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LICANORO:      No me atrevo contra un dios
               que, aunque le ignoro, le estimo.
IRENE:         Muy lejos vas de encontrarme,
               Licanoro.
LICANORO:                Fuerza ha sido,
               Irene; porque los dos
               seguimos rumbos distintos.
IRENE:         Con todo eso, quiero dar
               otro paso.
LICANORO:                Y yo otro indicio.
IRENE:         El dios de Astarot está
               enojado y ofendido.
LICANORO:      Luego quien pudo ofenderle
               y agraviarle habrá podido
               más que él.
IRENE:                   Su ofensa es mi ofensa.
LICANORO:      Dios es; vénguese a sí mismo.
IRENE:         Mira que vas, Licanoro,
               dejando atrás el camino.
LICANORO:      Tú eres quien le pierde, Irene.
IRENE:         Pues volvamos al principio.
               Quien a los dioses ultraja
               fuerza es que quien me ha querido
               desagravie.
LICANORO:                ¿Quién a un dios
               que dejarse agraviar quiso
               desagraviará?
IRENE:                        Tú sólo.
LICANORO:      Es engaño.
IRENE:                   Eso es delirio.
LICANORO:      Ésa ilusión.
IRENE:                      Eso miedo.
LICANORO:      Ésa ignorancia.
IRENE:                        Es preciso;
               y no nos busquemos más,
               puesto que ya nos perdimos;
               siendo yo tan desdichada
               que, tú ingrato y Ceusis fino,
               me ha de deber el favor
               quien no me debió el cariño.

Vase
LICANORO: ¡Que sea en mí tan poderosa esta aprehensión de que ha habido primer causa de las causas, dios sin fin y sin principio, que no deja en mi discurso razón, elección ni arbitrio aun para amar, cuando más a la hermosura me inclino de Irene! Pues por creer que aquel Dios de quien ya dijo el extranjero las señas y el que yo adoro es el mismo, a ofenderle no me atrevo. ¡Valedme, cielos benignos! Que a tanto misterio falta la razón, fallece el juicio. Si tres personas y un dios predica, y éstas han sido el Padre y el Hijo amado y el Espíritu divino, ¿cómo, no habiendo nombrado otro dios que el Uno y Trino, Cristo es verdadero Dios dijo también? ¿Quién es Cristo de estas tres personas?
Dentro el SACERDOTE
SACERDOTE: Presto saldrás de ese laberinto de dudas y confusiones. LICANORO: ¿Dónde o cómo? Mas ¿qué miro? El rey es, y tan suspenso viene que aquí no me ha visto. No le quiero hablar, porque no embarace los motivos de mis discursos. Dad, cielos, nueva luz a mis sentidos, que entre un dios y una belleza anda delirando el juicio.
Vase. Salen el REY y el SACERDOTE
REY: No hay consuelo para mí. SACERDOTE: Presto, señor, como he dicho, saldrás de esa confusión, en firmando los edictos. En ellos de todo el reino avisarás los ministros que a aquel hombre prendan, donde quiera que tengan aviso de él, por las señas que envías, ensanchando tus distritos hasta el reino de Astiages tu hermano, de quien confío que hará mayor diligencia. REY: Hasta que en el poder mío le veo, y haga en las aras de Astarot su sacrificio, no ha de haber consuelo en mí, por verle tan ofendido. Pon aquí aquesos papeles, y nadie entre mientras firmo. Leer quiero en esta minuta de los demás el estilo.
Pone el SACERDOTE unos papeles que trae sobre un bufete y vase; y el REY, sentado junto al bufete, lee un papel
REY: "Nobles prefectos de Armenia, jueces y legados míos, sabed que a nuestra provincia llegó un humano prodigio que, alterando nuestras leyes, las ceremonias y ritos, un nuevo dios predicando, turbó nuestros sacrificios. Huyóse al punto; y así conviene a nuestro servicio que le busquéis y prendáis; para cuyo efecto envío sus señas. Son pobres ropas, y él un esqueleto vivo." ¡Ay de mí, que de acordarme de él ahora tiemblo y me aflijo, y tan presente le tengo que parece que le miro!
Sale San BARTOLOMÉ
BARTOLOMÉ: En vano, rey engañado, despachas contra mí edictos, para que me busquen otros, si yo me traigo a mí mismo. Prosigue; que, porque no yerres la copia, he venido a que de mí la traslades. REY: Ilusión de mis sentidos, sombra de mi devaneo, de mi discurso delirio, ¿cómo has entrado hasta aquí? BARTOLOMÉ: Quien del cielo a abrirte vino las puertas bien es que abiertas halle las de tu retiro. ¿Diligencias para hallarme haces? ¿Qué me quieres? Dilo; que ya presente me tienes. REY: De tus encantos y hechizos no menor efecto es el haberte aquí venido que el haberte allá ausentado; y aunque es la verdad que quiso mi deseo verte, ya tomara no haberte visto. ¿Qué me quieres? ¿Qué me quieres? BARTOLOMÉ: Hacer al cielo testigo, al sol, la luna y estrellas, astros, planetas y signos, del gran poder de mi Dios, cuya nueva ley publico; porque soy uno de doce discípulos escogidos que a sembrar por todo el mundo de su Evangelio venimos la semilla; y nos envía de fe y esperanza ricos. Y así, en nombre suyo vengo a aplazarte un desafío, a cuyo duelo señalo de aqueste gran templo el sitio, por armas sola mi voz, y por juez a tu dios mismo. En él me hallarás. A él haz que vengan prevenidos los sacerdotes, tus sabios, todos a argüir conmigo, en presencia de tu dios; y el que quedare vencido a manos del otro muera. REY: Tanto de mis dioses fío y de mis sabios espero que lo acepto y lo permito. BARTOLOMÉ: Pues en el templo te aguardo, y me hallarás en el sitio armado de fe, que son las armas con que yo lidio.
Desaparece
REY: ¡Espera, aguarda!--En el aire se ha desaparecido. Divinos dioses, ¿es sueño, es encanto o es delirio?-- ¡Hola!
Sale el SACERDOTE
SACERDOTE: Señor, ¿qué me mandas? REY: ¿No habéis visto, no habéis visto aquel pasmo, aquel horror? SACERDOTE: ¿Quién? REY: El profeta de Cristo. SACERDOTE: Engaño es de tu deseo; nadie ha entrado ni ha salido, porque yo he estado a la puerta. REY: No es; que aquí estuvo conmigo, yo le he visto, yo le he hablado, por señas de que me ha dicho que quiere hacer con mis sabios certamen y desafío de sus ciencias. Y así al punto se truequen estos edictos en pregones que convoquen, dando de esta lid aviso a los sabios de mi reino; que yo, postrado y rendido al asombro de su voz, de su semblante al prodigio, en mis sombras tropezando, voy huyendo de mí mismo.
Vanse. Descúbrese el templo y sale LIRÓN
LIRÓN: "Mijor se puede pasar todo el año sin moger que dos días sin comer," dice un badajo vulgar; y cuando él no lo dijera, pudiera decirlo yo, que buen badajo me so. ¡Ay hambre terrible y fiera, cuánto tu vista me espanta! Pescudaba un hombre un día dónde cae el mediodía, y otro dijo, "A la garganta." Dígalo yo; que dempués que mueso dios perdió el habra, y que sola una palabra pronunciar no quiere, es tan poca la devoción que con él la gente tiene que nadie a su tempro viene; con lo cual de la ración la quitación ha llegado; que no hay tan sola una ofrenda, que era mi mijor hacienda. Pues pobres hemos quedado, remiendémonos los dos, Astarón omnipotente, y pues dicen comúnmente, "Quien no habra, no le oye Dios," no el rofián mudéis conmigo; habrad sola una palabra, que dirán que a Dios que no habra tampoco le oye el bodigo. ¿Aun no queréis? Pues par Dios, que habéis, ya que mudo estáis, de habrar, aunque no queráis, o yo he de habrar por vos, haciendo lo que he pensado. Yo me tengo de esconder detrás de la estatua y ser dende hoy ídolo barbado. Que, viendo que habró Astarón, y la habra cobró ya, la devoción volverá y volverá la ración. A ganar voy, no a perder; y cuando me salgan malos, tan sólo matarme a palos es lo que pueden hacer. Y aunque no salga barato, a quien su industria le vale, barato el comer le sale.
Dentro LESBIA
LESBIA: ¿Adónde estáis, mentecato? LIRÓN: Lesbia es ésta. Ella ha de ser la que antes he de engañar. Ahora bien, voyme a endiosar, que es a tener que comer.
Pónese en el altar detrás del ídolo. Sale LESBIA
LESBIA: ¿Dónde estáis, que no os encuentro, simpronazo? Aun no responde por su propio nombre. ¿Dónde se habrá ido, que aquí dentro ni huera le puedo hallar? Y quisiera yo saber si ha de busca la mujer la comida.
Dentro
LIRÓN: No hay dudar. LESBIA: ¿Qué voz es ésta--¡ay de mí!-- que en el mismo altar se oyó? ¿Quién es quien ahí habra? LIRÓN: Yo. LESBIA: ¿Es el dios de Astarón? LIRÓN: Sí. LESBIA: Pues ¿cómo os dignáis conmigo de habrar hoy? LIRÓN: Como me muero de lo que he callado, y quiero hartarme de habrar contigo. LESBIA: ¿Que os merezca tal ventura la mujer, señor, de vueso barrendero? LIRÓN: Y aun por eso, que estó hecho una basura. LESBIA: Ya que afabre os llego a ver, ¿queréis enviudarme? LIRÓN: No; porque ese milagro yo para mí lo he menester. LESBIA: Pues ¿cómo podré pasar con marido de aquel talle? LIRÓN: Tratando de regalalle. LESBIA: ¿Con qué le he de regalar, si no tenemos los dos manjares que satisfacen? LIRÓN: Buscadlos vos; que así hacen otros mijores que vos. LESBIA: Por no ofenderos, confieso que mil hambres padecí. LIRÓN: No las padezcáis; que a mí no se me da nada de eso. ...................... LESBIA: Pues yo lo haré así. LIRÓN: Haréis bien.
Sale el SACERDOTE
SACERDOTE: ¿Quién, dioses piadosos, quién ........................ creerá que aquella ilusión tanto al rey ha persuadido que manda que prevenido el templo tenga, a ocasión de la lid que en él espera? LESBIA: ¿Vos licencia me dais? LIRÓN: Sí. SACERDOTE: Mas ¿quién es quien habla aquí? LESBIA: Yo soy, señor; y quisiera pedirte albricias. SACERDOTE: ¿De qué? LESBIA: De que ya Astarón habró. SACERDOTE: ¿Quién, Lesbia, lo dice? LIRÓN: Yo. SACERDOTE: ¡Felice, pues escuché su voz! Sin duda ha querido, viendo que el rey ha aceptado el desafío aplazado, volver por su honor perdido. A decirlo al rey iré, para que el concurso sea mayor, y este monstruo vea sus maravillas; aunqué el salir es excusado, pues dice sonoro el viento con cuánto acompañamiento el rey en el templo ha entrado. Ya el velo puedo correr.
Descúbrese el ídolo vestido como estaba el DEMONIO, y salen el REY, LICANORO, e IRENE y ACOMPAÑAMIENTO
LIRÓN: (¡Si me ve, hoy muero!) Aparte SACERDOTE: Señor, albricias de la mayor fortuna que merecer pudo tu imperio. REY: ¿Qué ha sido? SACERDOTE: Ya el cielo vuelve por ti y por tu causa; y así nuestro gran dios ha querido dolerse de nuestro llanto. LIRÓN: (¡Ay, que el rey mismo me adora! Aparte Estó por decir ahora que no lo hice yo por tanto. Mas mijor es proseguir el engaño, ya que en él estó empeñado.) SACERDOTE: Ya fiel vuelve en su culto a lucir.-- Llegad, preguntadle todos y veréis si da este día respuesta como solía. LIRÓN: (Distintos serán los modos; Aparte mas al fin responderá bien o mal, como saliere.) REY: Bello esplendor que prefiere a la luz que el sol nos da, pues hoy ha de ser aquí la lid de uno y otro dios, volved, gran señor, por vos. LIRÓN: Yo me acordaré de mí.

Las cadenas del demonio part 6

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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