUSIS: Yo diré lo que te dije. "Vente conmigo, adonde tu ciencia, que a tu ingenio corresponde, este prodigio venza.¯ DEMONIO: Obedecíle, y pues cuando comienza el argumento llego, que me admitas a él, señor, te ruego. REY: De que tú a este concurso hayas venido estoy a mi fortuna agradecido.

DEMONIO: Pues yo, dándome, señor, vuestra majestad licencia, vos, serenísima infanta, altos príncipes, nobleza y plebe, porque a ese espanto hoy todo tu pueblo vea, que, siendo yo una mujer, menos capaz de la ciencia, basto para conclüirle, le propondré la primera cuestión, y podrán después tomar la réplica de ella con mayor autoridad los que mejor la defiendan. LIRÓN: (Malo es ser dios en cuclillas; Aparte quebradas tengo las piernas.) DEMONIO: Tú, peregrino extranjero, ¿en tus principios asientas un dios solo, y que éste es tres personas y una esencia? BARTOLOMÉ: Sí. DEMONIO: No es esa la cuestión, aunque contra ésa pudiera argüir, porque pretendo tomarla desde más cerca. Después de haber asentado esa Trinidad inmensa, asientas también que Cristo es Dios; y así contra esta parte de tus conclusiones he de argüir. BARTOLOMÉ: Fuerza era que contra la humanidad te declarases, porque ella fue en tu primera ojeriza asunto de tu soberbia. Ya te he conocido; di, forma el silogismo, empieza. DEMONIO: Quien dice que hay sólo un dios en tres personas y prueba que éstas son el Padre, el Hijo y el Espíritu, da muestra que no hay más dios. BARTOLOMÉ: Es verdad. DEMONIO: Pues contra ti mismo enseñas que Cristo es Dios verdadero. Cristo es persona diversa; luego son los dioses dos o Cristo no es dios, o aquesas personas, si es dios, son cuatro. BARTOLOMÉ: Distingo la consecuencia; que las personas sean tres concedo; que una no sea de ellas Cristo niego. DEMONIO: Pruebo; Cristo "ungido" manifiesta, que es humanidad. BARTOLOMÉ: Concedo la mayor. DEMONIO: Dios es eterna divinidad. BARTOLOMÉ: La menor concedo. DEMONIO: Luego evidencia es que divino y humano, que son distancias diversas, implican contradicción. BARTOLOMÉ: No es. Niego la consecuencia; que el Hijo, que es de las tres segunda persona eterna, es Dios y hombre verdadero. DEMONIO: ¿Hombre y Dios? BARTOLOMÉ: Sí. ¡Aguarda, espera! DEMONIO: Hombre es, pues fue concebido de humana naturaleza. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues divinidad y humanidad une y mezcla. DEMONIO: Hombre es, pues su misma madre conoce de Adán la deuda. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues al elegirla de la culpa la preserva. DEMONIO: Hombre es, pues ella en efecto en sus entrañas le engendra. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues su encarnación sin obra es de varón hecha. DEMONIO: Hombre es, pues de ella nace, tomando su carne mesma. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues queda en el parto antes y después doncella. DEMONIO: Hombre es, pues sujeto nace del tiempo a las inclemencias. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues que los pastores y tres reyes le veneran. DEMONIO: Hombre es, pues sus padres le pierden del templo a la puerta. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues dentro le hallaron, leyendo divinas ciencias. DEMONIO: Hombre es, pues de temor huye a Egipto y su patria deja. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues derriba huyendo cuantos ídolos encuentra. DEMONIO: Hombre es, pues en el desierto la hambre y sed le atormentan. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues cuarenta días les pudo hacer resistencia. DEMONIO: Hombre es, pues que se le atreven a tentar con duras piedras. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues con una voz tres tentaciones ahuyenta. DEMONIO: Hombre es, pues de hombres se vale, y ésos de suma pobreza. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues que la humildad elige por compañera. DEMONIO: Hombre es, pues uno de doce trata de ponerle en venta. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues aun a ese mismo lava y consigo le asienta. DEMONIO: Hombre es, pues sentencia oye de muerte, y no la remedia. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues, por darnos vida, se dispone a esa sentencia. DEMONIO: Hombre es, pues en una cruz clavado padece afrentas. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues el perdón pide de los que le han puesto en ella. DEMONIO: Hombre es, pues espira y muere. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues muriendo deja vencida la muerte, y hacen sentimiento cielo y tierra. DEMONIO: Hombre es, pues desamparado el cuerpo cadáver queda. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues de los infiernos baja a quebrantar las puertas. DEMONIO: Hombre es, pues de hombre dejó en el mundo tantas prendas. BARTOLOMÉ: Y Dios, pues que Dios y hombre en los cielos vive y reina, de donde vivos y muertos vendrá a juzgar.

Cae el DEMONIO a los pies de BARTOLOMÉ
DEMONIO: ¡Cesa, cesa! Que ya sé que hombre y Dios está sentado a la diestra del padre, hasta que por fuego a juzgar el siglo venga. BARTOLOMÉ: Pues si tú mismo, tú mismo lo publicas y confiesas, después que mudo en la estatua quedaste por mi obediencia, ella postrada también a mi voz caiga y descienda; no tenga altares estatua que manda Dios que perezca.
Húndese el altar con el ídolo y se descubre LIRÓN
LIRÓN: Cierto que so desgraciado dios, por do bajar quijera; pero echaréme a rodar, y de su mano me tenga el dios que esté más a mano.
Échase a rodar, y vase
CEUSIS: ¡Que esto los cielos consientan! TODOS: ¡Viva Cristo! ¡Cristo viva! BARTOLOMÉ: Viendo, Señor, tus grandezas, tus maravillas y asombros, ¿quién no se rinde y sujeta? DEMONIO: Ni me sujeto ni rindo, Bartolomé, pues me queda otra viva estatua en quien puedo hacerte mayor guerra que la que me has hecho. Dueño soy de Irene; y así de ella no podrás echarme, pues posesión me dio ella mesma. BARTOLOMÉ: Tú no pudiste adquirir posesión segura y cierta de Irene, cuyo albedrío puede mejorar la senda. DEMONIO: Ya, mediante la justicia, es mía, y tengo licencia de Dios para que del pacto así el castigo padezca. BARTOLOMÉ: Aunque la dé su justicia, la quitará su clemencia. DEMONIO: En tanto podré en su pecho mover bandos, armar guerras, pervertir buenos intentos, alentar acciones fieras, sembrar cizañas y errores. BARTOLOMÉ: No tanto bien te prometas, pues sabes que sus secretos te ponen unas cadenas a que siempre estés atado. DEMONIO: Tal vez podré, aunque ellas sean las cadenas del demonio, quebrantarlas y romperlas.

FIN DE LA JORNADA SEGUNDA

Las cadenas del demonio part 7

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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