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GLAUCA:        Tucapel, no una aprehensión
               tanto tu discurso engañe;
               que aquesa aldeana es 
               mi hermana que a acompañarme
               vino en tu ausencia.
TUCAPEL:                           ¡Qué presto,
               lisonjeramente afable,
               viendo que su gusto es ése,
               te pones de su parte!
               Pero una cosa es que ella
               modestamente recate
               sus prodigios, y que tú
               complacer con ella trates,
               y otra, obligarme las dos
               a que yo ingrato los calle.
               Sepa el mundo mis venturas...

Grita
¡Moradores de estos valles, vecinos de aquestas selvas! GUACOLDA: No los nombres. GLAUCA: No los llames. TUCAPEL: ¿Cómo no? De igual bien, todos han de ser participantes.
Grita
¡Vuestro antiguo compañero, Tucapel, os llama a darle, venid todos, de sus dichas el parabien!
Dentro VILLANOS
UNO: ¿No escuchastéis sus voces? TODOS: Sí. UNO: Pues lleguemos todos a verle y hablarle.
Salen unos VILLANOS
TODOS: Tucapel, muy bien venido seas. TUCAPEL: Que a todos abrace es mi mejor bienvenida. VILLANO 1: Desde el día que faltaste de la marina, por muerto le tuvimos. TUCAPEL: Dios os guarde por la merced. VILLANO 2: ¿Es posible que te vemos? TUCAPEL: ¿Véis cuán tarde os pareczca que he venido? Pues ha sido por el aire, gracias a aquesta deidad. No te escondas, no te apartes; que es bien que sepan la mucha piedad que conmigo usaste. Ella es la que prodigiosa ha tratado mi rescate. Llegad, llegad porque todos la déis gracias de mi parte. TODOS: Todos a tus pies rendidos, te estimamos que le ampares y nos le traigas. GUACOLDA: (¿Quién, cielos, Aparte pudo nunca semejante acaso prevenir?) GLAUCA: (Dimos Aparte con todo el secreto al traste si la conocen.)
Aparte los VILLANOS
VILLANO 1: ¿No es ésta, si no es que el deseo me engañe, aquella sacerdotisa que por no sacrificarse, del templo huyó? VILLANO 2: Sí, y por quien tantas diligencias hace Guáscar, que a quien diga de ella ofrece tesoros grandes. VILLANO 3: Famosa ocasión tenemos para enriquecer con contarle que está aquí, pues según dice la gente que va delante, a Copacabana viene a que el sol su enojo aplaque, para volver a la lid. VILLANO 1: Supuesto que estos villajes el paso son, al camino le salgamos para darle la nueva. VILLANO 2: Disimulemos. VILLANO 3: Tucapel, justo es descanses; después de espacio hablaremos. TUCAPEL: Sabréis sucesos notables. Id ahora con Dios. TODOS: Adiós.
Vanse los VILLANOS
TUCAPEL: Glauca, ¿qué hay con que regales a tal huéspeda? GLAUCA: ¡Bien digo yo, oyendo tus disparates, que fuiste simple y que vienes loco, que es...¿no me escuchaste? ...mi hermana! TUCAPEL: ¿También a mí me escuchaste tú, que en balde, por complacerla a que no es quien yo sé, me persuades? Y cuando tú, por llevar tus lisonjas adelante no la agasajes, sabré traer yo con qué la agasaje, pues por lo menos estamos en tan goloso paraje, que no faltarán tortillas de maíz y chocolate.
Vase
GUACOLDA: ¿A qué más pudo llegar mi desdicha? Ya quedarme aquí no es posible, ni irme: quedarme, por si se esparce quien soy; ni irme, pues no sé dónde Iupangui me halle. GLAUCA: Sólo un medio se me ofrece. GUACOLDA: ¿Qué es? GLAUCA: Por si vuelve, oye aparte.
Hablan las dos aparte, y sale IUPANGUI
IUPANGUI: (Vehemente aprehensión, que siempre Aparte me estás poniendo delante aquella hermosa deidad que vi iluminando el aire. Deja, deja de seguirme siquiera un rato, en que allane que el vivir absorto, no es dejar de vivir amante.) Hermosa Guacolda mía, si otros hicieron constantes los instantes de la ausencia siglos, no--¡ay de mí!--te espantes que hallándolos yo hechos siglos, los haya hecho eternidades, dame los brazos mil veces. GUACOLDA: Es tan inmenso, tan grande el bien, Iupangui, de verte, que es foroso que le extrañe; porque persuadirse un triste a que hay contento, no es fácil. En hora dichosa vengas, que aunque siempre fuera amable tu presencia para mí, pues con afectos iguales, también para mí eran siglos las vidas de los instantes, nunca en mejor ocasión verte pude. IUPANGUI: ¿Cómo? GUACOLDA: Sabe que Tucapel ha venido, y no sé con qué dictamen; empeorado de talento, mejorado de lenguaje, se ha persuadido a que soy yo quien piadosa le saqué de su esclavitud. Con que solicitando mostrarse agradecido, me ha muerto... culpa de amigo ignorante, matar con buena intención. De suerte que ya ocultarme aquí no es posible. Mira adónde podrás llevarme, pues ya, a no haber tú venido, me iba yo a las soledades de los montes más incultos, en cuyos páramos, antes que los ministros del Guáscar o los del sol me encontrasen, o las sañas del león o las astucias del áspid. IUPANGUI: No dudes que cuidadoso solicite yo ausentarte adonde nuestro amor pueda, sin que el rencor nos alcance, celebrar de nuestras bodas las más amorosas paces... (¡O, bello divino asunto! Aparte No tanto tras ti me arrastres; yo iré tras ti...) GUACOLDA: ¿No prosigues? IUPANGUI: Sí, mi bien; vuelva a cobrarme. GLAUCA: (Cuantos vienen, no parece Aparte que traen los juicios cabales.) IUPANGUI: Por poder celebrar, digo, de nuestras bodas las paces, me valí de Atabaliba a quien di de toda parte. Él, por hija de quien tanto siguió sus parcialidades, tomándome la palabra de que yo en su vasallaje haya de vivir, me ofrece dichosas seguridades. Jurado lo dejé, en cuya fe, prevenido el viaje tengo. Vente pues conmigo; (si no, es que el ir me embarace Aparte contigo ya otra hermosura.) GUACOLDA: ¡Qué ventura! Glauca, dame los brazos, y adiós. GLAUCA: Los cielos con bien te lleven.
Vase
GUACOLDA: Cobarde tus pasos sigo. IUPANGUI: ¿Qué temes? Que cuando el asegurarte no fuera en mí obligación, me obligara el homenaje de haber dado a quien le di la palabra de llevarte a su presencia.
Al entrarse diciendo estos versos, salen oyéndolos Guáscar INCA, el SACERDOTE, los VILLANOS y todos los INDIOS que pudieren
INCA: No era menester que yo escuchase, para saber tus finezas y acrisolar tus lealtades; que en cumplimiento, Iupangui... GUACOLDA: (¡Triste pena!) Aparte IUPANGUI: (¡Extraño lance!) Aparte INCA: ...de la palabra que a mí me diste, seas quien trate de llevar a mi presencia esa infeliz. Y no en balde, al decirme esos villanos de ese camino en el margen que aquí quedaba, previne que fueses tú quien la hallases; a cuya causa la nueva me movió a que me adelante a ser el primero yo que a ella admire y a ti abrace. GUACOLDA: (¡Qué dolor!) Aparte IUPANGUI: (Ya aquí no hay más Aparte que morir a todo trance.) INCA: Infausta, triste hermosura, que tímida e inconstante desdeñas, en ser esposa del sol, la dicha más grande; él sabe que cuanto hubiera dado por hallarte antes de verte, diera después por no haber llegado a hallarte. Superior causa, que tú no puedes saber ni nadie saber puede, es a quien me obliga a que mi pesar restaure su sacrificio a las aras su víctima a los altares. Llevadla al templo; que hoy, sin esperar días legales, ha de morir. ¿Qué esperáis? Quitádemela de delante; (que temo que me enternezcan Aparte los desatados cristales, que aún suelen ser vivo afeite de menos bello semblante.) GUACOLDA: Primero... IUPANGUI: (¡Ay de mí!) Aparte GUACOLDA: ...que llegue a morir, has de escucharme. INCA: ¿Qué podrás decirme, cuando apostatamente fácil contra el sol has cometido el más sacrílego ultraje? GUACOLDA: Aunque pudiera valerme de la repugnacia que hace a toda ley natural, que un dios beba humana sangre, y dentro de una ley misma, el fiel muera y el fiel mate, no lo he de hacer, que no quiero, aunque en mí esta razón cabe, escandalizar, y así para otro apelo. Mi padre, a quien desterrado tienes desde las enemistades tuyas y de Atabaliba, sabiendo que me inclinase amor a un cacique noble, por ser de opuesto linaje, forzada me trajo al templo donde, mientras él no falte, he vivido, con estar casada en secreto antes. Y así, no pudiendo ser sacerdotisa, tocarme no pudo la suerte, y pudo aquel natural dictamen ausentarme sin delito. INCA: Contra que ésas sean verdades, y no inventadas disculpas, una sóla razón baste, ¿Quién fuera noble y felice tanto, que esposo y amante mereciera entrambas dichas, y en tantas penalidades morir te dejara aleve? Y así, mientras no declares quién es, y él muera en castigo de robarte y ocultarte, rompiendo el templo en lo uno, y en lo otro, mis bandos reales, será en balde que te admita la apelación. GUACOLDA: Más en balde será, advertida en su riesgo, decirlo yo, pues librarle a él de su afrentosa muerte, hará la mía suave. INCA: ¿A eso te resuelves? GUACOLDA: Sí. INCA: Iupangui, ella no sabe la lástima que se quita con los celos que se añade. Persuádela tú a que diga quién es, pues con eso hace menos grave su delito, y podrá ser que la salve la apelación. IUPANGUI: ¿Para qué quieres, señor, que me canse en persuadírselo a ella, si el decirlo yo es más fácil, a precio de que ella viva? INCA: ¿Luego tú el cómplice sabes? IUPANGUI: Sí, señor. INCA: Por ti me vienen todas las felicidades, y hoy la mayor es saber de un agresor tan cobarde, de quien no estaré vengado sin que el corazón le arranque. ¿Qué aguardas, pues? ¿Quién es? IUPANGUI: Yo. INCA: ¿Qué dices? IUPANGUI: Que no te espantes, pues de ocultación y hurto fuiste tú quien me enseñaste el modo, cuando dijiste que para ti la robase. INCA: Pues ¿cómo, traidor vasallo, falso amigo, criado infame la confïanza ofendiste que hice en ti? GUACOLDA: No le ultrajes, que no es él. IUPANGUI: Sí soy. GUACOLDA: No es; que yo, pensando librarme, fingí esposo que no tengo, y él, por pensar que templases, siendo él, tu enojo, eso ha dicho. Y así, ¿qué esperáis? Llevadme donde, a precio de que él viva, con roja púrpura bañe las aras. IUPANGUI: Yo soy; a mí me llevad donde derrame deshecho coral, que ilustre más el altar que le manche, a precio de que ella viva. INCA: Si ambos lo desean constantes, ya que por sacerdotisa el castigo no la alcance, alcáncela por haber profanado el templo. Iguales mueran los dos. ¿Qué esperáis? ¡Llevadlos pues de aquí!
Al llevarlos, se desasen y se abrazan
IUPANGUI: Antes, dulce esposa,... GUACOLDA: Amado dueño... IUPANGUI: .. que yo expire,... GUACOLDA: ..que yo acabe, IUPANGUI: ...feliz con mirarte muera. GUACOLDA: ...feliz yo con abrazarte. INCA: ¡Apartadlos! ¡Divididlos!
Apártanlos y volviéndose a desasir, se buscan
IUPANGUI: ¡Triste pena! GUACOLDA: ¡Dolor grave! IUPANGUI: Mas aunque todos me fuercen,... GUACOLDA: Mas aunque todos me arrastren,... IUPANGUI: ...volver podré... GUACOLDA: ...podré ir... LOS DOS: a darle el último vale. GUACOLDA: ¡Noble dueño! IUPANGUI: ¡Esposa mía! INCA: ¡Que esto sufran mis pesares! Llevadlos, digo otra vez, donde ni se vean ni hablen. GUACOLDA: Hasta perderle de vista, a aqueste tronco me enlace.
Abrázase a una cruz
IUPANGUI: En aqueste árbol me enrede, hasta que a verla no alcance.
Abrázase a otro árbol
GUACOLDA: Y pues que no acaso fuiste el que vencer fieras sabe, a cuya causa te han puesto colocado en tantas partes,... IUPANGUI: Y pues, plátano, no acaso eres en quien veo la imagen, que desde que la vi, la tuve en el alma por carácter,...
Quieren desasirlos, y no pueden
GUACOLDA: ...tú me favorece, puesto que tienes poder tan grande en fieras, y fieras son los hombres que usan crueldades. IUPANGUI: ...tú me ampara, pues en ti me ocurre su luz radiante. GUACOLDA: ¡Infeliz amante exposo,... IUPANGUI: ¡Infeliz esposa amante,... GUACOLDA: ...adiós! IUPANGUI: ...adiós! INCA: ¿Cómo así permitís verse ni hablarse? UNOS: Como a apartarla del tronco no hay fuerza, señor, que baste. OTROS: Como no hay para moverle fortaleza que le arranque. INCA: ¿Todo, cielos, ha de ser prodigios en estos valles de Copacabana, siempre que a pisar llego su margen? ¿Con qué, o soberano sol, que adoro, no digo padre, desenojarte podré, si traerte no es bastante, por una víctima dos? Respóndeme. ¿Qué te aplace de mí, para que ejecute tus órdenes?
Sale la IDOLATRÍA
IDOLATRÍA: (Que los mate, Aparte le diré.) INCA: Si en una estatua mil respuestas solías darme, ¿cómo en mil estatuas hoy, que a tu templo se retraen, aún no das respuesta? IDOLATRÍA: Sí daré. INCA: ¡Dicha notable, pues que ya desenojado responde! ¿Qué haré, di? IDOLATRÍA: Darles... (...muerte, iba a decir, y no Aparte puedo pronunciar.) INCA: No calles tu decreto, pues me ves obediente a ejecutarle. IDOLATRÍA: Si deseas... (Proseguir Aparte no puedo, que al declararme, tengo un dogal en el cuello, y en el corazón un áspid.) Si pretendes... (No es posible Aparte que ya en mis ídolos hable, siendo para mí dos veces bronce el bronce, y jaspe el jaspe; con que en más estatua que ellos todos mis sentidos yacen.) INCA: Si a hablarme empiezas, ¿por qué no prosigues? Y si es darme a entender que hasta que mueran no merezco que me ampares, ya que apartar a los dos de los troncos no es fácil, flechados en ellos mueran por sacrílegos amantes. Disparad contra sus pechos. GUACOLDA: Árbol, pues tal poder traes,... IUPANGUI: Diedad, pues tal poder tienes,... GUACOLDA: ...tú me ampara. IUPANGUI: ...tú me vale.
Desaparecen los dos en los dos árboles, y suenan truenos y ruido de terremoto
INCA: ¿Qué aguardáis? ¡Disparad, digo! UNO: ¿Contra quien, si ciego el aire, el mismo polvo, la misma arena nos ciega que antes?
Terremoto y cajas a un tiempo. Dentro los ESPAÑOLES
TODOS: ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! INCA: Si el español en mi alcance viene, ¿quién duda que venga con él quien al viento esparce nieblas, que la vista cieguen nieves, que el incendio abrasen? No doy paso que hoy no sea tropezando en mi cadáver; y pues ....................... no hay fuerza o poder que baste, ¡al templo!
Vase
UNOS: ¡Al monte! OTROS: ¡A la selva! TODOS: Sin duda--¡cielos!--es grande este Dios de los cristianos, pues tantos portentos hace.
Vanse huyendo. Hablan dentro los ESPAÑOLES
PIZARRO: ¡A ellos, españoles! TODOS: ¡A ellos! PIZARRO: ¡Mueran antes que se amparen de las breñas! IDOLATRÍA: ¡Cielos, luna, sol, estrellas, montes, mares! ¿No bastaba enmudecerme, sino a mí de privarme? Pero ¿qué mucho que vea contra mí prodigios tales, el día que ella se ampara de la cruz, y que él se vale del plátano, que atributo de María es, cuya imagen tan fija en el alma lleva? Mas no por eso desmayen mis rencores; y pues soy genio de las tempestades, mi aliento el aire inficiones, mi fuego el campo tale, mi rabia los frutos hiele, mi ira las mieses abrase, para que muriendo todos, primero que a Cristo aclamen, a los embotados filos de pestes, sedes y hambres, ninguno pueda lograr, en las siguientes edades, ver que mejor sol en brazos de mejor aurora nace.
Vase

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

La aurora en Copacabana part 7

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Electronic text by Vern G. Williamsen and J T Abraham

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