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DEMONIO:       Sí haré.  ¿Qué es lo que deseas
               ver más del mundo?
IRENE:                           Aunque tengo
               en mal formadas especies
               retratados mil objetos
               que me llevan la atención,
               a esos dos jóvenes, puesto
               que ellos dices que han de ser
               de mi libertad el medio,
               quisiera ver.
DEMONIO:                     Pues yo haré
               que los veas en los mesmos
               ejercicios que ahora están
               divertidos. (Aquí, infiernos,          Aparte
               he menester vuestra ayuda,
               pues para la lid que espero
               es necesario tener 
               tan [pervertido] este reino
               que en él no halle entrada aquella
               nueva ley del Evangelio
               que los apóstoles van
               por todo el orbe esparciendo.)
               Vuelve los ojos, Irene;
               verás lo que a este momento
               tratando Ceusis está.

Sale CEUSIS tras un CRIADO con la daga desnuda
IRENE: Ya le veo, ya le veo, a cuyo asombro me admiro. CEUSIS: ¡Villano! ¡Viven los cielos, que has de morir a mis manos! CRIADO 1: ¿Yo, señor, qué culpa tengo de que Marcela te trate con desdenes y desprecios? CEUSIS: Si tú de mí la dijeras que he de ser yo el heredero de Armenia, porque mi hermano no tiene merecimientos para competir conmigo, claro está que fueran menos sus rigores. CRIADO 1: Tanto adora a su esposo que por eso presumo que no te admite. CEUSIS: Añade, entre los que tengo de dar la muerte en reinando, a ese atrevido, a ese necio que con su propia mujer se atreve a darme a mí celos. CRIADO 1: Teme, señor, que los dioses castiguen tu atrevimiento. CEUSIS: ¿Qué dioses se han de atrever a castigarme, si ellos me dieron vista con que mirase lo que apetezco? Acusen su providencia, pues ella fue el instrumento para mi culpa; o si no, preciados de justicieros quítenme la vista, si con la vista los ofendo. DEMONIO: (Aquí, para ser más malo, Aparte me importa parecer bueno; y pues que me ha dado Dios permisión, por sus decretos, para usar de naturales causas, con ellas me atrevo a entorpecerle los ojos, con que dos nombres adquiero, el de justiciero ahora y el de milagroso, luego que a la vista que le turbo le quite el impedimento.) CRIADO 1: ¿Eso dices? CEUSIS: Esto digo.
Finge estar ciego
Mas, ¡ay infeliz! ¿Qué es esto? ¿Qué se nos ha hecho el día, que a media tarde, cubierto de pardas nubes, fallece? ¿Dónde se ha ido el sol huyendo, sin permitir que la luna substituya sus reflejos en el horror de la noche? CRIADO 1: ¿De qué haces tantos extremos? ¿Qué tienes? CEUSIS: Perdí la luz, y con mil sombras tropiezo. ¡Ay de mí, rabiando vivo! ¡Ay de mí, rabiando muero!
Vase CEUSIS, guiándole el CRIADO
IRENE: Confusa estoy y turbada. A hablar --¡ay de mí!-- no acierto. DEMONIO: Para quitarte ese horror, ve a Licanoro. Arguyendo con un sacerdote mío está; escucha el argumento.
Salen LICANORO y el SACERDOTE
LICANORO: Dime, puesto que tú eres tan sabio, docto y maestro, ¿qué libro es éste que acaso hallé entre otros que tengo, que, por más que en él estudio, ni sus principios entiendo, ni sus misterios alcanzo ni su doctrina comprendo? SACERDOTE: ¿Cómo es el título? LICANORO: El Génesis se dice, voz que en hebreo creación quiere decir. SACERDOTE: Pues ¿cómo empieza? LICANORO: Oye atento; "En el principio crïó Dios a la tierra y al cielo." SACERDOTE: No prosigas, si no dice qué dios. LICANORO: Mi duda está en eso. De un Dios habla solamente, poderoso, sabio, inmenso, criador del cielo y la tierra. SACERDOTE: Pues no le leas, supuesto que niega los demás dioses. LICANORO: Antes le estimo por eso; que no es posible que aquesta fábrica del universo sea obra de dos manos; y más si el lugar advierto del filósofo que dice lo que es ser Dios, infiriendo que es sólo un poder y un solo querer. Prosigue diciendo, "La tierra estaba vacía, nada eran los elementos, y el espíritu de Dios iba, estándose en sí mesmo, llevado sobre las ondas." SACERDOTE: Ni lo alcanzo ni lo entiendo. LICANORO: Yo tampoco. De Dios dice que iba el espíritu inmenso llevado sobre las ondas, sin decir qué dios. SACERDOTE: De ahí veo cuán como rústico escribe el autor que le ha compuesto, pues nada prueba. LICANORO: Antes mucho. Oye, a ver si te convenzo. DEMONIO: (Sí harás; que ya tu discurso Aparte por otros actos penetro. Pero yo, antes que lo digas, impediré el instrumento de tus voces. Habla ahora, que yo tu lengua entorpezco.) SACERDOTE: Pon el argumento, empieza; que a todo responder pienso. LICANORO: Quien dice dios, absoluto poder dijo. SACERDOTE: No lo niego. Prosigue. LICANORO: (No puedo hablar.) Aparte
Titubea
SACERDOTE: ¿Qué tienes? LICANORO: (No sé qué tengo; Aparte que el corazón a pedazos se quiere salir del pecho al ver que muda la lengua articula los acentos.) SACERDOTE: ¿Qué tienes?--Por señas solas habla, y con raros extremos al cielo y la tierra mira, y va de mi vista huyendo. LICANORO: (¡Ay de mí, rabiendo vivo! Aparte ¡Ay de mí, rabiando muero!)
Vanse LICANORO y el SACERDOTE
IRENE: Con no menor pasmo --¡ay triste!-- me dejó aqueste suceso que el pasado. DEMONIO: Mis piedades les darán la vista luego y la voz que les quitaron, porque hablaron con desprecio mío. Mira a qué poder te entregas. IRENE: Yo me confieso tuya, Astarot, en la vida y en la muerte. DEMONIO: Yo lo acepto. IRENE: ¡Ay de mí, rabiando vivo! ¡Ay de mí, rabiando muero!
Vanse. Salen LESBIA y LIRÓN llorando
LIRÓN: ¡Ay! LESBIA: ¿Por qué lloras? LIRÓN: Probar quisiera si conseguir puedo en todo este lugar, ya que a nadie hago reír, hacer a alguno llorar; pues si la causa te digo del mal que traigo conmigo, fuerza es que antes y después lloren todos. LESBIA: ¿Qué mal es? LIRÓN: Estar casado contigo. LESBIA: Pues ¿cuándo pensasteis vos tener mujer de esta cara? LIRÓN: Eso nunca; que--¡por Dios!-- que si una vez lo pensara, que no lo llorara dos. LESBIA: La causa saber espero. LIRÓN: ¿Qué mayor, si considero a cuán pocas satisfizo de las cuentas que me hizo contigo el casamentero? Porque él me dijo, "Lirón, casaos; que es mucha razón el que tenga un hombre honrado casa, familia y estado. Vos, con aquesa ración que tenéis de barrendero de este tempro, y con tener quien lo gobierne, si infiero que en manos de la mujer luce doblado el dinero, lo pasaréis, craro está, como un rey; porque es así, que a eso se juntará su hacienda, y de aquí y de allí la gracia de Dios vendrá." Caséme, viéndole habrar tan sin duelo y sin mancilla, y la honra que vine a hallar son mujer, casa y familia que tener que sustentar. Lo que yo solo comía, lo como ahora en compañía, y el locirlo tú es engaño; pues no gano yo en un año lo que gastas tú en un día. Sin que de aquí ni de allí un pan me venga siquiera, ni la gracia de Dios quiera más acordarse de mí que si en el mundo no huera. Y así de aquesta africión, pues que le barro su tempro, le he de pedir a Astarón me libre; que, si contempro cuántos sus milagros son, que sana al cojo, al tullido, al manco, al ciego, al baldado, mayor milagro habrá sido sanar a un hombre casado del achaque de marido. LESBIA: Yo también al tempro iré, y a Astarón le pediré que, si en otra ha de empezar la grande obra de enviudar, en mí sea; que yo sé que me oirá mijor a mí, mentecato, que no a vos. LIRÓN: ¿Por qué, Lesbia? LESBIA: Porque sí. LIRÓN: Pues vamos juntos los dos habrándole desde aquí. LESBIA: Astarón de gran poder... LIRÓN: Dios adorado y querido... LESBIA: ...duélos mirar... LIRÓN: ...duélaos ver... LESBIA: ...el talle de mi marido. LIRÓN: ...la cara de mi mujer. LESBIA: Dadme modo... LIRÓN: Dadme traza... de librarme de esta maza... LESBIA: ...de quien él la mona ha sido... LIRÓN: ...que, si hacéis esto que os pido... LESBIA: ...que, si esto hacéis...
Dentro
VOCES: ¡Plaza, plaza! LIRÓN: ¿Qué ruido aquéste será? LESBIA: Yo la causa de él no dudo; porque, viendo el rey que está un príncipe de esos mudo y el otro ciego, querrá traerlos al tempro a ofrecer sacrificio, para ver si así en la gracia conquista de Astarón su habra y su vista. LIRÓN: Pues no tenemos que her por hoy mosotros, que tiene mucho que her nuestro dios; y así por hoy más conviene [.......................ós?] [......................ene?] irnos. LESBIA: No conviene tal; que mijor es asistir para ver en caso igual cómo le hemos de pedir la cura de mueso mal.
Ábrese el templo, y salen el REY, CEUSIS, LICANORO, el SACERDOTE y MÚSICOS
REY: Inmensa deidad bella de esta patria felice, pues en ella tu imagen venerada se ve, en templos y altares colocada, en ti la pena mía la fe con que te busca hallar confía favores y piedades, restituyendo al alma sus mitades. Y, puesto que mi celo, por excusarle la ojeriza al cielo, a Irene--¡suerte esquiva!-- muerta la llora y la sepulta viva, ya que otro arrimo ni descanso tengo que estos báculos dos, en quien prevengo descansar del prolijo peso del reino, con que ya me aflijo... CEUSIS: Si yo, por obligarle, pudiera--¡ay infeliz!--sacrificarle vida y alma, lo hiciera, porque a la luz del sol restituyera la ciega vista mía. ¡Oh cuán triste es la noche sin el día! LIRÓN: ¿Esto es ser ciego? ¡Ay Dios, y quién lo fuera! LESBIA: ¿Por qué? Di. LIRÓN: Porque habrara, y no te viera.
A LICANORO
REY: ¿A los cielos me enseñas? ¿Qué me quieres decir con esas señas? Solo "uno" me señalas; con tu dolor a mi dolor igualas. ¿Qué dices? No te entiendo. SACERDOTE: Yo sí; que su concepto comprehendo. Dice que, si él hubiera de pedir el remedio, le pidiera al dios que solo es uno. REY: De oírlo se alegra. ¿Haber puede ninguno de absoluto poder? Ése es engaño. Busca el remedio donde hallaste el daño.-- Todos al templo entremos; que no dudo que en él piedad hallemos. SACERDOTE: Ya desde aquí la imagen se termina, y corren a sus aras la cortina. REY: Con músicas vosotros y con voces los altos cielos penetrad veloces.
Cantan
MÚSICOS: "Grande prodigio de Asia, dios de la inferior Armenia, nuestros lamentos escucha, atiende a las voces nuestras; pues deidades supremas ni esconden el rigor ni el favor niegan."
Descúbrese el ídolo
REY: A ti, deidad soberana, con dos aflicciones llega quien más tu grandeza adora, quien más tu culto venera; a Ceusis y a Licanoro, gran dios, traigo a tu presencia, uno ciego y otro mudo. En mí y en ellos ostenta lo sumo de tu poder, lo inmenso de tu grandeza. CEUSIS: Si pequé soberbio, humilde ya el perdón te pido; muestra que tiene la humildad premios, si castigos la soberbia; pues tu dulce voz süave nos advierte y nos enseña...

Las cadenas del demonio part 3

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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