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Cantan MÚSICOS: "...que deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan."Dentro el DEMONIO DEMONIO: Quien a los dioses ultraja justo es que sus iras sienta, y justo también que goce sus piedades quien los ruega. Y, porque veas que en mí hay castigo y hay clemencia, la luz del sol a tus ojos a restitüirse vuelva. CEUSIS: Gracias te den, dios inmenso, a un tiempo el cielo y la tierra. Feliz quien ver mereció revocada tu sentencia. SACERDOTE: ¡Viva nuestro gran dios! TODOS: ¡Viva! LESBIA: ¡Viva muy en hora buena! LIRÓN: ¡Viva, como me descase, pues que tan poco le cuestan los milagros! REY: Licanoro, pide tú con vivas señas sus favores, y entretanto la música a cantar vuelva.Cantan MÚSICOS: "...pues deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan." DEMONIO: (Aunque las señas que hace Aparte nada conmigo merezcan, la voz le he de dar; pues más me importa ocultar la ofensa que limitar el poder.) Quien mi majestad venera con señas, es justo que ya con voces la engrandezca. LICANORO: Es engaño; porque yo no te he pedido clemencia; a la causa de las causas la he pedido. SACERDOTE: Porque veas que Astarot lo es, ha querido darte como tal respuesta. ¡Viva nuestro gran dios! TODOS: ¡Viva! LICANORO: Aun con ver que me reserva del dañado impedimento que tuvo atada mi lengua, con mi duda quedé. LIRÓN: ¿Han visto cuánto es a la estatua muesa záfil el hacer milagros? Lleguemos nosotros, Lesbia. LESBIA: ¿No ves que está el rey aquí, y no querrá en su presencia ocuparse en pocas cosas? LIRÓN: Yo bien sé cómo pudieras, si el milagro es descasarnos, hacerlo tú, sin que huera menester pedirlo a nadie. LESBIA: ¿Cómo? LIRÓN: Cayéndote muerta. LESBIA: ¡Malos años para vos! REY: Divina deidad eterna, ¿qué víctima, qué holocausto, qué sacrificio, qué ofrenda en hacimiento de gracias puedo yo hacerte que sea más acepto? DEMONIO: Dar a Irene libertad. REY: Mi providencia pervertir quiso sus daños; mas si eso mandas, por ella vayan, señor, al momento.Vase el SACERDOTE. Dentro San BARTOLOMÉ BARTOLOMÉ: ¡Penitencia, penitencia! REY: ¿Qué triste y mísero acento es el que en los aires suena? LICANORO: Nunca se oyó en sus espacios voz tan horrible y funesta. CEUSIS: El sonido de sus ecos el corazón me atormenta. ¡Qué pavoroso rüido! LIRÓN: ¿Cúya será esta voz, Lesbia? LESBIA: A todos turba el oírla. DEMONIO: (Y más a mí el conocerla. Aparte Pero ¿qué temo, qué temo, que el apóstol de Dios venga, si viene a tiempo que tengo, con las mentidas grandezas de mis fingidos milagros, toda esta gente suspensa?) REY: ¡El corazón se estremece! Gran dios, ¿cúya voz es ésta? DEMONIO: Yo te lo diré. (Aquí importan Aparte mis engaños y cautelas.) De un hombre, rey, que a tu corte viene, que tirano intenta quitar de tu mano el cetro y el laurel de tu cabeza. Y aunque otra cosa te diga, ni le escuches ni le creas, y está advertido, porque o le mates o le prendas. REY: Esa palabra te doy. BARTOLOMÉ: ¡Penitencia, penitencia! LICANORO: ¿Qué hombre, cielos será éste?Sale IRENE IRENE: ¡Aguarda, detente, espera! Que, aunque debiera primero rendir gracias y obediencias a dios que me da la vida, y a ti que me la reservas, de este hombre o de este monstruo te quiero contar las señas, ya que viniendo le vi entre el vulgo que le cerca, a cuya vista quedé ni bien viva ni bien muerta, de ver que el gusto de verte me embaracen estas nuevas. LICANORO: (¡Qué peregrina hermosura!) Aparte CEUSIS: (¡Qué soberana belleza!) Aparte IRENE: Es su estatura mediana, su barba y cabello en crencha partida a lo nazareno y de cenizas cubierta, afectando el desaliño más su hipócrita modestia; el rostro es grave, la voz, bien como de una trompeta, armoniosamente dulce y dulcemente tremenda; vivo esqueleto de un vil báculo que le sustenta, es todo su adorno un saco ceñido con una cuerda. Pero ¿para qué repito las señas suyas, si entra ya en el templo? A cuya voz todo el edificio tiembla, cuando en pavoroso acento dice atrevida su lengua...Sale San BARTOLOMÉ BARTOLOMÉ: ¡Cristo es el Dios verdadero! ¡Penitencia, penitencia! LIRÓN: ¡Ay qué voz y qué semblante! Peor cara tiene que Lesbia. LESBIA: Sí; pero mejor que tú, por mala que te parezca. REY: Hombre, aborto de la espuma, que esa marítima bestia sorbió sin duda en el mar, para escupirte en la tierra... LICANORO: Parto de aquesas montañas que, equivocando las señas, para ser fiera, eres hombre, para ser hombre, eres fiera... CEUSIS: Racional nube que el viento para rayo suyo engendra, pues el trueno de tu voz espeluza y amedrenta... IRENE: Prodigio, ilusión y asombro que ha bosquejado la idea de algún informe concepto de soñadas apariencias... REY: ...¿qué mal entendido rumbo... LICANORO: ...¿qué derrotada tormenta... CEUSIS: ...¿qué deshecho terremoto... IRENE: ...¿qué fantástica quimera... REY: ...a estos puertos... LICANORO: ...a estos montes... CEUSIS: ...te trae? IRENE: ...te arroja? REY: ...te echa o te forma para asombro? ¿Qué solicitas? LICANORO: ¿Qué intentas? BARTOLOMÉ: La salud de tantas almas como cautivas y presas de la injusta idolatría tiene la ignorancia vuestra, que dejáis de dar al Dios que es criador de cielo y tierra las alabanzas que dais al bronce, barro y madera de que labráis vuestros dioses. Éste es único en esencia y trino en personas; pues el Padre, que es la primera, ni criado, ni engendrado ni procedido se ostenta de nadie, porque en sí mismo sin fin ni principio reina; el Hijo, que es la segunda de esta soberana esencia, ni criado ni procedido, sino engendrado se muestra del Padre, cuyo concepto siempre incesable se engendra; el Espíritu, que es de aquesta esencia suprema la tercera, ni crïado ni engendrado, es cosa cierta, sino procedido de ambos; que, aunque tres personas sean, no son tres dioses, un solo Dios es no más, una mesma voluntad, un querer mismo y una misma omnipotencia. Uno es el Padre, uno el Hijo, y de la misma manera uno el Espíritu; pero no son tres con diferencia, no es fingido simulacro, en cuya errada asistencia habla el espíritu impuro del demonio. REY: Ten la lengua; que nuestros dioses infamas. IRENE: No prosigas, cesa, cesa; que su gran poder ofendes. CEUSIS: ¿Qué imposibles sutilezas son [a] las que nos persuades? LICANORO: Tente, Ceusis; no le ofendas, hasta entender sus razones. REY: ¿Qué razones? Todas ellas son para darme la muerte. BARTOLOMÉ: No son sino vida eterna. REY: Cuando eso fuera verdad, ¿cómo quieres que lo crea, que este simulacro hermoso virtud divina no tenga, si, cuando vienes, estamos dándole gracias inmensas de dos milagros tan grandes como dar su providencia vista al ciego y voz al mudo? BARTOLOMÉ: Sabiendo que todas esas obras caben en la margen de la gran Naturaleza, habiendo puesto primero el impedimento en ella, como angélica criatura, capaz de todas las ciencias. Prosigue sus sacrificios y di, si de dios se precia, que, estando yo aquí, responda a alguna pregunta vuestra. DEMONIO: Sí responderé. BARTOLOMÉ: No harás; que yo con esta cadena de fuego, en nombre de Dios, tengo de ligar tu lengua. Habla ahora.-- Preguntadle; decid que os dé la respuesta.Al báculo que trae BARTOLOMÉ, que será a modo de cruz, se pondrá una bombilla y se encenderá por debajo CEUSIS: Gran dios de Astarot, tu nombre hoy se ilustre y engrandezca. Vuelve por ti, con decirnos lo que este bárbaro intenta. DEMONIO: (No puedo hablar--¡ay de mí!-- Aparte porque cautivas y presas con cadena están de fuego mis acciones y mis fuerzas.) No me aflijas, no me aflijas, Bartolomé; que ya deja mi engaño este ídolo mudo, faltándole mi asistencia. Y así cúbranme la faz caliginosas tinieblas que den al cielo pavor, que den asombro a la tierra.Cubren el altar BARTOLOMÉ: ¿Cuánto es más, quitar a un dios vista y voz, que no el que pueda dar a otros voz y vista? CEUSIS: Eso fuera, si no fuera valido de los encantos y mágicas apariencias de que usáis los galileos todos, de hechizo y quimera. ¡Muera a mis manos quien viene a alterar la patria! TODOS: ¡Muera! LICANORO: Dejadle; que hasta ahora no sabemos que nos ofenda. IRENE: Sí sabemos, pues que viene a introducirnos ley nueva de un dios que ignoramos, siendo la gran provincia de Armenia patrimonio de los dioses y de nosotros herencia, desde que la primer nave tomó en sus cumbres excelsas puerto, sobre cuya cima incorruptible se asienta. BARTOLOMÉ: Y aun por eso aquí de Cam la réproba descendencia obra con su idolatría en vuestros pechos impresa. REY: No lo escuches. CEUSIS: No le oigas. ¡Muera a nuestras manos! TODOS: ¡Muera! BARTOLOMÉ: Para otra ocasión el cielo mi vida guarda y reserva.Quieren acometer a BARTOLOMÉ, y él vuela LIRÓN: Hecho una bestia he quedado.Vase LESBIA: Siempre tú eres una bestia.Vase REY: Seguidle todos, buscadle, hasta traerle a mi presencia.Vase SACERDOTE: Sacrificio le he de hacer de aquestas aras sangrientas.Vase IRENE: La primera seré yo que le dé la muerte fiera, pues como esclava me toca del dios de Astarot la ofensa.Vase CEUSIS: Yo bien quisiera seguirle, mas la divina presencia de Irene me lleva el alma. LICANORO: A mí también me la lleva, y por eso no le sigo. (Aunque el seguirle yo fuera, Aparte no para darle la muerte, mas para que luz me ofrezca de si el dios que yo imagino es como el dios que él enseña.)FIN DE LA JORNADA PRIMERA
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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