This file was last updated on December 28, 2000


JORNADA SEGUNDA


Sale LICANORO
LICANORO: ¿Qué pretende mi fortuna, que tan enojosa y triste con dos pasiones embiste, pudiendo matar con una? Y molesta e importuna darle dos muertes previene al que una vida no tiene, siendo causa de las dos la investigación de un dios y la hermosura de Irene.
Sale CEUSIS
CEUSIS: ¿Qué solicita mi suerte, que tirana y atrevida, para quitarme una vida, usa de una y otra muerte? Justo celo, dolor fuerte ocasiona mi tristeza, siendo causa la aspereza de mi cólera y mi furia, del dios de Astarot la injuria y de Irene la belleza. LICANORO: ¿Adónde pudiera hallar aquel hombre prodigioso, porque de su misterioso dios me volviese a informar? CEUSIS: ¿Dónde pudiera encontrar aquel monstruo peregrino que a nuestra provincia vino, para que mi saña vea, y víctima humana sea de nuestro ídolo divino?

LICANORO: ................... [ -ós] ...................... ...................... ...................... [ -ós] Mas ¿cómo pretendo--¡ay Dios!-- buscarle, si preso lucho de Irene divina? CEUSIS: Mucho es mi mal, mi pena atroz.

Suenan dentro los MÚSICOS
LICANORO: Mas ¿qué instrumento...? CEUSIS: ¿Qué voz...? LICANORO: ¿...es el que oigo? CEUSIS: ¿...es la que escucho?
Cantan
MÚSICOS: "Sin mí, sin vos y sin Dios, triste y confuso me veo; sin Dios, por lo que os deseo, sin mí, porque estoy en vos, sin vos, porque no os poseo."
Sale IRENE
IRENE: No cantéis; que no permite esta necia pasión mía que de su melancolía nadie el mérito la quite. LICANORO: No, señora, solicite vuestra tristeza estorbar lisonja tan singular a quien de ella traído viene. Mandad, bellísima Irene, que otra vez vuelva a cantar ese bellísimo encanto. IRENE: Mucho extraño que haya a quien suene la música bien, pudiendo escuchar el llanto. CEUSIS: Más extraño yo y me espanto de veros con tal crueldad, después que vuestra beldad de su libertad gozó. IRENE: Pues ¿quién os dijo que yo gozo de mi libertad? CEUSIS: El veros vivir, señora, en palacio lo confiesa. IRENE: ¿Y qué sabéis vos, si esa también es prisión ahora? LICANORO: ¿De qué suerte? CEUSIS: ¿Cómo? IRENE: ¡Flora!
Dentro FLORA
FLORA: ¿Qué mandas? IRENE: Vuelve a cantar.-- Así pretendo atajar vuestra plática, porqué no pidáis que razón dé de razón que no he de dar.
Cantan
MÚSICOS: "Sin mí, sin vos y sin Dios, triste y confuso me veo; sin Dios, por lo que os deseo, sin mí, porque estoy en vos, sin vos, porque no os poseo." LICANORO: Bien letra y tono parece que compuso mi dolor, viendo que el alma padece un nuevo incendio de amor, que nunca a ser mayor crece. Su objeto somos los dos, y aun Dios, pues al irme a hallar, sin mí me hallo, y no con vos; con que me vengo a quedar sin mí, sin vos y sin Dios. CEUSIS: Yo del imán soberano de vuestros divinos ojos contento estoy, aunque en vano intento que los enojos de mi dios vengue mi mano. Si ir tras su ofensa deseo, mi muerte en mi ausencia veo, y entre los discursos varios de dos afectos contrarios, triste y confuso me veo. LICANORO: Del dios que ignoro, hasta agora principio ninguno hallé. y aunque por saber de él llora el alma, ciega es la fe que a uno busca y a otro adora. Si a Dios busco, a vos no os veo; si os veo a vos, a Dios ignoro; y así está mi devaneo sin vos, por lo que os adoro, sin Dios, por lo que os deseo. CEUSIS: Desde el instante que os vi, toda el alma os entregué; y aunque el agravio sentí de Astarot, también mi fe me ha dejado a mí sin mí. Perdone su ofensa el dios, y dé castigo a los dos; pues me ha de hallar desde aquí con vos, porque estáis en mí, sin mí, porque estoy en vos. LICANORO: Tan corta es la dicha mía que aun ser esperanza ignora. CEUSIS: La mía no; porque sería mostrar, quien sin ella adora, cuán poco al mérito fía. LICANORO: Yo no aspiro a tanto empleo... CEUSIS: Yo aspiro a cuanto deseo... LICANORO: ...y con gusto... CEUSIS: ...y con pesar... LICANORO: ...he de vivir... CEUSIS: ...he de estar... LICANORO: ...sin vos. CEUSIS: ...porque no os poseo.

IRENE: Si sois los que me habláis, dudo, cuando a oír a los dos llego, que a vos os jugzaba ciego y a vos, Licanoro, mudo. LICANORO: Nunca con más causa pudo juzgarlo vuestra hermosura. CEUSIS: Una razón lo asegura bien en mí. LICANORO: Y en mí lo advierte un ejemplo. IRENE: ¿De qué suerte? CEUSIS: Ciego es [a] aquel que la pura luz del sol falta. IRENE: Es así. CEUSIS: Y ciego, Irene, también viene a ser aquel a quien la luz del sol ciega. IRENE: Di. CEUSIS: [......................-í?] Luego en mí este ejemplo cobra fuerza; ciego estoy, pues obra una experiencia tan alta, allí porque luz me falta, aquí porque luz me sobra. LICANORO: ¿Que yo estoy más mudo ahora que estuve entonces allí probar no me toca? IRENE: Sí. LICANORO: Pues oye atenta, señora. Mudo es aquél--¿quién lo ignora?-- que por falta de instrumento no explica su sentimiento; luego yo a estarlo me obligo; pues cuando hablo más, no digo lo menos de lo que siento. Y aunque entonces embargada la voz, pude en algún modo por señas decirlo todo, ya ahora no digo nada; luego si al mirarla atada de otorgarme te desdeñas aun lisonjas tan pequeñas, más mudo vengo ahora a estar, pues no me puedo explicar ni con voces ni con señas.

IRENE: Que estáis ciego y estáis mudo los dos habéis pretendido probar, valiéndoos a un tiempo de cortesanos estilos; y así, que vos estáis mudo no he de creer, habiendo oído atrevimientos tan mal pensados como bien dichos. Que estáis ciego vos creeré más fácilmente, si miro cuán ciego debe de estar quien no ve que habla conmigo, y para que no os parezca por una parte mi juicio tan fácil que le persuaden sofísticos silogismos, ni por otra tan grosero que no os crea, determino repartir entre los dos las dudas y los designios. LICANORO: Si yo pensara enojaros, mármol fuera helado y frío. CEUSIS: Lince fuera yo, aunque viera vuestros enojos esquivos. LICANORO: Porque atento a no ofenderos... CEUSIS: Porque atento a conseguiros, mi afecto os rindo postrado. LICANORO: ...yo os le doy, mas no os le rindo.--

A CEUSIS
Mucho el ver que me compitas con esa arrogancia estimo. CEUSIS: Pues ¿quién te ha dicho que yo, Licanoro, te compito? LICANORO: Lo bien que a ti te estuviera cualquiera igualdad conmigo. CEUSIS: Pues ¿cuándo yo...? IRENE: Bien está; y ya que ostentar los bríos intentáis, para que sea en mejor lid, solicito daros a entender la queja que de los dos he tenido, el valor de que me ofendo y el amor de que me obligo. Usa el gran dios de Astarot con los dos de sus prodigios, póneme a mí en libertad, interrumpe el sacrificio un hombre que al templo llega, extranjero advenedizo, abortado de esos mares, y engendrado de esos riscos. Enmudece nuestro dios, publica el nombre de Cristo, desaparece en el viento y, usando de sus hechizos, aunque le buscan en montes y en ciudades los ministros de mi padre, no le hallan; y para mortal castigo, enojado nuestro dios, nos niega sus vaticinios. Y cuando yo con tan grandes penas me ahogo y me aflijo con más causa, porque el dios de Astarot es dueño mío, después que le consagré alma y vida en sacrificio, antes de vengar su ofensa, tan necios o inadvertidos venís a decirme amores, sin advertir cuánto ha sido indigno de mi fineza quien no es de mi pena digno. [Mía] es la ofensa del dios de Astarot; a mí me hizo aquel asombro el ultraje, el desaire aquel prodigio. Pues ¿cómo, cómo queréis que yo os premie, cuando os miro tan desairados a vista de los sentimientos míos? Y si ostentar pretendéis las altiveces, los bríos, rendimientos y finezas, idos de mi vista, idos; y ninguno vuelva a ella sin traerme algún indicio; que a aquél que me le trajere a favorecer me obligo con la vida y con el alma, que es ofrecerle lo mismo que desagravio, supuesto que por suyas las estimo. CEUSIS: ¿Eso ofreces? IRENE: Esto ofrezco. LICANORO: ¿Eso dices? IRENE: Esto digo. CEUSIS: Pues yo le traeré a tus plantas, si sé por varios caminos pisar montes, sulcar mares, desde donde ese Narciso de los cielos nace en flores, hasta donde muere en vidrio.
Vase
LICANORO: Yo no te ofrezco traerle. IRENE: ¿Por qué? LICANORO: Porque no me animo a tanta empresa, aunque pierda de esa esperanza el alivio. IRENE: ¿Cómo? LICANORO: Como hombre a quien guarda su dios, señora, es preciso seguro estar de nosotros, aun entre nosotros mismos. Y tengo a menos desaire no ofrecer, amante y fino, lo que no sé si podré cumplir después de ofrecido. IRENE: ¡Ay, Licanoro, mal haces! LICANORO: ¿Cómo o por qué? IRENE: No me animo a decirlo yo tampoco; que no me está bien decirlo. LICANORO: Peor me está a mí no entenderlo. IRENE: Pues partamos el camino; yo te diré la mitad de la razón que no digo; adelanta tú al discurso la otra mitad, y preciso será que nos encontremos a entenderlo sin decirlo. LICANORO: Has dicho bien. IRENE: Pues yo empiezo. LICANORO: Y yo, señora, te sigo. IRENE: Al que me traiga a aquel hombre favorecer he ofrecido. Ya he dado yo el primer paso. LICANORO: Yo le doy ahora, y te pido no me mandes eso solo, y verás cómo te sirvo. IRENE: Mucho que tú le trajeras estimara mi albedrío.

Las cadenas del demonio part 5

Return to COMEDIA home page

Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

vwilliam@u.arizona.edu