GUACOLDA: Inés.Sale GLAUCA GLAUCA: ¿Qué mandas? GUACOLDA: Que cierres de ese aposento la puerta y traigas la llave. Virgen soberana, madre y reina de hombres y de ángeles, llegue día en que nos amanezca tu aurora en Copacabana.Vase GLAUCA: La llave no da la vuelta, y temo que he de quebrarla si porfío; quede puesta en la cerradura, pues aquí nadie sale ni entra.Al irse por una parte, sale por otra TUCAPEL TUCAPEL: ¡Cé, Glauca, Glauca! GLAUCA: ¿Quién es? ¿Quién de ese nombre se acuerda? TUCAPEL: El menor marido tuyo, que humilde tus plantas besa. GLAUCA: Mejor dirás mi mayor quebradero de cabeza. Ven acá, bestia en dos pies, que son las peores bestias. Si sabes que nuestro amo, obligado a la fineza con que a su esposa la tuve disfrazada y encubierta, apenas se vio en su casa, cuando nos redujo a ella, en tiempo de tantas hambres, ansias, pestes y miserias; si sabes que no queriendo admitir la verdadera ley que ellos y yo admitimos, durando siempre aquel tema de los pasados furores, fantasías y quimeras que ha tiempos de ti te privan, te echó de casa, con pena de que si volvías a entrar idólatra por sus puertas, te había de moler a palos, ¿cómo con tal desvergüenza osas llegar hasta aquí, sin que su castigo temas? TUCAPEL: Como la necesidad tiene una cara de hereja tan mala, que es menor daño el ver la tuya que el verla. Desacomodado y pobre perezco, y viéndole hoy fuera de casa, me atreví a entrar a pedirte que te duelas en este estado de mí; porque esperar a que sea cristiano será imposible, que hay otro yo que en mí reina, a quien ofrecí alma y vida cuando presumí que fuera la sacerdotisa quien me había traído a tu presencia. GLAUCA: Pues dile a ese señor diablo que tus acciones gobierna, que yo digo que es un tonto, pues ya que a pedir te fuerza, pedir diciendo pesares es política muy necia. Con esto, y con que en tu vida ni me hables ni me veas, vete, o no te vayas, pues podrá ser que el amo venga, y a los susodichos palos ejecute la sentencia.Vase TUCAPEL: Oye, aguarda... No es posible seguirla sin que me vea la demás gente de casa; y ya que solo me deja en este zaguán, adonde hay a un aposento puerta, y está en él la llave, tengo de ver si hay algo que pueda llevarme hazia allá con que repare alguna pequeña parte a mi necesidad.Mira por la cortina sin correrla Más ¡qué inutil diligencia, pues todo cuanto hay aquí son sólo cuatro herramientas y una mal formada estatua! ¿Quién creerá ser tan adversa la infame de mi fortuna, que ya que a hurtar me resuelva cuando me da la ocasión, me quite la conveniencia? Pero por poco que valgan cepillos, cinceles, sierras y escoplos, algo valdrán; con todos cargar pretenda.Vase sin abrir la cortina. Habla dentro la IDOLATRÍA IDOLATRÍA: ¡Ladrones, ladrones! TUCAPEL: ¡Cielos! Muerto soy si aquí me encuentran. ¿Quiera mi suerte... IDOLATRÍA: ¡Ladrones! TUCAPEL: ...que acierte dar con la puerta?Suena dentro ruido como que tropezando derriba el taller y sale huyendo, y al irse él, sale la IDOLATRÍA IDOLATRÍA: Sí darás, porque estas voces sólo en tus oídos suenan, articuladas de mí, porque al ir huyendo de ellas, te haya hecho el temor que en todo tropieces como tropiezas, para que sin que haya mano tan sacrílega, tan fiera, tan bárbara, tan enorme, que ejecute la violencia de derribar esa estatua, la halle quebrada y deshecha su artífice; que aunque yo por mano del hombre pueda, ya lo dije, obrar insultos, no sé qué tiene ésta aun ni imagen de María, que su respeto me fuerza a haber hecho en el acaso tolerable indecencia. Diga la historia que halló su fábrica descompuesta, mas no diga que hubo quien osase descomponerla. ¿Quién creerá que cuando estoy huída, arrojada y depuesta de tan alta monarquía, de magestad tan suprema, como en esta mayor parte del mundo tuve sujetas a mi imperio tantas gentes, tantos mares, tantas tierras y tantas adoraciones, sólo gima, llore y sienta pensar que en Copacabana, que el adoratorio era del gran ídolo de Faubro, cuerpo que con tres cabezas equivocaba lejanas noticias de que Dios sea uno y trino, se ha de ver, ¡ay de mí!--la imagen puesta de María? Porque es cerrarme todas las puertas a la esperanza de que jamás a cobrarse vuelvan imperios, aras ni altares que...y sé que donde llega la devoción de María, para siempre viva y reina. ¿Pues qué si a aqueste dolor se añade, que no hay pequeña circunstancia que no aflija, si entre las grandes se encuentra, el ver que un indio bozal, sin más arte ni más ciencia que un rasgo, un viso, un bosquejo, que él se dibujó en su idea, se persuade a que ha de hacer escultura tan perfecta, que, retrato de María, ser colocada merezca? Bien sé cuánto es imposible conseguirlo su torpeza, mas la fe con que la labra me ofende de tal manera, que por vengarme en la fe aun más que en la suficiencia no ha de haber medios que no ponga astucias y cautelas, no sólo en desvanecer el afán de sus tareas, pero el afecto a que aspira, haciendo que no le tenga la congregación; a cuya causa moveré pendencias, rencillas y disensiones entre aquesas dos opuestas familias, de suerte que tan desde luego se enciendan, que desde luego se escuche decir a espadas y lenguas...Hablan voces dentro Ella y UNOS: ¡Mueran oy los Anasayas! Ella y OTROS: ¡Hoy los Urisayas mueran!Vase la IDOLATRÍA, y salen acuchillándose de una parte ANDRÉS, y de otra, IUPANGUI, y en dos bandos todos los indios que puedan, y TUCAPEL ANDRÉS: ¡Aquí, deudos! IUPANGUI: ¡Aquí amigos! TUCAPEL: Ver de lejos, ¿no es gran fiesta cuchilladas? VOZ: Pára, pára.Sale el GOBERNADOR GOBERNADOR: Acudid, todos apriesa. Tened, apartad. ¿Qué es esto? ¿En cuarto días de ausencia hace mi persona falta, de suerte que lo que encuentra primero es un alboroto tan grande? IUPANGUI: Que me detenga tu respeto, es justo. ANDRÉS: Sólo él mi cólera pudiera suspender. GOBERNADOR: Esa atención por ahora os agradezca el no enviaros a una cárcel, hasta que la causa sepa, por si antes de escribirla es capaz de componerla. ¿Qué ha sido esto? IUPANGUI: Andrés Iayra lo dirá, que es bien prefiera la autoridad de sus canas, y fío de su nobleza que no dirá cosa que no esté en toda razón puesta. ANDRÉS: En fe de esa confianza, usaré la licencia. Yo, señor, que un tiempo fui, bien como todos, de aquella idólatra ceguedad que creyó que el sol pudiera, siendo sin alma y sin vida, sólo un material planeta, habernos dado a su hijo; oyendo la diferencia que hay de criador a criatura, y viendo las excelencias de ley tan en natural razón, que para creerla, sin sus milagros, bastara la suavidad de sí mesma; convencido en mi pasado error, la admití y con ella la piadosa esclavitud de la gran patrona nuestra. He asentado este principio para que nunca se crea pue es relajación en mí, haber hecho resistencia a que mientras que no haya decente imagen que pueda colocarse, estén la obra y la esclavitud suspensas. En esto yo y mis parciales hablamos, y como llegan las voces de un barrio a otro tan otras que no son ellas, quejoso Francisco Inca, de que yo hiciese en su ausencia junta sin él, llegó a hablarme con más pasión que paciencia. Yo también, no me disculpo, debí de dar la respuesta sin paciencia y con pasión; de suerte que a las primeras razones, viendo él y yo cuanto mejor se remedia una injuria de la espada, llegamos a lo que has visto. Diga él si hay más causa que ésta. IUPANGUI: ¿Cómo puedo y negar que ésa es la verdad, si es vuestra? Sólo añadiré, señor, que reñimos tan apriesa, que no hubo lugar de que lo que iba a decirle sepa; y así, permitid que aquí diga lo que allá dijera. GOBERNADOR: Decid. IUPANGUI: Concedo que erré el la escultura primera la materia de la imagen que ofrecí; y en consequencia de que hay humano yerro que no le dore la enmienda, de las varas del maguey, por ser preciosa madera e incorruptible, otra imagen, desbastadas las cortezas, del corazón he labrado, por parecerme que sea corazón e incorruptible, de ambos decente materia. A satisfacer con esto a unos, de que imagen tengan, y a otros, de que mi retiro no de otra causa proceda, iba, cuando, ya lo dijo Andrés, la cólera nuestra no dio a pláticas lugar. Y puesto que tu presencia le da, y que lo que ahora digo es lo que entonces dijera, quien quiera satisfacerse de verdad tan manifiesta, en buen paraje se halla, pues está mi casa cerca. GOBERNADOR: Yo, no por satisfacerme, pues fuera dudarlo ofensa, la hechura iré a ver, por sólo la curiosidad de verla. TODOS: Todos sirviéndote iremos. IUPANGUI: Venid, pues. TUCAPEL: (Porque no tenga Aparte sospecha de que yo fui el que dio con todo en la tierra, con ellos iré, que no hay mejor quitasospechas que el no huir el agresor.Entran por una puerta y salen por otra IUPANGUI: Antes que os abro la puerta donde la imagen está, habéis de oirme una advertencia. GOBERNADOR: ¿Qué es? IUPANGUI: Que estando sólo en blanco, haber de suplir, es fuerza, ahora en lo que no es, lo que será cuando tenga la encarnación de los rostros y manos, y la viveza de la estofa del ropaje, que es lo que no he de ponerla yo, sino un pintor que dora el retablo de la iglesia, que en la ciudad de la Paz, la orden de Francisco ostenta. GOBERNADOR: Claro está que en blanco, sólo da de lo que ha de ser muestra. IUPANGUI: Pues con esta prevención, la imagen que labré es ésta.Corre la cortina, y se ve el taller derribado, la estatua deshecha y los instrumentos esparcidos TODOS: ¿Qué imagen? IUPANGUI: ¡Cielos! ¡Qué miro! GOBERNADOR: Que aquí sólo a verse llegan mal desunidos pedazos, que esparcidos por la tierra, no sólo imagen son, pero aun de serlo no dan señas. ANDRÉS: ¿Esto es lo que nos traéis a ver con tan satisfecha presunción? GOBERNADOR: ¿Cómo en disculpa no habléis de esta inadvertencia? IUPANGUI: Como un dolor, que en menores pedazos que ésos, me quiebra el corazón en el pecho, ha embarazado a la lengua la voz, y tras ella el uso de sentidos y potencias. ANDRÉS: Bien se ve que esto no es más que un imaginario tema de María; y pues que tengo tan a vista la evidencia de lo poco que esto puede venir a ser, no os parezca rebeldía el mantener que hasta que haya imagen bella, no ha de haber congregación. Y ansí, vos, por vida vuestra, que esto de labrar estatuas lo dejéis a quien lo entienda. GOBERNADOR: ¿Quién os persuadió a que pudo haber, sin estudio, ciencia? TUCAPEL y UNOS:¡Qué delirio! OTROS: ¡Qué locura!Vanse IUPANGUI: Por más que todos me afrentan, perdido desvelo mío, me aflige y me desconsuela más el mirar vuestro ultraje, que el padecer mi vergüenza. Si es, Señora, esto en castigo de que un bruto indio se atreva a copiar vuestra hermosura, humildemente sobre estas, antes que fábricas, ruinas, os ruego, pecho por tierra que me quitéis la aprehensión o me déis la suficiencia; porque mientras que de vos o el olvido no me venga, o no me venga el favor, por mí no ha de quedar esta viva fe de que he de veros en Copacabana puesta en alto solio, y...Sale GUACOLDA GUACOLDA: Francisco, ¿qué es esto? Que la pendencia antes, después el concurso de gente, absorta y suspensa me tuvo. Sepa qué ha sido. IUPANGUI: ¿Qué quieres, María, que sea sino poca suerte mía?Corre la cortina Mira... Pero no lo veas; no te quiebre el corazón ver mi dicha en polvo envuelta. ¿Quién aquí cuando salí entró? GUACOLDA: Nadie, que yo sepa. IUPANGUI: Pues sabrás...Dentro GLAUCA GLAUCA: ¿Qué atrevimiento es éste? ......... [ e-a] IUPANGUI: ¿Qué es eso, Inés?Salen GLAUCA y TUCAPEL GLAUCA: Que no sólo aquí Tucapel se entra, pero no hay como echarle de casa. TUCAPEL: (Mi muerte es cierta.) Aparte IUPANGUI: Ven acá. ¿No te he mandado que no entres por esas puertas? TUCAPEL: La novedad de entrar todos me permitió la licencia. IUPANGUI: ¿Y cuando todos se van, cómo tú sólo te quedas? TUCAPEL: Como aunque más lo procuro, nunca encuentro con la puerta. IUPANGUI: ¡Qué necia desculpa! Pero aunque castigar divierta de otra suerte tu osadía, no ha de ser sino aquesta... entra a esa cuadra... TUCAPEL: (Los palos Aparte llegaron, pues quiere vea el daño que hice.) IUPANGUI: ...y en una caja que hallarás en ella, pon cuanto en ella hallares de instrumentos y herramientas, y carga con ello, y ven conmigo, porque tú a cuestas lo has de llevar donde yo te mandare. TUCAPEL: Considera... IUPANGUI: ¿Qué? TUCAPEL: ...que no podré llevarlo. IUPANGUI: ¿Por qué? TUCAPEL: Porque y experiencia tengo de que para eso no alcanzan, señor, mis fuerzas. IUPANGUI: No repliques; que ha de ser. TUCAPEL: No ha de ser. IUPANGUI: Sí ha de ser. Entra; que es servicio de María. TUCAPEL: Ya el obedecerte es fuerza.Vanse GLAUCA y TUCAPEL IUPANGUI: Tú, querida esposa mía, dame a una ausencia licencia; que nadie ha de verme hasta que con la escultura vuelva hecha toda una ascua de oro, por si suple la riqueza lo que el arte le ha faltado. GUACOLDA: ¿Para eso pides licencia, cuando para eso aun mi amor te rogara que te fueras? Sólo me pesa que esté, de pestes, hambres y guerras, tan en necesidad suma nuestro caudal, que cubierta no la puedes traer, Francisco, de oro, diamante y perlas. Pero ya que no es posible, débate yo una fineza. IUPANGUI: ¿Qué es? GUACOLDA: Que te lleves contigo las pocas pobres joyuelas que me han quedado; y si no te bastare el precio de ellas para pagar el dorado, con una "S" y clauo sella mi rostro; que pues esclava dos veces de María bella, una, y otra tuya soy, a ninguno hará extrañeza ver que esclava de dos dueños, uno para otro me venda. IUPANGUI: ¿Qué quieres que te responda, sino que no me enternezcas? Yo llevo con qué pagar. GUACOLDA: Pues ya está la caja puesta, y con ella Tucapel, esperándote a la puerta. IUPANGUI: Dame los brazos, y adiós. GUACOLDA: Él con bien a ellos te vuelva. IUPANGUI: ¡Quién no sintiera el dejarte! GUACOLDA: ¡Quién el verte ir no sintiera! IUPANGUI: ¡Qué pena! GUACOLDA: ¡Qué dolor!Vanse cada uno por su parte, y sale por el medio la IDOLATRÍA IDOLATRÍA: ¿Qué dolor puede ser? ¿Qué pena la que empezando en ultraje, camina a ser excelencia? ¿Qué es esto, cielos? ¿Tan firmes raíces prende, flores echa y frutos brota una planta de fe en tan árida tierra como el corazón de un indio, que no impidan a que crezca ni el ábrego de mis iras ni el cierzo de mis violencias? qué me ha servido--¡ay triste!-- que en la escultura primera oyese tantos baldones, ni que en la segunda vuelva con nuevo escarnio de todos a ver ruinas y oír afrentas, si nada le desconfía, si nada le desespera? Y antes de los mismos medios que usé yo para romperla, usa él para fabricarla, pues me obliga, pues me fuerza en aquel indio a quien yo asisto a que le obedezca, siendo yo misma en mi agravio cómplice contra mí mesma, pues puse a servir un noble espíritu de soberbia. Y aun no para aquí el prodigio de su fe, sino en que quiera mi cólera adelantarme, mal valida de mis ciencias todo su triunfo, porque antes de ser le sienta. Dígalo el que, sincopando el tiempo, le veo que llega ya al dorador, a quien oigo qué le dice.Salen a una parte del tablado IUPANGUI y un DORADOR IUPANGUI: Yo quisiera, pues ya habéis visto la imagen, que lo que yo en componerla tardé, tardéis en dorarla, porque de aqueste manera no perdamos tiempo. DORADOR: Amigo. lo que he sacado de verla es que vuestro celo es bueno, mas la habilidad no es buena. Cuánto gastéis en dorarla perderéis, pues imperfecta siempre ha de quedar, supuesto que está tan sin arte hecha, tosca y mal pulida. IUPANGUI: Eso no corre por vuestra cuenta.
La aurora en Copacabana part 9
Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham
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